Número 13 Época IV Febrero 2008 TEMAS A DEBATE Incorporación de la mujer en el mercado de trabajo: Las encuestas expresan que tanto hombres como mujeres están cada vez menos renuentes a que ellas aporten ingresos en la economía familiar. Cada vez la sociedad ve de mejor manera que ellas busquen su desarrollo personal y profesional, aunque esto, en algunos casos, signifique obtener un mejor ingreso que el hombre. Yazmín S. Guerrero Reyes Inserción de la mujer en el campo laboral La realidad social se está transformando a la vez que los modelos económicos, políticos y culturales cambian y exigen nuevas conductas de los actores que conforman a las sociedades. Los cambios estructurales significan modificaciones en la superestructura y viceversa. Ejemplo claro de esto es la cuestión de la inserción de la mujer en el campo laboral y los aspectos de su condición social que se han transformado a partir de tal hecho. El presente estudio muestra que el cambio en un factor de la sociedad puede transformar a la mujer, hasta en sus más íntimos aspectos. Nuestra reflexión se divide en tres apartados que se interrelacionan para dar una concepción más amplia de la condición de la mujer en torno al campo laboral, así como las implicaciones sociales de su ingerencia en el mercado de trabajo. La mujer y el mercado laboral Estadísticas del INEGI, indican que la población femenina económicamente activa en México cada vez es mayor y que en ciertas edades rebasan al número de hombres involucrados en el mercado laboral.2 Encontramos que la mayoría de las mujeres que se emplean en trabajos en los que perciben ingresos lo hace bajo jornadas menores de 35 horas a la semana. Para el 2004, el 28.4% de las mujeres trabajadoras en esa condición se empleaban en estas jornadas, frente a un 15.3% de hombres que perciben un salario por el mismo tiempo de trabajo. Este tipo de empleos, donde las jornadas no son tan extensas, son los que las mujeres ocupan porque de esta manera se les facilita cumplir con las labores domésticas. Porque el hecho de tener un trabajo remunerado no las exime de la presión cultural que las obliga a realizar una doble jornada. Las mujeres tienen la opción de aportar ingresos a la economía familiar siempre y cuando continúen haciendo la doble labor en el hogar. Esto debido a que la transformación de la estructura, es decir, la entrada de la mujer en el mercado laboral, se debió a una necesidad económica, no por la mera intención de darle libertad a la mujer por parte de la sociedad. Podríamos creer que los hijos son una de las razones que impulsan a las madres a llevar a cabo labores fuera de la casa; contrario a esto, las estadísticas muestran que mientras mayor es el número de hijos en la familia, menores son las posibilidades de que la mujer se inserte en el mercado laboral.
Las encuestas3 expresan que tanto hombres como mujeres están cada vez menos renuentes a que ellas aporten ingresos en la economía familiar. Cada vez la sociedad ve de mejor manera que ellas busquen su desarrollo personal y profesional aunque esto, en algunos casos, signifique obtener un mejor ingreso que el hombre. Dichos factores influyen en un aumento de la independencia y la autonomía, así como en una mayor participación y presencia de la mujer. Aunque las mujeres han logrado ingresar en el campo laboral con éxito, aún factores como el matrimonio y los hijos siguen siendo “obstáculos” en su desarrollo profesional, que no debieran serlo pero la sociedad así lo plantea. Para lograr una transformación integral en la condición de la mujer es preciso inducir una nueva concepción de género para, de este modo, facilitar la adopción de nuevas políticas laborales. La mujer y la educación El caso de la educación dice mucho de la transformación ideológica alrededor de la mujer. En 1970 era mayor el porcentaje de los hombres que estudiaban con respecto al porcentaje de las mujeres, esto referente a población de todas las edades. Encontramos en estadísticas del 2005, que el porcentaje de hombres y mujeres que estudiaban en relación a las poblaciones totales es equitativo en casi todas las edades. Sin embargo hay grupos en los que las mujeres estudiantes rebasan el porcentaje de los hombres, como es el caso de la población mayor de 30 años.4 En 1960, el 35.9% de los hombres no tenían escolaridad mientras que el 43.9% de las mujeres no contaba con estudios. Para el 2005, el 7.2% de los hombres no tenían escolaridad y el 9.6% de las mujeres no contaban con estudios. En la actualidad, la cantidad de mujeres sin escolaridad sigue rebasando el porcentaje de los hombres, empero, la disminución del analfabetismo de 1960 a 2005 ha sido mayor en las mujeres (28.7% disminuyó en los hombres y 34.3% disminuyó en las mujeres). Partiendo del supuesto de que la mujer no se insertó en el mercado laboral por una apertura social sino por una necesidad económica, nuevamente, la inserción de la mujer en el plano educativo responde a un impulso económico y no necesariamente a una ruptura con los viejos conservadurismos. La inserción de la mujer en el mercado laboral ha sido más acelerada que su inserción en el campo educativo. Esto debido a que el trabajo resuelve las necesidades económicas inmediatas, mientras que la educación ofrece una mejoría económica a largo plazo. La mujer y la familia Los nuevos roles asumidos por la mujer en el campo laboral, también repercuten en las modificaciones de la estructura de otras instituciones como el matrimonio y la familia. En 1970, 7 de cada 1000 habitantes se casaban al año, en el 2006 el promedio fue de 5.6. Por otro lado, la tasa de divorcios ha aumentado, en 1970 por cada 100 matrimonios al año 3.2 se divorciaban; en el 2006, 12.3 de cada 100 matrimonios deshicieron su unión. Esto habla claramente de una crisis en esta institución. El debilitamiento de la misma es consecuencia de los cambios en las condiciones materiales, porque la dependencia económica de la mujer va disminuyendo en tanto encuentra en sí misma la estabilidad que antes le ofrecía el modelo de familia tradicional.
Relación divorcios- matrimonios, 1970 a 2006
Las tasas de natalidad también han ido decreciendo. En 1990 nacieron 28.8 niños en promedio por cada 1000 habitantes, en el 2006 el promedio de nacimientos fue de 18.6 por cada 1000 personas.5 En 1976 el promedio de hijos por mujer de 15 a 49 años era de 5.7, para el 2007 el promedio descendió a 2.1.6 La mujer al insertarse en el mercado laboral se permea de las ideas propias del sistema capitalista, sistema regido por leyes económicas, leyes que infieren en las relaciones sociales y a su vez exaltan el individualismo. Con este individualismo, la gente ya no percibe a la familia como el medio en el que logran su desarrollo en sociedad, es decir, la plenitud se logra con base en intereses individuales. Es una interpretación en la que debe profundizarse. De los niños nacidos en 1990, a esto le correspondía que el 15% de las madres eran económicamente activas y el 84.8% no lo eran, además de que del total de mujeres que fueron madres en aquel año el 14.7% no tenían escolaridad. En el 2006, el 23.3% de las madres cuyos hijos nacieron en aquel año eran económicamente activas y el 76.7% no lo eran, del total de esas mujeres el 5.5% no contaba con ningún nivel de escolaridad. Esto habla de la necesidad creciente de las mujeres, aún con hijos, de llevar ingresos al hogar, lo que las lleva a insertarse en el mercado laboral. Por otro, lado las estadísticas demuestran que el analfabetismo en las mujeres se está erradicando, así se desvalida el estereotipo de la mujer sin educación que se convierte en madre por su ignorancia.
El hecho de que cada vez haya menos nacimientos también podemos relacionarlo con el mayor conocimiento que tienen las mujeres sobre el uso de anticonceptivos, lo que les da la libertad de controlar ese tipo de decisiones. Sobre ello, encuestas del INEGI7 documentan que en 1976 el 89% de las mujeres conocían al menos un método anticonceptivo y que el 30% de las mujeres unidas en edad fértil usaban uno de los métodos de control natal. Para 1997 el porcentaje de mujeres que conocían al menos uno de los métodos de prevención de embarazos aumentó hasta el 96.6% y el índice de quienes los usan subió hasta el 68.4%. El hablar de control natal es también hablar de la nueva concepción que la mujer ha adquirido sobre la vida. Cuando hablamos de la incorporación de la mujer en el mercado de trabajo debemos tomar en cuenta que este suceso no es por sí mismo una trasformación social, sino parte de un proceso de cambio. Este proceso de cambio no ha sido primordialmente impulsado por una apertura ideológica, sino que ha sido una adaptación gradual de los nuevos requerimientos económicos del sistema. Sin embargo, su inserción en espacios sociales antes no explorados por la mujer les abre escenarios y posibilidades impensables en el ámbito de lo doméstico, encerrada entre los muros del hogar. Son estas exigencias las que de alguna manera han logrado despertar el interés de la mujer de incluirse equitativamente en todos los ámbitos de la vida social. Estudiantes de la licenciatura en Sociología, de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco. |
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