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Junio 2007                              Suplemento No. 22                                                 p. 2/3 
 
 

ROTAFOLIO

Secuestro mental

Javier Corral Jurado

La grieta que ha dejado la Ley Televisa es más honda de lo que parece, y mantiene enredados en complicidades y silencios a no pocos actores relevantes de nuestra vida pública. Es penoso ver a los más seguir luchando contra ellos mismos aun año de la promulgación de esas reformas.

 De esa batalla interna se ha librado Santiago Creel, de entre los muy pocos. Sin ser responsable de ese episodio -otros son sus yerros y culpas-, ha tenido la claridad para reconocer lo que se hizo mal, y el valor de rectificar una visión sobre el saldo real de tantas cesiones y privilegios a un poder que al final, se vuelve contra el Estado y es un peligro para la democracia. Se le critica ser el último en enterarse, la ocasión debe ponderarle ser el primero en expresarlo.

 Creel fue entrevistado por Carmen Aristegui; tobogán de preguntas en una memoria sin concesiones para el lenguaje esquivo, la periodista le arrancó la frase que desgarró las vestiduras de la clase política: “Fue una imposición, no una negociación”. Vinieron desmentidos, y mucho silencio de muchos.

 El proceso de aprobación de la Ley Televisa fue tan ominoso en términos ético, jurídico y político, que resultará muy difícil para varios de los responsables, para los operadores y para quienes votaron a favor de esas reformas, reconocer que se trató de una imposición, que se doblegaron ante la presión mediática del poderoso consorcio televisivo. Y quizá ese secuestro mental sea hoy uno de los mayores perjuicios ocasionados a la República, porque muchos de esos actores continúan teniendo responsabilidades públicas, y son conciencias atrapadas en la peor de las complicidades: el silencio.

 No será fácil admitir públicamente para varios de los legisladores que fueron en contra de sus convicciones, que frente al frío cálculo de poder y dinero sin límites con los que Televisa llevó a la legislación de radio y televisión su plan para expandir sus negocios a las telecomunicaciones, respondieron con igual o peor pragmatismo, porque decidieron guardar sus principios y valores mientras pasaban las campañas, porque se desentendieron del interés público que decían defender y perdieron el derecho de llamarse ante la historia representantes populares. Dejaron pasar una de las dos o tres oportunidades que la vida nos ofrece para decir quienes somos y que no somos.

 Será muy complejo para quienes tuvieron que subir a la tribuna, concurrir a los medios de comunicación a defender lo indefendible, aceptar que lo hicieron en un obsoleto concepto de disciplina partidaria que los llevó a actuar por encima de la razón y por debajo de la dignidad, mientras sabían que se entregaban bienes del dominio de la Nación a cambio de no ser castigados con la enemistad de los varones de la Televisión.

 Casi imposible será que algún día haya quienes reconozcan que también usaron ese proceso para negociar internamente el siguiente paso de su carrera política, el tránsito entre el escaño senatorial y la curul de diputado, entre la curul de diputado y el escaño senatorial. Que vieron para sí la ocasión de sacar tajada personal, subir el precio de su vendimia, o conseguir buen trato informativo en la pantalla de televisión y tarifas mínimas para su promoción electoral. Los que se acomodan siempre.

 Será cuesta arriba admitir para otros, que también se pusieron en juego envidias y fobias personales a la hora de marcar su posición a favor, y quienes pretendiendo ser alguien en la vida no supieron cómo serlo y terminaron arrimados a la sombra protectora del sello monopólico para asumirse -en protagonismo efímero- como amigos de Televisa.

 Sería un milagro que varios de ellos reconocieran que, como lo dice Oscar Wilde, el vicio mayor del comportamiento humano es la superficialidad, la debilidad del espíritu. Porque en la aprobación de la Ley Televisa concurrieron varias de esas rupturas personales que configuran toda etapa de demolición ética y política de una Nación.

 Sin una pizca de idealismo, sin el menor sentido de rectificación, sobresalió la simulación como respuesta a lo dicho por Creel. En el cinismo que encarnó como su método de trabajo, Enrique Jackson Ramírez dice que la aprobación fue a conciencia y de nada tiene que avergonzarse. Deben ser más sus deudas de precampaña que sus rubores en la vida. Emilio Gamboa nunca vio nada raro sino la transparencia hecha ley. Héctor Larios no recuerda presiones y Manlio Fabio Beltrones es testigo hasta esta hora de que fue un proceso pulcro donde la democracia se impuso.

 Ese lenguaje es demoledor para la política, porque la corrupción del lenguaje es la mayor corrupción decía Octavio Paz. El que prostituye la palabra, lo prostituye enseguida todo.

 Frente a la desmemoria, la ridiculez, la demencia y el cinismo con que hoy diversos actores políticos pretenden negar las amenazas, el chantaje y la imposición de Televisa en ese proceso indigno que doblegó a dos poderes constitucionales del Estado, no debemos abdicar de señalar y denunciar con claridad la presión que se ejerció. Estoy convencido que sólo reconociendo esa realidad se iniciará una verdadera ruta de rectificación. Sólo la verdad podrá liberar a la política del secuestro mediático en que se encuentra.
www.javiercorral.org


Cuestionario cultural

Fernando Contreras
Poetas de América hispánica

1. Máximo representante de la escuela Modernista:

    • Luis G. Urbina
    • Rubén Darío
    • Manuel Acuña

2. Autor de Canto General, obtuvo premio Nobel de literatura:

    • Pablo Neruda
    • José Vasconcelos
    • Elías Nandino

3. Poeta peruano, uno de los innovadores en la técnica poética, no perteneció a corriente o escuela literaria alguna:

    • José Lezama Lima
    • José Carlos Mariátegui
    • César Vallejo

4. En México, el Vanguardismo se manifestó principalmente a través de:

    • Los postumistas
    • El nativismo
    • El estridentismo

5. Poetisa posmodernista, aunque también incursionó en el Vanguardismo:

    • Alfonsina Storni
    • Delmira Agustini
    • María Enriqueta Camarillo

 

6. Poeta Contemporáneo mexicano, fundó con Salvador Novo la revista Ulises, autor de Nostalgia de la muerte:

    • Jorge Cuesta
    • Xavier Villaurrutia
    • Efraín Huerta

7. Poeta modernista mexicano, autor de Tuércele el cuello al cisne:

    • Ramón López Velarde
    • Enrique González Martínez
    • Rafael López

8. Poetisa Contemporánea de México, autora de Romance de la lluvia:

    • Concha Urquiza
    • Emma Godoy
    • Margarita Michelena

9. Máximo representante del Vanguardismo en Cuba, a través del criollismo o “verso negro”:

    • Rafael Cardona
    • Salomón de la Selva
    • Nicolás Guillén

Solución. 1. b 2. a 3. c 4. c 5. a 6. b 7.b 8. a 9. c


De Literatura… y algo más

Araceli Zúñiga

Lilith, la palabra
(Signo de la Serpiente)
-Segunda parte-

Lilith, la mujer palabra. El lado oscuro de dios.

 Si no existiera, tendríamos que inventarla nosotras. Las otras que representamos al otro en la sociedad occidental.

 Su decisión de morar en las cavernas es tan clara y definitiva que cuando Dios envía a tres de sus ángeles, a pedido de Adán, solicitándole que vuelva, ella se niega argumentando astutamente con las propias leyes divinas: Lilith no puede volver al lecho matrimonial porque ya ha copulado con Samael, el ángel caído. Ante esto y dentro del discurso legitimador de la ley, Dios no tiene nada más que hacer, al no poder forzarla a regresar, lo único que queda es el pacto: Lilith no podrá hacer daño a los niños después de los ocho días de nacimiento y a las niñas al mes, además de que siempre que se encuentre un amuleto con su imagen o nombre grabados, Lilith deberá retirarse. Si no lo hace, miles de sus engendros morirán cada día. Si pudiera hablarse de “castigo”, éste sería el castigo de Lilith: no poder mirarse al espejo, estar condenada a huir de su propia imagen, a no reflejarse, como el vampiro, o quien ha vendido su alma al diablo. Por algo está hecha de fuego, porque mirarse es desaparecer, chocar contra un muro o, como escribe Bachelard, "es imposible escapar a la dialéctica del fuego: tener conciencia de arder es enfriarse, sentir una intensidad es disminuirla: es necesario ser intensidad sin saberlo. Esta es la amarga ley del hombre activo". (Bachelard, l993: 236) De ahí que Lilith no pueda ser combatida sino a través del amuleto, de su imagen, es decir, de sí misma.

 Por su nombre, Lilith se emparenta con el viento (en babilonio, lil significa viento), por su materia, con Dios. De la cintura hacia abajo, Lilith está hecha de fuego ardiente, y este elemento la constituye en su parte medular como el lado riguroso y severo de un Dios ambivalente -bueno y malo a la vez- que está construido del mismo elemento y que ha construido un mundo a su imagen y semejanza "porque Yaveh tu Dios es un fuego devorador, un Dios celoso" (Deut 4:24). Por ser devorador, el fuego no puede enfrentarse a sí mismo, al mirarse de frente, se aniquilaría. Por eso, quizas, Dios prohibe el uso de su nombre, que no es sino su imagen, quien lo hace, o adquiere el poder de escapar a su dominio -como Lilith-, o se quema. Y quién sabe si esta prohibición provenga del hecho de que ni Dios mismo se atreva a pronunciar su propio nombre. Quizás con esto convoca a todas sus cualidades, incluidas aquellas que tocan de cerca a Lilith, a la que escapa.

 Desde el momento en que la Cábala emparenta a Lilith con el fuego, su figura queda asociada con el nacimiento de la cultura, sólo que esta marca lleva más la impronta de su vertiente negativa; el fuego en Lilith está referido a una prohibición general, a un tabú que impone su mera presencia como algo intocable, tan intocable como la sacralidad del nombre divino. Y es que Lilith, desde su voluntaria caída, ha despreciado la tendencia del fuego hacia lo alto y, sin embargo, ha optado por el vuelo para mejor mirar hacia abajo.

 A Lilith le interesan los bajos fondos, los instintos más oscuros e insospechados: ahí encuentra material para seguir construyéndose y construyendo esa otra parte de mundo que la solicita en todo momento, porque incluso la propia Biblia, sin pronunciar su nombre más que una sola vez, la tiene presente permanentemente: "si no fuera por el impulso al mal, ningún hombre construiría una casa, tomaría esposa, tendría un hijo, o emprendería un negocio" (Gen. Rab. 9:9, cit. en Biale l987:l77). Impulso pues de vida, Lilith no deja sin embargo de excitar e incitar a su opuesto; en ella, el eros se manifiesta más en su forma de tánatos, aquí es donde se concentra su fuerza vital, la perversión es, por así decirlo, su ambiente natural.

 Pero, ¿por qué‚ es tan importante Lilith?, ¿qué nos puede representar en su rebeldía y enfrentamiento con Adán, el primer hombre?, y lo más curioso, ¿por qué se le borra de las nuevas escrituras y se le menciona solamente como un ente lujurioso y obsceno?, ¿como un aire tenue?, ¿cómo una serpiente?, ¿que peligro entraña para la sociedad -patriarcal- esta figura?

 Lilith como la primera mujer. Lilith como la primera mujer que nace, no como sujeto (objeto) de otros -se niega a la sujección- sino como sujeta de sí misma. Afirmativa. YO QUIERO Y YO DESEO. Lilith en posesión gozosa de su cuerpo, sin culpa. Lilith, la que demanda relaciones sexuales que la satisfagan a ella, en principio. Lilith como mujer con necesidades no constreñidas a la maternidad. No ser en función de otros. Se niega a tener hijos con Adán (por el momento, al menos, hasta que ella los desee), y, finalmente, al ser la portadora de las preguntas y las dudas acerca de su destino, es la puerta filosófica que nos abre el acceso al conocimiento. Lilith es, entonces, el símbolo del riesgo, de la pasión, de la honestidad, de la palabra que, desde entonces, puede ser liberadora... Lilith como la primera mujer que al enfrentarse a Adán se enfrenta realmente a Dios, como su imagen y semejanza. El fuego enfrentado con el fuego, sin la posibilidad de pronunciar sus nombres. ¿No es acaso el mayor símbolo de rebeldía y subversión que contengan las Sagradas Escrituras?

 Las mujeres que le conocemos ahora -así, como por casualidad- por supuesto que la hacemos nuestra y la re/codificamos para nuestro propio proceso de crecimiento como artistas, como profesionales, como amas de casa, como investigadoras, como estudiantes, como mujeres en busca y afirmación de sí mismas.

 Al paso del tiempo, de ser aire tenue o demonio de lujuria, o fuego que se combate con su propia imagen, Lilith se ha convertido en la representante de ciertas mujeres. ¿Cuáles? Las incomodas socialmente, las contestonas, las altivas, las rebeldes, las de los desplantes, las mal habladas, las ladinas, las tomadoras, las apasionadas, las sin marido, las sabelotodo, las directoras de orquesta, las que saben latín, las piedra en el zapato de una sociedad moralista e hipócrita, misma que propicia la corrupción y la compra-venta de seres humanos, y la pecadora mayor -moderna magdalena del final/principio del milenio-, la que se atreve a ejercer su inteligencia y rige su vida con reglas del juego diferentes que le sean favorables a ella... ¿por qué no? Las artistas y las intelectuales, que "ni tienen marido ni tienen buen fin" (¿a alguien le resulta familiar esta conseja popular?) Las dueñas de su cuerpo y de su psique. Las de "cascos ligeros", las indecentes, las marimachos, las cualquiera, las lesbianas, las retadoras, las guerrilleras, las contraculturales, las machorras, las calientes, las pocoabnegadas, las faroldelacalle, las putas, las amazonas, las pinchesviejaslocas, las menopáusicas de cierta edad, las cuarentonas, las viejasquedadas, las que se les fue el tren, las arpías, las histéricas, las locas, las exiliadas, las desposeidas.

 Retomo esta última reflexión sobre las artistas e intelectuales, porque creo que estas mujeres vienen a representar un germen peligroso y grotesco para el patriarcado actual. Aquí cito parte de un pequeño ensayo que sobre este tema desarrollé para el Museo del Chopo, llamado Códigos Secretos, un acercamiento a Lucha Reyes... " La mujer artista, la que decide o necesita o se posibilita a como de lugar -a como le toque- ocupar un espacio y una palabra desde la tierra de las utopías en que se desarrolla el arte. La mujer artista: la mujer de los códigos secretos. La mujer y el arte. Acercamiento y posesión de la palabra -en cualquiera de sus dimensiones- para habitarnos a nosotras mismas. ¿Y no es acaso Lilith una representación del conocimiento y la palabra? ¿No es acaso la representación de esta terrible transgresión que implica el ser dueñas de nuestros deseos, de nuestros pensamientos, de nuestras decisiones?, ¿no es acaso Lilith la representación de la libertad?, ¿no es acaso la representación del libre albedrio femenino?

 Queda mucho por decir de Lilith: la palabra. Ya regresaremos a ella después, como una referencia necesaria siempre. Hoy quisiera terminar con una cita del filosofo francés Fourier: "el cambio de una época histórica puede determinarse siempre por la actitud de progreso de la mujer ante la libertad, ya que es aquí, en la relación entre la mujer y el hombre, entre el débil y el fuerte, donde con mayor evidencia se acusa la victoria de la naturaleza humana sobre la brutalidad. El grado de emancipación femenina constituye la pauta natural de la emancipación general". Y yo añado, Circulo de Espejos Femeninos: el grado de emancipación de las mujeres ante otras mujeres y ante si mismas constituye la pauta decisiva de la emancipación femenina.

Yo, Lilith, me reflejo en mí misma y no desaparezco.
Yo, Lilith, me reflejo en ti, y en ti, y en ti, y no me atemorizo.
Yo, Lilith, me acerco y tomo tu mano, mujer, para expresarte
 mi ternura.
Yo, la mujer fuego
Yo, la mujer tierra
Yo, la mujer luz
Y me convierto en mi sanadora.
Y me convierto en mi curandera.
Yo soy la mujer madre
Yo soy la mujer estrella
Yo soy la mujer luna
Y me limpio y purifico del estigma original, no soy una desterrada porque me habito en plenitud. SIN TEMOR A MÍ MISMA ni a mi propia muerte ni a mi propio poder. Yo. La mujer palabra.