Enero
2007 Suplemento No.
19 p.
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SU MUNDO Lucas Minello de Barbieri Ingresó en el centro comercial y sintió algo distinto. Algo que iba más allá del aire acondicionado que dejaba una temperatura muy agradable en el recinto y que contrastaba con el calor del verano que se vivía en el exterior. Era algo más que el clima de serenidad proporcionado por la música ambiental propagada desde los altavoces. Sintió como recordar algo intensamente conocido pero olvidado por largo, muy largo tiempo. Se detuvo en los aparadores de las tiendas especializadas en ropa para dama. Vio los vestidos, los trajes, los pantalones, las blusas y más que imaginarse enfundada en ellas, sintió que las llevaba puestas. Después suspiró con intensidad y continuó su camino al Café Venecia, donde la habían citado. Vestía pantalones de mezclilla y una blusa corta, muy sencilla, que combinaba con sus zapatos y la bolsa de mano. Era una muchacha esbelta de estatura superior a la media, atractiva tanto por su figura como por su rostro; sus atuendos solían ser simples, pero al mismo tiempo elegantes. Aprovechando las circunstancias, se había tomado un día libre en su trabajo, para ir a desayunar con sus compañeras de la universidad, gracias a un encuentro fortuito ocurrido días atrás con una de ellas. En el Café Venecia, el más distinguido en el área de restaurantes dentro del centro comercial, ocuparon una mesa amplia localizada al fondo del local. La reunión tardó en comenzar porque la puntualidad no era una virtud muy conocida en el país, y desde luego, mucho menos en ellas. Entre sorbos de café y bocados de fruta y yogurt, intercalados a veces con mordidas al pan dulce, fueron recordando los tiempos en que todas cursaban sus estudios de Derecho en la Universidad Las Américas. Cuando paseaban por los jardines, o acudían a la cafetería a digerir los contenidos de la clase que acababa de finalizar, o cuando estudiaban en grupo, tanto en la biblioteca de la universidad, como en la casa de alguna de ellas. Cuando salían los viernes, todas juntas, a pasar la tarde en el centro comercial después de visitar por la sección de comida rápida y ver la película más comentada de la semana. Venían de colegios diversos, del americano, del francés, del alemán, del británico, del italiano o de las escuelas religiosas. Era común que saltasen de una institución a otra al concluir un ciclo educativo, razón por la cual algunas se conocían desde antes de ingresar en la universidad. Con el plato fuerte, los recuerdos discurrieron sobre su paso por la preparatoria, sus años en la secundaria, el tiempo que estuvieron en primaria; incluso algunas pinceladas de los remotos días en el jardín de niños. Todas rememoraron sus Viajes al extranjero, a los campamentos de verano, a los cursos de idiomas, a los más famosos parques de diversiones, lugares que conocían mucho mejor que las ciudades más cercanas a la capital del país o que la propia capital de la república, según presumían algunas. Siguieron relatándose las incidencias de sus fastuosas celebraciones de quince años. Ya en la sobremesa, mientras el tiempo se corría libremente, comenzaron a contar sus vidas de casadas. No había una que no hubiese concluido sus estudios y antes de ejercer no hubiese contraído matrimonio con los abogados más prominentes del país o, en su defecto, con algún otro destacado profesionista de los llamados independientes. Y, de ese modo, pasaron a ser de esas amas de casa que cuentan con dos chóferes, tres empleadas domésticas y por eso jamás tienen que preocuparse por las minucias del hogar. La única excepción era ella. Ingresó a trabajar en una organización independiente, conocidas como no-gubernamentales, dedicada a problemas de desarrollo urbano y vivienda. Transcurrido su periodo de prueba, se convirtió en activista y en tal calidad acudía a todas las manifestaciones públicas convocadas por la organización para exigir a las autoridades la construcción de un parque, de un conjunto habitacional, de mobiliario urbano, la realización de obras de abastecimiento de agua o de drenaje, así como la Introducción de transporte, la colocación de paradas en los lugares adecuadas y, desde luego, llevar a cabo las arduas labores de conciliación relativas a las tarifas públicas. Su papel estaba siempre en la cabeza de las concentraciones y consistía en permanecer en ellas hasta la retirada del último de los convocados, por si ocurría algo y era necesario presentar algún reclamo ante las autoridades correspondientes. En esas actividades conoció a un fotógrafo del diario El Matutino, comisionado una y otra vez para cubrir las acciones de la institución promotora del desarrollo de los barrios populares de la ciudad. Quedaron uno junto al otro, percibiendo el irrespirable aroma del gas lacrimógeno, bajo una nube gris y después fueron bañados, de rebote, por el potente chorro del carro lanza-agua de la división antimotines de la policía nacional, un día que los manifestantes se enojaron y decidieron asaltar la dirección urbana de transporte. Tardaron poco tiempo en intercambiar sus teléfonos y menos aún en buscar la coincidencia de sus ratos libres. Luego tomaron una dosis de paciencia y tras unos meses decidieron vivir juntos, libres, siguiendo las modalidades que adoptaría una pareja formada por un artista de la lente convertido en reportero gráfico y una entusiasta abogada de una de las organizaciones no-gubernamentales más activas del país; o al menos de la ciudad. Al regresar a casa, tras unas cuantas reuniones con sus excompañeras de la universidad, ella le dijo a su pareja que estaba convencida que debía dejar su puesto en la organización, que debía dejar de trabajar porque necesitaba tiempo.. Tiempo libre. Tiempo para ella, para ir a las tiendas, a ver aparadores, a probarse ropa; a comprar, perfumes y cosméticos, a desayunar con sus amigas, a disfrutar de la mañana... porque, argumentó, una mujer que no hace eso esta fuera de su mundo. AJEDREZ El peón pasado Fernando Contreras La ventaja que puede otorgar un peón pasado de la cuarta fila es invaluable, cuando el bando que lo posee realiza bien las maniobras. Hay ocasiones en que se requiere de combinaciones para hacer efectivo el poder de un peón adelantado, pero también es posible que se triunfe sin necesidad de combinar, solamente jugando con exactitud el final de la partida, dando la debida protección al peón. Sin embargo, esto es lo que menos ocurre, debido a que un peón en esas circunstancias puede producir un colapso del bando que trata de detenerlo, lo que trae como consecuencia que ambos ejércitos se centren en esa pieza y las combinaciones sean ineludibles. A continuación una posición que ilustra el peón adelantado.
La posición que se muestra en el diagrama corresponde a una partida jugada en 1911 entre Teichmann con las blancas y Burns conduciendo las negras. El bando blanco liquidó el cotejo de una manera sutil y brillante. 1. e6 txf6 2. exf6 Cf5 3. Txc7 y las negras abandonaron la partida al no tener respuestas satisfactorias. Nuevo Cuaderno de Comunicación Sindical Armando Altamira G. Acaba de salir de las prensas sindicales el Cuaderno de Comunicación Sindical número 86, que lleva por título: Letras Inglesas y Noruegas . Incluye referencias de autores como Defoe, Ward, Maugham, Lawrence, Caudet, Skakespeare, Conrad, Miltón, Lowry e Ibsen. Esta serie es un acierto editorial de la Secretaría de Prensa y Propaganda, ya que es un foro para que puedan publicar los trabajadores y es multitemática. Desde canibalismo socioeconómico y ritual, históricos, poesía, deportivas, crónicas sindicales, ecológicas, box, grabados, toponímicos. Pero, además, la Secretaría de Prensa ha logrado la casi epopeya de rescatar de la disolución natural del tiempo a que se ve sometido lo que se publica, y ha metido en Internet toda la colección de sus títulos publicados, mismos que se pueden leer en: www. stunam.org . Los mexicanos somos muy inclinados a escribir, pero en un país tan fregado como el nuestro está en chino publicar. Y aunque existan las posibilidades, la verdad es que no se abren las puertas tan fácilmente. Y es esa apertura que desde sus inicios ha tenido la Secretaría de Prensa, con el creador de la serie, Alberto Pulido Aranda , así como los demás Secretarios de Prensa, que da confianza para plantear la publicación de algún trabajo sobre todo de corte de literatura de entretenimiento. Aunque hay títulos hay de cuestiones de ecología, historia, sociología, sindicalismo... El cuaderno en cuestión, Letras Inglesas y Noruegas , busca lograr lo fundamental, que es adquirir el hábito de leer. Leer literatura de entretenimiento. Podemos tener sesudos tratados de esto o de aquello, economía, investigaciones históricas o hasta utópicos modos de vivir, pero si nos quedamos dormidos en la segunda página, de nada servirán los esfuerzos de los eruditos en economía o filosofía, historia o etcétera. Este tema de leer literatura de entretenimiento parece un juego de niños, pero se trata nada menos que de un tapón de botella. Mientras no se quite ese tapón, mientras no se tenga la costumbre-necesidad de leer, de poco sirve lo demás. Un libro que no es leído es como una película “enlatada” que nunca se exhibe. En esto de la lectura de textos, aunque no quieras tienes que leerlos si no no pasas de año. Pero en la literatura de entretenimiento es como en el fútbol. Hay que preparar los cuadros de reservas, como los Pumitas universitarios o los Pumitas stunamitas, es decir, desde niños. Esta costumbre de leer nos dará más adelante acceso a temas de utilidad inmediata, de necesidad urgente, que requieren más concentración y acción. Uno de estos temas es la bronca económica en la que el país se encuentra metido hasta las orejas desde hace tiempo. En septiembre de 2003 se publicó un libro titulado El Rumbo de México debe Cambiar , de Agustín Rodríguez Fuentes. En la publicación se recuerda que desde hacía veinte años el STUNAM venía alertando sobre los efectos nocivos que traía para el país la entrada a la moda mundial de apertura de mercados. Y con toda puntualidad se exigía al gobierno federal un cambio en la política económica, que ya se vislumbraba como la posible causante del cierre de miles de fuentes de trabajo, del desmantelamiento de la industria nacional, de la entrada de capitales extranjeros especulativos y del crecimiento de la pobreza en México. El libro tuvo señalada aceptación, pero sólo fueron tres mil ejemplares. Si hubiera mayor costumbre de leer ya estarían lanzándose al menos un ejemplar por trabajador. Entonces, es necesario empezar desde el principio. Acostumbrarse a leer. Hace poco, José Ángel Quintanilla, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana , decía, con motivo de la Feria del Libro de Guadalajara, que en México se leen tres libros promedio por cabeza al año. Y otro comentaba que al 40 por ciento de nuestra población ni siquiera le importa la idea de leer nada. Algo grave sucedió en México, en las décadas anteriores, que los maestros en las escuelas perdieron la batalla frente a la televisión. No supieron captar la atención de los niños que, durante horas, se la pasan viendo programas bobos en la llamada pantalla chica y los mantienen lejos de los libros de cultura general. Libros para cierta edad que los niños puedan tener ahí y compartir con sus padres; que los padres de familia lean con ellos, que la lectura sirva de convivencia entre unos y otros, al tiempo que el individuo y el grupo se asoman a otras maneras de entender el mundo de los intereses y de las ideas. Si tan sólo se tratara de programas bobos, innocuos, al menos ayudarían a pasar el día. Pero la programación es de una violencia tal que necesariamente tendría consecuencias graves en la gente. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) del 2005, titulado Encuesta Nacional de Inseguridad de México ( no sabemos si sólo se refería a México ) publicó que el 69 por ciento de varones, de los 15 a los 19 años, han sido víctimas de homicidio, 54 por ciento son de delincuentes de los 16 a los 25 años de edad, el 19.4 por ciento son homicidios cometidos por hombres entre 15 y 29 años a nivel mundial y que 199 mil jóvenes fueron asesinados por este fenómeno en el año 2000. La cosa dejó de ser un entretenimiento inocuo frente a la televisión para convertirse en una escuela del crimen. La UNAM desde luego que también se ha preocupado por la formación de lectores y en el Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas (CUIB) ésta es una de las áreas de investigación más importante. Esa fue la idea del plan del Cuaderno de Comunicación Sindical número 86 Letras Inglesas y Noruega, que contiene una breve reseña de lecturas de novelas y obras de teatro. Breve, apenas una presentación para no iniciados en esto de la lectura. Texto desarrollado para que termine de leerlo antes que el lector se empiece a dormir. Si tenemos suerte, este lector se interesará por leer completa la obra original. ¡Esa es la idea! Y si tenemos más suerte, este lector tal vez empiece a leer por costumbre. Opinión a la muerte de un canalla Por Mario Benedetti Los canallas viven mucho, pero algún día se mueren Obituario con hurras MARIO BENEDETTI (1920- ) Nació en Montevideo el 14 de septiembre de 1920, en Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó, República Oriental del Uruguay. Entre 1938 y 1941 residió casi continuamente en Buenos Aires. En 1945, de vuelta en Montevideo, integró la redacción del semanario Marcha. En 1949 publicó Esta mañana, su primer libro de cuentos y, un año más tarde, los poemas de Sólo mientras tanto. En 1953 apareció su primer novela, Quien de nosotros, pero fue con el volumen de cuentos Montevideanos, publicado en 1959, que tomó forma la concepción urbana de su obra narrativa. Con La Tregua, que apareció en 1960, Benedetti adquirió trascendencia internacional. En1973 debió abandonar su país por razones políticas. Su vasta producción literaria abarca todos los géneros, incluyendo famosas letras de canciones, y suma más de sesenta obras, entre las que se destacan la novela Gracias por el Fuego (1965), el ensayo El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974¿?), los cuentos de Con y sin nostalgias (1977) y los poemas de Viento del exilio (1981).
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