Agosto
2007 Suplemento No.
24 p.
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FRENTES, COALICIONES Y TALLERES Presentación de antología Tuvo lugar la presentación de la antología FRENTES, COALICIONES Y TALLERES. Grupos visuales del siglo XX, cuyo compilador es el crítico de arte, Dr. Alberto Híjar Serrano, el miércoles 4 de julio en el Foro Cultural Coyoacanense; estuvieron como comentaristas: Elisa Morales, del CENIDIAP-INBA; Araceli Zúñiga y Concepción Álvarez, promotoras culturales, y Maritere Espinosa, curadora. Incluimos aquí una parte de la intervención de Araceli Zúñiga: Frentes, Coaliciones y Talleres. Grupos visuales en México en el siglo XX, libro firmado generosamente, como “compilador”, por Alberto Híjar Serrano, hoy aquí gozosamente celebrado. Libro histórico (y ya) esperado con enorme expectación (por los muchos y ricos y filosos enramados y enraizados de madreselva que, sabemos, contiene este libro; auténtico árbol de la vida mexicano). Bienvenido este barro negro de Oaxaca. Diagnóstico profesional de Los Frentes, Coaliciones, Talleres y Grupos visuales, expuestos por la lupa (médico) forense de Alberto Híjar, pone de manifiesto la (urgente) necesidad de esta disección. El movimiento de Los Grupos, por ejemplo, fue –y sigue siendo, (¡saludos Maris Bustamante!, ¡saludos Patricia Salas!)– un movimiento telúrico de intensidad no cuantificada hasta ahora, que con este libro testimonial y de registro histórico, junto con otros acercamientos que ya se manifiestan de algún tiempo para acá, comienzan a movilizar las agujas que marcan las escalas de richter o de mercalli, no sabemos todavía cuál, del temblor(cito), sismo o terremoto que representaron en nuestro país estos vaivenes de la plástica mexicana. ¡¡¡BRUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUM!!! En la presentación del libro, Alberto Híjar nos aclara el porqué de su interés en analizar a las agrupaciones artísticas y no tocar a los “Archipiélagos de Soledades”, de los llamados “Contemporáneos”, lo cual es ya un manifiesto para acercarse y analizar (sujeto y protagonista él mismo de este interesante fenómeno) a los grupos, frentes, coaliciones y talleres, construcciones de sujetos nuevos, productores de objetos nuevos. ¡Qué bien, maestro Alberto Híjar!, porque con este manifiesto contundente estás en coherencia absoluta con tu forma de pensar y de ser desde siempre. Como el filósofo de las nuevas estéticas, demarcando claramente –ideológicamente– con el eurocentrismo evangelizador del viejo mundo (aunque ahora nos salgan con que nunca evangelizaron por aquí… ¡pero, cómo no!, si la forma es, en el fondo, la forma, ¿verdad?). Y a través de las formas es que llegamos a los lodos conceptuales que generan o degeneran los modos de vivir, de pensar y de ser. Contra los silabarios visuales/in/morales que nos imponen los grandes (e hijos de nadie) MEDIOS, (MEDIOS que, junto con el narco, son el verdadero ESTADO dentro del Estado, por cierto) las formas nuestras son las “exaltadoras de comunidades, como posibilidad de plenitud”. Mientras la producción de signos y símbolos de la colonización evangelizadora pretendió –y pretende– exterminar las lenguas madres ancestrales y prohibir “decir” los nombres para nombrar de otra manera al mundo; pero al perder el derecho a nombrar el mundo, perdemos nuestro derecho a existir… ¿podemos imaginar mayor desgracia para cualquier comunidad? Reflejos“En los cristales habita mi fantasma. Iliana Rodríguez LAS LLAVES DEL REINO... Rocío Duque* No sé cómo Malena perdió sus llaves por cuarta vez, pero fue en esa ocasión cuando ella decidió que tenía que casarse. Decisión grave para cualquier mujer, por supuesto, pero más aún si tienes 55 años y 3 matrimonios en tu haber. La primera vez que Malena nos anunció que había perdido las llaves, era la media hora del descanso y todas estábamos muy atareadas en la cocinita de la oficina sirviéndonos café y preparando sángüiches. Así que apenas nos dio tiempo de decirle lo que se dice en estos casos: ¿Ya revisaste bien en...? ¿Estás segura que no las dejaste en...? ¿No se te habrán caído cuando...? ¿Seguro las tiraste cuando fuiste al baño, porque a veces cuando una se baja los pantalones?... etcétera, etcétera... Unos tres días después, Malena perdió las llaves de nuevo. Y todas: ¡Ay! qué mala suerte!... ¿No tienes copias?... ¿Estás segura que...? ¿No será que..? No te preocupes, ya aparecerán... Cuando a los quince días nos dijo que una vez más las había extraviado, estábamos sentaditas frente a nuestras computadoras de la generación perdida haciendo como que trabajábamos. En resumen, le dijimos algo como que lo que tenía que preguntarse no era dónde dejó las llaves sino dónde carajos había dejado el cerebro. Como cada viernes de quincena, era obligatoria nuestra sagrada peregrinación al bar "La Mimosa" al terminar el trabajo. Ahí el tema nos duró para tres rondas. Se plantearon elaboradísimas teorías sobre el punto. Que si tenía un hoyo en la bolsa (nos miramos unas a otras con caras de "es posible"); que si alguien le estaría jugando una broma pesada (nos miramos unas a otras con caras de sospecha); que si alguien le habría sacado las llaves subrepticiamente con la intención de meterse a su casa, asaltarla, violarla y matarla. No necesariamente en ese orden (nos miramos unas a otras con caras de suspenso) ; que a lo mejor era sonámbula y perdía las llaves en estado de sonambulismo (nos miramos unas a otras con caras de idiotas). Ana, quien tronó la carrera de psicología en el tercer semestre, le dijo que a lo mejor era un acto fallido y que en realidad ella perdía sus llaves a propósito para no entrar a su casa porque su casa representaba a su madre (nos miramos unas a otras con caras de borrachas). Isabel, la de contabilidad, me dijo por lo bajo: "¡Qué horror!, parece que estuviéramos discutiendo la desaparición de la capa de ozono y no la de unas jodidas llaves!" Pasaron un par de semanas sin que hubiera más llaves perdidas, hasta que Malena salió de nuevo con su "domingo siete", aunque era viernes. "Pero esta vez – anunció– ya sé qué tengo que hacer: voy a casarme". Nadie se atrevió a preguntar nada. Unas porque no entendíamos de qué diablos se trataba todo eso; otras, porque temían quedar como imbéciles, como preguntar la relación entre cuchara y sopa. Esa tarde Malena no iría con nosotras a "La Mimosa" porque "tenía cosas que hacer". Eso fue un alivio. Al principio hicimos como que no le dábamos importancia al asunto y hablamos de un montón de tonterías, es decir, de otras tonterías. -Chicas, desde que tenemos nuestros viernes sociales en "La Mimosa" hemos ganado kilos.- Dijo Laura. - Sí, deberíamos hacer un plan quinquenal de reconstrucción, ¿no? - Eso lo dijo Ana, que en el 68 había participado en el movimiento estudiantil, pertenecido al Partido Comunista por seis meses y terminado por casarse con un camarada que después de tres años de sufrido matrimonio proletario huyó a San Francisco con un gringo que, sería un emisario del imperialismo yanqui, pero que, cuenta la leyenda, era Apolo renacido. -¿Qué tal si el domingo vamos a subir el Popocatépetl? - Esa fue Isabel, por supuesto. -¿Qué tal si el domingo vamos a dar la vuelta al parque? -Esa fue alguien de quien no me acuerdo porque seguramente era muy aburrida. -¿Qué tal si el domingo vamos a dar la vuelta a la cuadra?- Esa fue Paquita, que consideraba que el Tai-Chi era un deporte de alto riesgo. -¿Qué tal si el domingo vamos a ver la última de Almodovar? -Esa fui yo, que considero que los domingos son días de guardar... cama. Todo mundo votó por Almodovar. Pero cuando ya cada una tenía entre pecho y espalda por lo menos un par de tequilas, la cosa salió a flote. La primera en mencionarla fue Ariadna, a quien todas le envidiábamos el nombre, los rizos perfectos y sus 36 añitos, que la hacían la bebé del grupo. -Yo no sabía que ELLA tenía un novio. -ELLA no tiene un novio –le contestó Laura. -¿Oigan, ustedes no creen que esté "enfermita"? -dijo Paquita, haciendo con el dedo índice la inconfundible seña de "está loca de remate". -A lo mejor es la menopausia –dijo alguien secándose el sudor. -Oye, Laura, tú que la conoces bien... ¿qué crees? -¡Ay! ¡La pobrecita de Malena carga un pesado pasado! A lo largo de su vida ha perdido algo más que las llaves, señoras: 3 maridos 3. -Dicen que su primer marido era millonario... -Dicen que era guapísimo... -Dicen que era una bestia... -Dicen que le pegaba... Isabel me dijo por lo bajo: "¡Que horror! ahora vamos a discutir el asunto como si se tratara del calentamiento global y no de un pinche matrimonio!" -¡Shhhh, shhhh!... ¡orden, señoras!, ¡ordeeeen! -grito Laura usando su tarro de cerveza como martillo en la corte -. Vamos por partes. No era millonario, pero tenía buena posición, era coordinador de Jefes de Supervisores de Revisores... Hubo murmullos de admiración, sorpresa y/o incredulidad. -En esa época yo no la conocía –continuó Laura–, pero parece que ella no estaba enamorada ni nada así, pero como resultó embarazada tuvieron que casarse. El papá de Malena era un señor bien estricto, miembro de los Caballeros de Colón y toda la cosa y si se enteraba...Bueno, la cosa es que se casaron. Y luego... Se acuerda alguna de ustedes del escandalito de López Juárez? -Querrás decir de Juárez López– rectificó Paquita. -¿La cuestión aquella de los fondos de retiro? -¡Exactamente! Parece que el marido número uno estaba involucrado. La cosa es que cuando la policía llegó a detenerlo, el hombre sufrió un infarto y Malena quedó viuda por primera vez. Como estaba metido en el fraude pues a la pobrecita no le tocó pensión ni pago de seguro ni nada. Dicen que de la impresión perdió el bebé y, como ustedes saben, nunca más volvió a encargar. -¡Ay, qué horror! ¿Y el segundo, también se murió? -Cuando Malena se casó por segunda vez ya trabajábamos juntas, pero no éramos muy amigas. No, el segundo no se murió, pero como si se hubiera... El tipo era un encanto: simpático, buen mozo... Un juerguista, también. Le fascinaban el juego, la fiesta, el trago, los amigos y...las amigas, por supuesto. A pesar de eso, Malena estaba loca por él y era incapaz de ver la realidad. -Hormona, mata neurona... -Lo que sea... es la clásica historia de "Ahorita vengo, mi amor, voy a la esquina por cigarros". Como a las dos horas Malena se acordó de que su marido no fumaba. -¡Ahora si que se esfumó! - dijo alguien con gusto por la obviedad y los malos juegos de palabras. -No, porque no había ningunos. Pero dejó la tarjeta de crédito con más deudas que país del Tercer Mundo. Luego siguió una interminable ronda de preguntas en la que se usaron todos los interrogativos de la lengua castellana precedidos de todas las posibles preposiciones. Sacamos en claro que: Malena había caído en una profundísima depresión, por lo que se integró a un grupo de "autoayuda" en el que duró como dos meses. Durante ese tiempo se logró un comprehensivo listado de todos los horrores y errores que un ser humano puede sufrir y cometer. La coordinadora estaba feliz. También se estableció una especie de Olimpíada del sufrimiento femenino, en la que Malena iba sensiblemente perdiendo porque, a pesar del padre Caballero de Colón, su infancia no había sido tan mala. Estaba cada vez más frustrada, deprimida y, sobre todo, enojada. Así que se las arregló para pelearse con todas y cada una de las integrantes del grupo. Su agresividad llegó a tal punto que la coordinadora (a la que no le decían coordinadora sino "facilitadora", aunque según Malena no facilitaba nada) tuvo que llamarla aparte para explicarle qué pasaba con ella (es decir, con Malena), qué es lo que sentía (Malena, no la facilitadora) y qué debía sentir (sí, claro: Malena. La tercera persona en español es una verdadera pesadilla). Le dijo que su ira era parte de un proceso lógico y natural, ya que había sufrido una pérdida y cuando eso sucede una pasa por varias fases; la primera es la negación, luego... Apenas iba a explicar la depresión cuando Malena le soltó a la susodicha (me encanta esta palabra como de nota roja) un certerísimo uppercut que mandó a la facilitadora a la sala de emergencias, a Malena a la delegación de policía y el que, en las circunstancias adecuadas, la hubiera lanzado al campeonato de pesos ligeros. Todo se arregló "amigablemente", ya que la agredida tuvo que aceptar que, sí, efectivamente, Malena pasaba por una etapa "psicológicamente inestable, porque cuando una sufre una pérdida..., etc, etc.", y se quedó con las ganas de una bonita demanda por asalto. Así que Malena decidió que no era el momento para entrar en contacto con otros seres humanos, sino con su "yo interno" y se inscribió en un curso de yoga y meditación. En la tercera clase se fracturó el tobillo izquierdo y se hizo un esguince en el pie derecho. Como no podía caminar tuvo todo un mes para meditar intensivamente. Pero el tercero, ese sí se murió, cierto? -dijo alguna, ávida de sangre. -¡Ciertísimo! Cuando Malena se casó con Álvaro, ya éramos amigas. Ella lo conoció también aquí, como al marido número uno. Si no mal recuerdo él trabajaba en Revisión de Aplicaciones. Álvaro era un buen hombre. Malena me platicó su rutina. Nada de juergas. Todo el dinero sabiamente distribuido: tres cuartos para los gastos y los pagos, un cuarto para el ahorro: "Para el futuro", solía decir el pobrecito. De su casa al trabajo, del trabajo a su casa, de lunes a viernes. Al llegar, la cena frente al televisor. Los domingos, a mirar el juego de futbol y luego la siesta que se juntaba con la hora de dormir. El hombre era un santo... voto de castidad incluido. Así que Malena estaba nuevamente loca, pero de aburrimiento. Poco antes de la muerte de Álvaro me confesó que estaba seriamente pensando en el divorcio, pero le aterraba la idea de estar sola otra vez, bregar con los problemas cotidianos, la falta de dinero, las deudas que no terminaba de pagar... en fin, no se decidía. -¿Y luego? -Un día Álvaro amaneció muerto. -¿Muerto? -Muertísimo. -¿Cómo? -preguntamos a coro. -¿Así nomás? -Así nomás. Nunca supieron exactamente que le pasó. Fue un paro cardíaco, claro, pero no supieron por qué... Yo sé que decir que se hizo un silencio total es un trilladísimo lugar común, pero eso fue exactamente lo que pasó: SE HIZO UN SILENCIO TOTAL Y LARGUÍIIIIIIIISIMO... Y entonces, como luego dijo Ana, un fantasma recorrió aquella mesa de "La Mimosa": el fantasma del autoviudazo. Después de un rato Paquita carraspeó y con voz muy bajita dijo: -Bueno, entonces dónde nos vemos para lo del domingo? El domingo sólo fuimos al cine las que no teníamos hijos, marido, novio, novia, padre, madre o perro que nos ladre. Luego fuimos a cenar. Paquita se había dormido durante toda la proyección y quería que le platicáramos la película. Laura se la platicó con lujo de detalles y hasta cantó el tango "Volver", que le salió, sin duda, mucho mejor que a Penélope Cruz. Luego, Paquita quería que se le explicara la película. Laura le dijo que se fuera a reencarnar. Pero, por supuesto, el tema dominante de la cena fue "el asunto de las llaves", aunque comentamos poco y a desgano: "Oye, tú crees que ella...?; "Ay no! A mí se me hace que..."; "No será que..?"; "A veces esas cosas pasan , pero..." Luego cada quien se fue para su casa a realizar las labores propias de su sexo, que en mi caso consistían en: revisar mis cuentas, fumarme media cajetilla de Marlboro y escuchar treinta veces seguidas a Edith Piaf cantar aquello de " Non, rien de rien, je ne regrette rien". El lunes, todo sereno. Malena llegó tarde y muy quitada de la pena. -Hola, chicas, ¿cómo las trata la vida? ¿Todo bien? -dijo mientras con toda calma se quitaba el saco, lo ponía en el respaldo de la silla y prendía su computadora. Contestamos con murmullos. Creo que entre nosotras había sentimientos encontrados. Algunas parecían a punto de levantarse y aplaudir; otras, la miraban con una mezcla de recelo e incredulidad; algunas más tratábamos de parecer cínicas o casuales. Pero nadie en realidad se sentía a gusto, como si acabara de entrar una desconocida a la que no sabíamos cómo tratar, cuando en realidad acababa de entrar una mujer a quien ahora conocíamos más o creíamos conocer más. Malena sacó de su bolsa un espejito y se puso a extirparse cuidadosamente unos puntos negros. A todas se nos pusieron los pelos de punta. A la hora del almuerzo alguien que estaba por celebrar un aniversario mencionó algo sobre la Viuda de Cliquot y todas la miramos con caras de reproche. Y así siguió la cosa por unos meses. Ganamos kilos y perdimos el tiempo. Continuamos frecuentando "La Mimosa" cada viernes de quincena y no volvimos a hablar del caso, ni preguntamos a Malena sobre sus planes de boda, y, al parecer, no se le volvieron a perder las llaves. Las sospechas, la molestia, los sentimientos encontrados fueron desvaneciéndose y más pronto de lo esperado dejamos de pensar en el asunto, al que archivamos en el cajón de "Pendientes" que, como en toda oficina que se respete, significa: "Olvídate!". Ana se inyectó botox, lo que nos dio material para toda una tarde de bromas en "La Mimosa" y a ella le valió un novio que trabajaba en el sindicato. Paquita cambió a lentes de contacto y se veía rarísima, pero nadie se burló (también, rarísimo). Isabel de repente renunció y no supimos más de ella. No hubo ni tiempo para la fiesta de despedida. Después de Navidad yo también renuncié a mi trabajo, había ahorrado bastante para poder viajar un poco y luego... bueno, luego ya las Diosas del Olimpo dirían. Mi fiesta de despedida es de aquellas que no puedes olvidar... pero quisieras. Porque, en realidad, lo que olvidaste es qué carajos hiciste después del sexto tequila. Creo que fue como dos años después que me topé con Ariadna en un bar en Veracruz. Entró acompañada de un señor que parecía su papá, pero no era. Intercambiamos besos, abrazos y mentiras piadosas: "¡Ay, pero que bien te ves, mírate nada más!", "¡Pero si estas igualita!" "Los años no pasan por ti, mujer!". Empezamos a platicar y el señor que parecía su papá pero no era, caballerosamente hizo mutis, no sé si por cortesía o porque estaba aburridísimo. Sí, se había mudado a Veracruz con su flamante (es un decir) marido. Sí, seguía en contacto con algunas de las compañeras por correo electrónico y por carta "a la antigüita". Sí, aunque tú no lo creas, Malena se había casado, como tres meses después de que tú te fuiste, mujer. Te acuerdas de Ramírez Becerra? -No. -Uno así, chaparrito, gordito, morenito, medio peloncito. -Todos los que trabajan ahí son así. -Bueno, uno de Archivos. La boda fue sencilla pero bien bonita. Todas fuimos. ¡Nos pusimos una borrachera espantosa! Como cuando tu despedida, ¿te acuerdas? – -Afortunadamente, no. -Luego lo transfirieron a él a Guadalajara y les perdí la pista. No, no sé si las volvió a perder. A Laura le detectaron cáncer, pero está en quimio. Sí, muy valiente, su hermana se hace cargo de ayudarla. ¡A Paquita finalmente le dieron la visa, después de años!, y se fue a vivir con su hijo a San Diego. Ana ahora trabaja en el Sindicato y se peleó con el novio porque dice que es un vendido. ¿Isabel? -¡Nos localizamos por Internet! ¿Puedes creerlo? Isabel se metió a Greenpeace y ahora anda en el Ártico. salvando focas bebés o algún animal en extinción -Como todas nosotras, ¿no? -¿Qué quieres decir con eso? ¡Tú siempre tan ocurrente! Bueno, pero mira, ¿tú crees en coincidencias? Pues fíjate que ahorita que salía de mi casa me encontré en el buzón una carta de ella, viene de Junneau o algo así, y yo creo que la trajeron en burro porque está fechada hace dos meses. Venía leyéndola en el coche. Mira, aquí esta, puedes leerla- me dijo extendiéndome un sobre todo arrugado. Las tres páginas, con dibujitos hechos a tinta en los márgenes, narraban con avidez y desorden las aventuras, venturas y desventuras de su cruzada; las emociones de encontrar gente nueva y nuevos paisajes. Hablaba de sus razones y obsesiones. Esa carta estaba llena de emoción, de pasión y de faltas de ortografía. Preguntaba también por todas nosotras y terminaba así: "...a pesar de todo, aquí los amaneceres son tranquilos. Finalmente las cosas marchan bien. Creo que elegí y elegí bien. Y si no elegí bien, de todos modos está bien. “¡Ah!, y, por cierto: ayer tiré mis llaves en un hoyo que hice en el hielo. “Mándale besos a todas y diles que las quiero: Yo" *En exclusiva, desde Nueva York, EUA.
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