supmujer13-1
 
11 de marzo de 2008                                                         Suplemento # 13
 
 

 

Liderazgo femenino en política

Adriana Jiménez Real

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Es importante resaltar esta fecha, ya que no podríamos hablar de los procesos sociales sin reconocer el papel de la mujer desde todos los ámbitos, ni tampoco podríamos hablar de la historia sin el papel que hemos jugado las mujeres.

 Históricamente, las mujeres hemos luchado constantemente por el reconocimiento de la demanda de igualdad. En México, las mujeres representamos un 53.7 % de los 105.8 millones de habitantes, es decir, mas de la mitad de la población somos mujeres, pues de cada 105 mujeres existen 100 hombres. Del 53.07% de la población femenina, el 38.7% es económicamente activa; el 23% encabeza una familia; la edad de 75 años es su esperaza de vida; el 28.9% son jóvenes y el 65.1% somos adultas.

 Estos datos nos dan una idea de la conformación social en que vivimos. Las mujeres económicamente activas jugamos el rol de una doble jornada, que establece que terminando nuestra jornada laboral de la cual recibimos una remuneración económica, y llegamos a casa a seguir con los labores del hogar, los cuales son de gran responsabilidad, pues el cuidado y educación de los hijos no es nada fácil.

 Las mujeres mexicanas hemos formado parte activa del proceso de democratización de nuestro país, demandando como ciudadanas nuestros derechos sociales, civiles, económicos y políticos, buscando incrementar nuestro liderazgo en los ámbitos político, laboral, cultural, sindical y social. México ha experimentado en los últimos años un incremento en la incorporación femenina a la vida económica. Una mayor escolaridad femenina y el descenso de la fecundidad son factores que acompañan esta mayor participación y permanencia de las mujeres en el trabajo remunerado.

 La creciente inserción laboral de las mexicanas está generando cambios en la vida social de nuestro país, dando lugar a la conformación de una nueva cultura.

 En los últimos años, podemos observar una lenta pero ininterrumpida llegada de las mujeres a cargos de elección popular; jefas delegacionales, diputadas locales y federales, senadoras, gobernadoras y presidentas municipales. Ciertamente, las mujeres que han llegado a estas esferas de poder lo han hecho en porcentajes mínimos, para nada representativos de la cantidad de mujeres que forman parte de la población, ni tampoco de las que participan en actividades económicas. La esfera de la política sigue siendo un espacio casi exclusivo para los hombres.

 En el mundo sindical, la participación de las mujeres en la lucha cotidiana por mejores condiciones de vida y de trabajo cuenta con una larga tradición.

 En los últimos años, se observa un crecimiento, lento pero sostenido, de las mujeres en cargos sindicales, que no se reduce ya a la Secretaría de Acción Femenil.

 Nos podemos preguntar: ¿Por qué es mínima la participación de la mujer en puestos de dirección sindical? Una de las razones que explica este fenómeno es que, generalmente se asocian los puestos de dirección con los hombres. La condición de género asigna papeles diferentes a hombres y mujeres; socialmente es aceptado que el poder debe ser ejercido por los hombres, se cree que son ellos los que cuentan con la fortaleza necesaria para desempeñar correctamente la responsabilidad de dirección.

 En la asignación cultural de papeles diferenciados, a las mujeres les corresponde el ámbito de la reproducción, de lo doméstico, el espacio donde se atienden las responsabilidades familiares, donde se proporciona el cuidado a los otros, hombres, niños, ancianos. La sociedad espera que las mujeres cumplan con el deber de atender a la familia, independientemente de que estén cubriendo una jornada laboral; esto representa otra jornada, pero lo increíble es que la asumimos en automático.

 La mujer que pretende salirse de este patrón de comportamiento y aspira ocupar algún cargo sindical o algún puesto de poder, es censurada.

 Lejos estamos aún de contar con una ley que reglamente la obligatoriedad, para ambos sexos, de compartir las responsabilidades familiares. Una medida así posibilitaría un mayor involucramiento femenino en la esfera pública.

 Otro aspecto obligado de reflexión es cuando abordamos el tema de liderazgo, es el de la actitud que asumen las mujeres ante sus compañeras que llegan a ser líderes. ¿Confían en ellas?, ¿nos apoyamos? La triste realidad es que, generalmente, la mayoría de las mujeres no nos apoyamos entre nosotras, podría decirse que es una actitud cultural.

 Encontramos casos difíciles de que una mujer brinde su reconocimiento al liderazgo de otra mujer. Sin embargo, en este reconocimiento se encuentra una de las bases para la creación de la fuerza de las mujeres en el desarrollo de todos los ámbitos.

 ¿Qué sucede con las mujeres que llegan a ocupar algún cargo de jerarquía? Solas, sin reconocimiento de sus compañeras, sin un entrenamiento previo para ejercer el liderazgo y sin conocer otra forma de ser líder, tendemos a reproducir los modos masculinos del manejo del poder. Presionadas para demostrar que si podemos, las mujeres renunciamos a las características de género mas arraigadas en la cultura y asumimos el rol masculino, único conocido hasta ahora en el ejercicio del liderazgo.

 La exigencia social para la mujer líder llega a ser superior que la que vive un hombre en las mismas circunstancias. Por eso, cuando se habla de alguna mujer que ocupa un puesto de jerarquía, el comentario suele ser: “es tan dura o mas que un hombre”. Las mujeres requerimos liderazgos femeninos con visión de género. Necesitamos liderazgos comprometidos con la eliminación de todas las prácticas discriminatorias de que somos objetos las mujeres, por el sólo hecho de haber nacido en cuerpo de mujer.

 ¿Cómo lograr más liderazgos femeninos? ¿Cómo conseguir que esos liderazgos tengan una visión de género?

 Retomando a Martha Lamas y con ella a las feministas italianas, uno de los caminos para lograr incrementar el liderazgo femenino con visión de género es construir una fuerza de mujeres. Convertir la fuerza individual y social de las mujeres en fuerza política.

 Para lograrlo hay que poner en práctica el “AFFIDAMENTO”, relación en la cual: “una mujer dé su confianza a otra, que se vuelve su guía, su mentora, su punto de referencia o su líder”. “Solo práctica social generalizada de confianza entre mujeres puede producir otra estructura de intercambio simbólico y otra práctica de significación, otra forma de hacer práctica política”.

 Se requiere que las mujeres reconozcamos que somos diferentes, que cada una puede aportar distintas sabidurías y riquezas en el trabajo colectivo que hay que realizar para lograr la fuerza de las mujeres. Juntas podemos y debemos construir una identidad de “acceso al poder”, reconociendo que si bien la identidad femenina tiende al desinterés o al rechazo del poder, ésta no es natural, ha sido construida culturalmente, y por tanto, se puede modificar.

 Una de las maneras de modificarlo es la de establecer específicamente la meta de formar mujeres líderes.

“Las personas líderes no nacen, se hacen. Gran parte de esta hechura la da la capacitación, el conocimiento, la información. Por eso, para el fortalecimiento del liderazgo femenino es central su formación”.

 Las sindicalistas y líderes sociales tenemos el reto concreto de lograr una mayor representación femenina en los cargos de dirección o popular.

 Para lograrlo podemos hacer uso de la formación, pugnar por hacer efectivas las acciones positivas al interior de nuestra organización y, específicamente, para lograr el establecimiento de cuotas de puestos de dirección o popular aseguradas para mujeres, es otra medida que puede ser utilizada para tal fin.


¿Qué significa ser mujer?

Mujer…….

Que reúnes tantos atributos, el más bello, la maternidad
Como esposa, eres emblema de la familia, eres el eje
Como madre derramas cariño, ternura, confianza, de aliento
Te conviertes en enfermera, dedicas tu ser, tus desvelos a los
Hijos amados, para ti, siempre serán pequeños
Desde que escuchas sus latidos se te ilumina el rostro por un ser
Que es parte de tu alma y nueve meses son largos para poder
Estrecharlo.

Por la dignidad, respeto y equidad para la mujer

Dra. Yelmi Luna María Luisa
Dirección General de Servicios Médicos