Número 09 Época IV Junio 2006 SECCIÓN INTERNACIONAL Los migrantes hacen despertar a la clase política de EU
David
Torres Más allá del debate que ha mantenido a la clase política estadounidense ocupada en los últimos meses en tratar de entender y discernir el significado real de la presencia en Estados Unidos de millones de inmigrantes, con documentos legales o sin ellos, el eco de las manifestaciones callejeras que atrajeron la atención mundial fue en esencia el motor de dicha discusión. La aprobación de la reforma migratoria integral la noche del jueves 25 de mayo en el Senado federal no habría sido posible sin el ejercicio de ese derecho a reivindicar la serie de aportaciones a la economía y a la cultura del país que hizo salir a las calles a cientos de miles de inmigrantes y a sus familias en todas y cada una de las convocatorias para ello. En efecto, el trabajo de los legisladores estaba –y aún lo está- garantizado en uno de los temas fundamentales de Estados Unidos: la migración. Fundado por inmigrantes, el país no puede contradecirse en ese rubro sin que se lo cobre la historia. Tal vez por eso los senadores se acoplaron al debate y entregaron finalmente una propuesta más humanitaria que contrasta con la de la Cámara de Representantes, que criminaliza de antemano a los inmigrantes indocumentados por haber violado básicamente la ley de fronteras al entrar sin documentos, burlando los puertos fronterizos. Denominado HR 4437, y presentado en diciembre pasado por el republicano F. James Sensenbrenner, presidente del panel Judicial de la Cámara Baja, el proyecto de ley que provocó protestas en todo el país también arremete contra los empleadores, pide un muro en 1,150 kilómetros de la frontera con México y no incluye un programa de trabajadores temporales, entre otras cosas. Pero lo logrado por el Senado, que estableció una coalición bipartidista para apoyar la propuesta denominada Martínez/Hagel (por Mel Martínez, senador republicano de Florida, y Chuck Hagel, también republicano por Nebraska), recogió en esencia el sentir de esas voces que reclamaron en las calles su derecho a ser reconocidas en el entramado social estadounidense. Por 62 votos a favor y 36 en contra lo aprobado prevé una vía de legalización para unos 8 millones de indocumentados, de un total de 12 millones que se calcula viven en Estados Unidos. Esta propuesta sí incluye un programa de trabajadores temporales, el reforzamiento de la frontera con la Guardia Nacional, además de un muro de 595 kilómetros. Declara, por otro lado, al inglés como idioma “nacional” (sin que se utilice la categoría “oficial”, pues la Constitución de Estados Unidos no lo prevé). De último, se aprobó la imposición de un límite anual de 650,000 visas patrocinadas por empleadores; la nueva categoría se denomina H2C, que también abarca a los familiares de los trabajadores. Es decir, fue una especie de respuesta más acorde con la nueva migración tras la “lectura” que los legisladores hicieron de la influencia migratoria en diversos rubros, y la fuerza que ha alcanzado en el ámbito político. El apoyo viene nada menos que de la Casa Blanca, los empresarios, los grupos religiosos y, sobre todo, las organizaciones hispanas. Sin embargo, nadie puede en este momento decir que “ha ganado”, pues todavía falta la etapa de la discusión conciliatoria, en la que se pondrán los dos planes sobre la mesa y se tratará de escoger lo más propicio de cada uno para resolver este problema, sin que ninguna de las partes se manifieste afectada negativamente. Esto es, aún quedan bastantes horas de discusión para llegar a un acuerdo que haga ver ante el mundo a Estados Unidos como una nación que se refleja en cada etapa de su historia en el espejo de su propia esencia: la migración. Lo importante en este debate histórico es que se está legislando a partir de una realidad concreta, y que si bien los grupos ultranacionalistas o los ultraliberales intentan impulsar sus respectivas agendas ideológicas en el tema migratorio, son las cientos de miles de familias inmigrantes las que han permitido hacer vibrar el andamiaje político estadounidense, cuya razón de ser es enfrentar la realidad que les sale al paso para mantener la correlación de fuerzas al interior. Esta vez, la historia en Estados Unidos la están escribiendo los nuevos inmigrantes. Este jueves 25 de mayo, el Senado de Estados Unidos aprobó la reforma migratoria integral, que podría ser la vía de regularización para unos 8 millones de indocumentados, aunque aún falta discutir ampliamente al respecto. Los dos cuadros siguientes, detallan los puntos que integran los dos planes a debatir (el de la Cámara de Representantes, contra el que se realizaron masivas protestas, y el del Senado (aprobado precisamente el pasado jueves 25 de mayo en Washington). Plan de la Camara Baja HR 4437:
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