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Efemérides

La Madre y el mes de mayo

Elizabeth Pérez Tecanhuey

Cuando se aproxima el mes de mayo pocos son los que recuerdan fechas históricas, como el 1 de Mayo, día del Trabajo, y 5 de mayo en que conmemoramos la batalla de Puebla, pero lo que sí tenemos presente  es el 10 de mayo, día de la madre.

Fecha en que la mercadotecnia hace uso de sus herramientas para bombardear con una publicidad excesiva, enfocada al consumismo para lograr sus objetivos de ventas, ofreciéndonos promociones; todo esto para recordarnos a nuestras madres y la importancia del 10 de mayo como "su día", el cual fue instituido  por el escritor poblano Rafael Alducin, en 1922.

Lo que tiene un valor significativo es el recuerdo de nuestra madre no como alguien que nos llevó en su vientre durante nueve meses o menos, tal vez como un deseo ferviente de nuestros padres o no, como una sorpresa inesperada. Tenemos que aceptar que no siempre las mujeres están preparadas o listas para ser madres, ya que realmente lo que hace a una madre es el deseo que nace en lo más profundo de su ser, de cuidarnos, criarnos y llevarnos a convertirnos en personas de bien, circunstancias ajenas a este gran deseo pueden llevar a nuestra madre a tomar decisiones que pongan en riesgo nuestra vida o que con todo el dolor de su corazón nos entreguen a alguien que si pueda darnos la vida digna que ellas en ese momento no pudieron.

Este recuerdo puede ser su voz, sus caricias, sus atenciones, pero hay un "algo" que queda grabado en nuestras mentes que no podemos describir o entender de dónde viene o por qué está ahí anclado en nuestra alma; muchos pueden decir que es la leche con la que nos alimentó, sus abrazos, su voz, el primer baño que nos dio, la primera vez que nuestros ojos de recién nacidos pudieron enfocar y verla claramente; el primer juguete, la primera curación de la primera herida, los primeros tenis y más. Pero lo que considero clave para esto son los recuerdos que tenemos cuando ya somos conscientes de nuestra existencia y del mundo que nos rodea y podemos darnos cuenta de todos lo que hace nuestra madre por hacernos felices, ya sea por un segundo, un minuto, una hora, un día o para el resto de nuestras vidas.

Puedo poner una lista interminable de cosas que recuerdo que hizo mi mamá por mí. Pero lo que realmente debo hacer, si aún tengo la suerte de tenerla a mi lado, es estar con ella y hacerla recordar o evocar esos momentos felices o hacerla sentir ese mismo amor que ella me dio por tantos años; si ya no está conmigo, me corresponde pasar todos esos buenos recuerdos de mi mamá hacia mis hijos y hacerles entender que como madre siempre buscó hacerlos felices ,aunque esto tal vez nos lleve a peleas y discusiones que desafortunadamente pueden durar unas horas, unos meses o tal vez años. Pero el amor incondicional de una madre siempre estará ahí, esperando inerte, buscando la oportunidad de salir y florecer nuevamente.