En México se persiguen más periodistas que delincuentes
Roberto Zavaleta Cornejo
Los periodistas independientes son, por lo general, blancos en las miras de los intereses políticos y gubernamentales en sus tres niveles. Esto debido a sus críticas, opiniones e investigaciones, provenientes de una libertad de expresión políticamente desinteresada (o bien, contrarias al régimen).
El asesinato de nuestro colega Javier Valdez, en Culiacán, Sinaloa, y los cinco homicidios precedentes en el año en curso, son otra clara muestra de que el gobierno y el crimen organizado tienen medios muy afines para lograr sus objetivos de poder y dinero. Pues cuando éstos quedan al descubierto por las investigaciones periodísticas para su público conocimiento, comienzan primero con las amenazas (ya sea hacia su persona o familiares), luego los atentados realizando los necesarios para lograr callar la voz no sólo del periodista en turno, sino de una comunidad o de toda la sociedad.
Cuando un comunicador independiente alza la voz, representa la opinión de una parte de la sociedad que no tiene un micrófono o cámara para poder ser escuchados por las grandes masas.
Es por ese motivo que tiene que ser preocupante el hecho de que el gobierno y la delincuencia organizada destrocen el derecho de una sociedad a ser, en primer lugar, informada y poder expresarse, y en segundo lugar el de ejercer libremente y sin miedo la profesión de comunicar.
Entendido lo anterior, es imprescindible que exijamos al gobierno federal las garantías de seguridad para el óptimo desempeño de la comunicación en México, y que la PGR ponga a trabajar a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión (FEADLE), que hasta ahora sólo ha servido para acaparar parte del presupuesto de egresos sin tener resueltos estos asesinatos.
La realidad es que los comunicadores y comunicadoras parecen ser el enemigo número uno de la estructura gubernamental, pues llegan a ser más amenazados, perseguidos, amedrentados y violentados que los grandes capos del narcotráfico o que los gobernadores y legisladores más corruptos y sinvergüenzas.
¿Será que son más peligrosos los disparos de una cámara, una pluma, un micrófono, que el gatillo de un arma de fuego? ¿Será que el gobierno y el crimen sólo encuentran esa manera de contrarrestar la fuerza del periodismo? La respuesta, al parecer, es un sí.
Categoría de Corrector en la Imprenta Universitaria
