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 Junio 2005                                                                            No. 3
 
 

 

DISCURSO DEL PROF. ELIEZER MORALES

El Sindicato del Personal Académico de la UNAM inicia hoy, formalmente, su primer plan de acción encaminada de manera central, a lograr la contratación colectiva para el personal académico de la universidad Nacional.

No venimos hoy, como lo hacíamos hasta hace unas semanas, a insistir en abstracto sobre la necesidad que existe, para los profeso res universitarios, de darse nuevas formas de organización gremial y de alcanzar nuevos tipos de relación laboral dentro de la UNAM. hoy podemos ofrecer a los profesores e investigadores de la UNAM, gracias a los resultados de nuestro Primer Congreso, un proyecto de Contrato Colectivo y unos estatutos sindicales n los cuales se plasma el esfuerzo y la discusión que varios miles de profesores e investigadores han llevado a cabo a lo largo mas de un año.

Cuando hablamos de Contratación Colectiva y de sindicalización para los profesores de la Universidad, hablamos también de la transformación profunda de nuestra Institución. Hablamos de métodos colectivos, efectivamente colectivos, de selección y promoción del personal académico; hablamos de profesionalización de la enseñanza; hablamos, en fin, de un nuevo tipo de comunidad en la cual los sectores que la componen cuentan realmente con los mecanismos mínimos indispensables para ejercer sus derechos, participar en las decisiones que cotidianamente los afectan y, a través de este proceso, coadyuvar a la transformación de la universidad por medios democráticos.

Al demandar la contratación colectiva y el reconocimiento de nuestro derecho a sindicalizarnos no estamos exigiendo un fuero ni un status diferente dentro de la Universidad.

Ejercernos, por principio, un derecho e1 de los trabajadores, que no está sujeto a modificaciones por el hecho critico de que la Universidad como se insiste hoy comúnmente, una institución “no lucrativa” y prácticamente ajena al tiempo y al espacio sociales. Ciertamente, la Universidad es una institución que por sus funciones específicas requiere de formas y organización también específicas. Pero esta especificidad no puede significar, para nosotros, la renuncia del ejercicio de nuestros derechos constitucionales, ni desde luego, aceptar que as autoridades universitarias amparadas en su muy particular interpretación de lo que se ha dado en llamar el “espíritu universitario”, ejerzan un fuero indiscutido y decidan, unilateral y arbitrariamente, sobre el destino y las condiciones de vida y trabajo de quienes laboramos en la docencia y la investigación.

Debemos reiterarlo, el objetivo primordial del SPAUNAM es el de obtener la firma del contrato colectivo de trabajo. Para su logro, nuestra organización pondrá en juego todos los recursos que las leyes del país y la legislación específica de la Universidad otorga a los trabajadores. De acuerdo con ello, hemos ejercido y ejerceremos en el futuro todos nuestros derechos con la cordura necesaria pero también con la energía que implique el manejo y la obtención de nuestra meta.

Le SPAUNAM estima que no existen derechos reales si éstos no son ejercitados cabalmente o si se aceptan cortapisas que les niegan en práctica; por ello proclama su voluntad de luchar por la contratación colectiva y su obligación, como organización gremial del personal académico de la UNAM, a efectuar todos los pasos indispensables para que nuestros derechos dejen de ser meros enunciados y se conviertan en el espinazo de la acción organiza de los profesores e investigadores de la UNAM.

Los métodos de selección y promoción del personal académico vigente en la UNAM, conocidos y sufridos por todos, así como la forma en que la autoridad “resolvió” nuestras recientes demandas de aumento salarial, Constituyen argumentos de primera mano en favor de nuestra lucha por el Contrato y la Sindicalización. Nuestro proceso sin embargo, se ubica en un marco histórico y social más amplio. A diferencia de lo que sucedió en el pasado, hoy la Universidad es una institución de masas que ha rebasado con mucho los límites jurídicos e institucionales de la vieja universidad liberal y elitista. Consecuentemente hoy se cuentan por miles los profesores cuya existencia define al nuevo trabajador académico de la Universidad. Este solo hecho apunta hacia la necesidad de nuevos tipos de organización magisterial y de relaciones entre dichas organizaciones y de quienes ejercen la dirección de la Universidad.

Además, la cada vez más estrecha relación que a todos los niveles existe entre la Universidad y el Estado, hace de la organización gremial, Sindical, de la técnica, una tarea prioritaria. Sin duda, la canalización de recursos públicos hacia la universidad forma parte de un proceso mucho más amplio que afecta al Conjunto de la sociedad mexicana. Y hasta ahora, como se demostró con el último aumento, los profesores no han tenido Posibilidad alguna ni de influir sobre el monto de los recursos que el Estado destina a la UNAM, ni sobre la forma en que dicho monto se distribuye dentro de la institución. Todo queda, hasta ahora, al arbitrio de los Cálculos y las necesidades misteriosas de los técnicos presupuestarios para los que el Consejo Universitario ha dejado de ser un organismo real.

Es por ello que, junto con la demanda de la contratación colectiva, el SPÁUNAM presentó una petición de aumento de salarios. Es necesario informar a la opini6n pública que la Universidad jamás ha revisado los salarios de sus profesores e investigadores de manera sistemática y que igual cosa ocurría con los trabajadores antes de la existencia de nuestra organización fraterna el STEUNAM. Por razones misteriosas, que seguramente subyacen en motivaciones presupuestales, esta institución no ha considerado nunca mejorías reales a nuestros emolumentos y es necesario indicar que hace más de tres años que esto no ocurre y que sólo hemos logrado los ajustes por elevación en el costo de la vida en 1973 y 1974, ninguno de los cuales satisfizo el objetivo indicado.

En esas condiciones, el personal académico no ha considerado, ni considera ahora, que el capítulo relativo a aumento de salarios se encuentra cerrado. SPAUNAM no ha desistido de lograr para los profesores e investigadores un incremento salarial al que legítimamente tienen derecho y, precisamente por ello, no hemos amainado ni amainaremos el tono de nuestra protesta mientras este problema no se aborde y se resuelva satisfactoriamente. Igualmente, en el cuerpo de nuestro Contrato Colectivo estamos incluyendo una demanda para obtener la escala móvil de salarios, mecanismo que, si bien no resuelve de raíz el problema lo menos constituye un medio de defensa del poder adquisitivo del salario que en una etapa inflacionaria como la presente, resulta absolutamente indispensable.

Por todo lo anterior, el personal académico de la UNAN no ha aceptado ni aceptará las decisiones de las autoridades tomadas de manera unilateral. De acuerdo con nuestro criterio el diálogo sólo puede existir si las partes se reconocen como copartícipes en las decisiones y con derechos y obligaciones recíprocas. No aceptamos ni aceptaremos simulaciones en el diálogo y en los arreglos. Quienes sostienen que ha habido diálogo entre las organizaciones académicas y las autoridades universitarias, evidentemente tienen en un concepto muy pobre del significado de la palabra. Se engañan y pretenden engañarnos pero SPAUNAM tiene una idea muy clara de sus objetivos y los medios para lograrlos. Por eso ha denunciado y reitera ahora su denuncia de este falso diálogo, de este falso enfoque, para enfrentar los problemas y sus soluciones.

Se insiste, en todos los ámbitos, en la necesidad de una reforma educativa que eleve los niveles académicos y la calidad de la producción científica y cultural de la Universidad Nosotros estamos comprometidos en esta tarea. Pero no es posible hablar de mejores niveles académicos con un cuerpo magisterial que para sobrevivir tiene que trabajar en el aula, en muchos casos, hasta 30 ó 40 horas en la semana y que, como sucede con los compañeros de la Nacional Preparatoria, recorren diariamente la ciudad de un plantel a otro. ¿Puede pedirse más y mejor producción científica cuando los nuevos investigadores están sujetos, en su trabajo y en sus posibilidades de promoción, a las decisiones de juntas de notables cuyo objetivo único no parece ser otro que el de perpetuarse en las cimas de la administración burocrática?

¿Podemos, en fin, pensar en una Universidad que se enriquezca permanentemente con el concurso de las nuevas generaciones cuando la selección del personal académico se ha convertido, en lo fundamental, en un instrumento para la formación de “clientelas” y bases de apoyo para uno u otro grupo de la burocracia universitaria?

Es por ello que la sindicalización magisterial se convierte en algo más que un problema de un grupo de asalariados para defender su nivel de vida, hoy por lo demás, seriamente deteriorado por la inflación. Con la sindicalización y la contratación colectiva, nosotros buscamos nuevos y más eficaces mecanismos de defensa, pero también y sobre todo, buscamos participar efectiva y organizadamente, en la construcción de una Universidad en la que realmente las decisiones relativas a la enseñanza, la investigación y la difusión de la cultura sean el producto del diálogo de los profesores, los estudiantes y los trabajadores organizados.

Nuestro Sindicato existe por la voluntad de sus miembros Nuestra organización, es y será posible no por el reconocimiento que nos otorguen las autoridades universitarias, sino porque, fundamentalmente, en este esfuerzo orgánico se corporiza una de las necesidades objetivas de los profesores e investigadores más claras de los últimos años.

El objetivo al que aspiramos podrá y deberá ser alcanzado mediante la movilización de todos nosotros. El personal académico fundido, cohesionado, en una gran corriente de opinión sindicalista, identificado con todos y cada uno de los intereses particulares en metas comunes encuentra fortaleza, instrumenta medidas y halla caminos idóneos para la defensa de la Universidad que es en definitiva la defensa propia. En la unidad, en la discusión y en la toma de decisiones colectivas, el personal académico encontrará la senda del triunfo. En el individualismo, el elitismo y l dispersión de fuerzas y objetivos, los profesores e investigadores encontraremos el aislamiento, el estancamiento y a no muy largo plazo, la derrota.

Pero del mismo modo que el esfuerzo fundamental de nuestra lucha, obviamente, recae sobre nuestros hombros, debemos insistir ahora en que nuestra acción se reforzará y tendrá mayores posibilidades de éxito sí para ello somos capaces de hallar los denominadores comunes entre el SPAUNAM y STEUNAM y las fuerzas estudiantiles organizadas. Para ello, no reclamamos un apoyo incondicional y acrítico, sino que solicitamos la definición de los objetivos y los medios de lucha comunes que armonicen nuestras respectivas posiciones solidarias. Para los profesores e investigadores resulta vital la existencia de un sindicato de trabajadores y empleados fuerte, democrático, unificado, independiente y combativo. Para los compañeros agrupados bajo las banderas de STEUNAM debe ser de su máximo interés la consolidación de un organismo gremial del personal académico que sea representativo de las mejores virtudes orgánicas del sindicalismo independiente.

Hemos decidido nuestra lucha por la contratación demandando del Conseja Universitario el reconocimiento explicito de nuestro derecho a sindicalizarnos y de regir nuestras relaciones laborales con la UNAM a través de un contrato colectivo de trabajo. Estamos pues, estrictamente dentro de las marcas jurídicas que supuestamente rigen la vida de la Universidad. Pero al respeto de la ley, en este caso de la ley Universitaria, implica necesariamente que la autoridad haga lo propio. Hasta ahora, debernos afirmarlo categóricamente, no lo ha hecho. Es por ello que hoy llamamos a todos los profesores de la UNAM, a los estudiantes y a los trabajadores, a exigir activa y debidamente a las autoridades que respeten la legislación laboral nacional, que respeten y que respeten la Constitución General de la República y, con ello, eviten la interrupción de la vida y el trabajo universitarios, a la que sin buscarlas estamos sin embargo dispuestos para hacer valer nuestro derecho a sindicalizarnos y a contar con un contrato colectivo de trabajo.


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