Suplemento Unión con los Jóvenes No. 02 19 de mayo de 2008 Generación Simpson Germán Bernardo Pascual Poco a poco, casi sin darnos cuenta, estamos presenciando el final de dos décadas de supremacía. Casi veinte años de acaparar los horarios más preciados y costosos de la televisión internacional. Estados Unidos, Francia, Chile, México (por supuesto) entre otros países, lo han tenido como centro de su programación familiar. Muchos lectores seguramente nacieron y ellos ya estaban ahí, con sus grandes ojos, su piel amarilla, sus cuatro dedos. El tiempo pasa, y con él, la memoria. Así, lentamente, Los Simpson se están alejando. Sesenta minutos diarios en televisión desde hace más de diez años y a nivel internacional, no es un fenómeno del que podamos hablar todos los días. Algunas series norteamericanas han logrado éxitos similares o mayores en cuanto a longevidad, pero es muy difícil esperar ese número de transmisiones con las condiciones de programación actuales y, sobre todo, con la tremenda competencia en los horarios estelares. No existe, me atrevo a decir, adolescente citadino que no pertenezca a la generación Simpson. Su mercadotecnia ha envuelto a todos los sectores sociales: ropa, DVD’s, películas, discos, video juegos, tazas, juguetes... Todos hemos tenido a Bart u Homero en nuestra sala. Curiosamente, como la mayoría de las cosas exitosas, su celebridad se basa en la simpleza, en la recreación de su propia sociedad, en la sátira a su moral, a sus instituciones, a su modo de vida. La generación Simpson no concibe la televisión sin Springfield. Los niños calamidad quieren ser Bart; nadie quiere ser Lisa; ¿alguien no conoce el ¡ay, caramba!, o ¡excelente!? Qué decir del ¡Ouh!, y del ¡ja, ja! No falta el envidioso que piensa que ser Homero es un sueño: casa propia, buena chamba, una esposa hermosa, dos autos, trabajar cuando quiera, viajar por el mundo y cumplir parte de sus sueños en cada episodio. El famoso prime time gringo aún tiene dueño. Vamos a los números: 17 de diciembre de 1989, fecha del primer episodio; 19 temporadas; más de 400 episodios (el número 400 fue trasmitido como el capítulo final de la temporada 18); 74 millones de dólares en la semana de estreno de la película y más de 500 recaudados en todo el mundo por su exhibición; 9 historietas publicadas por Bongo Comics desde 1993; 8º lugar en los 50 Grandes Show’s de Todos los Tiempos de Tv Guide; 19 años de duración. 19 años ininterrumpidos entrando con ellos al número 742 de la Avenida Siempreviva. El 31 de diciembre de 1999, la revista Time la llamó la mejor serie del siglo XX e incluyó a Bart Simpson en la lista de los personajes más influyentes de la centuria, el único personaje ficticio en la lista. Los Simpson son un ícono pop, una referencia cultural ineludible. La secuencia de apertura es uno de los gag’s más conocidos de la televisión y la música el leit motiv más fácil de identificar en la televisión actual. Esperando una aceptación similar, el boom de series animadas en el prime time no se hizo esperar y aparecieron Padre de familia, Los reyes de la colina, South Park, El Crítico y Futurama, del mismo autor de Los Simpson, pero sin la misma aprobación por la audiencia. La televisión es así. Antes que todo, es un negocio en donde sólo lo que vende permanece. Pero será difícil que Los Simpson se retiren de las programaciones cotidianas. La repetición de series es común en la televisión nacional, especialmente cuando son tan exitosas. Marge, Homero, Bart, Lisa y Maggie se van poco a poco, pero dejan una generación que exigirá la suplencia de su horario con algo de mucha calidad. En caso contrario, el interés será cada vez menor. Esperamos que, al encender la tele, el fuego del hogar continúe siendo amarillo. Si no, buscaremos un fuego que sí abrigue. Una canción, millones de claveles…….una revolución. Joel Ortega Erreguerena Grândola, vila morena En cada esquina un amigo Zeca Alfonso Exactamente a las 0 hrs con 25 minutos el 25 de Abril de 1974, estas estrofas despertaban al pueblo portugués y al mundo entero. Grândola, vila morena, una canción inofensiva por si misma, pero que como tantas otras había sido prohibida por la dictadura de Salazar, transmitida por radio a todo el país daba la señal al pueblo de levantarse. Iniciaba así la última revolución europea del siglo XX; la Revolución de los Claveles. La señal había sido previamente acordada por el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) en el que se habían agrupado decenas de capitanes del ejército hartos de la represión ejercida por el régimen y de las absurdas guerras coloniales que la dictadura sostenía en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau. En 6 horas los capitanes tomaron las plazas y fuertes más importantes y la dictadura se derrumbó. El pueblo portugués, cansado por la injusticia, la desigualdad y la falta de libertad salió de inmediato a las calles y convirtió al golpe militar en una revolución popular. En todas las plazas de Lisboa y otras ciudades de Portugal los trabajadores, campesinos, estudiantes y soldados se concentraron y en lugar de armas empuñaron la flor de temporada: los claveles. Frente a la violencia que durante décadas la dictadura había ejercido contra su pueblo y las colonias los revolucionarios enarbolaron un nuevo símbolo de fraternidad e igualdad. Sin embargo, la Revolución de los Claveles no fue fruto de la casualidad sino consecuencia de años de agravios y contradicciones acumuladas en la sociedad portuguesa. Desde 1926 Antonio de Oliveira Salazar había implantado un gobierno militar, represivo y de corte fascista que durante casi 50 años oprimió a los portugueses. En ese periodo, la tierra se concentró en grandes latifundios, los trabajadores se encontraron sin ningún derecho y los sindicatos fueron perseguidos. De igual forma el país se desangró en un intentó absurdo por conservar las colonias africanas en las que ya se luchaba por la independencia. Pero el régimen estaba cada vez más aislado y cuestionado, para 1968 su crisis era evidente. Intentaron resolverla incrementando la represión y sustituyendo a Salazar por Marcelo Caetano, un nuevo dictador. Pero fue inútil, el pueblo portugués ya no podía esperar y sólo fue cuestión de tiempo para que la revolución estallara. Pero frente a la dictadura los portugueses nunca dejaron de organizarse y resistir. No sólo fueron los capitanes del MFA, sino que durante décadas los trabajadores, los campesinos, los estudiantes y el pueblo en general resistió y se organizó. Así surgieron grandes hombres y partidos que encabezaron la resistencia. Es el caso del Partido Comunista Portugués que organizó células y grupos de resistencia en sindicatos, universidades y en el propio ejército a pesar de la cárcel, las torturas y asesinato a los que los sometía la dictadura. Alvaro Cunhal, su secretario general, pasó años en la cárcel pero nunca dejó de luchar contra la dictadura. Pero como él fueron muchos los que resistieron y al final vieron coronados sus esfuerzos con la Revolución de los Claveles. Después del 25 de abril en Portugal se realizaron varias nacionalizaciones, una reforma agraria, se crearon sindicatos, se establecieron derechos para los trabajadores y se acepto la independencia de las antiguas colonias. Incluso algunos querían que la Revolución terminara por establecer el socialismo. Sin embargo, algunos errores y la propia maduración del pueblo portugués limitaron el proceso. Hoy, a 34 años de la Revolución de los Claveles esos acontecimientos se ven muy lejanos. En medio del individualismo, la apatía, la dispersión y la enorme influencia de los medios de comunicación se ve difícil que se repitan hazañas de este tamaño. Sin embargo no es imposible, y es necesario. Aunque sin una dictadura como la de Salazar en México si padecemos un régimen basado en la explotación y la desigualdad. Por eso es necesario que nos organicemos y busquemos nuestra propia vía para transformar la sociedad. Tal vez no sea necesario esperar a que Grandola Vila Morena suene en la radio, hay que empezar ya a enarbolar los claveles de la esperanza. |
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