Los grandes retos del sindicalismo europeo

Recopilación María de Lourdes Rosas

Primera parte

Los sindicatos europeos están sometidos a una considerable presión. Su estatus como pilares de un “modelo social” ha sido socavado por la globalización y el neoliberalismo.

Un informe, elaborado por el Instituto Sindical Europeo muestra la diversidad de los sindicatos europeos y los desafíos a los que hacen frente tras la crisis y las políticas de austeridad puestas en marcha por todos los gobiernos, los sindicatos no están condenados por fuerzas externas a continuar su declive y alcanzar eventualmente la irrelevancia. Sin embargo y a pesar de todas las adversidades, todavía tienen posibilidades de opciones estratégicas”.

La diversidad de los sindicatos en Europa

La mayoría de los países nórdicos –Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia- poseen sistemas de relaciones laborales basados en compromisos de clase institucionalizados entre las organizaciones de trabajadores y empresarios. Estos cuatro países tienen los niveles más altos de sindicalización de Europa. Históricamente todos poseen sistemas de protección de tipo “Ghent”, con seguros de desempleo voluntarios, pero subvencionados por el Estado y administrados por los sindicatos. Tales sistemas son vistos generalmente como fuente de fuertes incentivos a la afiliación sindical.

Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia tienen los niveles más altos de sindicalización de Europa
El grupo Central –Alemania, Austria, Suiza, los Países Bajos y Bélgica- poseen una larga tradición de diálogo social, a menudo enmarcada en instituciones tripartitas formales. La densidad sindical es relativamente baja, a excepción de Bélgica (donde el “sistema Ghent” tuvo su origen); pero en general tienen sistemas de negociación colectiva general (en los niveles sectoriales o intersectoriales, o en ambos) combinados con procedimientos para extender los acuerdos a las empresas no firmantes, lo que asegura un nivel más alto de cobertura de la fuerza de trabajo. Los sistemas legales de comités de empresa están normalmente dominados por los sindicatos representativos, incluso en los centros de trabajo en donde sólo tienen una presencia sindical minoritaria.

Los países del Sur –Francia, Italia, España, Portugal y Grecia- tienen una historia de fuertes partidos comunistas y movimientos sindicales ideológicamente divididos, ligada a relaciones laborales disputadas. La regulación del empleo normalmente depende más de la legislación que de la negociación colectiva.
Los países anglófonos, Gran Bretaña e Irlanda, los más próximos a las “economías de mercado liberales”, tienen sólo débiles legislaciones sobre empleo y derechos sindicales. Los sindicatos no están divididos ideológicamente, como es el caso de muchos otros países, pero están relativamente fragmentados a lo largo de divisiones ocupacionales e industriales, con grandes sindicatos generales numéricamente predominantes en ambos países.

Los países de la Europa Central y del Este (ECE) que se convirtieron en miembros de la UE en 2004 y 2007. Hace ya más de diez años, concluían que estos países estaban todavía adheridos a un modelo de relaciones laborales de “transición”, caracterizado por débiles y fragmentadas estructuras de representación de intereses y un papel dominante del Estado en la formulación e implementación de los objetivos de la política socioeconómica.

Los Estados bálticos -Lituania, Letonia y Estonia– experimentaron una sustancial desindustrialización en los 90s. El trabajo organizado fue en gran parte excluido, y relaciones laborales con alta densidad sindical tuvieron una cobertura de la negociación colectiva extremadamente bajas. Bulgaria y Rumanía, los interlocutores sociales rumanos eran más fuertes, y la cobertura de la negociación colectiva superior, que en los países bálticos. En Bulgaria, la densidad sindical es relativamente baja y ha disminuido aún más. En el extremo opuesto del espectro, Eslovenia se aproxima más estrechamente al modelo de diálogo social de los países del centro.

Los países de -Polonia, Hungría, la República Checa y Eslovaquia- ocupan posiciones intermedias. Al igual que Eslovenia, la mayoría ya habían experimentado con economías de mercado en la época comunista. En los años que siguieron, preservaron en gran parte sus estados de bienestar y lograron atraer – sobre todo, gracias a los generosos subsidios- IED intensivas en capital y de alto valor añadido que transformaron y renovaron su base industrial.

Desafíos y retos del sindicalismo europeo

La disminución de la afiliación también se traduce en un debilitamiento de la influencia política
En el último cuarto de siglo, los sindicatos de toda Europa se han enfrentado a graves desafíos. Estos incluyen un declive de las industrias manufactureras de gran escala en las que los sindicatos siempre tuvieron una fortaleza importante, seguido por las presiones presupuestarias y el impulso a la privatización en otro bastión principal de los sindicatos, los servicios públicos; esto ha dado lugar a la inseguridad del mercado de trabajo y el crecimiento de las diversas formas de empleo "atípico".

Asociado con todos estos desafíos, aunque de manera compleja, está el proceso de la "globalización", que debilita la capacidad sindical para regular el trabajo y el empleo dentro de las fronteras nacionales en la que están inmersos. Un resultado ha sido la pérdida de densidad sindical en las últimas tres décadas. En el Oeste, la disminución en algunos países ha llegado aproximadamente a la mitad, aunque en otros ha sido mucho menos dramática. En gran parte del Este, si el punto de referencia era que lo sindicatos “oficiales” afiliaban a casi el 100% de los trabajadores, las pérdidas han sido aún mayores. La caída de la afiliación induce al agotamiento de los recursos financieros. En algunos países, también ha significado una disminución en la cobertura de la negociación colectiva; principalmente a causa de la existencia de negociación colectiva sectorial, a menudo reforzada por disposiciones legales para la ampliación de los acuerdos a todas las empresas de un sector. Pero si el poder de los sindicatos se reduce, la eficacia de estas instituciones de negociación no puede garantizarse. Casi universalmente, los contenidos de los acuerdos sectoriales están siendo socavados con cambios que llevan la toma de decisiones hacia la empresa individual. La disminución de la afiliación también se traduce en un debilitamiento de la influencia política.

Los sindicatos pueden recuperar la iniciativa: la revitalización requiere estrategia, no sólo tácticas.  Los desafíos materiales para los sindicatos son obvios; pero por encima de todo, en la mayoría de países están ideológicamente a la defensiva. Por lo tanto, necesitan recuperar recursos morales de poderes. Muchos sindicatos han perdido la creencia movilizadora en su propia capacidad para lograr una mejor economía y una mejor sociedad. Lo que se necesita es una nueva, imaginativa y quizás utópica contraofensiva. Los sindicatos han de creer, y demostrar, que un futuro mejor es posible.

En la segunda parte veremos la afiliación como estrategia, los jóvenes y las mujeres y otros temas.
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