Febrero
2008 Suplemento No.
25 27 p.
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Tarot cultural Fernando Contreras González Envidia, pereza, gula, soberbia, avaricia, ira y lujuria son algunos de los elementos que trabaja el autor en la novela El Lazarillo de Tormes, como parte de una serie de defectos de los personajes de la obra, mismos que aún eran prototipo de la sociedad en el siglo XVI español. Ello lo relaciona con circunstancias y situaciones ligadas a una suerte de denuncia de la sociedad de aquella época. Esta novela, que la mayoría leímos en la secundaria, es narrada en primera persona, inclusive comienza con la palabra “Yo”. Con esa manera de iniciar la narración, el trabajo literario da la impresión de firmeza y convicción, es como una manera de decir “lo he vivido y contradíganme si no es cierto lo que refiero”. El narrador se inviste como el principal protagonista de la novela: “vio, sufrió, pidió, lloró”, en pretérito, porque así está trabajado el relato, sólo al presentarse habla en presente, en donde da cuenta de quien es “él” para pasar a platicar lo que vivió y de lo que es testigo. Referir la descomposición social es la esencia de la obra. En esa tarea el escritor no deja “títere con cabeza”; también los autores de sus días cometen ilícitos, el padre roba y a la muerte de éste, la madre se entrega a un morisco a cambio de bienestar material. Madre acomodaticia y desnaturalizada, encomienda a su hijo Lázaro a un mendigo ciego para que le sirva de mozo. La mayoría de las veces en las que se habla de un ciego en una obra literaria, se realiza con cierto respeto, consideración y lástima, con mayor razón si es un mendigo. En la obra en cuestión, los papeles cambian drásticamente, el ciego es el tipo corrupto que se aprovecha de su situación de invalidez para engañar al público, maltratar a su mozo y ufanarse de las habilidades que posee para timar al prójimo. En el mendigo ciego se encuentran presentes tantos o más defectos de los que pudiese tener cualquier rufián en pleno goce de sus facultades físicas y mentales: la estafa con engaño a mujeres con diversos problemas (el timo lo ejecuta sin ningún escrúpulo), desde las que no podían tener hijos hasta las que deseaban que su marido las tratara bien; la mezquindad, como el otro gran defecto de los avaros, se encuentra presente en este mendigo. La novela construye una imagen nefasta para un limosnero ciego, parece quedarse la idea de considerar a un menesteroso de la España de aquellos tiempos como un simplemente embaucador que vive a costillas del pueblo incauto. Las novelas de caballería nos hablan de hidalgos que buscaban hacer el bien, de nobles de sentimientos, de buena estirpe, educados, valientes, con finos modales, entre otros atributos. Diferente es el hidalgo, del cual nos da cuenta el autor de El Lazarillo de Tormes, en la que describe a un escudero con más defectos que cualquier vasallo; éste escudero es otro de los amos del personaje principal de la novela. La desmitificación del caballero no podía ser de una forma tan cruda y con tanto realismo, como se aprecia al leer el pasaje correspondiente a las vicisitudes que narra el autor sobre Lázaro con su amo el escudero. Un hidalgo que se dedica a la vagancia; invierte el tiempo en la búsqueda de compañías femeninas para sobrellevar la vida; se aguanta el hambre porque no tiene dinero para comprar víveres; vive en una región lejana de su pueblo natal, lugar que abandonó debido a que no soporta que un vecino tenga la investidura de caballero, y por ese motivo tiene que saludarlo y descubrirse la cabeza para ello, tal y como ordenan las reglas de urbanidad de la época. No asoman los nobles sentimientos propios de los caballeros en el escudero de la novela, pues se muestra a un individuo con los defectos de envidia, pereza, orgullo y lujuria; aunados con otros males a cuestas, como el de ser pobre y mentiroso. Otro respetable personaje de la sociedad de aquel tiempo es el clérigo. En El Lazarillo de Tormes se describe a uno de ellos, es alguien contrario a lo que pregonan todos los dignatarios y oficiales de la Iglesia Católica, como el ser caritativos o combatir con el ejemplo a los siete pecados capitales; pero este clérigo casi mata de hambre a su mozo, le da de comer solamente los huesos de la carne que él come y las migajas del pan que le sobran, después de haber concluido su ingesta. A pesar de ser clérigo, no ejerce la virtud de la caridad con nadie, se harta de comer y beber; esconde bajo llave los alimentos para que no estén al alcance de su mozo. Las actitudes del clérigo narradas en la obra, dejan al descubierto la verdadera cara de los miembros de la jerarquía eclesiástica. Todos y cada uno de los protagonistas referidos en El Lazarillo de Tormes son poseedores de una personalidad distinta a la que representan ante el pueblo, sobre todo en lo íntimo; sus defectos los esconden, aplicando la vieja máxima: “vicios privados, virtudes públicas”. De manera análoga, podemos percibir que otros prototipos de la sociedad de aquel tiempo se encuentran en la más completa descomposición moral y ética. En ese mismo tenor nos da cuenta el autor de más profesiones relacionadas con la Iglesia, a los cuales no les anima en lo más mínimo la fe cristiana, ni el perdón de los pecados, lo que les interesa es el dinero y el disfrute de los bienes y placeres terrenales. Es de llamar la atención que no denuncia al alto clero, ni a la nobleza de manera explícita en la novela. Tampoco se habla de los que hacen producir a la tierra: los campesinos y otros actores sociales como artesanos y albañiles. Se refiere con malos ejemplos a los clérigos de abajo, porque son el espejo de los jerarcas; lo mismo sucede con el escudero, es la parte baja de la nobleza. Si éste es un perezoso, los de arriba son igual o más; de los campesinos y artesanos no hay nada que decir, pues son víctimas de los anteriores. Lázaro es el retrato de una persona al principio de su vida en aquella sociedad: ingenuo, de nobles sentimientos, deseos de trabajar y servir a la humanidad, imagen que permite ver la transformación que va sufriendo, al ir cayendo en las “redes” de los distintos amos a quienes sirve. Poco a poco se va dando cuenta que el mundo no es de la manera como se mira de lejos, percibe que los individuos que tenía como salvadores del mundo son unos demonios. La experiencia le ha ubicado en la realidad, se amolda a esa manea de vivir, no se rebela, queda entrampado como los demás; lo absorbe la sociedad al grado de descender hasta la ignominia, soportando que un arcipreste sea el amante de su mujer a cambio de vivir en lo económico de manera desahogada. La intención de la novela es la de presentar a una sociedad gastada, que no se encuentra a la altura de los tiempos que se están viviendo, es decir, los iconos sociales ya no son tales: el escudero es la pereza personificada, el clérigo un pecador y el mendigo un rufián estafador. Es una denuncia, un testimonio social de alguien que era crítico de la organización social vigente, un personaje que no podía salir a la luz por los peligros que ello conllevaba, pues ante la Inquisición nadie se podía enfrentar sin salir perdiendo. La obra tiene destinatarios, es evidente, y ellos no son otros que los encargados de gobernar, de ejercer justicia, los que tienen en su poder los medios de producción (las tierras) y los intermediarios entre Dios y el hombre. Así mismo, la novela es escrita por encargo de alguien, ello queda claro al principio y en las últimas páginas del relato, porque Lázaro se dirige por “vuestra merced” a una persona en especial. La manera anónima era un arma para denunciar los hechos en la sociedad española, que se resistía a los cambios: cuando se conoce El Lazarillo de Tormes habían pasado cinco décadas desde el descubrimiento de América; la reforma religiosa instrumentada por Lutero había dejado su huella en toda Europa; el Renacimiento en Italia había hecho posible cambios sustanciales en la sociedad, producto de la nueva concepción del mundo. Esa idea del mundo consideraba al individuo como eje del universo y no a Dios y al tener al hombre como eje del mundo, muchos aspectos sociales tendían a ser diferentes. Pero en España había una resistencia a todo cambio, algunos escritores habían tenido que salir exiliados por pregonar propuestas de cambios. De literatura y algo más… Araceli Zúñiga “Cuando una cabeza y un libro chocan y suena a hueco, la culpa no siempre es del libro”. “No leas un libro acabado de publicar. Espera al menos un año y si entonces todavía se habla del libro, decide si leerlo o no”. “La edición es un arte en todos los sentidos, y seguramente un arte peligroso porque, para ejercerlo, el dinero es un elemento esencial. Desde esta perspectiva, bien se puede sostener que muy poco ha cambiado desde los tiempos de Gutenberg”. “Siempre he tenido respeto por las críticas inteligentes, incisivas, que me hacen ver algo que yo ignoraba de mis libros, así sea para demostrar que erré el camino. Lo que detesto es la crítica que disfraza su ignorancia de pedantería intelectual, o la crítica académica, incapaz de entender que la letra se escribe con sangre, con nervios, con esperma”. “Contra los ruidos, mi ruido”. “El buen narrador es enemigo acérrimo de lo intrascendente” “La literatura, si tiene algún valor es, justamente, que produce lo que no sabemos ni podemos concebir”. Cesar Aira “Sólo hay esperanza en la acción”. “Es mejor encender un cirio que maldecir la obscuridad”. “Si me pregunta por qué es un detective privado, no podría contestarle. Es evidente que hay momentos en que desearía no serlo, tal como hay momentos en que yo preferiría ser cualquier cosa antes que escritor”. “Después supe que los tangos mentían pero era inapelablemente tarde”. Mario Benedetti. “…Respírese hondamente y sobre todo procúrese que no se caiga el arma de las manos cuando se venga el suelo velozmente hacia el rostro”. “Qué hace un autor con la gente vulgar, absolutamente vulgar, cómo ponerla ante sus lectores y cómo volverla interesante?” “Ay de mi corazón que nadie quiso” “Imposible de definir, el ser humano admite todas las palabras”. “Mi ironía es Cervantina; es decir, benévola con el género humano”. “La lectura es un acto de apropiación, la escritura es un acto de amor”. “Leer un poema significa traer esas palabras a nuestro propio universo emocional” “La traducción es una transcreación” “El (grano de arena que protege del tedio), LA PIEDRA DE TOQUE, una iluminación de la poesía latinoamericana que dividió las aguas, quiérase o no, del lenguaje creativo en dos” “Antes que los portugueses descubrieran el Brasil, el Brasil había descubierto la felicidad”. “El adjetivo cuando no da vida mata”. “¿Por dónde empezar la revolución difícil pero necesaria? Pues bien, yo elegiría comenzar por la educación” |
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