8supjov06-3
 

Suplemento Unión con los Jóvenes No. 06                                  27 de octubre de 2008


Consomé de letras

EL SON DEL OLVIDO
Israel García C

Cuando estabas aquí, la noche era una hoja negra y las estrellas letras claras de un poema luminoso. Las tardes enmudecían para dejarme escuchar la sinfonía de tus palabras que el viento se tatuó en la memoria para murmurármelas cada otoño. Ahora estoy sentado en la banca de este parque que tantas tardes compartimos; supongo que estás bien sin recordar mi nombre, teléfono y dirección. Comprendo que mi futuro se quedó atrapado en tu pasado, y ahora sólo tengo algunas cicatrices y el sabor indeleble de tus labios.

      Mientras fumo siento que tu recuerdo me azota como la lluvia azota las aceras y yo, al igual que ellas, me quedo inmóvil y a la intemperie de la noche en que mis ojos te contemplaron. Entre esas dunas de gente, tus caderas sobresalían balaceándose al ritmo de un son cubano: una misma cosa fue verte y desearte. El chan-chan acabó y caminaste hasta donde te esperaba sin previa cita. El sudor te perlaba la frente y tu respiración agitada te hinchaba tanto el pecho, que me dieron ganas de estirar los brazos con la idea de agarrar en el aire el corazón que de un momento a otro, supuse, se te saldría.

     Te paraste a un lado de mí en la barra, tus labios ordenaron ron y los míos transgredieron la barrera tiempo-espacio con un "hola", seguido de mi mejor sonrisa, volteaste y me viste con asombro, pero en fracción de segundos pasaste del desconcierto a la sonrisa y correspondiste con un "¿qué tal?". A los 90 minutos de esa presentación conocía tu nombre, tu profesión, algunos de tus gustos y a esas dos mujeres que acababan de despedirse y que me presentaste como tus mejores amigas. En un cruzadito nos terminamos el trago que teníamos en la mano y entonces me dijiste al oído que tu cama te llamaba a gritos. Pagué la cuenta y salí detrás de ti.

     Mientras el valet parking te traía el auto, te pregunté tu número telefónico, soltaste una carcajada y me hiciste la misma pregunta; no tengo teléfono, respondí. Sonreíste y preguntaste si vivía lejos; dije que no. Me miraste fijamente y te ofreciste a llevarme. En 15 minutos llegamos a mi casa, estaba a punto de pedirte, otra vez, el numero de tu celular, cuando preguntaste si había leído el cuento de "Aladino", tímidamente contesté que no. Te reíste y soltaste las palabras: "no me importa", añadiste que esa noche yo había frotado una botella de ron y mágicamente habías salido de ella porque tú eras una genio dispuesta a concederme tres deseos.

      Sonreí y mi primer deseo fue que te quedaras conmigo, me lo concediste. Te abrí la puerta de mi departamento y descubrí que la distancia exacta entre tus pies y tu cabello son once cuartas partes de mis manos, que basta cualquiera de mis cortos brazos para rodear tu cintura y que mis labios entreabiertos son suficientes para cubrir la circunferencia inexacta de tus pezones. El sol nos encontró abrazados y dormidos.

      Ese primer deseo duró tres meses, pero un día, al igual que un genio, te esfumaste dejando dos de mis peticiones al aire. Te fuiste de mi vida sin dejar una carta en el buzón o la palabra "adiós" escrita en el espejo con lápiz labial, sin la parafernalia del "tengo algo que decirte" o el clásico "tenemos que hablar". Simplemente no supe más de ti. Las puertas de mi departamento no volvieron a enmarcar tu cuerpo y las de tu hogar se cerraron para mí. Hasta el "ábrete sésamo" resultó inútil. En tu teléfono sólo escuché la letra de la canción más triste: "por el momento no estoy en casa, deja tu mensaje y yo te llamo, besitos". Después de dos semanas sin ti y tres días de búsquedas infructíferas imaginé lo peor. Comencé a buscarte en hospitales, delegaciones, reclusorios e incluso, en la lista de personas extraviadas, desesperado me lancé a los manicomios. Todo fue en balde.

     Sabía que ejercías la publicidad, pero nunca me dijiste dónde. Buscarte en tu trabajo resultó imposible; en esta ciudad las agencias abundan. Pero el que busca encuentra, y quiso Dios, y al parecer también el Diablo, que te encontrara. En uno de mis rastreos vespertinos entré a una cafetería. Estabas sentada con tus amigas, reías con desparpajo mientras cruzabas la pierna. Al verte, todo mi cuerpo tembló de la emoción, no pude evitar correr hasta ti, abrazarte y decirte "mi genio, te extraño". En eso, me aventaste con violencia y gritaste: "¡qué te pasa cabrón!". Caí al suelo y tus acompañantes se burlaban de mí, quisiste fingir enojo, te ganó la risa. Por un momento pensé que se trataba de una broma, supuse que te acercarías, me levantarías y me susurrarías al oído: "fue una broma tontuelo". Eso no ocurrió.

     Me puse en pie torpemente y con más desconcierto que enojo, pregunté qué te causaba tanta gracia, de la carcajada descarada pasaste a la seriedad indigna y comentaste: "si yo ni te conozco". Una paleta helada recorría mi columna vertebral, te tomé por los hombros para interrogarte: no te acordabas del "chan chan", ni de la botella de ron ni de mi nombre y teléfono. Te mencioné que no sólo había leído Aladino sino el libro completo de "Los Titanes de la Literatura Infantil"...pero fue inútil. Mientras te reclamaba que me debías dos deseos, unos policías me sacaban a rastras y golpes del lugar. Con sangre en la nariz y las costillas molidas, alcancé a gritar que eras mi genio, que por favor recordaras.

     La noche de nuestro infeliz reencuentro me pasé media hora en la delegación y después, tres meses en una casa para enfermos mentales. A base de drogas y electricidad pudieron borrar de mi memoria el recuerdo de tu rostro, la fragancia de tu cuerpo, el sabor a ron de tus labios, pero no la sensación de felicidad que me provocaba estar a tu lado. Gracias a la psiquiatría ahora no sé si realmente existes o si eres, cómo dice el médico, un invento mío... parece ser que no estabas cuando te conocí... ahora no sé si eres de verdad o un invento mío...

Publicado por primera vez el 21 de septiembre de 2007, bajo el seudónimo de Israel C.G en http://cuentogotico.blogspot.com como resultado del taller de cuento gótico impartido por Sharenii Guzmán en la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Comentarios, quejas y mentadas favor de enviarlos a isragac_03@hotmail.com el (ir)responsable de dicha columna tal vez no se lo agradezca pero siempre lo va a tomar en cuenta. 
FE DE ERRATAS
En la entrega pasada, titulada “El Sueño del Insomne” donde dice guaraches debe decir huaraches  y Él no va con mayúscula y acento, pues como se dieron cuenta, no se refería a Dios, se refiere a un simple y promiscuo mortal… a él.


Gadgets

Tanteando Tecnología
Eduardo García Meléndez

Triple Play

Hace un par de meses el Gobierno Federal aprobó una resolución para que las empresas de telecomunicaciones puedan ofrecer servicios de Internet, teléfono y Tv, conocido como Triple Play; ¿pero que esto? Simplemente es una forma de ofrecer estos servicios en un solo paquete siendo una sola empresa quien los ofrezca; ante esta disposición algunas empresas unieron servicios para poder ofrecer el Triple play.

Este servicio representa una ventaja en el ámbito tecnológico, sin embargo, hay un punto particular que puede resultarnos impórtate y es el hecho de que se abre el campo para la competencia; como sabrán la empresa del Sr. Slim tiene gran parte del mercado en cuestión de telefonía e Internet, pero sus tarifas no son algo gratas.

Ahora ya hay empresas que ofrecen estos servicios, en algunos casos con mejores ofertas, tales como mayor velocidad de Internet, un numero de llamadas sin costo o canales de televisión a la carta, a una tarifa por decirlo así más justa, y lo mejor de todo ¡Sin plazos forzosos! No es como la primera vez que quise contratar Internet, donde me pedían mínimo 2 años, sino debía pagar una penalización equivalente a los dos años de servicio.

Si usted tiene Internet y Televisión de cable con otra compañía, haga cuentas y verifique cuanto paga por mes, revise otras opciones, es probable que encuentre un paquete donde le ofrezcan más opciones por menos dinero; pierda el miedo a cambiar de compañía, eso hará que ellas se pongan las pilas y ofrezcan servicios de calidad.