Junio
2007 Suplemento No.
22 p.
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Tarot cultural Libertad y dignidad, enemigos Aqueo Tarquino La perfección, la libertad y la dignidad son tres de los elementos presentes en la búsqueda del idealista. El personaje plenamente individualista es aquel hombre que no se encuentra enajenado por el mundo material de la actual civilización. El idealista es un ente superior, porque tiene imaginación creadora, es original, se encuentra en los marcos de la evolución humana en su pensar, no es estático. José Ingenieros en El hombre mediocre sugiere que el ideal es algo diferente a lo que han sostenido a través de los siglos escritores y pensadores con creencias en el más allá, dogmatismos y supersticiones, o únicamente a las ideas contrapuestas al materialismo. El idealismo es algo que cambia constantemente, porque es una esperanza contra lo malo, va en busca de lo que pueda conducir a lo mejor, trata de acabar con el pasado anquilosado y caminar hacia un futuro luminoso. El idealismo se encuentra más allá de toda moral identificada con los valores o dogmatismos de cualquier credo, al margen de todo lo que tenga que ver con la esclavización del individuo a partir de los valores materiales que ha impuesto la sociedad burguesa. Es ajeno a todo tipo de prejuicios y anatemas que lo puedan apresar psicológicamente. El enemigo a vencer para los idealistas en estos tiempos, mismo que lo ha sido en todas las épocas, es aquel que se resiste a todo cambio, el que se aferra a las prebendas que ha logrado obtener con el conformismo y su lealtad al estado de cosas; el ser amaestrado, que carece de individualidad, el esclavo de sus quehaceres cotidianos, los que piensan en atesorar propiedades en perjuicio de los demás, los apáticos, los infecundos: los ignorantes son un lastre para el avance hacia lo mejor, puesto que son los que obstruyen las ideas de progreso con sus dogmas anacrónicos, en fin, es el hombre mediocre el que con sus actitudes rutinarias y de conformismo coadyuva a que el actual estado de cosas se resista al cambio. Porque para el mediocre todo se compra, éste es el materialista; es el contrario del romántico. El materialista a todo le encuentra un uso utilitario. Ahí una gran diferencia: mientras el mediocre es frío y calculador, el romántico es apasionado y cálido. El espíritu se confronta con la forma, el interés en los mediocres se une a su vulgaridad y se antepone a toda pasión que no le reditué en frutos económicos o de posesiones materiales. El ideal ha acompañado a los hombres que han sido motores en los cambios que han transformado a la humanidad en el curso de la historia. Todo idealismo es opuesto al egoísmo; el ideal se contrapone a todo tipo de doctrinas estáticas o dogmáticas, porque el idealista por naturaleza mira hacia adelante, tiene espíritu joven, se confronta con los planteamientos viejos o paralizados, que defienden personajes que, aunque en edad sean jóvenes, sus ideas están pasadas de moda o adscritas a patrones de la más completa vulgaridad. La lucha por el perfeccionamiento del ser humano tiene que pasar por el combate entre lo viejo y lo nuevo, lo original y la copia; de igual suerte que el hombre no puede ser libre si no se deshace de las cadenas de cotidianeidad y vulgaridad de la vida diaria. La dignidad es un atributo que se puede lograr separándose de la pasividad y emancipándose del amansamiento al que ha sido sometido por los mediocres. * José Ingenieros. Ensayista argentino (1877-1925), de talante positivista e ideología socialista, crítico de los Estados Unidos; entre sus trabajos destacan: La simulación en la lucha por la vida, Psicología genética y El hombre mediocre. Obras consultadas
Andueza, María. Selección de Lecturas de Ensayo Hispanoamericano del Siglo XX: México, UNAM, SUA, 2006. Ajedrez Maniobra de caballo Fernando Contreras El caballo siendo una pieza ligera, fácilmente puede dar sustos y definir la partida, sobre todo cuando hay trabazón de piezas que impiden el libre movimiento de las figuras pesadas. Los corceles son muy usados para el asalto y el sacrificio, para que otros miembros de su ejército liquiden la acción.
Las blancas juegan y ganan. Esta posición corresponde al final de una partida celebrada en 1928 en Berlín, entre Richter con las blancas y Schmidt jugando con negras; las blancas tienen mayores posibilidades, pero para triunfar requieren de una buen maniobra, las blancas jugaron: 1. Ce4g5 Cd3 (las blancas amenazaban Ae4) 2. Ac4 y las negras se rindieron, pues no pueden detener la acción victoriosa de la dama. El hombre Lucas Minello De Barbieri En la mañana temprano, el individuo salía apresurado de su casa tras haber desayunado lo mínimo para mantenerse en pie hasta la hora de la comida. Vivía en un departamento modesto, localizado a cuatro cuadras de la arteria donde debía tomar el autobús para acudir a su oficina en el centro de la ciudad. El empleo era nuevo, por lo que había cambiado de ruta, antes le bastaba caminar una cuadra, en sentido opuesto, para llegar a la parada del transporte público. Los días de lluvia, sus ropas mostraban claramente las inclemencias climáticas, sin embargo en el itinerario antiguo debía viajar parado, mientras que en la nueva ruta, el camión pasaba vacío y el individuo podía escoger el asiento donde se transportaría hasta su oficina, a donde el autobús también llegaba casi vacío. Después de un tiempo descubrió que era más cómodo sentarse en uno de los asientos traseros del camión, pasando la puerta destinada al descenso de los pasajeros. Escogió el asiento del lado derecho, junto a la ventana, en la última fila antes de la banca final. A lo largo del viaje, le prestaba más atención al paisaje urbano que a lo sucedido en el interior del vehículo. Sin embargo un día, quizás porque se trataba del viernes, se fijó en un hombre de apariencia marginal, vestido con ropas sucias y desgastadas, de paso encorvado; con muchos años encima. Vio que llevaba algo en su mano derecha y que su boca murmuraba palabras ininteligibles; inaudibles. Una semana más tarde, también en la jornada del viernes, volvió a ver al anciano, con las mismas características y las mismas acciones. No le prestó mayor atención. Al paso del tiempo se fijó que el sujeto aludido subía siempre una parada después de la suya, recorría el autobús despacio, casi deteniéndose frente a cada pasajero y bajaba unas ocho o diez paradas después de haberse subido. Decidió observarlo con detenimiento. Sus zapatos agujereados, uno de ellos sin agujeta. Sus calcetines. Sus pantalones sujetados por un mecate y tan cortos que parecían brincacharcos. Su suéter carcomido tanto por el uso como por la polilla. Su chamarra deslavada. En la mano derecha, que mantenía estirada hasta llegar a la puerta de descenso, llevaba dos paquetes de pastillas, que apretaba con fuerza, con mucha fuerza. Al cabo de un tiempo de observar al hombre, el pasajero se dio cuenta que en la primera mitad del camión, intentaba vender los dos paquetes de pastillas de envoltorio descolorido, gastado, en el cual ya resultaba imposible leer la marca, el sabor o cualquier otra característica; acaso tan ancianas como el mismo sujeto. Pasada la puerta y ante los infructuosos resultados de sus empeños, el hombre contraía el brazo derecho y dejaba de mencionar los atributos de su mercancía, el precio, la marca, o cualquier otra cosa relacionada con ellas que intentaran pronunciar sus labios. En cambio, estiraba la extremidad izquierda para suplicar por alguna limosna frente a cada uno de los viajeros. Los resultados no eran mejores. El individuo veía descender al hombre, con el mismo ritmo en el cual había abordado y después recorrido el autobús, con los mismos gestos, el mismo paso, el mismo ánimo; como si estuviese convencido que en el próximo camión encontraría mejor suerte. PABLO NERUDA (1904-1973) ÁNGELA ADÓNICA Hoy me he tendido junto a una joven pura AUSENCIA Apenas te he dejado, Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con el seudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904. En 1923, publica Crepusculario, que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro Prado. Al año siguiente aparece en Editorial Nascimento sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en el que todavía se nota una influencia del modernismo. Posteriormente se manifiesta un propósito de renovación formal de intención vanguardista en tres breves libros publicados en 1926: El habitante y su esperanza ; Anillos (en colaboración con Tomás Lagos) y Tentativa del hombre infinito. En 1927 comienza su larga carrera diplomática cuando es nombrado cónsul en Rangún, Birmania. En sus múltiples viajes conoce en Buenos Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti. En 1945 obtiene el premio Nacional de Literatura. En 1950 publica Canto General, texto en que su poesía adopta una intención social, ética y política. En 1952 publica Los versos del capitán y en 1954 Las uvas y el viento y Odas elementales. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel de Literatura. Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973. Póstumamente se publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido |
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