Reforma
Universitaria en la UNAM
A
dos años de la CECU
EN
LA UNAM SIGUE PRESENTE UNA VISIÓN DE CONGRESO UNIVERSITARIO
(Cronología
de la CECU)
Alberto
Pulido A.
23
de marzo de 2001: El CU aprueba impulsar un Congreso Universitario.
Por amplia mayoría, los integrantes del Consejo Universitario
de la UNAM aprobaron iniciar los trabajos de organización para
la realización de un Congreso General Universitario, cuyo principal
objetivo será alcanzar la reforma de la UNAM. Se acordó
conformar un Grupo de Trabajo (GT) que deberá presentar al CU
una propuesta para la integración de una comisión organizadora
del congreso.
11
de mayo de 2001: El GT inicia sus labores. El GT decidió
como primer paso de sus labores iniciar un análisis de la documentación
existente del Congreso Universitario de 1990 y aprobó desarrollar
una consulta abierta a los universitarios con el fin de que se manifiesten
en torno a las atribuciones que debería tener una Comisión
Especial que se formara para llevar a cabo la organización de
un congreso universitario de reforma.
24
de octubre de 2001: El CU da el visto bueno para la conformación
de la CECU. Tomando en cuenta los resultados que arrojó la consulta,
el GT presentó al CU las bases para la integración de
la Comisión Especial para el Congreso Universitario. La CECU
deberá quedar integrada por 48 miembros, de los cuales 17 serán
miembros del CU y 31 no integrantes de éste. Una parte de integrantes
de la Comisión deberá ser designada por voto secreto universal
y directo y la otra por insaculación.
1
de abril de 2002: Son presentados al pleno del CU los integrantes
de la CECU. El GT informó al CU de sus actividades y presentó
a los integrantes de la CECU. Por parte de los trabajadores quedaron:
Alberto Pulido A., Carlos Rey Espinosa, Alejandro Ortiz Piña
y Juan F. Velázquez González. Tomaron protesta los miembros
de la CECU. Posteriormente se incorporó Bruno Luna Gómez
en sustitución de Carlos R. Espinosa.
9
de mayo de 2002: La CECU difundirá sus labores. La CECU aprobó
la propuesta de difusión del trabajo para la información
a la comunidad, la cual establecía que la CECU cuente con una
página de Internet.
4
de octubre de 2002: La CECU presenta su primer informe al CU. La
CECU informó de sus trabajos al CU. Indicó haber realizado
40 sesiones de labores, las cuales implicaron 90 horas de trabajo efectivo;
entre los aspectos abordados se encontraban los siguientes: revisión
de la información existente destinada a la organización
del Congreso Universitario, consulta.
22
de julio de 2002: La CECU informa de la encuesta. Mediante un comunicado
publicado en la Gaceta UNAM, la CECU informó que la empresa Covarrubias
y Asociados aplicará la encuesta a la comunidad universitaria
en torno a la reforma universitaria y el congreso.
Del
22 al 25 de julio de 2002: Se realiza el Debate por la UNAM. La
CECU llevó adelante en toda la UNAM, a excepción del bachillerato
-que lo hizo tiempo después-, el llamado Debate por la UNAM.
En éste participaron distinguidos universitarios que dieron sus
puntos de vista en nueve conferencias y 28 mesas redondas.
Entre
el 26 de julio y el 18 de agosto de 2002: Se aplica la encuesta
a la comunidad universitaria. Por la vía de la entrevista domiciliaria
o telefónica se formularon preguntas en torno a los temas relevantes
para la reforma universitaria y propuestas para la organización
del Congreso Universitario.
26
de agosto: Covarrubias informa sobre resultados de la encuesta a
la CECU. La empresa manifestó que fueron encuestados 1,437 universitarios:
461 académicos, 528 estudiantes y 448 trabajadores. El 87% de
éstos expresó estar a favor de una reforma para la UNAM.
El 72% se encontraba informado de que estaba llevándose a efecto
la organización de un congreso y el 75% opinó que el congreso
sí era la vía para lograr una reforma. Al respecto, en
el sector de los trabajadores el 87% se mostró más convencido.
El 88% de los encuestados se manifestó por un congreso por etapas.
Del
22 al 25 de septiembre de 2002: Debate por la UNAM en las prepas.
En el ciclo de bachillerato, la CECU organizó tres conferencias
y seis mesas redondas en las que se trataron temas relativos al bachillerato,
a las funciones de la universidad mexicana y la pertinencia de una reforma
en la educación media superior.
30
de septiembre y principios de noviembre de 2002: Seminarios internos
de la CECU. En nueve sesiones de trabajo, la CECU realizó su
Seminario Interno con la participación de especialistas y ex
rectores en temas vinculados con las experiencias históricas
tenidas en relación a reformas universitarias.
4
de octubre de 2002: El CU propone labores para la CECU. El CU aprobó
el informe de la CECU y la mandató para que realizara las siguientes
actividades: Análisis de la pertinencia de realizar un congreso
por etapas o en sesiones únicas; realización de fases
previas al congreso, tales como: una consulta abierta a la comunidad,
la elaboración de un diagnóstico institucional y presentar
los acuerdos incumplidos del Congreso General de 1990. La CECU informó
que su dinámica de trabajo consistirá en una sesión
plenaria por semana y otra donde se reúnan las subcomisiones
de trabajo.
2
y 5 de diciembre de 2002: Se propone un congreso por etapas. En
la Gaceta UNAM se publicó la propuesta de la CECU de realizar
un Congreso por Etapas. Se propuso que sea un "evento que no se
agota en tiempos determinados; un proceso fundamentalmente académico,
democrático y plural, donde la transformación de la UNAM
sea gradual y consensuada, donde se impulse la diversidad y pluralidad
que caracterizan a la comunidad universitaria".
Primera
quincena de enero de 2003: Se repartió propuesta del Congreso
por Etapas a la totalidad de trabajadores y profesores. Anexo al talón
de cheque de todos los académicos y trabajadores administrativos,
la CECU repartió su propuesta de Congreso por Etapas.
3
de marzo de 2003: Convocatoria para el diagnóstico institucional.
En la Gaceta UNAM se publicó la Convocatoria General para los
Seminarios de Diagnóstico. Se planteó que éstos
fueran locales al ser convocados por los consejos técnicos y
asesores, intermedios cuando abordaran temas comunes a varias dependencias,
y generales que serían convocados por la CECU cuando se traten
temas generales para la UNAM, por ejemplo "Universidad y Sociedad,
planes y programas", entre otros. Estos seminarios serán
considerados como una fase preparatoria para el diseño y organización
del Congreso Universitario.
20
de marzo de 2003: Acuerdos no cumplidos del Congreso de 1990. Cumpliendo
el mandato del CU, la CECU dio a conocer los acuerdos del congreso de
1990 que no fueron cumplidos. Se informó que en total fueron
276 acuerdos los que adoptó el congreso; de éstos, 145
(52.5%) fueron cumplidos, 84 (30.4%) se ejecutaron de manera parcial
y 47 (17.0%) no fueron cumplidos.
16
de junio de 2003: Terminó la CECU sus labores rumbo al diagnóstico
institucional de la UNAM. Ante el CU, la CECU anunció que ya
"se cuenta con el análisis y la sistematización de
las Mesas de Diálogo, del Seminario Interno de la CECU, de los
diagnósticos de administraciones anteriores, de 'El debate por
la UNAM' y del 90% de los diagnósticos de cuerpos colegiados
entregados, y se trabaja en su incorporación al guión
aprobado por el pleno de la CECU". (Tercer informe de la CECU al
CU, 16 de junio de 2003).
25
y 26 de agosto y 8 de septiembre de 2003: Diagnóstico con
expertos. Coordinado por la CECU y el Centro de Estudios Sobre la Universidad
(CESU) se desarrollaron talleres con expertos, en los que se abordaron,
entre otros, temas como: Universidad y Sociedad, Estructura de Gobierno
y Administración, Gestión Universitaria y Financiamiento.
Septiembre
de 2003: Centenares de ponencias en los seminarios de diagnóstico.
Al presentar su cuarto informe al CU, la CECU informó que la
comunidad universitaria presentó 2,404 ponencias en las 127 sesiones
que se desarrollaron durante los seminarios de diagnóstico, tanto
los de carácter local como los intermedios y los generales.
20
de mayo de 2004: Finalizado el proyecto de Diagnóstico Institucional.
El pleno de la CECU inició la discusión del proyecto de
Diagnóstico Institucional, que fue redactado por varias subcomisiones
de la propia CECU; este diagnóstico será presentado al
CU y posteriormente dado a conocer a la comunidad universitaria.
LINEAMIENTOS
PARA UNA REFORMA INTEGRAL DEL ESTATUTO DEL PERSONAL ACADÉMICO
DE LA UNAM
Carlos
Rey Espinosa Salgado
Secretario de la Carrera Académica, STUNAM
Un
elemento fundamental para el desarrollo económico, social, político
y cultural de nuestro país es, sin duda alguna, la elaboración
e implantación de una política pública en materia
de educación media superior y superior, que permita su fortalecimiento
gradual y permanente al considerar a la educación universitaria
pública, gratuita y laica como un factor estratégico y
de prioridad nacional.
El
establecimiento de una política de Estado debe considerar la
necesidad de construir un modelo educativo universitario que corresponda
y sea congruente con las necesidades que el país requiere, a
fin de fortalecer su independencia, soberanía, equidad y desarrollo
social.
Es
conveniente incrementar los lazos de vinculación entre las universidades
públicas del país para avanzar hacia el desarrollo de
un sistema nacional de universidades que permita la formación
de un Consejo Nacional de Instituciones de Educación Media Superior
y Superior, el cual desarrolle políticas públicas que
generen un verdadero sistema y modelo educativo universitario.
La
Universidad, como institución educativa de cultura e investigación,
tiene que considerar la función de prestar un servicio a la sociedad,
la cual se agrega en forma cada vez mas obligada y preponderante, recuperando
su sentido social, crítico y propositivo, en la idea de hacer
compatible la formación de cuadros profesionales en el campo
del empleo, así como el desarrollo humanístico, científico
y tecnológico, para la solución de problemas y necesidades
reales que presenta la sociedad mexicana en un mundo mas globalizado
y en donde impera la sociedad del conocimiento.
Hoy,
la formación profesional debe tener un carácter integral,
en donde el profesionista adquiera conciencia crítica y propositiva.
Por ello es fundamental que el estudiante obtenga una cultura amplia
que le permita ubicar el contexto político, económico,
social y cultural en el cual se encuentra, pero además una gama
o variedad de conocimientos especializados que le permitan introducirse
con facilidad a los procesos de trabajo y la solución de problemas
que la comunidad presenta.
La
reforma universitaria es un elemento pendiente en la agenda de las instituciones
públicas de educación media superior y superior, y en
particular en la Máxima Casa de Estudios del país. Así,
es esencial la realización de un Congreso Universitario democrático
y preponderantemente académico, que dé paso a una reforma
integral y estructural que desarrolle y fortalezca a la UNAM.
La
estructura académica de la UNAM es, sin duda alguna, la columna
vertebral del accionar sustantivo y permanente de nuestra Máxima
Casa de Estudios. En este sentido, es necesario revisar y replantear
el conjunto de elementos que la conforman, como es el modelo educativo,
la investigación, la docencia, los planes y programas de estudio,
a fin de cambiar a corto plazo la situación de dependencia económica,
científica y tecnológica, e incluso de carácter
ideológico, que hoy padece la nación.
La
función académica de las universidades es un factor fundamental
para el desarrollo de las naciones, por lo cual el trabajo académico
es relevante y significativo. A pesar de ello, la inestabilidad laboral
de docentes e investigadores es alarmante y no debe ser considerada
como una realidad contingente, sino como un problema estructural que
expresa contradicción objetiva y de la esencia de las relaciones
de producción de la formación social mexicana.
Por
ello es conveniente generar y desarrollar una serie de propuestas en
los diferentes ámbitos de la estructura académica que
actualicen el quehacer científico y docente de la institución,
para generar conocimiento y profesionistas que respondan a las necesidades,
demandas y problemas que se presentan en la sociedad.
La
reforma de la estructura académica de la UNAM deberá considerar
la revisión del modelo educativo y de investigación actual,
desarrollando un verdadero sistema nacional de educación media
superior y superior, a través del diseño e implementación
de políticas públicas y una planeación estratégica
de la educación universitaria a corto, mediano y largo plazo,
y el compromiso de una política de Estado en cuanto al financiamiento.
Asimismo,
la necesidad de actualizar el marco y norma académica (Ley Orgánica,
Estatuto General, Estatuto del Personal académico), con el propósito
de generar una revisión a fondo del modelo académico:
estructura y organización, planes y programas de estudio, relaciones
académicas y escolares, carrera académica y administración
de la academia.
En
este contexto, la necesidad de un nuevo Estatuto del Personal Académico
se justifica en la perspectiva de generar una nueva y mejor Universidad,
es decir, debe quedar claro que la actualización de nuevo orden
académico, en este proceso de reforma universitaria, tiene que
ser pensado hacia la UNAM del futuro: Por lo cual es imperiosa la necesidad
de una revisión integral del modelo y estructura académica
en el ámbito jurídico, administrativo, docente, de investigación,
de los planes y programas de estudio.
La
reforma del Estatuto del Personal Académico, deberá considerar
la transformación integral de todo el sistema académico
de la UNAM, en sus diferentes modalidades y niveles educativos. Es decir,
que responda al modelo presencial, al sistema de universidad abierta,
en línea y a distancia; que incida en un bachillerato, licenciatura
y posgrado de mayor compromiso y calidad académica, con el fin
de dar paso a un proceso de academización de la Universidad Nacional,
pero al mismo tiempo de dignificación del personal académico,
así como el fortalecimiento de la libertad de cátedra
y pensamiento.
Se
requiere un Estatuto que promueva la generación y transmisión
de conocimiento, que no sea ajeno a las múltiples relaciones
y condiciones de producción del mismo en forma crítica,
que fortalezca un saber que atraviese los mecanismos de protección
de la ignorancia.
La
actualización del Estatuto del Personal Académico da la
oportunidad de resolver de manera definitiva la posible existencia de
interpretaciones sobre derechos, obligaciones, prestaciones, procedimientos
y tiempos, así como evitar las lagunas y contradicciones que
se presentan, lo cual nos permitirá darle transparencia y eficacia
a los asuntos académicos. Se requiere un Estatuto que revierta
los procesos de burocratización de la academia, que establezca
mecanismos claros y transparentes en las múltiples acciones,
procesos, relaciones del quehacer académico. Por ello se propone:
·
Es esencial empoderar al sector académico de la norma Estatutaria
como instrumento de desarrollo permanente, atando lo académico
desde su propia perspectiva. Mantener un solo Estatuto del Personal
Académico que preserve la clase y la unidad académica
en la UNAM; su desregulación, nos conduciría a la erosión
del EPA y de la clase académica.
·
Los técnicos académicos deberán incorporarse de
manera real a la carrera académica, a fin de que obtengan mejores
posibilidades para su definitividad y promoción académica.
Considerar, por tanto, la conveniencia de que se les otorgue el derecho
al año sabático, la evaluación por instancias y
criterios académicos, así como el establecimiento de tablas
de equivalencias para dicho proceso.
·
La superación, actualización y profesionalización
académica debe considerarse como un derecho del personal académico
y una obligación de la UNAM, Lo que deberá permitir mejorar
la calidad y nivel académico de forma permanente. Pero, además,
hacer más tangible la posibilidad de avanzar en los procesos
de desarrollo de la carrera académica.
Así,
el Estatuto del Personal Académico deberá considerar y
normar la necesidad y obligatoriedad de la superación académica.
Para tal efecto instituirá órganos colegiados que establezcan
mecanismos y procedimientos que obliguen al desarrollo académico,
en todas sus figuras y niveles.
·
El personal académico que las entidades requieren para la realización
y desarrollo de sus programas, sólo podrá ingresar a través
de un concurso de oposición para el ingreso; el personal así
contratado será técnico académico, profesor o investigador
de carrera interino o definitivo, o como profesor de asignatura interino
o definitivo.
·
En cuanto a la planta académica, se requiere abrir un número
adecuado de plazas de carrera de tiempo completo y de medio tiempo a
fin de atender las necesidades permanentes de investigación y
docencia en cada entidad académica, con el propósito de
fortalecer el desarrollo de la investigación y la docencia. Tener
en cuenta que el trabajo académico como tal nunca dejara de existir,
pues esta función sustantiva tiene un carácter permanente
y, por tanto, relaciones académico-laborales indeterminadas.
·
Los Consejos Técnicos como instancias de decisión académica
tienen que democratizarse; para tal efecto se constituirán como
órganos independientes de la administración, es decir,
deberán ser autónomos.
·
Las Comisiones Dictaminadoras deberán obligatoriamente considerar
criterios y perfiles académicos para emitir su dictamen; el titular
de la entidad académica no intervendrá en el proceso de
emisión del mismo, evitando así la intervención
de las autoridades y funcionarios en los procesos de definición
de los asuntos académicos,
·
Los Consejos Internos tienen que considerarse como instancias académicas
en los institutos; para tal efecto se definirán y establecerán
sus atribuciones de manera muy precisa en el Estatuto. Estos órganos
deberán desarrollarse a fin de fortalecer las actividades de
investigación y la participación de los académicos
en los planes de trabajo de la entidad de que se trate.
·
Los procesos de evaluación se desarrollarán con criterios
académicos y por órganos colegiados de evaluación
académica, con el propósito de que sean independientes
de la acción de las autoridades y se evite en definitiva la influencia
de la administración sobre la academia.
·
Diseñar e implantar un catálogo de categorías y
niveles académicos, donde se desarrolle de manera real la carrera
académica a través de procesos de promoción que
tengan perfiles, responsabilidades y requisitos, que consideren desde
los ayudantes de profesor hasta los profesores e investigadores de carrera.
·
Comité Académico de Fiscalización y Evaluación
de Dictámenes. El
comité tendrá como función admitir inconformidades
del personal académico sobre los dictámenes que sean emitidos
por órganos e instancias colegiadas, como los consejos técnicos
y comisiones dictaminadoras, por lo que su carácter deberá
ser autónoma de éstas.
Esta
instancia estará integrada por un representante de cada colegio
académico de las diferentes escuelas y facultades, centros e
institutos.
Los
planteamientos mencionados demuestran que la reforma del EPA tiene que
ser un acto planeado, organizado y dirigido fundamentalmente por el
sector académico de la UNAM, en donde se expresen de manera critica,
libre y responsable las ideas, con el propósito de mejorar integralmente
la norma académica y, sobre todo, no ir a un proceso que mutile
y aminore los derechos académicos que actualmente ya se tienen;
al contrario, se va a la reforma para generar una situación,
condiciones y relaciones que favorezcan el ingreso, permanencia, superación
y desarrollo del personal académico no para empeorar o perjudicar
su circunstancia.
El
Consejo Universitario debe garantizar un proceso de reforma del Estatuto,
de carácter democrático, incluyente y preponderantemente
académico; convocar y promover una participación real
del sector, en particular de los colegios de todas las entidades académicas,
lo cual es esencial y estratégico si se quiere que dicho proceso
sea realmente relevante y significativo para la UNAM.
El
Claustro que la Comisión Especial del Congreso Universitario
ha propuesto como instancia para la organización y desarrollo
de la reforma debe corresponder a cada una de las figuras académicas
existentes en la Universidad, a sus ciclos, y niveles académicos.
El
claustro tiene que ser el espacio plural, representativo y democrático
de reflexión y análisis de la realidad actual de los académicos,
que considere todas las opiniones y expresiones que se presentan en
el sector en cuanto a sus necesidades, situación y conflictos,
a fin de constituir una propuesta integral, así como la construcción
de consensos que legitimen el desarrollo de una propuesta de EPA, en
donde reine la fuerza de la razón y no la razón de la
fuerza, que permitan encontrar formulas de solución a los problemas
que hoy la institución padece, y la tienen en una circunstancia
compleja y difícil.
El
desarrollo de consensos y legitimación de procesos es fundamental
si realmente se quieren construir con pasos firmes a la Universidad
del nuevo siglo.
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