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Marzo 2006                              Suplemento No. 14                                                 p. 1/3 
 
 

 

Los autores: sus firmas y dedicatorias…

Alberto Pulido A.

Artemio de Valle Arizpe dedica al tiempo pasado

Tenemos en nuestras manos un hermoso libro del cronista y autor constumbrista me0xicano Artemio de Valle Arizpe (1888-1961), intitulado Del tiempo pasado. Editado el año de 1932, en Madrid, por Espasa Calpe, S.A., se trata de toda una joya bibliográfica, por su contenido, por su bella factura y porque en él aparece una dedicatoria y firma caligráfica, trazadas con estilográfica del autor coahuilense que dice: “Para el doctor don Enrique Aragón, afectuoso recuerdo de su muy amigo y admirador. Artemio de Valle Arizpe. 1933”.

Del tiempo pasado fue la sexta obra publicada del escritor en España; las cinco anteriores fueron: Ejemplo (Novela), Vidas milagrosas (Narraciones), Doña Leonor de Cáceres y Acevedo (Novela-1922), La muy noble y leal Ciudad de México (Antología de cronistas) y Don Victoriano Salado Álvarez y la conversación en México. Posteriormente vino la publicación de otros de sus libros notables, los cuales han pasado por la puerta grande a la rica historia de la crónica en México, junto a obras de Luis González Obregón, Salvador Novo y, en nuestros tiempos, de Carlos Monsivais. Autores que han ubicado a través de la construcción de bien elaborados textos varios capítulos muy importantes de la historia de nuestra nación.

Este libro de Arizpe posee su cubierta empastada en piel de vacuno entintada en café; la pieza bibliográfica, a pesar de sus 74 años de edad, aún conserva en su corte superior restos dorados y en los bordes de sus cubiertas y dorso una bella filigrana y letras doradas; cabe destacar también el papel multicolor de sus resguardos fabricado en Europa y sus iniciales capitulares de estilo Art Noveau.


Los dos muros
“Quien sea sensible que arroje
la primera conciencia”
Alí Primera.

Rosario Covarrubias G.

La noche del otro lado cerró los ojos preludiando un muro en ejercicio hace muchos años. Todavía sin concreto es la concreta frontera donde estallan las balas asesinas, regresaron corriendo la sangre y la esperanza de Guillermo Martínez, arrastrando el miedo, el dolor y su vida cegada por la espalda. Cobarde el homicida con licencia, cobarde el poderoso que permite y alienta este trato inhumano a los migrantes que lo han enriquecido, matando al que ofrece su trabajo honrado y recibe a cambio un proyectil letal.

Cobarde el gobierno que nunca fue suyo por su incapacidad de administrar con justicia. Por su infame tibieza para defender a todos los Guillermos de México. En la víspera de año nuevo han cancelado su futuro, lo han convertido en un número más en la atroz estadística de cientos de muertos en la frontera, donde fenecen los sueños de futuro de los nuestros. Todo el sur es la travesía de una multitudinaria lucha por la vida. ¿Hasta cuándo, cuánto y qué costará todo esto?

Dos muros se levantan al unísono contra el derecho a vivir de estos muertos con nombre: Estados Unidos que necesita esta fuerza de trabajo y también la mata. El del gobierno mexicano con su bestial servilismo y grosera incompetencia para representar dignamente al México valeroso que arriesga y pierde la vida por buscar lo que aquí no tiene.

Esta noche de ojos cerrados tiene dos cielos, como esos muros: el nuestro y aquél, donde el futuro se diluye en la obscuridad y el silencio que lo atrapan, y lo vuelven dolor y negrura y muerte. Se muere la vida en la frontera. Se enlutan nuestros hogares, cientos de niños sin padre, cientos de mujeres sin compañero, cientos de hermanos sin hermano, cientos de padres sin hijos, cientos de amigos sin amigo, cientos de vidas cegadas. Aquí, un gobierno incapaz que se convierte en cómplice cobarde ante la felonía y el monstruoso racismo que parecen avalar con sus respuestas tibias rayanas en la indiferencia más vil.

No necesitamos el tercer muro del silencio, no nuestro silencio. El luto en el hogar de Guillermo nos enluta a todos. No necesitamos más gobiernos como los últimos que hemos padecido, los que le han dado a México el rostro de la pobreza, robado sus arcas, vendido sus recursos y cancelado el derecho de todos al trabajo, la salud, la cultura, la educación y un largo etcétera. Por eso se fue Guillermo, por eso no hay que olvidarlo.
Dice esta noche atrapada entre estos muros que no quiere eternizarse. Cuando el sol despierte, despertaremos nosotros, y pensaremos que es tiempo de decir ¡ya basta!


Narrativa del siglo XX

Títulos y síntesis de algunas obras
literarias escritas en el pasado siglo XX

· El castillo de los destinos cruzados, de Italo Calvino. Ed. Siruela, año 1990. Las dos narraciones que lo componen han sido construidas a partir de un mismo desafío formal: las posibles interpretaciones de dos diferentes mazos de tarot -el de Visconti, para El castillo de los destinos cruzados, con sus delicados miniados que reflejan el refinamiento renacentista, y para La taberna de los destinos cruzados, el de Marsella, de trazos más toscos y que requiere un lenguaje más popular.

· La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe. Ed. Seix Barral, año 1969. Historias de personajes rebeldes nacidos en los barrios obreros y marginales de la Inglaterra de posguerra, que rechazan su integración en el escenario social en que les ha tocado vivir.

· La máscara de Dimitrios, de Eric Ambler. Ed. Edhasa, año 2004. El hallazgo del cadáver de un hombre llamado Dimitrios da pie a una historia enigmática que constituye un impresionante recorrido por lo más turbio de la Europa de entreguerras. En 1944 Jean Negulesco dirigió una versión cinematográfica protagonizada por Peter Lorre.

· Las intermitencias de la muerte, de José Saramago. Ed. Alfaguara, año 2005. En un país cuyo nombre no será mencionado se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la gente deja de morir. La euforia colectiva se desata, pero muy pronto dará paso a la desesperación y al caos. El destino de los humanos será una vejez eterna. Hasta el día en que la muerte decide volver...

· Los cristales soñadores, de Theodore Sturgeon. Ed. Minotauro, año 2004. Horty es un niño huérfano que huye de sus padres adoptivos con lo único que tiene, su muñeco Junky, y a quien el destino une a un grupo de fenómenos de feria. Entre ellos conocerá por primera vez el amor y la comprensión, pero también deberá participar en la lucha contra el malvado Monetre. Éste sabe que Junky es más que un juguete, y Horty, más que un ser humano, y pretende explotar esa diferencia para someter el mundo a su voluntad.

· El clamor de la montaña, de Yanusari Kawabata. Ed. Nacional, año 2002. Escrita en 1952 y ambientada en el Tokio de postguerra, narra la vida de un anciano que ve cómo su entorno familiar se desmorona, víctima de la devastación moral y psicológica producida por la guerra y la derrota.

· De nuevo, el amor, de Doris Lessing. Ed. Destino, año 1996. Sarah pasó los sesenta. Fundadora de un grupo teatral independiente, trabaja en una obra basada en la autobiografía de Julie Vatron, una mestiza de la Martinica que se suicidó tras dos fracasos amorosos. A lo largo de los ensayos, Sarah dejará a un lado su plácida existencia para verse sorprendida por la reaparición de la pasión amorosa, territorio del que se creía alejada para siempre.

· Si me necesitas, llámame, de Raymond Carver. Ed. Anagrama, año 2001. Relatos que transcurren en el noroeste americano, con hombres que han dejado de beber y están en la línea divisoria entre dos vidas, con parejas que ya no se aman y empiezan a mirarse como extraños, con un escritor que ha abandonado a su mujer, ha alquilado una habitación y está intentando empezar a escribir otra vez a partir de ese vacío que es el comienzo de todas las cosas.

· La serpiente emplumada, de D.H. Lawrence. Ed. Losada, año 1940. La atmósfera densa y extraña de un México cruel y fascinante, los sentimientos turbadores de quienes creen que la clave de la vida se encuentra en la vívida relación carnal entre hombre y mujer, y la descripción de un viaje al interior de la conciencia mítica del ser humano en el que se hace emerger potencias oscuras y liturgias ancestrales.

· La feria del asilo, de John Updike. Ed. Bruguera, año 1980. Un asilo celebra su fiesta anual: un grupo de ancianos que, depositarios de todos los vicios y todas las virtudes, tipifican a una sociedad que se desmorona. Primera novela del autor.

· La rebelión, de Joseph Roth. Ed. Sudamericana, año 1984. Andreas Pum, mutilado de guerra, conformista y satisfecho de la vida, deambula con un organillo, una licencia para pedir limosna y una condecoración. Un día, en el tranvía, uno de los pasajeros se refiere en términos desfavorables a los falsos mutilados de guerra.

· La última y la primera humanidad, de Olaf Stapledon. Ed. Minotauro, año 2003. La Primera Humanidad arrasa la Tierra por una reacción nuclear incontrolada, la Segunda Humanidad es invadida por unos marcianos en forma de nube y la Tercera construye a la Cuarta Humanidad, que son enormes cerebros inmóviles... y así hasta llegar a la Decimoctava, la última Humanidad, que habita el planeta Neptuno, desde donde se nos narra esta historia utópica de nuestro devenir.

· El perfume-Historia de un asesino, de Patrick Suskind. Ed. Booket, año 2005. Vida de un perfumista y asesino de muchachas en la Francia del siglo XVIII.

www.librosycine.com


Otro vidente

Los vapores de la noche han cubierto con piedad mis ojos.
Veo el concierto de los astros,
la luna en esplendores,
los volcanes y este valle.
Y la urbe entre las sombras
y en la urbe, un laberinto, y en éste, sus reductos:
ese patio que espera con gardenias
y una alcoba, además, en su momento.
Y en la alcoba veo un espejo, y en el espejo, una figura:
la magnificencia y la miseria, monstruo en la mitad del laberinto.
Llora el monstruo porque sabe
que es la rosa y es el polvo.
—Antes estuve en las tinieblas;
ahora
claramente veo.
Iliana Rodríguez


Algunas travesuras –en síntesis- para Internet

Araceli Zúñiga

Trabajos publicados en la revista virtual argentina Niusleter.

¿Cuál fue el mayor sacrificio que hizo por amor?
Dejar de comer y dormir menos... ¿no es suficiente sacrificio?
Mi mayor sacrificio fue devorar al objeto de mi amor... e indigestarme.

Dicen que la caca es el negocio del futuro; ¿qué usos se le ocurren para darle?
Se me ocurren varios usos: libros de arte elaborados con papel "tratado" (¿me doy a entender?); esculturas de muy diversas formas, tamaños, colores y, mediante el famoso "tratado", olores y sabores agradabilísimos, o no, de acuerdo a las exigencias del mercado; combustible potentísimo para llegar, ya no digamos a Marte o a la Luna, sino directo al Sol (por supuesto que esta opción es sólo para los muy exigentes, amantes de los deportes extremos); en tiempos de calor y, después del "tratado", venderla como paletas heladas de diferentes texturas y ornamentos; en tiempos de frío, venderla como cojín calientito, cubierta con una felpita de variados motivos y orlada con un tejido de "bolillo" (por supuesto, hecho a mano) que será colocada en los pies, para los solteros, y en la cabeza, para los casados. Por supuesto que siempre estará disponible como abono orgánico, o para composta vegetal, o como relleno, pero esos usos no me interesan. Les falta el elemento de la seducción.

¿El mejor disfraz?
Mi mejor disfraz es cuando me disfrazo de mí misma para, de esa manera, ocultarme a
los demás.

¿Sí?
Sí. Pero los hombres no saben la dimensión de esta palabra, así que –si te sostienes y puedo confiar en ti–sí.

En treinta palabras, ¿puede dar ejemplos de qué hace una persona vueltera? Ejemplifique:

Bueno, pues una persona vueltera se re/godea a sí misma, se inmiscuye en sus propios asuntos, se reinventa, se redefine, se re/ensambla. Ella a sí misma se doblega. Se da, recibiendo, la estocada. Y de ribete, la puntilla. Se da muletazos a sí misma pero nada de orejas, la punta del rabo y media vuelta al ruedo sin salida. Ensimismada. El toro y el torero.
(en memoria de Juan José Arreola)

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