11
de marzo de 2008 Suplemento
# 13
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TRABAJADORA SEXUAL Alberto Híjar Carmen ha sido internada el sábado 16 en el penal de Santa Martha Acatitla de Iztapalapa, D.F. Sus compañeras, que la ayudaron a detener al militar que la intentó acuchillar el jueves 14, día del amor y la amistad, han pagado fianza y han quedado libres en espera de su proceso por resistencia de particulares y pandillerismo. Al energúmeno no le encontró culpa alguna el Ministerio Público. Las de Sullivan y Calzada de Tlalpan reunieron de inmediato el dinero para la fianza y para la paga del abogado. Pero a Carmen, su padrote le consiguió otro abogado que no dudó en llamarla “trabajadora sexual”, con lo cual quedó fuera del trato como grupo vulnerable, acordado para las “sexoservidoras”. A cambio de la dignidad de un nombre la cárcel, donde mal la pasará por su corta edad, por su profesión y por haber acusado a un militar. Cunde el terror por el rumbo del Mercado de la Merced. Se tiene la certeza de que opera la tolerancia cero organizada por Rudolph Giuliani, aquel alcalde de New York cuando lo de las Torres Gemelas que fue contratado por López Obrador para limpiar el Centro Histórico y dejarlo bonito para la restauración donde quien manda y compra es Carlos Slim. Cuarenta manzanas posee el explotador más adinerado del mundo. Por tanto, si la calificación de un grupo vulnerable procede para las llamadas sexoservidoras, las de la Merced son las más débiles. Proceden en su mayoría de Oaxaca, donde, como en otros lugares de miseria campesina que ya son todo México, trabajan redes de adiestramiento, reclutamiento y explotación extrema de la prostitución. No sólo se compran, seducen o secuestran jovencitas de alrededor de catorce años, sino que a la par hay formación de padrotes. A unas y otros los adiestran en La Merced, donde antes de las razias Ebrard-Giuliani podías identificar en las estaciones del metro a las recién llegadas y llegados con una responsable que les enseñaba lo necesario. Su aspecto campesino se mantiene aunque suele desaparecer en reclusión obligada para hacerlas sentir su desamparo y la necesidad obligada de soportar golpizas, malos tratos y esclavitud, hasta convencerlas de su destino en la calle con obligaciones bien precisas y rendición estricta de cuentas en la zona organizada por la ubicación de hoteluchos. Una maraña bien cerrada las convence de la imposibilidad de resistencia y cuando algo grave ocurre, se les impide toda iniciativa, aunque el clandestinaje las ha obligado a inventarse operativos de seguridad solidaria. El problema de Carmen interesa porque la buena voluntad por escrito de las organizaciones de padrotismo intelectual proponen el nombre de “trabajadoras sexuales” para incorporarlas a los derechos laborales universales. Pero como el Estado las nombra “sexoservidoras” y la asamblea del D.F. incluye a este sector entre los grupos vulnerables, pierden cualquier derecho ciudadano al no aceptar ser servidoras sino trabajadoras. Acompaña su situación el machismo característico del sistema jurídico. Asombra el escaso número de visitantes a los reclusorios femeniles por aquello de que si es mujer la procesada, “ella se lo buscó”. Toda la infamia acumulada en los ministerios públicos se alebresta cuando una mujer, un indígena si mujer peor o un homosexual si mujer peor, caen por esos siniestros lugares. Carmen fue a denunciar y demandar y resultó presunta culpable, mientras el militar que la agredió goza de absoluta libertad y las cuatro compañeras que le salvaron la vida y ejercieron el derecho ciudadano de asegurar al delincuente en flagrancia, tuvieron que pagar fianza en espera de amenazantes procesos. La buena fe ministerial no existe, su contraria sí. Así es esto de la justicia en México. Fragmentos de “sabiduría milenaria” Araceli Zúñiga El cosmos no es unilineal, “La naturaleza sólo hace mujeres cuando no puede hacer hombres. La mujer es, por tanto, un hombre inferior.” Aristóteles (filósofo griego, guía intelectual y preceptor de Alejandro el Grande, siglo IV a.c.) “La mujer debe adorar al hombre como a un Dios. Cada mañana debe arrodillarse, nueve veces consecutivas, a los pies del marido y, con los brazos cruzados, preguntarle: Señor, qué deseáis que haga?” Zaratustra (filósofo persa, siglo VII a.c.) “Todas las mujeres que sedujeran y llevaran al matrimonio a los súbditos de Su Majestad mediante el uso de perfumes, pinturas, dientes postizos, pelucas y relleno en caderas y pechos, incurrirían en delito de brujería y el casamiento quedaría automáticamente anulado.” Constitución Nacional Inglesa (ley del siglo XVIII) “Aunque la conducta del marido sea censurable, aunque éste se dé a otros amores, la mujer virtuosa debe reverenciarlo como a un Dios. Durante la infancia, una mujer debe depender de su padre, al casarse de su marido, si éste muere, de sus hijos y si no los tuviera, de su Soberano. Una mujer nunca debe gobernarse a sí misma.” Leyes de Manu (libro sagrado de la India) “Cuando un hombre fuera reprendido en público por una mujer, tiene derecho a golpearla con el puño, el pie y romperle la nariz para que así, desfigurada, no se deje ver, avergonzada de su faz. Y le está bien merecido, por dirigirse al hombre con maldad y lenguaje osado”. Le Ménagier de Paris (Tratado de conducta moral y costumbres de Francia, siglo XIV) “Los niños, los idiotas, los lunáticos y las mujeres no pueden y no tienen capacidad para efectuar negocios”. Enrique VII (rey de Inglaterra, jefe de la Iglesia Anglicana, siglo XVI). “Cuando una mujer tuviera una conducta desordenada y dejara de cumplir sus obligaciones del hogar, el marido puede someterla y esclavizarla. Esta servitud puede, incluso, ejercerse en la casa de un acreedor del marido y, durante el periodo en que durase, le es lícito (al marido) contraer un nuevo matrimonio”. Código de Hamurabi (otorgado por el Rey Hamurabi, que la concebió bajo inspiración divina, siglo XVII a. C.) “Los hombres son superiores a las mujeres porque Alá les otorgó la primacía sobre ellas. Por tanto, dio a los varones el doble de lo que dio a las mujeres. Los maridos que sufrieran desobediencia de sus mujeres pueden castigarlas: abandonarlas en sus lechos, e incluso golpearlas. No se legó al hombre mayor calamidad que la mujer”. El Corán (libro sagrado de los musulmanes, recitado por Alá a Maomé, en el siglo VI) “Que las mujeres estén calladas en las iglesias, porque no les es permitido hablar. Si quisieran ser instruidas sobre algún punto, pregunten en casa a sus maridos”. San Pablo (Apóstol cristiano, año 67 d.c.) “El peor adorno que una mujer puede querer es ser sabia”. Martín Lutero (teólogo alemán, reformador protestante, siglo XVI) Para pensarse, ¿verdad? Pues ahora un pequeño y hermoso poema, para equilibrarnos: “Cuándo yo era niña, en los años ’20, todo lo bueno lo tenían los hombres. Los hombres tenían caballo, tenían bici, tenían el bote, tenían los libros –los libros eran cuatro en mi casa–. ...Y tenían profesiones activas, de entrar y salir; profesiones interesantes: unos eran comerciantes, otros eran marinos, otros eran militares a caballo, otros eran viajantes, viajeros, y otro era el médico. Pues yo no tuve envidia ni ganas de ser hombre. Pero pensaba que ser hombre era mejor.- Con el transcurso del tiempo –por la terquedad, la obstinación, la rebeldía y una magnífica abuela que me decía en gallego que no le hiciera caso a nadie y que hiciera lo que me diera la gana– tuve llave, salté por la ventana o por el tejado y tuve el bote, y tuve la bicicleta, y tuve el caballo... y tuve los cuatro libros. Dra. Fernanda Monasterio |
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