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Octubre 2006                              Suplemento No. 18                                                 p. 1/3 
 
 

 

Chemo, el rebelde

Rosario Covarrubias

Para mi amigo Andrés Sánchez, por su paciencia
generosa y su solidaridad.

Retumbaban las máquinas del taller de cosido y refuerzo de las piezas que salían como tortillas una tras otra; idénticas, cortes a número en el más estricto orden: medidas exactas, antes de llegar a la sección de ensamble donde el conjunto de puntas, lengüetas, laterales, taloneras esperaban su alegre incorporación a la suela. Planteando ya el uso de todos, absolutamente todos los suelos, es más, de cualquier tipo: si terroso, si llano, si liso o accidentado. He aquí el perfecto zapato a precio de línea; económico, sobrio, completísimo. ¡Ah, qué acabado!, perfecto el izquierdo del número ocho, ¡ya está!, control de calidad lo ha pasado. Una vez resuelta la primera ronda de la producción, espera el zapato a su pareja derecha. Ante sus iguales, se envanece de su hechura: brillante, los ojillos para agujeta impecables, diáfanos... el olor, ¡ah qué delicia!, imitación piel perfecta. Su pareja no podrá quejarse, sólo hay que ver la línea, la fuerza, el color, ¡pura armonía!, ya puede llover, posarse en cualquier camino, ¡qué resistencia!, sólo requerirá en su futuro lo que cualquier zapato bien hecho requiere: su boleadita diaria, una atención eventual para evitar los desperfectos... ¡listo!

Viene la ronda imparable de la producción en serie, ahora se trabajan los derechos.

Chemo revive sus recuerdos, tiene una gran memoria; se acuerda incluso de cuando todavía no estaba ensamblado, sus partes sueltas, la suela dispersa, los pisos lejanos, como los oficios que algún día serán oficiales para la aprendiz de secretaria... ¡Qué lejos su infancia de zapato sin pie! ¿Cómo saber, conocer de antemano a su dueño?, ¿cómo sería su destino en la víspera de que asumiera su función de buen zapato?, comprometido como estaba para ser durable, de larga vida, sin que su bajo costo vendiera su longevidad.

Chemo tiene una cualidad: no suda... por tanto, no huele, tiene en su contradictorio presente la virtud de no apestar y denunciar de este modo a su dueño -bien reza la máxima zapatil: si tu dueño te maltrata la batalla se resuelve en olorosa venganza. Tiene también, hay que decirlo, un profundo y más que temeroso respeto por su compañero izquierdo, el impecable. No sería aventurado afirmar que le tuvo su respetillo desde sus más remotos recuerdos y temores.

A Chemo no le cuidaron tanto la línea exacta; uno de sus laterales, (el de pie adentro) le salió, por razones que desconoce, del número siete y medio, seguro fue un descuido de su ensamblador -él piensa que su malhechor- ¿cansancio?, ¿hartura?, ¿valemadrismo?, a saber. En resumidas cuentas: lo hicieron a lo pendejo. No pensaron en su alma de zapato formal, ¡en su alma, pues! Así que a Chemo lo armaron de forma por demás fuera de toda armonía.

Llegó el día de enfrentarlo a su lado izquierdo. Este lo barrió -trompa presente- ojillos pitañosos, zapateando sin mandato de pie. ¡Horror!, escuchó atemorizado la expresión de su izquierdo. Chemo se estiraba con timidez, midiéndose del lado derecho afuera, lado derecho adentro, ¡ahí estaba!, lado derecho adentro fruncido. Se acabó la magia del aceite de linaza. Zapato mal hecho -peor acabado-. Pero pasó. Ahí estaba. Un poco contraído en relación a su par (ni que fueran los pares ingleses, se decía). Ningún zapato es gemelo del otro, ¡qué caramba!, la cosa es que tronó su primera prueba.


Como un río

No sabe qué persigue, pero sigue.

Antiguo mal de no sufrir el rumbo.

Arrastra su cuerpo por el valle,

se despeña,

se remansa.

No sabe si al final, en grandes aguas,

ha de perderse cuando encuentre

su destino.

Iliana Rodríguez


AJEDREZ

Fernando Contreras

Alfil supera a caballo

Los alfiles en los espacios abiertos dominan ampliamente a los caballos. En los finales suelen presentarse posiciones en las cuales es notoria la libertad que existe para que las piezas que quedan sobre el tablero puedan desplazarse fácilmente ante los pocos obstáculos existentes. En esos casos pueden coincidir alfiles contra caballos. Ahí, en esas situaciones, es donde se debe de valorar el potencial del alfil en espacios abiertos, ante el poco alcance de los caballos.

Veamos dos ejemplos, en los cuales recomiendo al aficionado trate de encontrar la solución y que no se vaya a ver la respuesta de inmediato.

En la posición del diagrama las negras finiquitan la partida de manera expedita; aprovechan de manera alevosa la ventaja de contar con un alfil con movilidad de largo alcance, contra un caballo de espacio restringido a la defensa. Las negras jugaron: 1… Td1+ 2. Cd1 Aa2 jaque mate. Esta posición es parecida a la que se dio en una partida llevada a efecto en 1929, en Carlsbad, entre Marshall con las blancas y Spielman conduciendo negras.


Cuestionario cultural

Fernando Contreras

EL WESTERN

1. John Wayne brilló en la cinta “La diligencia, cinta que fue dirigida por:

•  John Ford
•  Alexander Ford
•  Glenn Ford

2. Actriz mexicana, actuó al lado de Gary Cooper en “A la hora señalada”

•  Dolores del Río
•  Lina Montes
•  Katy Jurado

3. Protagonista en la cinta “Érase una vez en el Oeste”

•  Burt Lancaster
•  Henry Fonda
•  John Wayne

4. La cinta “El bueno, el malo y el feo” fue dirigida por un cineasta de nacionalidad:

•  Estadounidense
•  Francesa
•  Italiana

5. Actor estelar en la película “Duelo al sol”

•  Gregory Peck
•  Orson Welles
•  Clint Eastwood

6. Hampón del Lejano Oeste, sobre el cual se han rodado muchas cintas:

•  Mackenna
•  Billy the kid
•  Mac Dylon

7. Actor principal en “Los imperdonables”:

•  Clint Eastwood
•  Kirk Douglas
•  Dustin Hoffman

8. Estelar en la cinta “Solo ante el peligro”:

•  John Wayne
•  Henry Fonda
•  Gary Cooper

9. Cineasta que dirigió “La conquista del Oeste”

•  Alfred Hitchcock
•  John Ford
•  John Huston

Solución. 1.a 2. c 3. b 4. c 5. a 6. b 7. a 8. c 9. b