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Editorial
La corrupción, gran lastre del país

Son tantos y tan cotidianos los actos de corrupción en el país que ya se perdió la capacidad para asombrarse, sean en el terreno económico, político, social o cultural y la desvalidez que causan. La frase tan conocida “el que no transa no avanza” se ha instaurado en espacios e instituciones que fueron alguna vez inmaculados, orgullo de todos los mexicanos. 

Lo mismo sucede con el número de muertos que reportan los medios de comunicación “sensacionalistas” y las formas tan violentas como son victimados. El Estado de México es significativo en estos dos rubros. La corrupción está muy relacionada con la putrefacción; sus motivaciones están en el patético individualismo, desde la instauración del neoliberalismo, el que ha sido responsable de crisis de lo más variadas. Sus consecuencias las vemos en reformas tan absurdas que realmente nadie cree en ellas, primero porque no se ven beneficios para la población y, segundo, al poco tiempo desmantelan lo escaso que tiene de rector este gobierno.

La Secretaría de la Función Pública informó sobre un programa de capacitación para los operadores del Sistema Nacional Anticorrupción, mediante el cual más de 14 mil servidores públicos recibirán un curso de medio año para adiestrarse en los detalles del funcionamiento. La dependencia no encontró el hilo negro al señalar que no existe duda entre la sociedad de que la corrupción es el mayor mal que lesiona al país y muchos de los problemas que vivimos los mexicanos son producto de la misma.

Numerosos comentaristas, periodistas e importantes activistas se han detenido sobre este tema, y en denunciar con nombre y apellido los atropellos cometidos. Pero, por desgracia, sólo queda en la denuncia. Los organismos internacionales, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, nos han etiquetado en el último lugar entre los 34 países miembros en materia de corrupción. En el informe anual de Transparencia Internacional, correspondiente al año 2015, según la organización no gubernamental ocupamos el lugar número 12 de los países más corruptos de nuestro continente y el 72 en el plano mundial.

La UNAM, en voz de su rector, Enrique Graue, se ha referido a la desigualdad social que acompaña a la impunidad y la inseguridad, creando hastío y desconfianza entre los mexicanos. El rector, ante el secretario de Hacienda y Crédito Público, se refirió al hecho de que más de una docena de gobernadores están acusados de corrupción, desfalco o lavado de dinero, lo cual es inaudito, indignante y no debe ser admitido.

Lo mismo ha hecho el STUNAM a través de sus voceros y en distintos escenarios al referirse a las reformas estructurales, a este neoliberalismo depredador y, sobre todo, a la desigualdad social creciente al existir muy, pero muy pocos ricos, así como muchísimos más pobres y demasiados en pobreza extrema.