17
de abril 2006 Suplemento
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Las viudas del carbón Por Sara Lovera, desde México, 9.3.2006 La viudez en las mujeres es un estado de crisis vital, de identidad donde se conjugan el agobio económico, el abandono institucional, la vulnerabilidad emocional y una ruptura del equilibrio que pone en jaque toda su vida. A esta condición se sumaron las 65 viudas de la tragedia en la mina Pasta de Conchos, Sabinas. Mujeres jóvenes con tres hijos en promedio que saben, de acuerdo con la historia de la zona carbonífera de Coahuila, que la viudez las dejará sin casa, sin escuela para sus hijos y una pensión inferior al salario mínimo, donde el dolor y el agobio apunta a una crisis de identidad, que ya nadie ve, y nadie atiende. En la zona de las minas de carbón al menos 552 mineros murieron en los últimos 33 años desde la tragedia de Barroterán en 1969, que dejó 153 viudas. En la zona Carbonífera de Coahuila la historia que las niñas aprenden, y las jóvenes saben al casarse, es que viven en riesgo de quedar viudas antes de los 40 años. En cada accidente, la promesa y los hipotéticos apoyos, fideicomisos e indemnizaciones económicas, son eso, promesa. Nunca han conseguido justicia ni protección real. Ahora, el grupo Minero México ofreció una indemnización inmediata de 750 mil pesos a la familia de los trabajadores que perdieron la vida en la mina (el equivalente a 10 años del salario que percibían) y que hasta el momento no han aceptado para no desalentar la búsqueda de los cuerpos. Los hombres de lo tiros carboníferos se mueren de asfixia, de la llamada enfermedad del pulmón negro, a causa de una explosión o un derrumbe. El gas metano no debe rebasar el 1.5% del aire en cada túnel. Su exceso se conoce como el mal del gas grisú. Las viudas pueblan un horizonte de sordidez y angustia en cada accidente. Un monumento con el moribundo en los brazos En los últimos 18 años, se han registrado en la zona tres accidentes que dejaron como saldo 110 mujeres viudas y más de 400 huérfanos menores de 18 años. En la zona, los pueblos desaparecen cuando se cierra la mina y las viudas emigran con sus hijos a la frontera, o las zonas urbanas donde se establecen las empresas maquiladoras de exportación o se pierden en las poblaciones y pueblos fantasmas de alrededor. La
viudez es uno de los estragos, que según el diagnóstico
del Sindicato Nacional Minero Metalúrgico y la Iglesia de Coahuila,
de una industria insegura que trabaja con viejas tecnologías, sin
la previsión industrial necesaria y la adecuada previsión
social para esos riesgos de trabajo. En México dos millones de mujeres con hijos, son viudas. De ellas 9 de cada 10 tienen hijos menores de 18 años, 3 de cada 10 vive en condiciones de pobreza, 1 de cada 4 perdió todas sus pertenencias cuando murió su marido y representan el 8.5 % de todas las madres solas del país, según los datos el Consejo Nacional de Población, en el estudio "Madres en México" 2004. A nivel mundial, las viudas constituyen un grupo invisible, suelen estar ausentes en las estadísticas y raramente se las menciona en los informes de pobreza, desarrollo, salud o derechos humanos, afirma un estudio exhaustivo realizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) (Women 2000-2001). Se estima que entre el 7 y el 16% de la población adulta femenina en el mundo está constituido por viudas y entre ellas, se encuentra el porcentaje más elevado de mujeres pobres del mundo, añade el estudio. Sostiene que es grave la dificultad que tienen los países para establecer políticas institucionales para abordar los problemas de la viudez, en tanto que en muchos países se desconoce el número de viudas, sus edades, así como las características sociales y económicas en las que transcurren sus vidas. Así se oculta la vulnerabilidad, tanto socioeconómica como psicológica, de este grupo de mujeres en el mundo. Ser viuda en México El abandono institucional es una de las características que define un estado de viudez por una tragedia, un accidente o una represión. En México se es viuda por vejez, pero se es viuda por represión. Sólo en 7 años, entre 1995 y 2001, 86 viudas de actos de represión quedaron sin protección. Ninguna de ellas ha sido indemnizada, sus maridos, -campesinos e indígenas- fueron brutalmente masacrados. Ellas se organizaron y han pedido respuestas. Ninguna ha sido atendida. Se trata de la matanza de Aguas Blancas (1995), con 17 viudas; de la represión de Xochiltepec, en Michoacán (2002), 26 viudas, el Charco, (1998), 8 viudas y El Bosque, 1998, 5 viudas, de emboscadas en Chiapas. Las viudas en México representan el 28 % de las jefas de hogar que laboran en el sector público, y en ese sector el 4.1 % de todas las trabajadoras son viudas. Y aunque la viudez se hace invisible para las políticas públicas y las consideraciones demográficas o estadísticas, lo cierto es que se sabe que 600 mil mujeres por ser viudas reciben una pensión menor al salario mínimo de sus maridos trabajadores. El 80% de ellas tiene más de 60 años y contradictoriamente al abandono, todavía en el año 2004, las viudas de hombres de la Revolución Mexicana obtuvieron un presupuesto etiquetado para sus pensiones extraordinarias de un millón 380 pesos. Atrás de la viudez
Esther Moncarz, psicóloga argentina, especialista en duelo, sostiene
que es necesario diferenciar distintos momentos en el proceso de enviudar,
ya que este tendrá ciertas características para las viudas
recientes (de alrededor de menos de un año), y otras para las de
tiempo extenso (un año o más) quienes en el tránsito
del proceso de duelo van hallando nuevos modos de organizar sus vidas. Todas estas circunstancias constituyen verdaderos desafíos, que para muchas se transforman en factores de riesgo para su salud física y psíquica, para otras muchas mujeres puede ser una etapa de sus vidas donde logran poner en juego recursos insospechados de resistencia y creatividad, las ayuda a sobrevivir y a buscar nuevos lugares sociales y nuevos vínculos. Lo cierto es que Moncarz cita su propia experiencia en este trabajo. Dice que muchas de las mujeres que han enviudado tuvieron un rechazo generalizado de ser identificadas como viudas. Según Carole Barete (1979), en Estados Unidos hubo en muchas mujeres viudas, una reacción semejante, "la mayoría de las viudas odian esta denominación porque la gente reacciona ante ellas como si padecieran una enfermedad contagiosa" de la que nunca se curan. Numeralia VIUDAS EN LA ZONA CARBONÍFERA DE COAHUILA
39 Viudas: 25 enero 1988 Villa Las Esperanzas Movimiento de Mujeres A principios de año empezaron a constatarse las dificultades para la realización del 8º Parlamento de Mujeres de México, se pudo observar que la poca organización obedecía a la falta de consensos entre legisladoras federales y organismos civiles de mujeres, con lo que se preveía poca asistencia de éstos últimos. Dicha instancia, se argumentaba, tiene un viraje hacia la derecha, por lo que las posibilidades de llegar a un entendimiento, se hacían cada vez menores. Durante las diversas reuniones entre la Comisión Bicameral, conformada por senadoras y diputadas, y organismos de mujeres, no fue posible avanzar en la conformación de una agenda común. En la convocatoria pública, se observó que el temario estaba circunscrito al tema de violencia, que es importante, pero no es el único ámbito de discusión para las mujeres, además los organismos civiles consideraban que no podía avanzarse hacia la octava reunión, prevista para el 24 de marzo, si no se realizaba una evaluación del Parlamento, incluso propusieron la realización de dos mesas de trabajo previas, que incluían la perspectiva de género en el Congreso y los Congresos locales y el tema de violencia. A la postre, el parlamento se suspendió, pareciera que ha perdido el espíritu original con el que nació en 1998 y que ya no es un medio de interlocución entre organismos civiles de mujeres y legisladoras, ya no es el mecanismo capaz de elaborar reformas legales con enfoque de género. Queda abierta la discusión y elaboración de propuestas para que las mujeres en México, construyamos un espacio de interlocución en el que se elabore la agenda legislativa con perspectiva de género, misma que sea cotidianamente evaluada para garantizar el respeto y la protección de los Derechos Humanos de todas. |
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