Suplemento Unión con los Jóvenes No. 01 14 de abril de 2008 Reforma Judicial, pretexto para la represión
Los medios de comunicación nos aturden día a día con las escandalosas notas sobre el “efectivo” combate del Ejército Mexicano a la delincuencia organizada. Además, las decapitaciones, el ajuste de cuentas y las ejecuciones son términos ya familiares en nuestro andar cotidiano. También se nos inyecta información sobre decomiso de armas, drogas y exorbitantes cantidades de dinero, así como de las aprehensiones de capos famosos de los diversos cárteles que operan en el país. Con discreción, nos venden la idea de que es necesario fortalecer a los cuerpos policíacos para “salvaguardar” el Estado de Derecho y la integridad de los ciudadanos. Bajo esos pretextos, la administración del “presidente pirata” que opera desde Los Pinos, así como diputados y senadores, destacan la necesidad de una reforma al Sistema de Justicia mexicano. No hay que descartar la necesidad de combatir la ola delictiva que últimamente nos ha aquejado, es importante atender a las problemáticas sociales que derivan del secuestro, la extorsión y el narcotráfico. No obstante, los “dueños” de México (me refiero a la clase política y a los poseedores del dinero) ven en la Reforma Judicial una exquisita oportunidad para intimidar a los luchadores sociales y terminar con la disidencia. Dentro de los preceptos de la citada reforma, se incluye que la policía (no especifica cuál) puede allanar –sin más autorización que la de su propio juicio- los hogares de cualquier persona. Es decir, desde el más modesto policía municipal, hasta los cuerpos policiacos de más renombre, pueden entrar a los domicilios con la simple sospecha de que ahí se cocina un delito. Es demasiada libertad para elementos policiales que destacan más por la ignorancia y alevosía con que realizan su labor. De aprobarse la reforma en las Cámaras Legislativas, las organizaciones políticas de lucha social no tardarían en desmembrarse, pues muchos de sus miembros serían arrestados –y procesados- bajo crímenes imaginarios y detenciones arbitrarias. Caso Zimapán En los primeros días de diciembre del año pasado, el municipio de Zimapán, Hidalgo, vivía momentos de alta tensión. Sus habitantes protestaban porque –con el aval del gobierno- una empresa española construía un confinamiento de residuos tóxicos en su territorio. Los zimapenses se organizaron. Realizaron asambleas, hicieron una marcha en la Ciudad de México, hacían jornadas informativas y eventos para generar recursos a fin de mantener su movimiento.Como en todos estos casos, se generaron conflictos y la policía estatal hidalguense reprimió el movimiento. Señoras, señoritas, jóvenes y ancianos fueron golpeados por el tolete policial. Arrestaron a 44 personas, arbitrariamente, sin cargos. Dentro de las camionetas de la policía iban estudiantes, tortilleras, profesores y simples curiosos. Ese es el recurso infaltable de los gobiernos mexicanos: reprimir, ahorcar, desplazar toda forma de organización social que implique un riesgo para los políticos, para los adinerados. De aprobarse la reforma Judicial, estos ejemplos serán persistentes en el escenario nacional, pues antes la represión requería de un pretexto, ahora sólo es necesario el desgraciado juicio de cualquier policía.* Consomé de letras El espejo de agua de Sandor Marai Mauricio Cancino En está sección daremos difusión a la lectura. Las obras literarias como reflejo de nuestras vidas pueden llegar a tener el poder de un oráculo. La literatura es un arte que tiene como combustible principal las pasiones, y como catalizador, la imaginación. La vida, el azar, el destino, la suerte o todo eso junto las sigue usando cuando nos pone en escena. ¿Para qué leer? Para recrearnos, para construir los castillos en el aire que nos hacen falta, para vivir con menos peso; para volvernos seres alados. Un escritor necesita de los lectores para mover los hilos de ese mundo que construye; pequeños dioses que den el soplo de vida a personas tan humanas como cualquiera. Una obra literaria alcanza universalidad cuando nos vemos reflejados en ella sin importar nacionalidad ni el tiempo que nos separa de su creación. Les invitamos no sólo a ser lectores, sino co-creadores de historias, eso es leer. Sabemos que la lectura es un llano baldío y por eso necesitamos más locos esteparios. Sí, un día llega la aceptación de la verdad, y eso significa la vejez y la muerte nos dice Sándor Marai en su novela “El último encuentro” obra que luego de cincuenta años es redescubierta por la prestigiosa editorial italiana Adelphi. Hombre del siglo pasado, Sándor Marai nace en 1900 en Kassa, pequeña ciudad húngara. Fue considerado como uno de los más importantes escritores de la literatura centroeuropea, pero en 1948 con la llegada del régimen comunista, emigra a los Estados Unidos y su obra cae en el olvido durante varios decenios, hasta el fin del comunismo. Sándor Marai se quita la vida en 1989 en San Diego California, a sólo unos cuantos meces del suceso que, para muchos, es considerado como el final del siglo XX. La caída del muro de Berlín. ¿Qué significa la fidelidad? ¿Qué esperamos de la persona a quien amamos? ¿Será que al equivocarnos de persona y entregarnos a esta, se activa un mecanismo que hace al mundo seguir existiendo para continuar la búsqueda, y saber que hay alguien que nos brindará un lugar seguro en su vida, cuantos de nosotros estaremos equivocados? ¿Cuántos de nosotros justificamos el engaño y la traición ondeando la bandera del amor? ¿En la comprensión de la amistad existe una oscura forma de sometimiento? ¿El enamorado y el amigo esperan alguna recompensa por sus sentimientos, si es así, qué pasa si no la obtienen? En El último encuentro, Sándor Marai nos hace estas preguntas; nos obliga a vernos en el espejo de sus palabras hasta encontrar en nuestras pupilas, el disimulo que huye a la verdad. La historia de dos amigos que han crecido juntos, hasta que un día uno de ellos parte sin despedida ni explicación. Se reencuentran luego de cuarenta y un años, al final de una época melancólica y a la orilla de la vida. Su último encuentro no es sólo para deleitarse con la memoria de la juventud. Ambos llegan al recuerdo tortuoso de una mujer y comienza un juicio. Es la historia de un triángulo amoroso abordado desde un interesante enfoque: macerado con los años, todo adquiere densidad humana, las respuestas son más simples, más crueles. Ya dice Ovidio en su obra Arte de amar, que a los amantes no se les descubre y se les pone en evidencia de inmediato, pues esto les une más, y el personaje principal de esta novela, lo sabe, y ha esperado media vida para hacer las últimas cuentas. Cambiando de narrador en la mitad de la novela, Sándor Marai aumenta magistralmente la tensión hasta ponernos en un momento incómodo. Nos hace co-creadores al obligarnos a andar sobre las palabras del General, y el silencio de su amigo Konrád nos hace culpables, nos hace traidores. Gadgets Eduardo García Meléndez
Circula en el mercado un reproductor muy interesante y que puede ser tan llamativo como un iPod de nueva generación, este reproductor se llama Clix de la marca Iriver; el cual nos permite escuchar música, ver videos, grabar voz, ver imágenes y escuchar radio, claro aparte de servir como memoria USB, sin embargo tiene algo particular y es que no tiene botones, la forma de operar este dispositivo es en los lados, donde contiene partes sensible que permiten Este reproductor también cuenta con una base que incluye control remoto que permite emplearlo como una pequeña pantalla para la oficina, la casa o algún otro lugar. Podemos encontrar este modelo en versiones de 1 o 2 GB, aunque no tiene tanta capacidad como el iPod, pero su manejo es sencillo y extremadamente cómodo, inclusive después de emplear este reproductor se puede tener la sensación de extrañeza cuando utilizamos algo con botones.* |
||