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Acompañamiento empático a grupos vulnerables (1)

Una vida sencilla y tranquila aporta más alegría que
la búsqueda del éxito en un desasosiego constante.
Albert Einstein en 1922, Imperial Hotel de Tokio, Japón

Dra. Raquel del Socorro Guillén Riebeling / Lic. Maricruz Morales Salinas
STUNAM, Secretaria de Carrera Académica

Transcurridos los primeros 30 días del sismo del 19 de septiembre de 2017:
El pasado 19 de septiembre, México sufrió uno de los terremotos más mortales de su historia reciente, que tuvo una magnitud de 7.1 y ocurrió solo dos semanas después de otro terremoto de magnitud 8.1 que fue catalogado como el más fuerte en 100 años. (expansión,mx, 2017)

Las consecuencias, materiales, humanas y psicológicas, se expandieron más que las propias ondas sísmicas. Sin tiempo para escapar o protegerse, tuvimos víctimas mortales, personas desalojadas de sus viviendas, damnificadas por las pérdidas en su patrimonio, trabajo, familia, amigos, mascotas, salud, integridad física, entre otras. A quienes se mantienen en pie, el paso entrecortado de la ciudad por el cierre de calles o por los listones amarillos o rojos y con el silencio que les acompaña, les dan cuenta fehaciente del daño dejado tras de sí. Muchas personas moran en las calles donde transitaban en un ir y venir de “la calle a su casa y viceversa”, hoy la calle es un todo, una gran vivienda de transición atemporal donde se reúne el ayer del cambio, el presente de crisis, dolor y llanto con un futuro, las más de las veces incierto.

El apoyo psicológico va acompañando las transiciones de las personas  con elementos que le son familiares: en lo humano, en su carácter positivo y con una comunicación sincera. Condiciones que le permiten a la persona, en su condición adversa, recuperar su estabilidad emocional y sus recursos experienciales en favor de su conservación y hacer frente a las adversidades consecuentes.

Aunque en un desastre natural, todas las personas son vulnerables, en el periodo de recuperación se distinguen grupos de personas más vulnerables que otras, entre ellos se encuentran las niñas y los niños, las ancianas y los ancianos (o personas de la tercera edad), los adolescentes o las personas con capacidades diferentes. Se incluyen personas con dificultades de adaptación psicológica y con desórdenes mentales.  En primer lugar se considera que las personas reaccionan ante una  situación abrumadora con procesos psicológicos, emociones o conductuales, al mes del suceso con:

 

Las organizaciones de salud mundial proponen algunas recomendaciones para proteger a estos grupos vulnerables, en el caso particular de niños y adolescentes se mencionan como reacciones o síntomas emocionales, conductuales y fisiológicos por rango de edad (OMS, 2010):
Preescolares

De los 3 a los 5 años de edad: conductas desorganizadas como volver a orinarse en la cama, hablar con tono bajo o murmullos, no tolerar estar solos, miedos específicos a objetos o situaciones reales o ficticias

Niñas y Niños

De los 6 a los 11 años de edad: muestran miedos injustificados, dificultades para estar quietos, para centrar la atención, síntomas orgánicos como dolor de cabeza, frio, calor y otros; juegos temáticos del suceso.

Adolescentes
De los 12 a los 17 años de edad: alteraciones en los ciclos de vigilia-sueño, hambre-saciedad, pérdida de interés por las actividades comunes, en grupo y sociales en general.

Ante la detección de estos comportamientos y emociones, quienes son los padres o tutores, pueden acudir con los especialistas en psicología clínica de mayor acceso, y también pueden emplear el acompañamiento empático cuya observación es comprensiva, facilitando las condiciones para la expresión emocional y las actividades habituales, lo más aproximado a las realizadas antes del suceso. Este acompañamiento trata de brindar seguridad, afecto y protección para todos y de manera particular a quien se encuentra disminuido en sus condiciones psicológicas. Por último es muy importante destacar que el acompañamiento  se realiza en un clima emocional favorable y la expresión de emociones o de preocupaciones es libre, en ningún momento se dan premios o castigos, el acompañamiento es voluntario y muy cercano a la armonía y al equilibrio, lo que requieren las personas. Así mismo, acepte los sentimientos que ellos expresan y realice actividades donde cada persona muestre un comportamiento responsable como ensayar con los menores medidas de seguridad para futuras situaciones.

En el caso de los adolescentes, evite restringir su conducta como un regreso a ser menor de edad (chiquito) bajo la vigilancia de sus padres o maestros. 

Hablen de forma realista de lo sucedido, de los sentimientos que tienen relacionado a ello, plantee la realización de actividades físicas, sociales y culturales; ensaye medidas de seguridad con la familia en caso de futuros eventos similares, Analice las posibles consecuencias y búsqueda de soluciones constructivas.

Recuerde, es importante identificar las características que le permitirán la mejor adaptación y superación de las circunstancias en las que se encuentran tras haber vivido una situación de emergencia. Considere en lo más posible crear un ambiente familiar positivo, mejore las relaciones familiares, conserve la armonía entre los padres y valore su desempeño, los logros y la seguridad de salir adelante a pesar de todo.  Consolidar: El apoyo de la red social; fortalecer el acompañamiento y apoyo emocional a los más vulnerables y afectados

Lecturas recomendadas:
Acevedo C., Morales N. y Garnica J. (2017a). Guía de actividades para niños y adolescentes. México. Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Esto es lo que sabemos a un mes del sismo del 19 de septiembre (Jueves, 19 de octubre de 2017 a las 9:51 AM). Disponible en: http://expansion.mx/opinion/2017/10/19/ opinion-los-culpables-de-los-danos-por-los-sismos?internal_source=PLAYLIST
Organización Mundial de la Salud. (2010). Apoyo psicosocial en emergencias: guía para equipos de respuesta. Washington, D.C. http://www.paho.org/disasters/index.php? option=com_content&view=article&id=1362:psychosocial-support-in-emergencies-and-disasters&Itemid=924&lang=es
Posada Villa, J.A. et al., (2011) Guía de atención en salud mental en emergencias y desastres. Bogotá. Colombia. Ministerio de Protección Social.