CUADERNOS DE EDUCACIÓN SINDICAL # 84

BENITA GALEANA,
UNA COMUNISTA HONESTA

Jorge BASURTO

 
   

 

   
     


Presentación

El estudio del movimiento obrero en cualquier país revela de inmediato las disparidades en cuanto a la forma como los trabajadores pretenden conseguir el triunfo en sus luchas reivindicativas; esto deriva, obviamente, de las diferentes concepciones que se presentan en el seno de las organizaciones laborales y de las circunstancias que en un momento dado priven en determinado país. La unanimidad de opiniones no es, a final de cuentas, sino producto de la falta de libertades y de la represión gubernamental que suprime a los movimientos opositores; tal es el caso de los regímenes fascistas que se han sucedido en el mundo a partir de la década de los veintes, llegados al poder mediante golpes de fuerza, si bien a menudo con el apoyo de un cierto sector del pueblo, principalmente las clases medias despolitizadas, carentes de un proyecto y una visión a mediano o largo plazo.

En el caso de México podemos distinguir por lo menos tres corrientes dentro del movimiento obrero, a saber, la anarquista, representada principalmente por la Casa del Obrero Mundial y la Confederación General de Trabajadores; la oficialista, que sigue los planteamientos sustentados por los diversos gobiernos revolucionarios y cuyos representantes han sido la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) y la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y, finalmente, la comunista, que se ha expresado fundamentalmente a través del propio Partido Comunista, a falta de una organización obrera de larga vida: la Federación Comunista del Proletariado Nacional no llega a consolidarse y la Confederación Sindical Unitaria de México trabaja en condiciones difíciles. Las tres tendencias -dejamos de lado las organizaciones católicas por su postura conformista-, constituyen un momento importante en la historia de las luchas sociales en México y cada una a su manera ha llevado a cabo acciones que no nos es permitido ignorar si tratamos de dar una idea global, aunque no imparcial, del movimiento obrero en nuestro país.

Tratándose en este libro de la vida de una militante comunista, Benita Galeana, debemos traer a la memoria la participación que esa organización tuvo en una época tan difícil en la historia de México como es la época de Calles, con una CROM predominante, o el sexenio cardenista: la fundación del Comité Nacional de Defensa Proletaria a instancias del PC conjuntamente con el Sindicato Mexicano de Electricistas y la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM) lombardista; el CNDP había sido formado como una respuesta a las amenazas callistas contra el gobierno de Lázaro Cárdenas y fue una organización en la cual se logró una participación casi total de las agrupaciones laborales existentes; su colaboración en la fundación de la CTM, haciendo caso omiso de las tendencias que se oponían a ello; su participación, al lado de las fuerzas cardenistas en los trabajos para la constitución de un Frente Popular y, finalmente, sus esfuerzos por conservar la unidad del movimiento obrero tal como había sido obtenida en el congreso de febrero de 1936, esfuerzos que lo llevaron a adoptar el lema: "Unidad a toda costa". La actuación posterior del PC es diferente porque dentro de sus filas se producen desviaciones y rupturas, desembocando en políticas sectarias o cometiendo errores de dirección que lo debilitan.

Benita Galeana Lacunza nació el 10 de septiembre de 1904 en San Jerónimo de Juárez, estado de Guerrero; estaría cumpliendo, pues, 100 años de vida, aun cuando ella misma fijaba su fecha de nacimiento en 1907, dato que también recoge Humberto Musacchio[1] y ella ratifica en el curso de la entrevista.

De origen campesino, queda huérfana de madre desde muy niña; abandonó la casa paterna por causas que ella explica en el curso de la entrevista sin entrar en detalles, pero que no concuerdan totalmente con lo que biógrafos posteriores puntualizan en el sentido de que se trató de acosos sexuales por parte de su cuñado. Después de una estancia feliz en Acapulco, emigró a la ciudad de México cuando apenas llegaba a la adolescencia. En la capital de la República ejerció varios oficios, de sirvienta a trabajadora de un centro nocturno, en el que sin embargo evita salir con hombres.[2] Sin preparación alguna, sólo movida por el entusiasmo juvenil y motivada por un incidente policiaco, entra a militar en las filas del Partido Comunista, que fue sostén y testigo de sus proezas; actuando más por intuición que por conocimientos adopta los puntos de vista de su partido y lucha para imponerlos; se declara partidaria de las mejores causas populares y no para mientes en combatir, desde las trincheras del movimiento comunista, por hacerlas triunfar. Su actividad al lado de mujeres intelectuales, artistas y activistas a favor del voto femenino la sitúan como pionera en esta lucha en el marco del Frente Único Pro Derechos de la Mujer, fundado en 1935. Dotada de aptitudes oratorias y un gran carisma, tomó parte en desfiles, mítines y huelgas promovidas o apoyadas por su partido que ocasionaban con toda frecuencia la intervención policíaca; se dice que ingresó unas 58 veces a la cárcel. Intervino, asimismo, en el impulso a la organización y fundación de sindicatos.

Su narración constituye un aporte para el mejor conocimiento de las vicisitudes de las luchas obreras en México, para conocer nuestra historia, así como la del Partido Comunista desde un ángulo diferente. Las opiniones de Benita Galeana suelen ser altamente desfavorables a los gobiernos revolucionarios de la época en la que tuvo mayor actividad, el de Calles en primer término cuando el partido se hallaba proscrito, de la misma manera que las de los militantes de la Casa del Obrero Mundial que hemos entrevistado[3] lo son para Madero y Carranza, o las de los cromistas para el general Cárdenas,[4] con quien ella coincide en puntos determinantes.

Es conveniente advertir que nosotros hemos respetado absolutamente los términos de la entrevista; en este caso particular, hemos seguido la recomendación que Benita nos hizo en el sentido de no modificar sus expresiones, de transcribir textualmente sus palabras, lo cual imprime a su testimonio un sello de autenticidad. Por ello es que en ocasiones –sólo algunas- se encuentran frases poco adecuadas al sentido general de la exposición; téngase en cuenta que a lo largo de una conversación -más que entrevistar a Benita Galeana, conversamos con ella-, la lógica o la coherencia a veces se ausentan sin que los participantes se percaten: es sólo al leerse la trascripción que se repara en ello.

El encuentro se realizó en el marco del programa de historia oral del Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero el 12 de mayo de 1976 en la casa de Benita Galeana; la publicación del trabajo se suspendió debido a que el gobierno de José López Portillo hizo desaparecer a esa institución en el curso de una de las crisis recurrentes que ha sufrido nuestro país. Hoy se sale a la luz el texto como un homenaje a su memoria.
Benita Galeana falleció el 17 de abril de 1995.

ENTREVISTA A BENITA GALEANA.
Primeros Recuerdos


JB.- Doña Benita ¿Podría decirme cuándo nació, dónde nació?
BG.- La fecha de mi nacimiento... Bueno, nací en San Jerónimo, Guerrero en 1907.

JB.- ¿Cómo era su vida en su pueblo?
BG.- Es decir, nosotros los Galeana éramos muy ricos pero hubo un momento en que no sé qué pasó y quedamos sin nada.

JB.- ¿Cuándo fue eso?
BG.- Pues yo supongo que cuando yo tendría unos tres años ya mi padre estaba pobre, porque son los que recuerdo.

JB.- ¿Fue por allá a principios de siglo?
BG.- Sí, por el 8 ó 9 ó 10, por ay así...

JB.- ¿Y qué era lo que tenían sus padres?
BG.- Bueno, pues yo supongo que eran herencias que ya habían ellos adquirido; además eran los dueños de todo el pueblo.

JB.- Tierras era lo que tenían.
BG.- Sí, tierras; eran ellos los dueños del pueblo, que era chico. No se pagaba por ellas; decía cualquier gente:
- Yo me quiero poner en cualquier lado.
- Pues ábranse paso adonde quieran.
No había la cosa de que cobro, ni nada. Yo nunca oí que cobraran porque una gente hiciera su casita. Y como era muy chico.... han de haber sido unas 500 gentes en esa época. Unas mil pues, para no errarle.

JB.- ¿Y por qué cree que su papá perdió todo?
BG.- Porque él no era ambicioso, y le decían otras gentes:
- Fíjate que por ahí va Fulano con su ganado.
- Hombre, que lo agarre.
- Pero, hombre se lleva las vaquillas.
- Deja hombre, yo no voy a ir a pelear. ¿Y quién es?
- Pues es Fulano.
- Bueno, pues que se las lleve.
Es lo que yo oía, así que se llevaban el ganado, y él no se preocupaba por nada. Esa cosa, ¿verdad? El no era metalizado. Creyó que nunca se le acabarían. Oía yo esas cosas así y ya más grandecita pues ya vi que mi padre no tenía nada, y nada, no había nada en la casa. Entonces...

JB.-Tuvo qué trabajar...
BG.- No, él no sabía trabajar. Todo se lo hacían los peones y él se la pasaba sentado en una piedra grandota que teníamos allí en la casa, -una piedra que quién sabe cómo llegó-, y allí se sentaba él, seguramente a pensar algo, o no sé. Y ya nomás pues ahí la familia le dábamos de comer. El no sabía trabajar; no sabía ni agarrar una hacha. Él era del campo. Por ejemplo, dirigir los quesos, porque esa era su ilusión; ver las canoas de leche que sacaba y las cortaba para los quesos.  El era su vida eso, el rancho, pero se lo hacían. El queso sí, él lo hacía. No quería que nadie se lo hiciera, ni que le tocaran las canoas. Todo muy limpio, pero él hacía todas esas cosas. Después ya vino la borrachera y ya nada. Ya todo se perdió. Entonces había que luchar; ya nos habíamos quedado con los hermanos chicos; como cinco ya, los otros ya estaban grandes, ya cada uno empezó a agarrar su vida. Y yo quedaba de niña más grandecita en la casa. Bueno, pues me cargué más responsabilidad muy niña…

JB- Y allá, ¿en qué trabajó?
BG- Bueno, pues el trabajo de mi niñez era muy duro, porque en aquella época, pues, había llegado la Revolución y entonces mi pueblo era un pueblo muy chico en donde de por sí había mucha hambre; me encargué de la casa, de vender, de todo; hacía la lucha pa' llevarle de comer a mis hermanos. Y tenía una responsabilidad, un sentido de llevar a mi casa; entonces a trabajar, desde a las tres, o a la hora que había qué entregar; por ejemplo el pan, cosas de esas, había que trabajarlo Benita.

JB.- ¿Pero usted tenía una tiendita o lo repartía...?
BG.- No, salía uno a venderlo en la cabeza ahí con esas cosas. Y el pan, pues había qué venderlo en la plaza, en las casas, según era la vida; sí, en la casa o en la plaza, donde fuera. Ora por ejemplo, panza raspada, iba y la vendía de casa en casa con aquellos solazos que hasta se veía que parpadeaba. Pero, bueno, se impone uno a todas esas cosas.
Y, bueno, ya viene la Revolución, y en la pobreza más dura el hambre, mucho más; yo me recuerdo que vienen los maderistas, que vienen los zapatistas, y entre los zapatistas tenía yo un hermano que se llamaba Rafael, y de seguro a él sí le gustaba la causa de los zapatistas, porque recuerdo que llegó con unos retratos grandes y le dijo mi hermana: "¿No sabes que te van a meter a la cárcel? A todos nos van a meter a la cárcel por traer los retratos". Eso, como yo me paraba a las tres de la mañana, oí que ellos discutieron a esa hora. Había que esconder los retratos y todo eso para que no se supiera de mi hermano... y se desaparecía. Él, pues andaba con los zapatistas. Luego regresaba otra vez con propaganda de Zapata y llegaba a la casa y mi hermana pues se la escondía, porque tenía ella que ir a la cárcel y nos quedábamos solos; y yo supongo que nomás ese hermano y yo nos interesó la cosa de la lucha, porque mis otros hermanos, no. Ellos en el campo; a ellos no les interesaba ni la tierra ni nada.

JB.- ¿Su hermano le contaba algo sobre Zapata?
BG.- A mi no. Yo oía sobre Zapata. Y yo recuerdo que eran unos óvalos,[5] así, porque yo los vi; pero no tenía el bigote tan grande Zapata, como ahora, que se lo ponen así. Y ha de haber sido muy jovencito seguramente, porque no tenía el bigote grandote. Allí fue cuando yo conocí a Zapata, pero pues así nada más, de momento.

JB.- Pero usted no llegó a verlo...
BG.- Personalmente, no

JB.- ¿Usted todavía estaba allá en San Jerónimo?
BG.- Cuando la revolución se fue otro hermano; ése sí se fue, pero no supe a qué partido; este, Luis, se fue a la Revolución, pero yo no recuerdo a qué partido se iría, porque además allí en el local teníamos a Silvestre Mariscal, al Ciruelo, Silvestre Ciruelo, Julián Radilla, que eran los valientes, que eran los que peleaban, eran surgidos de allí del pueblo y los conocíamos. Mariscal era de Atoyac, el Ciruelo del Arenal y Julián Blanco, me parece... para no errarle, no supe de dónde era, pero era de la región; y el otro Julián Radilla era de de allí de mi pueblo. Entonces el pueblo pues estaba a favor de todas estas gentes. Pero cuando entraba Zapata, pues había que recibir a Zapata; y que entraban los radillistas, recibir a Julián Radilla; que entraban los zapatistas, bueno, pues a esconderse todo mundo, ¡ya no hallaba uno para donde dar!

JB.- ¿Y estos cuatro a qué partido pertenecían, con quién estaban?
BG.- Pos eso es lo que yo no recuerdo. Los partidos aquellos con los que se enfrentaban, eso sí no se. Ora verá. Ciruelo, yo creo que Ciruelo andaba con Zapata, porque cuando entraban y gritaban, gritan así: "Ahí viene el Ciruelo. ¡Vivan los zapatistas!" Entonces supongo que sí era de Zapata, porque primero se anunciaba; y otras veces pues ya no lo oía yo, y a correr porque era de entrar a todas las casas. Aunque, pos ora verá, ¿quiénes podrían ser los contrarios?, ¿pues quiénes serían con los que pelearon? Nomás para no errarle pues no sabía; pero ya le digo, viene Zapata, viene hasta aquí.Los ricos pues tenían sus casas de adobe, porque no había ladrillo, y por ejemplo, a mi tía nunca la saqueaban. Era la rica, mi tía Antonia quedó todavía con dinero y a esa casa no la tocaban. Ahí los que alcanzaban a esconderse se escondían ahí, porque no pisaban la casa, y si no, a cerrar la puerta, y quedarse afuera quien se quedara; solamente que alcanzaran a correr y a defenderse, y se defendían. Otros pues tenían sus escondites, que hacían en huecos, y en fin. El que se salvó, se salvó.

JB.- ¿Y por qué no tocaban la casa de su tía?
BG.- Era muy querida, los Galeana ahí. Entonces a ella la querían mucho, los Galeana eran queridos, respetados en esa época, porque el pueblo no tenía que sentirse de la cacique, se puede decir; no era una cacique, era una gente... era médica, curaba.  Entonces, pues era muy respetada, la quería el pueblo, todo el mundo la quería, y no la tocaban.
Hubo una anécdota, que quién sabe, esa yo no la vi. Ella traía siempre pistola, en ese tiempo de la Revolución, y hubo un grupo que les decían los "verdes". "Pues que no se toca la casa de la señora Galeana". No sé, ¿quién andaría con los "verdes"? Era Novoa, me parece. Entonces el general de los verdes dijo que él iba a entrar a esa casa. Eso yo lo oí después entre la gente que hablaba. Entonces le mandó un propio diciéndole que quería que le hiciera un banquete, un banquete para tantas gentes, quién sabe qué; y le mandó a decir mi tía sí, que sí lo recibía, pero les dijo que su gente no entrara, que entrará él solamente, le dijo: "Su gente no entra", y eso fue una plática y entró y -pues es muy prosaico-, encontró en la mesa puras bacinicas y sus dos pistolas; y doña Antonia hizo banquete, pero no hizo comida, nada más puso en la mesa puras bacinicas. Así es que yo lo oía, no se si sería cierto o mentira. Porque ella tenía la casa esa, enorme, grande, y pues a todos los tenía armados, a la gente que tenía adentro, pues ella sabría qué tanta gente traería ese Novoa, (me parece que era Novoa, que decían Novoa "viene con los verdes").Entonces entraron los verdes y ya mi tía dijo: "Su gente no entra", y ya tenía ella armada a toda la gente, pa' que hubiera el combate. Ya no sé en que quedaron. Yo sé que eso fue una anécdota que el pueblo la contaba, que doña Antonia, que mando a poner eso a los verdes. Era muy bonito, y más se admiró la gente, más la querían al ver esas cosas que ella tenía, que su casa no fuera atropellada nada más porque entraran a su casa, había qué respetarla.

JB.- ¿De dónde venían los verdes? ¿De qué partido eran? ¿Quiénes eran los verdes?
BG.- No sé, no supe. Probablemente serían, pues del gobierno, a la mejor, pues ha de haber tenido también organizaciones, que los verdes y todo eso. Hasta ahí hay las anécdotas de esos momentos ya de mi niñez.

Ora después, pues ya viene la Revolución, en donde pues pronto se acabó; no fue ni tan pronto porque luego que “ay vienen los maderistas” y otro grupo de los que entraban, villeguistas, los villeguistas que entraron. Bueno, todo eso yo no se qué cosa sería, a qué pertenecían, o qué, no, nunca supe. Estaba muy chica, pos sí, nací en 7.

JB.- Tendría 3 años o 5...
BG.- Por ay así, pero esas cosas se le quedan a uno muy grabadas; en la niñez, la mente está muy avispada, como dicen en mi pueblo, y de allí saca el pueblo cosas muy hermosas y tanto se platican y hablan, y hasta que la hacen cierta, llega el momento en que es cierto, de que se posesiona la gente de que sí fue cierto:
- Yo lo vi.
- Pero, mujer, ¿y cómo lo viste?
- Pues, bueno, no lo vi yo, pero casi lo vi.
Y una cosa muy bonita que cuentan en el pueblo, cuentos por ejemplo, muy bonitos que me contaron en aquella época. Había una cuentista; a las 7 de la noche, ya estamos todos los niños listos para oír los cuentos preciosos. Allá tengo uno, "Clara", todavía no lo tengo hecho, lo voy a tener que hacer.

JB. ¿Y se va a publicar ahora?
BG.- Sí, narraciones, puros cuentos y cosas así, cosas que sí existieron, verídicas. Por ejemplo, Clara y su hermana son unas parientas mías. Eso es verídico, y otra cosa, María La Voz, que Juan de la Cabada hizo una película sobre María La Voz, porque yo le conté esto como en 1927 o 28, por ay así, le conté a Juan de la Cabada, le conté varios cuentos; uno "La Lagartera" que fue adonde él triunfó con ese cuento que hizo. Luego, el de "María La Voz", que también es verídico, también de la Revolución, y lo publicó en Paseo de Mentiras y luego lo hizo película, bueno, no él propiamente. Por cierto muy fea, realmente la deformó. Y ya de ahí él se va haciendo el cuento, hace sus cuentos, y a mí no me vino la idea por hacer un libro, ni porque él había escrito a mi lado; lo que hizo pos lo contaba yo y él lo escribía.
JB.- ¿No los escribía usted?
BG.- No, pos yo ni siquiera sabía leer y en esa época que yo le contaba a Juan de la Cabada, nada podía leer. Pero ya cuando hice yo mi libro, no lo hice con el fin de que fuera un libro, sino que le quedara al Partido Comunista alguna cosa de la mujer, mis recuerdos de luchadora, que quedara a la juventud, que quedara al pueblo ¿no? una cosa hecha.

Rumbo a la acción

JB.- ¿Usted cuándo salió de su pueblo?
BG.- Yo tendría doce años exactamente

JB.- ¿Y por qué se fue?
BG.- Bueno, me andaban queriendo casar con un señor viejo en mi casa; pues ahora entiendo yo las cosas de que ya la gente pobre, pues casa a la hija con un hombre rico. Y hubo una pelea muy bonita entre mi familia a machetazos y bueno, esas cosas, que son usadas en los pueblos. Me querían casar con el señor este. Entonces, pues yo le dije a una amiga que le escribiera a una hermana mía que me iban a casar con el viejo. Y por fin llega mi hermana, y que se arma la tremolina. De doce años, he de haber tenido doce, y a la pelea; pues por fin salí yo de mi pueblo, ganó mi hermana Guadalupe que estaba de mi parte, y los cuchillos se empezaron a tirar; nos salimos en un caballo, ya tenía mi hermana los caballos para echarnos a correr para evitar las heridas y todo eso que estuviera en los ánimos... Pero pues ganamos las dos y salimos a esa hora de San Jerónimo a Acapulco; ya eran las once o doce de la noche, por ai'. Así fue que me salvé de que me casaran con el viejito.

JB.- ¿Y luego qué hizo usted cuando salió de allí?
BG.- Bueno, me quedé viviendo con mi hermana allí en Acapulco; luego mi hermana se viene a México y a mí me deja con una pariente que era esposa de un diputado; ya llegué, y ahí fue donde llegué a tener un roce más o menos social. Ya llegué con mis parientes y ahí en la casa yo ya era una señorita, había criadas y todo, ya no tenía yo qué hacer. Ahí descansé, allí viví desahogada. Pero vienen los pleitos con mi prima por la cosa de quién era bonita y quién no era bonita y esas tonterías que se crían dentro de un hogar; aunque sean hermanas hay esas cosas. Ya de ahí, peleo otra vez con mi prima chica, casi de la misma edad, peleamos y que me voy de la casa a seguir. Ya de ahí tuve el fracaso con mi marido que me dejó una hija. "Pues ábrete camino a ver como tú puedas", y empecé a abrirme paso.

JB.- ¿Cuál fue su primer trabajo ya después de niña? Si, ya un poquito más grandecita, cuando se vino de Acapulco.
BG.- Pues yo seguía vendiendo. No había trabajo más que vender en el pueblo lo que el pueblo necesitaba. No había en aquella época en qué trabajar, así. No había con qué pagarse la mano de obra.

JB.- ¿Y en Acapulco también?
BG.- No. Al fin tengo una hija y "corre, Benita". Llegué a México, después de tanto rodar en la vida; llegué a México y me aclimaté en México, y a ver cómo me las arreglaba. Pues llego a México y aquí me tiene. Entré al Partido Comunista.

JB.- ¿Pero cuando llegó a México no empezó a trabajar en algo?
BG.- Pues, ¿en qué se trabajaba? No sabía yo en qué trabajar, si no sabía leer.

JB.- ¿Y entonces cómo fue que se le ocurrió entrar al Partido Comunista?
 BG.- Pues yo ya me había encontrado con un chofer aquí que fue mi amante.[6] Entonces él era ya comunista, ya cuando yo lo conocía ya era comunista. Pero no era cosa que dijera; yo por pura casualidad me enteré que era él comunista, porque se salía a las reuniones. Pero además, ¿yo qué sabía de reuniones ni de nada? Entonces él se salía y ahí me dejaba en la casa. Pero lo agarran preso. Ahí fue donde yo entro al Partido Comunista.

JB.- ¿Cuándo fue eso?
BG.- Puede haber sido, ora verá, como 29, entre 28 y 30.

JB.- Ya no estaba Calles en el poder...
BG.- Sí, era la época de Calles. No era Obregón, verdad? Matan a Obregón y se queda Calles.

JB.- Se quedó Calles detrás del telón porque estaba Portes Gil, luego Ortiz Rubio...
BG.- No, Ortiz Rubio viene después. Sí, estaba Portes Gil, pero luego era Calles. Después entró Calles y yo no sé si salió Portes Gil y entró Calles...

JB.- Salió Calles y entró Portes Gil; luego salió Portes Gil y entró Ortiz Rubio; salió Ortiz Rubio y entró Abelardo Rodríguez; salió Abelardo Rodríguez y entró Lázaro Cárdenas. Entonces esto fue aproximadamente en tiempos de Portes Gil.
BG.- Portes Gil, Calles y Abelardo Rodríguez, entre eso yo entré. Porque fui perseguida por Abelardo Rodríguez, por Portes Gil y Calles. Esos tres. Pero antes era de cuatro años la cosa presidencial. Bueno, pues ya a mi compañero lo cogieron preso, y pues no amaneció en la casa. Yo no sabía si estaba preso o no estaba, él no amaneció en la casa. Yo no sabía que estaba en la cárcel hasta que el Partido me va a ver y ya fue cuando me enteré que un Partido Comunista, y que tenía que hablar yo y que había que ir a defender, y que todas estas cosas. Pues ahí voy... Ya entré al Partido. Entonces, pos que había qué hablar para la protesta de mi marido; claro que me enseñaron a decir qué era lo que iba a decir. Por la Viga estaba esa... no sé si era una fábrica lo que había allí. Porque ellos antes de que yo entrara, visitaban las fábricas, o se hacía mitin en cada fábrica, frente a una fábrica, se hacían los mítines. Entonces ya me aconsejaron que fuera, me fueron diciendo todo lo que tenía que hablar: "Pues bueno, le voy a entrar" No se qué dije o no dije, pero yo me paré y hablé, y entonces, si quedé bien, quién sabe, o no quedé bien, yo no sé, yo hablé. Ya no me soltó el Partido Comunista. Ya llego al Partido Comunista, ya entro después que sale mi compañero. Tuve muchas dificultades para que él saliera, tuve muchas luchas para que él saliera y ya me quedé dentro.
JB.-¿Por qué lo habían aprehendido?
BG.- Por comunista.

JB.- ¿Pero lo habían cogido en un mitin o en alguna otra actividad?
BG.- Creo que pegando propaganda lo agarraron. Y ya entonces pues ya llego yo al Partido Comunista al fin, y pues oyendo y: "Tú habla, tú habla. Vas a hablar sobre esto, y vas a hablar", y pues ahí va Benita. Y realmente si hubiera tenido yo algo que hubiera yo estudiado, pues hubiera hecho algo, porque era miembro de fila.
Le digo que era yo chamaca, a pesar de que yo ya tenía una hija, pero me sentía niña. Nunca he madurado, hasta ahora, creo que todavía no he madurado.

JB.- Todavía no cumplía usted 22 años.
BG.- Pues en el 26, yo le calculo que he de haber tenido unos 15; en el 26, 27 28...

JB.- Si usted nació en el 7, tenía 20 años.
BG.- Veinte años ¿verdad? Sí, seguramente.

JB.- Entonces era la época en la que andaba en el Partido Comunista. 26, 27; de 19 a 20 años.
BG.- Sí, entré por ay así al Partido. Entonces, pues no maduraba como señora, igual que los chamacos. Yo nunca sentí que era una señora; no, yo me sentía como los chamacos y listo, entre ellos (José) Revueltas. Y era un grupo grande de muchachos que se agrupaban alrededor, alrededor y se fue creciendo, pues caían a la cárcel, pues caían conmigo, pues caían, bueno, pues caíamos. Y a llorar las madres porque tenían presos a los hijos. De ahí surgieron (Enrique) Ramírez y Ramírez, Revueltas, muchos que ya por la edad dejan de estar en el Partido por circunstancias; se casaban, pues ya las responsabilidades y todo eso mucha gente; otros pues ya se fueron al gobierno, se olvidaron del Partido y en fin, toda esta gente, hechuras de un Partido, porque se educaron dentro del Partido. Esa educación que tenían, que tenían que leer y dale y dale y dale, y se hicieron gentes, y ahora pues tenemos mucha gente que fueron hechuras del Partido y bueno, a buscar lana.

Recuerdo en la época de Calles, el aumento, la carestía de la vida, que habían subido los frijoles a seis centavos; era mucho pagar seis centavos. Luego la leche y todas esas cosas. La carestía de la vida ha sido, no ha podido bajar para atrás; al contrario se va haciendo hacia arriba. Entonces desde allí a las fábricas a decirles. Y llegábamos con los soldados, nos arremetían. Había una lucha muy fuerte dentro del Partido Comunista, sus miembros no teníamos miedo. No había por qué correr. El que era comunista tenía que ser comunista con todas sus consecuencias: a morir, o a salir herido, a salir todo. Esa era cosa del comunista que no podía decir: "Yo no voy", no porque los compañeros dirigentes nos dijeran: "Tienen que ir ustedes". Nosotros mismos éramos célula y nosotros nos imponíamos: si moríamos o no; quiénes morían o quiénes no; los que no quisieran pues que se salieran y se quedaran los que eran dizque valientes, eran los que iban. No había cobardes, porque había un grupito de que "sí, yo voy, yo voy, y yo voy", entonces los otros aunque tuvieran miedo iban, pero no porque se le exigiera a uno. Nosotros nos hacíamos responsables de los actos. Después, esto se llevaba al Comité Central, pero después que habíamos hecho nosotros lo que quisiéramos, ya se mandaba al comité.

JB.- O sea que había una gran autonomía para los miembros.
BG.- Exactamente.

JB.- Todos organizados en células y cada célula tenía una cierta tarea.
BG.- Una forma de trabajar, aunque después había un congreso adonde nos reuníamos, pero yo no sabía qué era lo que iba a hacer cierta célula ni esta, ni la otra; cada una actuaba de acuerdo con el momento en que se estaba viviendo. Sus demandas las hacía, las hacíamos fuera del comité central. El comité central se enteraba ya cuando las cosas estaban ya en marcha. Ya no había más remedio que organizar para la defensa de las células que ya estaban en peligro. Organizábamos mitins,[7] organizábamos manifestaciones. Y si no, pues los dirigentes, por ejemplo, Revueltas era el dirigente de mi célula.

Por ejemplo, orita llegábamos a ir, hoy nos toca junta de células. Muy bien; habíamos tenido algún encuentro con la policía, bueno o malo eso lo llevábamos. Yo exponía lo que yo había hecho, mi trabajo que yo había desarrollado, cada uno. Además los trabajos se criticaban; el trabajo de cada compañero, bueno o malo, se criticaba con todas sus consecuencias. Y si se decía: "No tuvo fallas el compañero", bueno, se le daba un voto de confianza; pero los que teníamos fallas, teníamos que ser criticados, y duramente.

JB.- ¿Sin imponerles sanción?
BG.- Si yo tenía la culpa por alguna cosa, si yo aventaba a la gente, a mí se me criticaba duramente. Que yo no hubiera hecho eso, no hubieran caído compañeros a la cárcel si yo no me aviento, y como siempre me aventaba pos siempre tenía críticas; pero casi siempre salía bien, bien librada, porque había quienes: "no, si no hubiera sido por Benita no se hubiera llevado a cabo esto" y "si no hubiera sido por ella pues como quiera nos hubieran hecho algo por acá". Entonces a mí me salvaban siempre de cualquier cosa, que realmente nunca hice una cosa de más. Es decir, algunas veces sí me criticaban duramente; pero no podía ser de otra manera; yo ya era así, era exaltada, veía las cosas que había qué hacer, había qué hacerlas porque no se podía esperar una orden del Partido. Y aunque lo tuviéramos ahí, teníamos que actuar para poder salvar alguna situación. Solamente así era como podía andar uno en las barricadas, era muy bonito por cierto; dejan muchos recuerdos las luchas más duras en donde no tiene uno qué comer ni en donde dormir. Eso lo fortalece a uno para luchar contra las injusticias.

JB.- ¿Entonces las células del Partido ya no funcionaron?
BG.- Sí, hasta la fecha siguen funcionando. Nunca se dejó de trabajar en células, jamás. Yo pertenecía a mi célula e iba yo a informar lo que pasaba. Y cada uno dentro de fábricas, lo que fuera, si estábamos en una misma célula, allí: "En mi fábrica pasó esto, y tenemos preparado esto, vamos a hacer esto". Yo llegaba: "Yo tengo mi plan, es éste y éste, si lo apoyan para que me den ayuda, para llevar a Correos mis proposiciones". Entonces cada uno teníamos que llevar nuestros planes de lucha a las células, para que las células discutieran, y eso se pasaba al comité central.

JB.- ¿Cuántas personas había en cada célula?
BG.- Bueno, ya la célula de nosotros era grande, pero cuando se organizaba, hasta de cinco podía ya ser una célula. De diez ya era una célula bastante buena.

JB.- Y entonces ¿cómo era el trabajo de las células en las fábricas? Sí, porque sus miembros no trabajaban ahí, no eran empleados o trabajadores de las fábricas, sino que llegaban de fuera.
BG.- No, de todos los centros de trabajo.

JB.- Por eso, pero la célula llegaba a la fábrica y empezaba a funcionar dentro de la fábrica, pero sin ser trabajadores de ahí dentro.
BG.- No, tenían que ser trabajadores.

JB.- ¿Tenían que ser trabajadores? Y entonces, sí usted no trabajaba ¿cómo llegaba ahí?
BG.- Debían ser trabajadores dentro de una fábrica. Yo no fui a la fábrica. Pero en cada fábrica había uno que venía a informar. Tenían que ser trabajadores, porque entonces no se podía entrar a trabajar.

JB.- Queríamos preguntarle acerca de la forma de trabajo con los obreros. Ya nos había hablado algo de cómo llegaban a las fábricas a trabajar con los obreros, cómo se creaban las células...
BG.- Las células de fábrica, con dos, con tres ya era una célula. Ellos se encargaban de hacerla más grande o más chiquita, desbaratarla o no, o crecer. Nunca se desbarató una célula dentro; teníamos "El Anfora" que era fuerte, los tranviarios, los chóferes, los desocupados, era una fuerza fuerte la de los desocupados, los teníamos organizados, la gente sin trabajo.

JB.- ¿En qué forma participaban?
BG.- Participábamos pidiendo trabajo para ellos, demandas inmediatas: fríjol, comida; los inviernos que se acercaban. Esas demandas que claro, no podía el Partido dar a todos, ¡si eran muchos desocupados! Los que podían acomodar los acomodaban, y si no las demandas del invierno que se acercaba, para esta gente que no tenía qué comer, que no tenía nada. Entonces se pedían demandas de fríjol, de arroz, de todo eso para el invierno, que lo pudieran pasar con cobijas. Y sí se lograba, se lograba por obra. Ellos, el trabajo era lo que les interesaba; alguno que otro, pues en las fábricas se acomodaban; las células de fábrica se encargaban de acuerdo con una orden que se diera y si había cómo meter a un compañero o dos o varios a una fábrica o a trabajar en algún lugar. Pero más no se podía hacer con los desocupados.

JB.- ¿Y cuántos sindicatos cree usted que dominaba el Partido Comunista en aquella época?
BG.- A ver si me acuerdo. Tenía el Frente Unido de Chóferes, Tranviarios, el Frente Unido de Chóferes del Volante, ése era muy fuerte, muy fuerte; Ebanisterías, Zapateros, Soldados, Agentes de la Policía; había generales también.

JB.- ¿Dentro del Partido Comunista? ¿Se acuerda de alguno?
BG.- Ah, bueno, pues, no le puedo dar el nombre. Sí, sí hay, vive todavía. Entonces, los generales tenían sus células, los soldados sus células; cada organismo dentro del Partido se iba a células. Ya cuando entré yo a trabajar a Correos, ya llevamos la rutina de la célula. ¿A trabajar en qué forma? Se trabajaba para hacerle ver a la gente que el fascismo se nos venía encima, que había que estar luchando. Se abandonaban los otros problemas que cada organización tenía para atender solamente la cosa fascista que se venía encima. Porque ya estábamos adentro, ya casi. Ya los chamacos traían la suástica en las chamarras. Bueno, tuvimos encuentros con "Los Dorados", porque ya estaban organizados como fascistas.
Ahora los tranviarios también, con los tranviarios era muy fuerte la cosa de los tranviarios, desempeñaron un papel importante los tranviarios. ¡Ah! si me acordara yo de tantas organizaciones.

BG.- ¿Y qué hicieron los tranviarios?
BG.- Pues también hacían sus huelgas, tenían sus demandas; bueno, eran miembros del Partido casi todos los tranviarios. Así que nomás dese cuenta, en aquella época eran los que hacían todo el recorrido de México; entonces eran muchos tranviarios. Camiones casi no había, uno que otro camión, y eso nomás el "Niño Perdido", desde esa época es ese camioncito "Niño Perdido”, de la Penitenciaría que me llevaban a veces en él, y sí, luego me acuerdo...

JB.- Los cargos...
BG.- Ahí sí. Los cargos eran muy respetados para los dirigentes del Partido. Entonces los que tenían cargos pues iban y venían, y el Partido los cuidaba mucho, cuidaba mucho a los que tenían cargos, y nosotros no podíamos dejarlos, sabíamos quiénes eran los que tenían cargo dentro del Partido, y si por alguna cosa los agarraban, nosotros sabíamos cómo los rescatábamos, pero los entregábamos al Partido. Todos sabíamos que el que tuviera cargo no podía caer a la cárcel. Entonces era una especie de mística que teníamos, realmente era una mística para todos los miembros del Partido; era una cosa que nomás para ir a las "pegas", teníamos que pagar así, porque encima la policía y como fuera tenían que amanecer las paredes pintadas para hacer cualquier demanda, o si había presos se pedía la libertad para los presos, o demandas que se necesitaban hacer.

JB.- ¿Cómo eran los seminarios o las conferencias que les daban a ustedes de adoctrinamiento, digamos, de divulgación del marxismo, de las doctrinas? ¿Quiénes daban esas conferencias?
BG.- Pues se nombraba a un compañero que fuera más capaz y tenía que llevar sus apuntes para que, de acuerdo con lo que en el Partido se daba, esas mismas conferencias se desarrollaran dentro del local donde se nos iba a dar las conferencias; se nombraba siempre a un compañero que fuera a dar una conferencia, pero en las conferencias, sí, un compañero salía, de acuerdo con todas las células. Se nos giraban estas instrucciones para ver si estábamos de acuerdo para que saliera el compañero a dar la conferencia; por ejemplo, mi célula estaba de acuerdo con que ese compañero diera la conferencia, diciendo "estamos de acuerdo", y así de todas las células, es decir, de abajo hacia arriba se actuaba antes. Ora en los congresos, en esos sí, llegan los dirigentes, el secretario general, lo siguen los demás, entonces sí, otro tipo de actuar del Partido. Entonces por ahí, de ahí es que el Partido se fortalecía, porque nosotros dábamos muchos acuerdos, las células.

JB.- Y luego, ¿en qué forma trabajaron con los campesinos? Porque con los obreros ya nos contó usted cómo formaban las células, pero, ¿y los campesinos que era una cosa más difícil porque estaban diseminados en el campo?
BG.- Nos metíamos al campo, íbamos al campo.

JB.- ¿Y que reacción tenían los campesinos?
BG.- Bueno, pues es como todo al principio. El Partido Comunista es un partido que "les va a quitar las tierras"; el Partido Comunista es " el que les quita todo y los deja en la calle", y a tener uno luchas con los mismos campesinos. Que lográbamos uno, pues qué bueno, ya hicimos uno, un miembro; ya se quedó trabajando dentro de eso, y esos mismos salían a otros ejidos. Así era, pero mientras, había que enviar de aquí de México grupos; unos para Chiapas, otros a Sonora, otros...; entonces se regaba la gente para andar haciendo contactos con los campesinos. Así era como se trabajaba. Por ejemplo, a mi me tocaba mi estado; eran doce pesos de camión los que pagaba y dos pesos para irme más pa' allá y otro peso pa' acá e irme a pie y así se caminaba. ¿Pero ahora? ¿Cómo hace el Partido para mandar a un miembro a un lugar si tiene que dar una cantidad fuerte de dinero para sostener ese compañero que anda?

JB.- ¿Y en el interior de la República, en dónde estaba fuerte el Partido en aquella época?
BG.- Bueno, pues no le podría decir. Mire. Teníamos Chiapas; Campeche era uno de los más fuertes; para acá, Sonora, Sinaloa, los que yo me acuerdo; es decir, en toda la República había la cosa. Otra vez había que pelear con los sinarquistas y preparar de todas maneras; el Partido en aquella época no descansaba, porque teníamos fascistas dentro del país, o los tenemos, más bien dicho, todavía. Pero teníamos a los sinarquistas, que también estaban cogiendo, o cogieron más fuerza; hubo un momento en que los sinarquistas cogieron más fuerza que el Partido Comunista. Se debilitaba el Partido porque, claro, éramos perseguidos, y el sinarquismo no era perseguido, ni ahorita.

JB.- ¿Y de dónde saca ahora el Partido sus fondos?
BG.- Ahora sí no sé. No sé nada sobre eso.

JB.- ¿Usted cree que recibe oro de Moscú?
BG.- Mire, los rusos no riegan su dinero. Eso téngalo por seguro. Viendo cuando ya toma fuerza Lenin para empezar las luchas duras allá en la Unión Soviética, menos podía dar ni un centavo. Por ejemplo, ayudar a Cuba, muy distinto. Pero como el gringo que "ay te va dinero" y a comprar gente, el ruso no hace eso, no te da un centavo, no tira su dinero porque es dinero del pueblo y no lo puede sacar. Adonde haya Partido Comunista, que se formen por su propio esfuerzo.

Al principio, no le puedo decir cómo se formó el Partido; sin embargo, por algunas cosas que he leído, algo por ahí de Mario Gill, era cuando Herón Proal en Veracruz, los Carrillo Puerto en Yucatán, los Escuderos en Acapulco, todos estos estaban luchando fuertemente dentro de sus estados. Entonces de ahí surge el Partido Comunista.

Así que con estas luchas de los compañeros nuestros aquí, se forma el Partido Comunista, de acuerdo con el triunfo de las fuerzas, ¿cómo se llaman? las fuerzas rojas, bueno, el partido bolchevique. De ahí nace el Partido Comunista en México, pero sin dirección; porque ora yo vi el mapa, ora que estuve en la Unión Soviética, vi el mapa de los lugares que mandaban de aquí, que mandaban ayuda a la Unión Soviética, no sé cómo. Entonces México está en lo último, y eso con un botoncito rojo, fue muy poquita la ayuda que mandó de los trabajadores a la Unión Soviética. De toda la República, de todo donde había comunistas, porque Marx, ustedes saben que los libros de Marx fueron los que fueron uniendo al pueblo[8]. Marx fue el que triunfa en todos los lugares por sus libros, con su literatura. Entonces leyendo en todos estos libros de Marx, así pienso yo que se formó el Partido Comunista, porque le digo, en la colita del mapa de todos los que ayudaron, México era solamente un botoncito rojo y uno verde, de la ayuda tan pequeña que recibió de México. ¿Qué ayuda sería? No sé en qué consistió la ayuda, pero tuvo ayuda de México para su lucha contra el zarismo.

JB.- ¿Y a qué otro país socialista fue? ¿Cuándo fue a la URSS?
 BG.- En 72, hace poquito.

JB.- Y antes no había salido?
BG.- No.

JB.- ¿Y a qué otro país fue?
BG.- Bueno, algunos países socialistas pero dentro de la Unión Soviética: Stalingrado, Leningrado... a Kiev no fui...JB.- ¿Y qué actitud tomó la base cuando se asiló a Trotsky?
BG.- Bueno, no se podía hacer nada porque el asilo se lo dio Cárdenas. Dentro de la base nuestra había troskistas; dentro de nuestro Partido había mucho trotskista. Se desenmascaraba algún trotskista e iba para afuera pero los que no se descubrían quedaban adentro. Entonces hubo un Partido Trotskista y el Comunista, como lo hay hasta ahorita. Y lo mismo puede hablar el trotskista en cualquier periódico, en cualquiera cosa de ésas, propaganda, habla igual que el Partido y cualquiera se puede desorientar. Sí estaba desorientada yo adentro, peleando por que no se sacaran a los muchachos, porque ¿qué era el trotskismo? Si hablaban igual que el Partido. Yo no podía saber cómo era, qué era el trotskista y que cosa era el comunista, porque hablan igual que los del Partido. Hasta después tuvo su partido Trotsky, y hubo el Partido Trotskista y el Partido Comunista.

JB.- ¿Quiere decir que se dividió el Partido?
BG.- Pues no.

JB.- ¿Se creó otro?
BG.- Se creó uno, entre los estudiantes hicieron un Partido, pues yo he alcanzado a oír, pero yo no sé francamente si es cierto, pero he oído por ai, que Revueltas -ahora que murió, ahora sería menos para mí hablar cosas de él-, pero que andaba con los trotskistas; pero son dichos de la gente. Y así, la cosa trotskista pues no afectó mucho al Partido; la estancia de Trotsky, bueno, pues lo tenían ahí guardado. Se hizo su Partido Trotskista y hasta ahí. Todavía existe, creo, parece que está fuerte el trotskismo, que ha agarrado fuerza.

JB.- ¿Y usted qué pensaba de Stalin?
GB.- Ah, no, pos la cosa de Stalin hasta ahorita no puedo dejar de creer en él, porque a mí me tocó la cosa staliniana. Era un gran estadista, un gran hombre; ahora, cuando gana la guerra pues más. Hasta ahí puedo decir de Stalin, que fue un gran hombre, estando lejos de alla ¿no? Allá me toco ir a su tumba. Ya lo tienen allá donde están todos los héroes, allí en el Kremlin, por ahí está en el Kremlin. Vino la división cuando a Stalin lo discriminaron, entonces también vino la división.

JB.- ... en el PC de aquí...
BG.- Sí, el de aquí se dividió; unos con Stalin..., y los otros que seguían allá, stalinistas y leninistas. Así que sí hubo una división, quienes queríamos mucho a Stalin: "No, yo tengo a mi Stalin y tengo a Lenin, y qué caray!" Los dos lucharon por una vida mejor para los trabajadores de las repúblicas. Entonces allá ellos, si mató o no haya matado, hasta yo puedo, un día de esos que tenga yo un enemigo que realmente le vaya a hacer daño al Partido, pos me lo echo, ¡pos pa' qué lo espero! ¡Eso que ni qué!

JB.- ¿Usted tuvo algunos cargos de mayor importancia en el Partido?
BG.-No. Lo más que tuve de importancia eran las finanzas, solamente las finanzas.

JB.- ¿De todo el Partido?
BG.- Sí, de los miembros del Partido, tuve las finanzas.

JB.- ¿Y cómo eran las finanzas? Es decir, ¿de dónde obtenía dinero el PC?
BG.- Nosotros pagábamos las cuotas.

JB.- Todo el mundo pagaba sus cuotas. ¿Cuánto pagaban?
BG.- Sería un peso, cincuenta centavos.

JB.- ¿Cada cuánto tiempo?
BG.- Cada mes; había que tener las finanzas. Entonces ése fue el cargo que tuve dentro del Partido. Lo demás a mí nunca me gustaba; nunca quise estar adentro de ningún puesto sino ser siempre de base. Nada me gustaba, a mí me gustaba pelear: "No puede entrar Fulana porque tiene un cargo".
Sí tuve otro cargo. Me parece que Revueltas salió, era el jefe de nuestra célula y lo mandaron fuera a él, y entonces me quede yo de responsable, mientras él regresaba a la célula. Y así salía uno y había un responsable que se quedaba en la célula. Antes se me confiaban muchas cosas ¿verdad?

JB.- ¿Cómo por ejemplo qué?
BG.- Bueno, dirigir fábricas, poner la bandera, organizar las huelgas; esas cosas y otras me dio el Partido, me las confiaban, porque seguro sabían que yo lo tenía qué hacer.

JB.- ¿En qué huelga participó? ¿En alguna importante?
 BG.- Sí, mire. Participé en la huelga más importante que fue la de los camioneros de Tacuba. Fue una huelga muy, muy importante, porque se organizaron todos, todos los chóferes.
 JB.- ¿En qué año fue la huelga de camioneros?
BG.- ¿La huelga de camioneros? Orita le digo, en 34 ó 33 fue la huelga de camioneros.

JB.- ¿Cuales son algunas luchas especiales en las que haya participado? ¿Con qué motivo? ¿Una huelga o una manifestación? ¿Cuáles recuerda usted?
BG.- Bueno, sobre todo cuando se iban a poner las banderas, a mí se me encargaba ese trabajo.

JB.- ¿Las banderas de huelga?
BG.- Sí, las banderas de huelga. Una que otra vez tuve una en donde tuve tanto pánico... Eran los ebanistas, se tenían que ir a la huelga de brazos caídos, dentro de su fábrica; entonces había que poner la bandera porque ya el patrón ya había mandado a traer policías para vigilar que no se pusiera la bandera. Entonces tenía que haber compañeros dentro de la fábrica; ese trabajo no se me olvida porque tenía yo un pánico terrible, tantos compañeros adentro de la fábrica para hacer la huelga de brazos caídos; los de afuera para luchar con la policía, con el patrón, en fin, todo eso. A mí me tocó en una pieza. "Tú te tienes que ir a tal lado", a la dirección que me dieron. Ahí tienen que llegar los compañeros: conté noventa compañeros hombres, yo nomás de mujer. Fue ahí que me entró el pánico este de la delicadeza de la mujer, que pudiera algún compañero exaltarse de ver a una mujer ahí adentro. Entonces en ese medio me cogió mucho, mucho pánico. Y pues yo les platicaba así; yo tenía esta idea en la cabeza que algún compañero pudiera hacer algún escándalo ahí por estar yo sola; pero en realidad no, yo los veía a todos que estaban calmados. Entonces teníamos que salir a las cuatro de la mañana a la huelga, a poner la bandera. Eran noventa compañeros y yo sola adentro; y ya no podía pensar más que en esa cosa, a qué horas sería yo atacada por alguno de ellos, al fin y al cabo son trabajadores y sin tener la cosa política...; era primera vez que se estaban ellos organizando. Pues ya eran como las doce, una de la mañana cuando oí que un compañero de ellos dijo: "oh, hay que hacer guardia, nombrar una guardia". Ya allá ellos se pusieron de acuerdo. "Tú, tú y tú, y la compañera Benita se acuesta en una mesa y tú, y tú y tú te haces responsable". En eso fue cuando yo reaccioné y me di cuenta que yo estaba dentro de gentes responsables, que no eran bestias ni nada de eso; pero mientras, tuve mucho susto. "Entonces, compañera, se acuesta", me tendieron mi cobija, pero pos de todas maneras no iba a dormir, porque las guardias estaban hechas para mí; yo en una mesa y ellos haciendo las guardias para que yo durmiera un poquito, porque nos esperábamos una lucha muy dura. Ya como a las tres y media de la mañana, me senté:

 Compañeros, ¿listos?
- Sí, ya estamos listos, compañeros.
Por el Carmen fue todo, y de ahí a pie todos hasta llegar por Pino. Yo adelante, con noventa hombres; regar los hombres para ver dónde estaba la policía. Pero nos tocó suerte porque llegamos a las cinco de la mañana y la policía creyó que ya no íbamos a llegar. Pues llegamos a la cinco de la mañana y pusimos la bandera; ahí se nombran las comisiones, quiénes van a enfrentarse con la policía pues, porque tenía que llegar. Efectivamente a las siete de la mañana llega la policía a querer quitar la bandera y desbaratarla, pero no. Yo me puse en la puerta que tenía la bandera y les empecé a hablar: "Compañeros, el pan de sus hijos, el de los compañeros que están adentro, ¡Camaradas!..." Yo ya estaba desesperada porque ya nos había rodeado la policía, pero llegó el refuerzo del Partido ya entradas las ocho de la mañana. Claro que nos agarraron a algunos, a algunos nos agarraron, y entre esos pues a mí también; era la que más tenía conocimientos de base, y todas esas cosas. Entonces la policía: "Agarrando a Benita, desbaratan la causa". Pero me agarran a mí, y en eso entró Revueltas, entró Delio Badillo como refuerzo. Ya nosotros caímos presos, como unos ocho o diez, pero se triunfó con esa huelga.

JB.- ¿En qué negociación era?
BG.- Era una ebanistería. Ahí en las calles del Carmen, ahí nos reunimos y caminamos desde el Carmen a pie, atravesar la Alameda hasta llegar a Pino, que allá nos tocaba poner la bandera, y ponerme al frente de los trabajadores. De todas maneras, las barricadas era lo que a mí me gustaba:
- que vaya allá,
- no, a mí no me pongan para nada en otro lado, si yo estoy feliz aquí.
Esa era mi vocación, estar ahí adentro. Nosotros decíamos así:
- A ti te gusta andar en la barricada.
- A ti te gusta porque ahí te agarras con la policía, a ti te gusta para exhibirte.
Y bueno, esas cosas... Pero casi a la mayoría de los trabajadores nos gustaba andar allá. "Allá póngales puestos a otros, a nosotros no nos dejen".

Hay una cosa de Revueltas que no la digo en mi libro; el 16 de septiembre hicimos una manifestación y ahí tenía Bocker[9] ondeando la bandera fascista. Ellos eran fascistas, estaban por Hitler. Entonces ondeaba una bandera fascista, pero enorme, allá arriba de su edificio; pero había que bajarla y había que tirarla, y a ver ¿cómo? Y se le ocurrió a Revueltas hacer escalerita. Y unos, pesados, y otros, pues que no (querían). Yo era muy ligerita, delgadita, a ver si me atrevía a llegarle, porque fíjese: el asta era grande, luego la bandera, pues también pesada para mí, pero tenía que llevarme la bandera, yo no sé cómo. El hecho es de que logré llegar a las marquesinas de la casa Bocker y pues ay me subí y ¡a bajar la bandera!; pues la desamarré y cayó. No la cogí porque estaba muy pesada y hasta me mataba. La desamarré y ta, ta, ta... y cayó; hicieron otra escalera de gente y bajaron aquello. Pero yo estando arriba, y éstos quemando la bandera y yo arriba, no había quien me bajara, ni cómo. Pero ahora la bajada, era lo más difícil. Porque por más que gritaba, pues ¿quién me hacía caso! Y pues yo allá arriba llorando, ya de que me iban a dejar allá arriba... Yo ahí ya tenía miedo de que me dejaran allá arriba. No, pues después se acordaron, -no recuerdo quién-, bueno, entre los muchachos se acordaron de que yo les gritaba. Alguien gritó: "Allá está Benita arriba". Ora para bajarme, pos más difícil, porque para la subida yo me agarré de la marquesina; se me iba enterrando en esto de aquí el hierro de la marquesina, se me enterraba, y sentía que el hígado se me había pegado, y ya la respiración me faltaba, ¡pues así me brinqué la marquesina! Pues ya fueron a traer un camionzote de esos grandototes, y ya por una cuerda me bajaron. Pero ¡uh! la fiesta en quemar la bandera.

JB.- Se perdió usted la fiesta...
BG.- Sí, me la perdí. Y habría sí, que volver otra vez por cosas que me recuerdo de esas.

JB.- ¿Y durante Calles, cómo fue la vida del Partido? ¿Se desarrolló libremente con Calles?
BG.- Con Calles, no, libremente no. Éramos perseguidos con Calles. Las persecuciones de aquella época se consideraban tan duras, tan fuertes; pero el Partido Comunista tenía guardias de asalto, que éramos los de base, en donde podíamos pelear. Además estábamos bien entrenados para la policía, a pelear con la policía. El que caía, bueno, caía porque le tocaba, pero nosotros estábamos bien entrenados para un momento dado.
Pero no vamos a comparar ahora lo que tenemos; lo que tenía Calles era cosa blanca. La policía era blanca; todavía tenía decencia. Tenían que actuar, porque tenían que actuar. Pero dentro de esa actuación, nosotros entendemos que la policía era noble todavía. Ah, bueno, nos matábamos, nos agarrábamos, y ellos tenían que cumplir; pero en realidad, no los comparamos con la fuerza que tiene ahora, entrenada para asesinar; puro asesino, pura gente sin corazón. Y entonces asesinan y cometen errores. Entonces no; se puede decir que la persecución era fuerte en ese momento, pero no lo vamos a comparar con lo de ahora; teníamos una policía mejor. A mi ya me conocían; yo muchas veces caí: "Bueno, adónde la agarraron?" "Pues con los estudiantes" Los estudiantes eran respetados. Los agarraban presos, pero en cuanto Calles se daba cuenta que eran estudiantes, fíjese, vamos a partir de ahí, ¿verdad que era muy distinto el tipo de ahora? "¿Son estudiantes? Van para afuera los estudiantes". Y entre esos iba yo, que no sabía yo ni leer ni nada. Yo era estudiante, me agarraban con los estudiantes. Entonces había un respeto enorme para el estudiantado, aunque el estudiante saliera a la calle. ¿Cómo vamos a entender a partir de ese momento la cosa de Calles, siendo un feroz para aquellos momentos? Pero tantos estudiantes están presos, tantos estudiantes iban a la calle. No quedaba uno preso: tenía respeto por el estudiantado. Ahora no. Ahora parejitos niños, mujeres y estudiantes, con toda la crueldad los agarran. Entonces se los llevaban en el camión...

JB.- ¿La policía no tenía sus carros? ¿O por qué la llevaban en el camión?
BG.- Eran otros; eran las julias, destapadas, no como ahora las hay, pero ¡cuándo! Saltaba, me les brincaba y a veces se hacían tarugos, por eso digo, eran de tipo más humanitario, tenían más humanidad. Y dizque yo iba allá, los compañeros los iban entreteniendo para que yo pues en una parada de esas, ¡vámonos!
- ¿Y Benita?
- Pos se nos fue, ni la vimos siquiera.
Se hacían guajes. Además era poca la policía, no como ahora, y ellos se hacían: "Pos que se vaya Benita", hasta les pedía esquina, les pedíamos la esquina, y les hacíamos bromas a la policía de eso, y me parecía que no eran sanguinarios.

JB.- A lo mejor ya eran amigos de ustedes...
BG.- Bueno, teníamos policías dentro del Partido, claro, claro. A la mejor todavía hay.

JB.- Pero los policías dentro del Partido, eran militantes, ¿verdad? no espías.
BG.- Pudiera haber uno que otro, para eso ni duda que no habría, sí había.  Y lo mismo había en la policía.
 
JB.- ¿Usted se acuerda de la Confederación Sindical Unitaria de México del Partido Comunista? ¿Cuándo se fundó?
BG.- La Unitaria, como en 28 se ha de haber formado...

JB.- En 29...
BG.- Como en 29.

JB.- ¿Y quiénes eran sus miembros? ¿Usted se acuerda quiénes la fundaron, quiénes eran los líderes de la Confederación?
BG.- Entre ellos participaban los chóferes, pero los líderes pues eran miembros del Partido Comunista, los de la Confederación Unitaria.

JB.- ¿No había un líder muy especial, muy conocido?
BG.- Pues sería, acordarme sobre eso, sería pues...

La era dorada de Cárdenas

Esa fue la realidad; luego vino Cárdenas. No, ya con la cosa de Cárdenas, la cosa se le da más holgura, se le da rienda suelta al proletariado, que estaba organizando.

JB.- ¿Pero el Partido Comunista había tachado el plan sexenal de Cárdenas de fascista?
BG.- No, no era fascista. En la Unión Soviética se había dado por primer vez el plan quinquenal. Entonces Cárdenas cogió como muestra aquello para llevarlo a cabo aquí. Pero claro que todavía no se sabía que Cárdenas era un Cárdenas como lo fue. Entonces, pues había choques entre lo que Cárdenas decía y lo que el Partido Comunista le hacía ver que no, que era una cosa que no se llevaría a cabo. Todavía no se creía en Cárdenas, más bien dicho, en esa época cuando él comenzó el poder, el Plan Sexenal aquí en México, no sabíamos si realmente Cárdenas era una gente, pues no de izquierda, pero al menos que era bastante liberal. Después ya seguramente él cogió ya la línea de izquierda a su manera. Esa es la cosa.

JB.- ¿Y por qué después el Partido Comunista apoyó a Cárdenas?
BG.- Bueno, ya se apoya a Cárdenas porque ya Cárdenas empieza a dar color. La salida de Calles, esa fue una alegría para el Partido, porque se creía que Calles iba a manejar a Cárdenas. Pero ya cuando lo saca de aquí de México, entonces ya hacen las paces con Cárdenas y aprueban todos sus planes y el Partido Comunista también, ayudar pues a la política de Cárdenas. Esa era la situación.

Cárdenas empezó a darle todo al pueblo. ¿Esto?, "Ay, está", ¿Esto? "Ay esta", todo le dio. Entonces, ¿qué decían los comunistas?: "Bueno, pos ya, ya, tenemos todo, nos dan todo", es decir no interesó al pueblo a que hiciera una lucha, como se debería de haber seguido, como la línea que llevaba. Desbarató con todo dar. Es mi modo de pensar.

JB.- Entonces trabajaban ustedes algo con la CGOCM de Lombardo... ¿o no?
BG.- Pues mire qué había: Lombardo tuvo una actitud en aquella época, que el Partido y Lombardo se estiraban y se encogían. Había un violín, o ¿cómo se llama? un acordeón, de que al ratito ya se peleaba con Lombardo y al rato pos ya otra vez le dábamos fuerza a Lombardo, y ya íbamos a apoyar a Lombardo, y al rato pos que no. No, pero al principio Lombardo tenía, cómo se dice, grupos de asalto, había grupos de asalto en las fábricas, así que cuando llegaban los comunistas a hacer un mitin había que apedrearlos.

JB.- ¿A los lombardistas?
BG.- No, a los comunistas.

JB.- Ah, de parte de Lombardo...
BG.- De parte de Lombardo apedrear a los comunistas. Y se armaban unas trifulcas, unas pedradizas, y a correr, y bueno...; pero los comunistas siempre estábamos ahí, a pesar de las pedradas y todo eso. Después vino unas pláticas con Lombardo y se acabó la cosa de las pedrizas, ya no nos preocupaba de ir a la fábrica, porque el foco de nosotros eran las fábricas; llegar a hablarles a los obreros, explicarles la situación.

JB.- ¿Por qué se pelearon con Lombardo?
BG.- Bueno, ya ésas eran cosas de dirigentes. Ya los pleitos no había...; en esa época era (Dionisio) Encina el Secretario General y yo no sé si había complejos de parte de Encina ante Lombardo. El hecho es de que ellos se llevaban y el hecho es de que se volvían a pelear. Siempre estaban peleando, siempre había distanciamiento entre ellos, entre Lombardo y el Partido y finalmente ya Lombardo ya hace su Partido pues que ahora es el PPS.

JB.- Bueno, pero eso fue ya bastante después. En aquella época fundaron la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la CGOCM; y luego llegaron el Partido Comunista y los electricistas al Comité Nacional de Defensa Proletaria. Entonces ¿ahí fue donde se acercaron el PC y Lombardo?
BG.- Lombardo Toledano también entraba en acomodarse él en componendas con los dirigentes del Partido; llegaba Lombardo y "que vamos a hacer esto". Bueno, pues se le daba fuerza a Lombardo Toledano, y pues ellos se entendían, los dirigentes. Y ahí íbamos nosotros dentro de todo eso. Por ejemplo, pues yo veía que iba minando el Partido Comunista, que se iba minando entre tanto que se pelea con Lombardo. Al rato, ya no, ya volvemos otra vez con Lombardo y ahora sí, también otra minada.

JB.- ¿Cómo fue que Lombardo y los comunistas finalmente lograron algún acercamiento?
BG.- Bueno, ya era la cosa de dirigentes. Ya hubo la cosa de dirigentes, de dirigencia.

JB.- ¿Sabe de quién no nos ha hablado? De Morones. ¿Usted se acuerda de algo de Morones?

BG.- Si, fíjese que él fue el primero que tuvo, que hizo su sindicato, la CROM; pero había dentro gentes nuestras incrustadas ahí con Morones, con la CROM y también con ellos peleamos, y también pedía fuerzas la CROM, pedía fuerzas para defender que no llegaran los comunistas a hacer mítines. Y Morones lo mismo estaba al servicio del gobierno; Morones vivió siempre al servicio del gobierno, así fue su actuación de él, tenía su sindicato fuerte, tenía un sindicato fuerte, y a pelear:

- Pos que ora nos vamos a ir a la fábrica donde hay puros moronistas.
- ¡Cuídense!, porque también tenía sus guardias de asalto, pero lográbamos hacer algunas cosas dentro de la organización de Morones.
Morones vino perdiendo fuerza allá en una época, cuando ya agarró fuerza Lombardo. Incluso la CROM se fundó con los Escuderos de Acapulco, acá con Carrillo Puerto, Herón Proal en Veracruz; ellos fueron los que fundaron esa organización, la CROM. Después la CROM ya dejó de ser revolucionaria, ya después, pues ya hubo el cambio según el color que se iba dando, pero se iba acabando.

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