Efectos psicológicos en situación de emergencia
Dra. Raquel del Socorro Guillén Riebeling
Secretaria de Carrera Académica STUNAM
Nos encontramos en los días subsecuentes del sismo del 19 de septiembre de 2017, la misma cantidad de días del Otro 19 de septiembre, pero después de 32 años. La experiencia presente se suma a la anterior, dando lugar a varias apreciaciones, cada una con sus reacciones y acciones. En aquel entonces (como ahora), de la Carrera de Psicología de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, UNAM, compañeros y compañeras psicólogos, profesores y alumnos integramos de forma espontánea grupos de brigadistas para apoyar a las personas que habían sido afectadas directamente (e indirectamente) las consecuencias del sismo de magnitud 8.1 en el entonces Distrito Federal (hoy Ciudad de México). Acudimos a albergues y campamentos localizados en las zonas oriente, norte y centro, por varios meses. Posteriormente prosiguió la atención psicológica clínica en las Clínicas Multidisciplinarias (Hoy Clínicas Universitarias). ¿En qué consistía el apoyo? Algunos psicólogos empleamos la Terapia Breve y de Emergencia, la Entrevista, el sentido común y la mayoría (psicólogos o no psicólogos: La Solidaridad . Esta que en este 2017 ha resurgido y puesto en acción por la población dejándose ver en las mujeres, los hombres, los jóvenes, los adultos y los niños que se han desbordado en acciones para ayudar a los demás de forma espontánea. Esta acción en el sismo de 1985 como en el actual de 2017, surgió, surge y creo que surgirá, en situaciones de emergencia en nuestro país y particularmente en la Ciudad de México, sea cuales fuesen los motivos de esta acción social es un hecho sin parangón con otras sociedades. De acuerdo con esto, encontramos acciones de readaptación como la solidaridad, el altruismo y el estrechar los lazos sociales y familiares. Ante la suspensión de la energía eléctrica y del funcionamiento de los semáforos, personas comunes de distintas edades se abocaron a dar paso al paso de vehículos, cambiaron las rutas ante los edificios colapsados y dieron la mano a las personas en crisis nerviosas.
En 1985 la psicología también fue damnificada, no contábamos con textos científicos que nos apoyasen en la ayuda, lo que teníamos era la experiencia científica y la solidaridad. En 2017, nuestros jóvenes (y adultos) cuentan con más herramientas que los psicólogos de hace 32 años. Además de la experiencia y los testimonios, cuentan con el apoyo de textos científicos, guías de atención, protocolos y estrategias de atención en situaciones de crisis, de emergencia y de desastres.
Si bien hay equidad en la condición social y de derechos, la manera de enfrentar las situaciones es diferente ya que cada persona reacciona de diferente manera y es diferente en niños, adolescentes, adultos y ancianos, es lo que sucede en la situación de emergencia. En México, los sismos de los días 7, 19 y 23 del mes de septiembre de 2017, afectó el estado estable de todos sus habitantes cuyas consecuencias han sido catastróficas. La pérdida de vidas humanas, de bienes materiales y patrimoniales, de fuentes de trabajo y en el caso del equilibrio psicológico con efectos negativos en lo emocional, lo conductual y en la salud mental de la población en general. La reacción inicial de alerta frente a la gran sensación de peligro inminente, puso a prueba la capacidad vital de protección de sí mismo y de la función protectora del cuidado los demás –compañeros y compañeras de trabajo, hijos, cónyuge y familia en general-. Cado uno en su medida se volcó en ayudar, una manera muy particular de enfrentar estos desastres, como la sociedad civil mexicana, no tiene comparación.
Mientras que en el lado individual, las reacciones psicológicas generalmente son adaptativas en los primeros momentos, al paso de las primeras semanas, las personas tienen a recobrar su equilibrio o estado estable. Desde el inicio de la situación de emergencia, la atención se dirigió a los niños, ancianos, a personas con capacidades diferentes. Para otros desafortunadamente la situación emergente les genera una segunda consecuencia, desequilibrios psicológicos hasta culminar con la alteración en su salud mental.
Posterior a las primeras tres semanas, las actividades se dirigen al fortalecimiento del apoyo social y comunitario. En el ámbito individual se pueden presentar de manera adversa signos iniciales de alteraciones psicológicas como insomnio, irritabilidad, hiperactividad, depresión, susceptibilidad a conductas compulsivas. Trascurridos los meses de la situación de emergencia, las capacidades de readaptación y de integración de la experiencia vivida da lugar a un nuevo aprendizaje y a nuevas habilidades. En el caso contrario, las manifestaciones de reacciones adversas.
Es de considerar las promesas no cumplidas cuyas consecuencias es la desilusión y como tal activa procesos emocionales adversos al equilibrio como son el enojo o la amargura, que pueden disminuir las conductas de protección, las colaborativas y el esfuerzo individual. Ante ello, se activa la prevención de riesgos psicológicos a través de la confianza, la seguridad y la expresión de emociones que contrarrestan las negativas como la alegría y el amor.
