Introducción
Así
como la década de los sesenta fueron los años de los estudiantes,
de las grandes y majestuosas manifestaciones juveniles que tuvieron
como centro de aglutinación los campus escolares de educación
media y superior, tanto de la periferia provinciana como de la propia
capital mexicana, los años setenta le correspondieron a otros
sectores, a nuevos movimientos sociales*
posteriores al sesenta y ocho, que aparecieron en las zonas rurales
y urbanas.
En
efecto, se trató de una insurgencia popular, de una auténtica
réplica del '68 mexicano, en la cual los estudiantes ya nunca
jamás volverían a estar solos ni ser los únicos
interlocutores de la rebeldía de una sociedad cada vez más
atenta y activa en la solución de sus problemas.
En
el nuevo escenario pos-68, no únicamente estarían los
estudiantes, sino también los habitantes de las zonas marginales
de las pequeñas y grandes urbes de la República, constituyendo
el movimiento urbano popular; los periodistas anónimos, dándole
vida y proliferando la edición de la prensa marginal; los jóvenes
activistas del campo y la ciudad, que después de Tlatelolco y
el 2 de octubre no encontraron otro camino más que el de las
armas y las guerrillas; los activistas y dirigentes estudiantiles, quienes
abandonaban las aulas para fundirse en las organizaciones sociales y
políticas, particularmente de izquierda, que como chinampinas
fueron apareciendo a lo largo y ancho del país.
Pero
si bien todos estos factores coadyuvan a identificar a una década
tan importante como la de los setenta, lo cierto es que cualquier caracterización
de la misma sería limitada sin el reconocimiento de las acciones
del sindicalismo independiente que, como nunca, afloró en centenares
de centros de trabajo oponiéndose a las viejas prácticas
charriles o corporativas instrumentadas desde el gobierno y el otrora
partido de Estado.
Fue
también, en esta tesitura, donde emergió dentro de los
centros educativos el sindicalismo universitario de nuevo tipo. Se trató
de un fenómeno que había sido influido por las acciones
de rebeldía tanto de las protestas estudiantiles de 1968 y 1971,
como por la emergencia de otros sectores sociales.
En
el caso muy singular de la UNAM, el sindicalismo de nuevo tipo.**
(el que desafiaría a toda clase de autoridades en la defensa
de sus derechos plenos) data apenas de 1971, cuando la otrora Asociación
de Trabajadores Administrativos de la UNAM (ATAUNAM) se transformó
en el Sindicado de Trabajadores y Empleados de la UNAM (STEUNAM).
Sin
embargo, en sus albores este nuevo proyecto no sólo fue visto
con celo sino también con desconfianza por distintos observadores
y activistas académicos y estudiantiles de la Universidad, quienes
pensaron que se trataba de una maniobra gubernamental tendiente a debilitar
al movimiento universitario democrático que entonces tenía
lugar en la máxima casa de estudios del país.
No
sería sino hasta después del estallamiento de la huelga,
el 25 de octubre de 1972, que paralizó a toda la institución,
cuando el movimiento sindical universitario y de manera más específica
el STEUNAM, emergería con una incuestionable autoridad moral
y política, tanto en el seno de la comunidad universitaria como
en la sociedad mexicana en general.
Así,
después de 83 días, la huelga se levantó victoriosa.
El STEUNAM había conquistado no únicamente el derecho
a ser reconocido, o sea a existir como sindicato, sino también
la bilateralidad en las relaciones laborales con la patronal universitaria
a través de la firma de un Convenio Colectivo de Trabajo que
hasta el otoño de 1980 hizo las veces de un contrato colectivo.
Al
proyecto sindical steunamita al que pronto se sumarían los profesores
e investigadores de la propia UNAM, quienes a mediados de 1974 constituyeron
el que sería el Sindicato del Personal Académico de la
UNAM (SPAUNAM), mismo que, un año después estalló
su primera huelga, demandando la firma de un Contrato Colectivo de Trabajo
y aumento salarial.
A partir
de su surgimiento así como su desarrollo y posterior consolidación,
el sindicalismo universitario en la UNAM se convirtió en un importante
polo de atracción de todo tipo de movimientos sociales y políticos
de carácter nacional y aun internacional. Hoy día podríamos
asegurar, sin temor a equivocarnos, que fueron escasos los movimientos
sindicales, campesinos, estudiantiles, urbano populares, feministas,
pro-derechos humanos, etc., suscitados en la década de los setenta,
que no buscaran y encontraran la inmediata y oportuna solidaridad política,
económica y moral del STEUNAM y/o SPAUNAM. En otras palabras,
desde sus inicios como sindicalismo universitario de nuevo tipo, fue
un eje fundamental de aglutinación de los movimientos populares
posteriores al 68 mexicano.
La
fusión del STEUNAM y el SPAUNAM que dio vida al STUNAM, fue,
sin lugar a dudas, un salto cuantitativo y cualitativo del sindicalismo
en la institución de educación superior más grande
e importante del país.
En
efecto, esta situación posibilitaría no únicamente
unificar en uno solo a los dos sectores laborales de la UNAM, sino lo
más importante: sumar experiencias y prácticas, relativamente
diferentes, de hacer la vida sindical. Así, por ejemplo, además
de su considerable membresía en todas y cada una de las dependencias
universitarias, el STEUNAM legaría al nuevo sindicato la forma
de elegir a su comité ejecutivo mediante el voto universal, directo
y secreto de sus integrantes y no en sus congresos, como lo hacía
el SPAUNAM.
Por
su parte, este último habría de aportar al sindicato mixto
el principio de la proporcionalidad en la elección de todos los
órganos de dirección: comité ejecutivo, comisiones
autónomas y delegados al Congreso y al Consejo General de Representantes
(CGR). Con la proporcionalidad en el STUNAM se lograría una mayor
apertura, pluralidad y representatividad para las diferentes fuerzas
que actúan en su seno, puesto que ya no estarían destinadas
a desaparecer después de cada contienda electoral por el simple
hecho de haber quedado en minoría. O para decirlo en otros términos,
con la proporcionalidad, las planillas o corrientes ya no estarían
inmersas en la lógica del todo o nada durante cada proceso electoral.
Viéndola
retrospectivamente, a 25 años de haberse generado, muy bien puede
afirmarse que la huelga de 1977 en la UNAM, fue uno de los movimientos
sociales más trascendentes de la década de los setenta,
toda vez que durante los 19 días que duró, involucró
a propios y extraños: STUNAM, Rectoría, estudiantes, académicos
no sindicalizados, sindicalismo independiente en general, partidos políticos,
organizaciones sociales, medios de comunicación, representantes
gubernamentales, fuerza pública, etc. Después de 1968,
ningún otro acontecimiento social había sido objeto de
tanta polémica en pro y en contra como como lo fue la heróica
y digna huelga stunamita que supo resistir toda la jauría de
un sistema autoritario.
Por
lo demás, resulta importante destacar que el movimiento de 1977
en la UNAM se trató de una huelga lícita, existente y
justificada, porque cumplió con los requisitos formales de la
Constitución General de la República. Sí, una huelga
justa socialmente hablando, puesto que buscaba reivindicaciones económicas
y sociales para sus agremiados.
En
consecuencia, el movimiento de 1977 no fue ningún paro, legalmente
hablando, y mucho menos un paro ilegal como tendenciosamente lo calificaron
las autoridades universitarias y gubernamentales a través de
la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, con el fin de aislar
a la huelga y luego justificar ante la opinión pública
en general, la represión contra los huelguistas, como efectivamente
sucedió después de que la policía rompió
las banderas de huelga tras allanar el recinto universitario la madrugada
del 7 de julio.
Además
de la parte introductoria que he querido utilizar para asentar algunos
de los antecedentes del sindicalismo universitario en la UNAM, el trabajo
se compone formalmente de cuatro capítulos y otras tres partes:
las conclusiones, un anexo documental y otro fotográfico.
El
primero de ellos, denominado Del sindicato único a la gestación
de la huelga (4 de febrero al 31 de marzo de 1977), comprende todo
el proceso de fusión de los dos antiguos sindicatos de la UNAM
(STEUNAM y SPAUNAM) que dieron vida al STUNAM, así como la elaboración
del pliego petitorio que poco tiempo después se presentaría
a las autoridades universitarias centrales, encabezadas por el doctor
Guillermo Soberón Acevedo.
En
el segundo capítulo, llamado La prehuelga (1º de
abril al 20 de junio de 1977), se analizan los siguientes tópicos:
la notificación oficial a la rectoría sobre la creación
del STUNAM, el emplazamiento a huelga, las diversas manifestaciones
en pro y en contra del emplazamiento, así como las pláticas
que se efectuaron entre los representantes de la Rectoría y del
sindicato unos días antes del estallamiento de la huelga.
Por
su parte, en el tercero de los capítulos, denominado La huelga
y sus vicisitudes, (20 de junio al 10 de julio de 1977), se sigue
a través de los diferentes medios periodísticos que circulan
en la capital mexicana, la serie de peripecias por las que atravesó
el multicitado movimiento sindical universitario.
Finalmente,
en el cuarto capítulo, titulado El levantamiento de la huelga
(10 de julio de 1977), se hace un breve repaso de las posiciones que
tuvieron cada una de las partes al finalizar el conflicto huelguístico.
Ante
la carencia de fuentes bibliográficas sobre el tema, no obstante
que ya han transcurrido cinco lustros del surgimiento de nuestra organización,
me apoyé básicamente en materiales hemerográficos
(revistas y periódicos marginales y comerciales), documentales
(volantes, boletines, etc.) y fotográficos que me fueron proporcionados
por algunos dirigentes y trabajadores del STUNAM, a quienes agradezco
su apoyo.
J. René Rivas Ontiveros***
Verano del 2002
* El término de nuevos movimientos sociales
empezó a ser utilizado a partir de la década de los setenta
cuando aparecieron una serie de teóricos en diferentes partes
del mundo, entre los que destacan Alain Touraine y Alberto Melucci.
Así Melucci, el teórico identificado con la corriente
accionalista, propone como elementos básicos en la construcción
de la noción de movimientos sociales, el conflicto, la solidaridad
y la transgresión (Melucci, Alberto "¿Un objetivo
para os movimientos socias?", en Lua Nova, revista de cultura
e política, CEDEC, Nº 17, 1989, Sao Paulo, pp. 49-66).
Al respecto, dice Melucci: para determinar la existencia del movimiento
social, tiene que existir un conflicto que a su vez puede ser material
o simbólico. Por su parte, el conflicto debe ser entendido como
el "tipo de interacción más o menos consciente entre
dos o más sujetos individuales o colectivos, caracterizado por
una divergencia tal de objetivos".
Un segundo elemento en la gestación de los movimientos sociales
será la presencia de una solidaridad, la que se entiende como
la entrega del actor a una tarea colectiva y la construcción
del nosotros. Para decirlo en otros términos, "la
capacidad de los miembros de una colectividad de actuar con respecto
a otros como un sujeto unitario".
En cuanto al tercero y último de los elementos, el de la transgresión,
el citado autor lo caracteriza como el rompimiento con los límites
del sistema y no necesariamente con las normas jurídicas, como
a veces, tal vez, pueda entenderse dicho concepto.
** El término sindicalismo de nuevo tipo presupone la
existencia de otro sindicalismo de viejo tipo. En efecto, esta clase
de sindicalismo existió en la UNAM por más de 42 años,
desde 1929, año en que obtuvo su autonomía, hasta la aparición
del STEUNAM. Actualmente ya existen varios trabajos de investigación
que nos dan cuenta sobre todo ese período. Entre otros, puede
consultarse a:
- Guerrero, Lucila Silva, "Cronología del sindicalismo en
al Universidad Nacional Autónoma de México (1929-1979)",
en Cuadernos del Centro de Documentación Legislativa Universitaria,
México, Oficina del Abogado General-UNAM, Núm. 2, octubre-diciembre,
1979, vol. 1, pp. 125-165.
- González del Rivero, Bertha Elena, La autonomía universitaria
y sus implicaciones laborales: 1929-1933, México, CESU-UNAM,
1989, 225 pp.
- López Pineda, Fabián y Pérez Cruz, José
Enrique, Cronología de 50 años del sindicalismo universitario:
1929-1979, México, Ediciones de la FSTU, 1979, 8 pp.
- Pérez Cruz, José Enrique, El movimiento sindical
en la UNAM: 1929-1945, Tesis para obtener el título de licenciado
en Sociología, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
UNAM, México, 2002.
- Pulido Aranda, Alberto, La crónica de 50 años del
sindicalismo universitario (1929-1979), 2ª Edición,
México, STUNAM, 1995, 306 pp.
***
Licenciado en Derecho (Facultad de Derecho, UNAM); Maestría en
Arquitectura (Facultad de Arquitectura, UNAM) y candidato al grado de
Doctor en Ciencia Política (Facultad de Ciencias Políticas
y Sociales, UNAM). Profesor Titular "C" de Tiempo Completo
en la ENEP Aragón. PRIDE "C" y FOMDOC 400. Autor y
coautor de diversos libros: 1) UNAM: de la rebelión silenciosa
al Congreso, 2) UNAM Campus Aragón: Reflexiones y testimonios
de dos décadas, 3) Política, economía, vinculación
y medios; 4) ENEP Aragón-UNAM: 25 años de retrospectiva
de su historia olvidada, 5) Movimientos y organizaciones sociales,
partidos y elecciones durante el salinismo (El caso de la delegación
Gustavo A. Madero). Tesis doctoral: La formación de liderazgos
estudiantiles de izquierda en la UNAM: 1958-1971 ( en proceso).
Autor de diversos artículos y ensayos publicados en revistas
especializadas. Editorialista en algunos diarios nacionales y regionales
del país. Fundador de la revista Coyuntura, de la ENEP
Aragón. Coordinador general de la revista UNAM Aragón
(segunda época). Afiliado al STUNAM desde 1977.
E mail: elpozoleunam@hotmail.com