CUADERNOS DE EDUCACIÓN SINDICAL # 83

COMUNICACIÓN Y PODER (II)*

 
   

 

   
     


Del desafuero (que no hubo) a la
“Ley Televisa” (PRIAN)

Los artículos que aparecen en esta edición fueron publicados en el periódico Unión, del STUNAM, durante las semanas en que se debatieron las argucias y sinrazones del presunto “desafuero” al entonces Jefe de Gobierno del D.F., Andrés Manuel López Obrador. Como recordaremos, la alianza PRI-PAN (el PRIAN) votó en masa por dicho desafuero, pero al cabo el presidente Fox tuvo que dar marcha atrás al intento de suprimir los derechos políticos y electorales de AMLO.

También se incluye un breve ensayo que apareció en el número 8 de la revista Foro Universitario, igualmente editada por el STUNAM, sobre la recién aprobada “Ley Televisa” (y su vinculación con la dictadura mediática de Berlusconi en Italia), votada al vapor por los diputados y contra viento y marea por los senadores, y publicada en tiempo récord por el gobierno foxiano.

Al llegar al tramo final del foxismo encontramos una campaña electoral de Estado dirigida a la imposición del candidato presidencial panista, mediante una avalancha de espots televisivos gubernamentales, además de la fobia personal de Fox contra López Obrador, así como las promotoras de la SEDESOL repartiendo favores oficiales a cambio de credenciales de elector y la “propaganda negra” panista identificando al Peje con el presidente Chávez, de Venezuela.

Para aceitar esta guerra de marketing mediático fue que el PRIAN aprobó la reputada ‘Ley Televisa” a favor del duopolio televisivo —abriendo la instauración de una “telecracia”, de una “mediocracia” que desplace a los poderes democráticos elegidos—, que les entrega las nuevas frecuencias digitales de Internet y telefonía celular en lugar de asignarlas a centros comunitarios y de educación superior.

Aunque en el primer debate el candidato Calderón se lanzó a la yugular de Madrazo, dejándolo tirado por sus impuestos no pagados, falta todavía ver la respuesta de los trabajadores en el flamante FNUAS contra la represión sangrienta y la intromisión de las autoridades en la vida de los sindicatos. Más allá de espots y “propaganda negra”, falta el voto electivo de las mayorías asalariadas y populares.

Mayo, 2006

El escándalo político como transición transada
(o “en este gobierno no pasa nada”)

Con los escándalos políticos, reflejados a través del gran magnavoz audiovisual que es la televisión, culmina la “transición transada” del gobierno del “cambio”foxista, donde “no pasa nada”. En realidad, con la PGR como su perro de presa, el creel-foxismo encarrerado al cambio presidencial de 2006 puso en juego el “no-complot’ contra el PRD y su presunto candidato López Obrador, a través de un juego de intrigas cortesanas del más claro sabor marista-jesuítico (léase Instituto México-Universidad Iberoamericana).

Para ello, con las oportunas filtraciones y “hallazgos” de cintas de video en las puertas de los canales de TV, el Estado Mayor compuesto por Gobernación y el aparato judicial de la PGR ha aprovechado una tendencia existente en los medios de comunicación masiva a finales del siglo XX: la predilección por el escándalo político.

Como recordaremos, a mediados de los años 90 los medios de comunicación estadounidenses, -y por rebote los del resto del mundo, dieron una muy amplia cobertura a un hecho sucedido en la Casa Blanca: el caso Mónica Lewinsky-Bill Clinton.

Según los analistas, el aumento de los escándalos políticos tiene correspondencia con las transformaciones provocadas por los medios de comunicación, los cuales modifican la naturaleza de la visibilidad y han alterado las relaciones entre la esfera privada y la pública. Así, el incremento del escándalo se vuelve un acontecimiento mediático; se impone en la agenda pública el predominio del escándalo político y sexual en la esfera del poder; se examina la vida privada en el ámbito público.

Con el desarrollo de las sociedades modernas, la naturaleza, el alcance y las consecuencias de los escándalos han variado en algunos aspectos. Y uno de los aspectos en que han cambiado se relaciona con el hecho de encontrarse cada vez más vinculados a formas de comunicación mediata y masiva.

A partir de este fenómeno, en los años recientes vemos imponerse la modalidad del “escándalo mediático” en nuestra vida política, y se trata de escándalos que difieren de los habituales y locales y cuyas consecuencias tienen un alcance completamente diferente. Incluso los que parecerían escándalos locales, como los linchamientos en Tláhuac, por vía de los medios cobraron alcances nacionales y permitieron poner cabezas en la guillotina.

En ese sentido, la estrategia derechista del PAN y del clero soterrado (vestido de civil en Bucareli) parece estar ganándole la batalla de los medios y del predominio sobre la opinión pública a la izquierda (teniendo como aliado a otro “izquierdista” empanizado-: el PRI de Madrazo y compañía).

Se dice que los escándalos mediáticos no son simples escándalos reflejados en los medios y cuya existencia sea independiente de esos medios: son provocados, de modos diversos, por las propias formas de la comunicación mediática, con la evidente complicidad de aquellas dependencias gubernamentales que tienen injerencia en los medios, como ha sido la antañosa RTC (Radio, Televisión y Cine) y la todavía flamante subsecretaría de Comunicación Social de Gobernación, creada en tiempos de Zedillo.

Una de las razones por las cuales los escándalos sexuales (o de dinero o de leguleyos) tienen la capacidad potencial de producir perjuicios a las figuras políticas, a sus partidos y a los gobiernos de los que forman parte, es la vinculada con el factor de la hipocresía, y pueden ser perjudiciales porque seguramente ocasionan conflictos de interés.

Una de las conclusiones a las que se arriba en estos análisis es que el escándalo está profundamente arraigado en nuestras tradiciones históricas —desde el virreinato— e íntimamente entrelazado con el desarrollo de las formas de la comunicación mediática. Un desarrollo que ha cambiado la naturaleza de ámbito público y que ha transformado los límites existentes entre las esferas pública y privada.

El escándalo político no es, así, una simple mirada frívola sobre la vida privada de personajes públicos en las sociedades modernas. Sino que revela las intrigantes interacciones entre los medios de comunicación y los actores políticos, desde una perspectiva sociológica que han magnificado los medios con un sentido mercantil.

Desde el caso Profumo, en Inglaterra, hasta los concursos de televisión amañados, desde el Watergate al asunto Clinton-Lewinsky, los escándalos se convierten en un aspecto fundamental de la vida política moderna. Al diluirse la línea divisora entre lo público y lo privado en la cobertura de los políticos, éstos se han convertido en presas de caza legítima para informar sobre delitos menores que solían ser ignorados.

En el caso de México, su utilización por el creel foxismo manifiesta no sólo la intrusión creciente de los me dios en los asuntos públicos, en la agenda política, sino también la inexistencia de un verdadero proyecto político democrático por parte del gobierno actual y su necesidad de acudir a los viejos recursos de la intriga cortesana-clerical para resolver su incapacidad de mantenerse en el poder. En realidad, se convierten en la mano del gato para sacarle las castañas del fuego al gato priista jurásico, que se prepara para ejercer de nuevo el monopolio político... ¿por otros 70 años?

La “marranada” de Fox...
(o cómo hacerle el trabajo sucio al PRI)

El desafuero, la triquiñuela leguleya-inquisitorial del dúo Fox Creel para expulsar de la próxima jugada presidencial al Jefe de Gobierno capitalino, tiende a constituir un nuevo episodio de la imposición de los partidos sobre la voluntad de los ciudadanos. No importa cómo hayan votado éstos: el pri-panismo establece una alianza “non-sancta” para eliminar a su principal competidor en la sucesión presidencial; aunque, en realidad, el TUCEP (Todos Unidos Contra El Peje) servirá para entregar el poder político en charola nuevamente al PAl, a través del desprestigio y la posible vio lencia social patrocinada por el PAN.

Cada vez es más claro en México que la vida política y la democracia se han desvirtuado a favor de la dominación de los partidos y sus dirigencias por encima de la decisión de a mayoría. Sólo así se explica que pueda utilizarse un mecanismo extraído de nuestro pasado virreinal, como era la invalidación y el despojo absoluto de algún personaje mediante el “juicio irrevocable y secreto” de la Santa Inquisición. Así, el complot “inexistente”, la troika Gobernación (CISEN)-PGR-Suprema Corte se complementa con la “partidocracia” (PAN, PRI, Verde y demás corifeos) para burlar el voto ciudadano e imponer lo que el politólogo neomarxista Klaus Offe llama consenso impuesto o “lealtad pasiva”.

Una situación de consenso impuesto se funda en la ruptura de lazos entre la vida social y la política, una vez que se han abierto grandes brechas de desconfianza hacia el sistema político. Esta situación muestra hasta qué punto aparece como una rutina insuperable del sistema político la incapacidad de la acción social para modificar decisivamente la política institucional, el poder de los partidos; hasta qué punto la voluntad política puede expresarse mediante el voto pero no mediante la acción ciudadana; y expresa mejor que ninguna otra cómo la privatización ciudadana y la despolitización son altamente funcionales para el sistema (o, más bien, para el regreso de la “bestia negra”: el PRI de Madrazo).

Puesto que no es posible suponer que los ciudadanos se sientan normalmente obligados a someterse a decisiones que han sido tomadas en su nombre, pero no por ellos —dice Offe—, se hace precisa la amenaza de sanciones con el fin de forzarles a hacer aquello que la ley exige. De esta manera, la voluntad empírica de los ciudadanos es puesta entre paréntesis y se ve neutralizada por la inserción de mecanismos representativos y por el monopolio estatal de la violencia. Esta neutralización afecta tanto a la función activa (participativa) de la voluntad empírica, como a su función negativa (sumisión).

Las rutinas y la amenaza coercitiva a los que alude Offe, son, sin duda, instrumentos fundamentales en la creación de esa lealtad pasiva. Pero las situaciones de crisis muestran también los límites de la capacidad de integración ideológica de la democracia representativa, cuando ésta se coagula en la partidocracia, y precisan en forma mayor de mecanismos exteriores a ella para garantizarla. ¿Está incapacitado el pueblo mexicano para acudir a los mecanismos de regularización democrática que la propia Constitución Política le ofrece —como la desobediencia ante el poder arbitrario?

Vivimos momentos cruciales y dramáticos para id vida social y política de nuestro país. ¿Retrocederemos 30 años, a los tiempos de la guerra sucia” y del genocidio “no retroactivo”, a través del consenso impuesto por los partidos sobre la voluntad ciudadana?

“Mediocracia”,
entre la espada y la pared

En la “guerra de medios” que estamos presenciando entre los personajes políticos, principalmente el presidente Fox y el jefe de Gobierno capitalino López Obrador, y que se prolongará seguramente hasta las elecciones de 2006, estamos viendo la interrelación estrecha entre dos grandes rubros de actividad: la política y la comunicación.

Para tratar de aclarar esta relación necesitamos ver qué es cada cosa. La comunicación política no es la política, no se identifica con ella. Pero también sucede que política y comunicación son consustanciales. ¿Una paradoja? Sí, pero aparente. De hecho, no todas las transacciones políticas pueden ser interpretadas mediante términos y categorías de comunicación, pero también es cierto que muchas veces las acciones políticas no llegan a buen puerto sin el recurso a la comunicación, sin un flujo de mensajes que surta determinados efectos.

Si tenemos en cuenta que un proyecto político se desarrolla en circunstancias que son las del conflicto y la búsqueda de consenso, encontraremos que generalmente el candidato tiene que abrirse paso en un ambiente psicológico cargado de ruido y abiertamente competitivo. Así, en principio se cierra el círculo; la comunicación política no es la política, pero la política, o parte considerable de ella, se produce o necesita de manera decisiva de la comunicación política.

Se ha dicho que “la política es una ciencia que estudia las relaciones entre los ciudadanos y el Estado”. Es decir, se genera una complicidad entre ambos en la que no puede estar ausente la comunicación, en forma directa o no, ya que un primer principio de la democracia es que la vida política funcione como un gran sistema de diálogos.

En la actualidad, para un político resulta muy difícil gobernar sin el apoyo e incluso la crítica de los medios de comunicación masiva. Es decir, la participación, entendiendo a la democracia como el gobierno de la opinión, podría ser desfavorable o a favor del dirigente. Lo importante, en todo momento, es que la sociedad cuente con los canales de comunicación adecuados para supervisar los actos de los políticos, y para que éstos entren en relación con el conjunto social.

La comunicación tiene como uno de sus propósitos sistematizar los flujos de información entre gobernantes y gobernados. Esto implica que, sin comunicación, la política en una sociedad organizada se vería limitada en alcance, significado y posibilidades. Visto así, comunicar es un acto de naturaleza política.

Aunque la preocupación del hombre por la política y su difusión data del origen de la civilización, actualmente aún no es posible establecer y conciliar intereses, lograr consensos o acuerdos de una manera adecuada, equilibrada y equitativamente justa sin disponer de los medios adecuados de comunicación. Si el ser humano es político por naturaleza, la comunicación que establece es un acto público y de orden político.

Meadow define a la comunicación política como “el intercambio de símbolos o mensajes que con un significativo alcance han sido compartidos por, o tienen consecuencias para, el funcionamiento de los sistemas políticos”. Una visión institucionalizada de la comunicación política es la de la D. Nimo, cuando sostiene que “una comunicación (actividad) puede ser considerada política en virtud de las consecuencias (actuales y potenciales) que regulan la conducta humana bajo ciertas condiciones de conflicto”.

En la comunicación política intervienen, además, factores de tiempo, lugar, acontecimientos y, lo más importante, las intenciones de quienes participan en ella dentro de un orden político establecido.

Por último, Monzón señala la importancia que han adquirido los medios en el desarrollo de la democracia desde los años noventa. Es la “mediocracia o democracia centrada en los medios de comunicación que está revolucionando el mundo de la información y la política”.

Explica que los periodistas han pasado de ser testigos de la actividad pública y política a actores de estos terrenos. Incluso los lideres políticos aprenden nuevas técnicas de comunicación y persuasión, los gobiernos deben dar cuenta de sus actos con mayor rapidez y transparencia y los partidos políticos pierden peso en la escena política para dar paso a la popularidad e imagen de sus líderes; el nuevo espacio público, sin lugar a dudas esta dominado por la información y los medios masivos.

En este panorama, los medios ejercen ya un poder que sobrepasa las posibilidades del ciudadano común, y la política continúa siendo más el privilegio de unos pocos que el ejercicio donde todos actúan por igual. La “guerra mediática” que estamos presenciando da fe de este dilema entre la necesidad de un buen sistema de comunicación política, o bien que sean los medios los que impongan el ritmo y la agenda de la política: la “mediocracia”.

Las cuentas del Gran Capitán:
(URGENTE) el cambio del juego político

El enfrentamiento Fox-López Obrador es un juego donde todos pierden: Fox-Creel-PAN, por llevar las cosas a un extremo de confrontación y polarización que vamos todos a lamentar en el marco de las elecciones de 2006; el PRI, de Madrazo, por pasarse de listo en las cuentas para aprobar el desafuero haciendo como que no lo aprueban; al final, les va a estallar el cohete desde adentro. Y el PRD, obviamente, por ver incapacitado a su gallo más popular y aceptado. En suma, la ingobernabilidad y la proximidad de episodios de violencia serán el resultado de este escenario que pone en crisis a la titubeante democracia mexicana.

En los hechos, estamos viendo el despliegue de varias formas de jugar a la política. Por un lado, el arcaísmo novohispano que nos viene desde la conquista y el virreinato, aquel de “las cuentas del Gran Capitán” y el “acátese pero no se cumpla”, es decir, la idea de exterminar al oponente y quedarse con toda la ganancia, por un lado, y por otro el formalismo de que la ley se cumpla cabalmente en las mulas de mi compadre pero no en las mías. Este juego no es nada extraño para los asesores maristas-jesuitas de la troika Fox Creel-Diego (Fernández de Ceballos), avivada por la ultra derecha que ahora dirige la cúpula del PAN.

El otro paradigma se basa en el equilibrio precario de las “clientelas” electorales y los grupos de presión (léase neocorporativismo), que es el modelo “de agregación o democracia elitista” propugnado por Joseph Schumpeter (1947), y que fue seguido religiosamente por los gobiernos de extracción príista y ahora por el foxismo oficial. En este modelo se establece la “alquimia electoral” para el control de las elecciones y la despolitización de las masas y su alejamiento de la toma de decisiones políticas, por medio del mecanismo neocorporativo. Este modelo es el que trata de volver a Los Pinos e inaugurar otros 70 años de neopríismo.

Entre los extremos del juego adversario-enemigo (Maquiavelo-Schmitt) y la manipulación clientelar elitista, se pretende mantener un consenso impuesto de corte liberal, bajo los supuestos de un formalismo abstracto llamado Estado de Derecho por los propagandistas del sistema, que pugna por eliminar en el papel las contradicciones y establecer la reconciliación entre los participantes en el juego político-social, también en el papel. Este modelo de democracia liberal, basado en reglas universales, es el que está en crisis en México y en otros lugares del planeta, según expone la filósofa política Chantal Mouffe en su “Retorno a lo político”, en “La paradoja democrática” y la idea de la democracia pluralista y radical.

En la encrucijada que supone el desafuero, o no, de López Obrador, sigue siendo pertinente pensar en la política al menos desde dos cosas, que a su vez implican a la comunicación política: la primera, que la política, en último término, gira en tomo a la relación entre gobernantes y gobernados; la segunda, que la política genera comportamientos diferenciados -distintos de otros comportamientos-, y que esos comportamientos tienen que ver menos con la polaridad enemigo-adversario y más con la relación amigo/adversario.

Lo uno y lo otro nos llevan al punto que hemos venido tratando aquí: que política y comunicación son consustánciales, porque la primera gira en torno a la relación entre gobernantes y gobernados, y esa relación tiene, en democracia, dos categorías y dos cauces fundamentales: la representación y la comunicación. De hecho, serán los partidos y demás seguidores del juego político los que deberán cambiar su percepción sobre la pluralidad de los votantes, y cómo deberán responder a esa pluralidad desde una perspectiva democrática. No hacerlo se penalizará con el caos.

¿Consumatum est?
(A la guillotina, la credibilidad política)

La credibilidad política se encuentra bajo el filo de la guillotina, victimada por el PRI como el moderno Robespierre, aunque sin la pasión republicana del jacobino francés. Mediante un juego de manos basado en artilugios judiciales, a partir de un especioso legalismo hecho a la medida para condenar al acusado, los “cruzados” priístas panistas que omitieron el “Estado de Derecho” en los casos del Pemexgate, de los Amigos de Fox, del senador Aldana y del narcogobernador de Morelos, Estrada Cagigal, ahora si se rasgaron las vestiduras para desaforar al Jefe del Gobierno del DF. Cercenaron de un golpe, así, los millones de votos de de mexicanos en la capital del país.

Mediante un golpe de manos, que algunos consideran como un virtual golpe de Estado, la transición democrática en México está prácticamente a punto de desaparecer. Nos aproximamos a un nuevo episodio del autoritarismo priísta(panista), a una nueva “guerra sucia” encabezada por la arrogancia castrense en la PGR.

Aquello que no entra en la cabeza del PRI-foxismo (o quizá sí lo entienden, pero les vale) es que lo que en verdad desaforaron fue a la credibilidad política, y por ende a la endeble democracia en México, No en balde el público votante es un incrédulo de los políticos, puesto que ha juntado muchos motivos y razones fundadas para desconfiar.

En los momentos de crisis o en los procesos electorales, la credibilidad es la piedra de toque de la persuasión. El público o los votantes se dejarán atraer más fácilmente y entregarse con fervor a líderes que gocen de autoridad moral. Esto lo tienen perdido de foco los líderes priístas-foxistas, y por ello suenan a falso los golpes de pecho “nacionalistas” del secretario de Gobernación, Santiago Creel, cuando protesta contra los gringos y cuando reclama ahora el estado de derecho, pero nunca lo hizo con todas las vigas que tiene clavadas en los ojos.

La credibilidad forma a la opinión pública y atrae la voluntad de los ciudadanos. Cuidar su credibilidad viene a ser el valor más importante del personaje político. ¿Esto lo han oído Fox, Madrazo, Creel o Fernández de Cevallos? Parece que no, y sin más echan a la basura este factor determinante del juego político.

Lo más importante en la política es que le crean al hombre público, ya que cuando no es creído lo que dice el político pierde toda condición de ser buen político. La credibilidad, como gran parte del acontecer político, representa un sistema en proceso de construcción, que en todo momento debe atenderse y edificarse mediante el esfuerzo, la disciplina y la honestidad. Porque la credibilidad es efímera y tal como se construye se puede derruir. Aquí vale una ecuación: el elector cree lo que quiere creer y no cree lo que no quiere. Por ello, la honestidad es siempre un plus en política.

Casi por naturaleza, un político siempre encontrará obstáculos para ser creído. Por ello nunca puede dormirse en sus laureles” o hacerle caso a los halagadores interesados que lo rodean. Ante todo, debe esforzarse por lograr que los votantes o ciudadanos confíen en sus palabras y sus acciones. Así, tener credibilidad exige contar con autoridad moral y ofrecer confianza a los ciudadanos. Al momento de perderse la credibilidad se vuelve muy difícil recuperada.

Hoy, la credibilidad se enfrenta a la prueba de fuego. Personajes como el presidente Vicente Fox la han perdido. Con el desgaste de cuatro años y medio de gobierno donde “no pasa nada”, se ha ganado a pulso el título de charlatán, mentiroso y ahora autoritario. El resto de la clase política en el poder, como Creel, Madrazo, Fernández de Cevallos, Beltrones, etc., no pasan de corifeos que alimentan el fuego de la incredulidad política. Y apuestan así por la represión.

Por su parte, en calidad de víctima y de mártir por decisión de sus contrincantes, López Obrador en su discurso de despedida en la Plaza de la Constitución, frente a Palacio Nacional, habló como estadista, llamó a la cordura y la calma y anunció su decisión de participar en la elección de candidato presidencial de su partido desde “el lugar donde se encuentre”. No todo está consumado. Viene una lucha prolongada por restaurar las libertades políticas y ciudadanas, aunque serán necesarios profundos cambios en el sistema de representación política y el funcionamiento de las instituciones para que no dependan de legalismos abstractos y universalistas, con los cuales se extermina impunemente a los adversarios y se cierra el paso a un régimen de democracia pluralista.

La “Legislatura de la Ignominia”.
Con un retroceso al 68, los panistas apuestan por la ilegitimidad

Los hechos de la última semana, la victoria pírrica del binomio PRI-PAN para extirpar millones de votos emitidos por los ciudadanos y eliminar al aspirante “incómodo”, AMLO, patentizan que el sistema político tiende peligrosamente a extraviar el rumbo. Con su ensimismamiento cada día mayor, con su alejamiento de la voluntad y los deseos de la ciudadanía, los partidos mayoritarios en el Congreso están cerrando el círculo de la crisis de legitimidad que viene acumulando, con sus grandes pifias, el gobierno foxista.

Con excepción de los legisladores perredistas y algunos aliados, tras el fascineroso y faccioso desafuero la actual se convirtió en la “Legislatura de la Ignominia”. Así será conocida históricamente. Bloqueada y al fina! anulada la vía del diálogo y la negociación razonada, llevado al extremo el desvarío de la troika Fox-Creel-PGR, ahora el camino hacia el cambio de poderes federales en el 2006 aparece como un campo minado. Las esperanzas depositadas en la “transición democrática” se traducen en la turbia certidumbre de un horizonte de autoritarismo y represión combinados. Un retroceso hasta el 68.

Pero, ¿el ciudadano, el votante común aceptará sin más este destino ominoso? ¿De nada valieron las décadas de resistencia y los muchos luchadores caídos? Para los panistas, no. Alegremente aceptan, amparados bajo un legalismo acomodaticio, echar por tierra los avances hacia una democracia pluralista en México. Mejor la política del garrote, no importa que sea ilegítima, antes que competir con un candidato que los hacia temblar.

¿Y el ciudadano que ya aprendió a votar, a exigir, a polemizar? Rechaza la violencia, ciertamente. Pero también intuye que el problema de la legitimidad está estrechamente vinculado al de obligación política. Donde termina la obligación de obedecer las leyes comienza el derecho de resistencia.

Es decir, lo que une la obediencia con la aceptación del poder y su estructura institucional es un equilibrio conformado a través de la persuasión dialéctica de entender, reclamar y ofrecer que hace extensivo aquello que conforma a la legitimidad. Por lo tanto, todo poder trata de ganarse el consenso para que ser reconocido como legítimo, transformando la obediencia en adhesión, la creencia en legitimidad.

En el lenguaje ordinario, el término legitimidad tiene dos significados: uno genérico, que es casi sinónimo de justicia o de razonabilidad (se habla de legitimidad de una decisión, de una actitud, etc.). Y un significado específico, que en una primera aproximación se puede definir como la existencia en una parte relevante de la población de un grado de consenso tal que asegure la obediencia, sin que sea necesario, salvo en casos marginales, recurrir a la fuerza.

Es importante precisar que el proceso de legitimación no tiene como punto de referencia al Estado en su conjunto, sino sus diversos aspectos: la comunidad política, el régimen, el gobierno. Por lo tanto, la legitimación del Estado es el resultado de una serie de elementos dispuestos en niveles crecientes, cada uno de los cuales concurre de modo relativamente independiente a determinarla.

Cuando el poder está en crisis ello obedece a que su estructura ha entrado en contradicción con el desarrollo de la sociedad; entra también en crisis el principio de legitimidad que lo justifica. Ocurre esto cuando el aparato del poder se deshace, cuando caen también los velos ideológicos que lo disfrazaban ante la población y se manifiesta a plena luz su incapacidad de resolver los problemas que van madurando en la sociedad.
Entonces la conciencia de las masas entra en contradicción con la estructura política de la sociedad; todos se vuelven políticamente activos, porque las decisiones son simples y comprometen directamente al hombre ordinario; el poder de decisión está realmente en manos de todos.

Conviene también poner en evidencia una característica que el término legitimidad tiene en común con muchos otros términos del lenguaje político (libertad, democracia, justicia, etc.): que designa al mismo tiempo una situación y un valor de la convivencia social de legitimidad.

La situación designada consiste en la aceptación del Estado por parte de una fracción relevante de la población; mientras el valor es el consenso libremente manifestado por una comunidad de hombres autónomos y conscientes. Por tanto, en este juego de doble vía, el sentido de la palabra legitimidad no es estático sino dinámico; es una unidad abierta, de la que se presupone un cumplimiento posible en un futuro indefinido y cuya realidad actual es sólo un asomo.

Las anteriores nociones fueron omitidas y pisoteadas en la elección del 7 de abril en la Cámara de Diputados. La mancuerna PRI-PAN votó en manada, y parece que nuevamente la razón política será transmutada por los arcaicos búfalos” presidencialistas, por la ley de la cargada. Como en Oaxaca, como en Quintana Roo, como en Morelos. A favor del narco, los caciques y los viejos malabaristas del voto. Así de simple, así de sencillo.

Matrimonio incestuoso:
Vuelve la corrupción y la impunidad tras
la mascarada del priismo-panismo

Apenas unos días después del muy desaseado e impugnable desafuero de quien fuera elegido por millones de votantes como Jefe de Gobierno del DF (AMLO), el PRI cobró el precio de sus votos al PAN-foxismo: exonerar de sus culpas y de ser desaforado a uno de los perpetradores del PEMEXGATE, la desviación de más 600 millones de pesos del presupuesto de Petróleos Mexicanos para la campaña presidencial del PRI, el ínclito senador Ricardo Aldana Prieto, tesorero del sindicato de petroleros.

En fin... Los episodios de esta mascarada tragicómica van a proseguir hasta las elecciones de 2006, y mucho después, por lo que vale más la pena seguir revisando el inventario de fenómenos políticos que dan forma al juego de sombras y al gran telón de fondo que lo enmascara: la ideología y sus adláteres.

La ideología ha sido expulsada y hasta desaparecida del universo académico. En los hechos políticos, sin embargo, hablar de ideología implica referirse a sistemas de creencias o de representación que tienen como objetivo reproducir sistemas de dominación (de la dominación que se ejerce para generar o mantener la desigualdad, o las arbitrariedades). Así, defender una situación de dominación, de desigualdad, exige presentarla como legítima (modo de operar) y describir esa realidad como racional o como universal, o como “natural”, o formando parte de una narración, de un gran relato histórico (estrategias de construcción simbólica).

Es decir, el tinglado que presenciamos de la legalidad y el Estado de derecho” pregonados a gritos por los grandes defraudadores del erario (léase Fobaproa y todos los banqueros exonerados por “de no graves”) en México: los priistas que votaron en manada (para no olvidar la vieja “cargada” presidencialista), y que ahora reinstalan el carmido tablado de la corrupción, la red de complicidades y la impunidad hasta la ignominia acompañados por sus nuevos aliados de la antigua leal oposición”, los panistas.

En este renovado canto de sirenas vemos que el discurso ideológico de la democracia representativa se asienta sobre cuatro pivotes. El primero enuncia que la delegación de poder (y de la fuerza ligada al poder) es la única forma de obtener seguridad y evitar el caos social. Tesis que se ve desmentida por el nuevo monolitismo PRI-foxista, que busca dar carpetazo a nuestra incipiente transición democrática.

El segundo plantea la inviabilidad de una democracia basada en la participación de millones de personas en la toma de decisiones políticas. Pero el límite de este voto de confianza será la arbitrariedad del poder frente a la voluntad ciudadana.

El tercero vincula la legitimidad del modelo (voto = soberanía popular) con su capacidad para representar intereses generales (mediante su canalización partidaria), frente a los riesgos corporativistas y de atomización de intereses propio de la democracia directa. Premisa que se desploma precisamente cuando es conculcado ese voto de la mayoría.

El cuarto plantea la ventaja que supone para el ciudadano el que pueda dedicarse a gestionar sus asuntos privados, porque ya hay quien resuelve los comunes, es decir, legitima socialmente la despolitízación. Aquí vemos la entrada en juego de los medios masivos, promotores de la política del escándalo y del linchamiento, acompañada por los “spots” del gobierno para dorar la píldora.

La reproducción de las rutinas democráticas hace así necesario que se transmitan y circulen discursos igualmente rutinarios propagados por agentes sociales externos al sistema político. Este es el lugar de los medios de comunicación, donde éstos encuentran un terreno privilegiado de influencia (aunque también de tensión) entre sus propios intereses y los del sistema político.

La pregunta que resulta preciso hacer aquí es cómo y qué se canaliza a través de los medios de comunicación en los procesos de transmisión ideológica. Hay que subrayar la influencia de los medios de comunicación para la “naturalización” de las representaciones ideológicas del mundo, al describir como si fueran hechos naturales todo aquello que no es sino una representación ideológica, emanada del poder, de la realidad.

El discurso mediático retroalimenta, pues, ese mecanismo ideológico de racionalidad política, además, de que los medios no son meros agentes reproductores del consenso, sino que intervienen directamente en su formación o se convierten en una parte integrante del proceso dialéctico de producción de consenso —al que plasman a la vez que lo reflejan— que los orienta en el campo de fuerzas de los intereses sociales dominantes representados en el seno del estado.

En efecto, hemos visto ahora bajo todos los reflectores, a la vista de todo el mundo a través de las cámaras televisivas, la prestidigitación actuada para suprimir el voto de los ciudadanos mediante el voto amañado de sus “representantes”. En la realidad, la persecución contra AMLO constituye un retorno grandilocuente a los tiempos de la extrema corrupción y la impunidad del sistema priísta, ahora jugado por los empresarios “políticos” del foxismo y su candidato de terciopelo, “Totalmente Palacio”, Santiago Creel. Mientras tanto, inquieta, la guardia castrense en la PGR y la PFP espera su turno.

El marketing, terreno donde se juega la elección de 2006

El campo de batalla donde se está definiendo el actual proceso de elección presidencial es, con mucho, el marketing político, bajo las variantes de la propaganda negra o negativa para el contendiente, como han sido el ‘hallazgo’ y “filtración” de videos comprometedores para ciertos partidos y candidatos. El “inexistente” complot armado por la Presidencia y la Secretaría de Gobernación (CISEN) para desmantelar a los líderes del PRD, y en especial la ofensiva judicial contra Andrés López Obrador, cierran la pinza de ese manejo — marista- donde la PGR y la Suprema Corte actúan como los alfiles más incisivos.

La utilización rudimentaria del marketing político durante las elecciones de 1994, en especial por el PRI en la campaña presidencial, marcó un avance por aplicar las técnicas del marketing comercial en el ámbito electoral. Durante las campañas de 1997, este nuevo método para captar votos se ratificó como la posibilidad de suplir, o por lo menos minimizar las incapacidades de la vieja “aplanadora electoral” y cubrir las funciones e instrumentos electorales que le fueron amputados al partido en el reparto de prerrogativas bajo el marco de la reforma política zedillista.

Sin embargo, como recordaremos —si bien debemos entender que el marketing político no sustituye la estructura y la capacidad de movilización del partido—, incluso este instrumento fue incapaz para detener la pronunciada caída electoral del PRI, especialmente entre los votantes
capitalinos.

Con la introducción de un marketing político aún incipiente en las campañas electorales nacionales, el PRI intentaba mezclar el viejo sistema electoral clientelista corporativo (ya muy menguado pero que, a pesar de todo, aún capta votos) con un modelo totalmente distinto fincado en el manejo de los medios de comunicación masiva, la publicidad y la propaganda, así como los sondeos del mercado electoral, las encuestas de opinión y, en general, las técnicas del marketing comercial del cual se deriva el marketing político. Una combinación en la que, hasta el momento, parece predominar el viejo sistema sobre el nuevo. Pero que, al parecer, mantiene la tendencia a la paulatina consolidación del marketing sobre el viejo sistema electoral.

Dicha expansión en el uso de las técnicas de marketing político se origina por cuatro factores básicos: 1) el necesario desarrollo de los medios de comunicación; 2) la pluralización de las ofertas políticas y la competitividad indispensable en las contiendas electorales; 3) el desarrollo en la legislación que reglamenta los procesos electorales, y por último 4) la aplicación de precampañas o campañas electorales de selección de candidatos al interior de los partidos.

En este escenario, el punto más destacado lo constituyó indudablemente el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación masiva, puesto que a través de ellos las posibilidades de difusión de la oferta política, del candidato y su partido se amplifican extraordinariamente, pluralizando los mecanismos de penetración entre los votantes de manera tal que, poco a poco, la rapidez en la transición de información y el impacto que logran los medios de comunicación determinan, al incrementar su eficiencia, tiempo y recursos materiales, financieros y humanos.

Por ende, las prácticas como las visitas domiciliarias, las giras, reuniones y, en general, el contacto directo entre los candidatos con los electores como principio elemental de una campaña, son en gran medida sustituidas por el spot de radio o televisión.

De hecho, con la entrada de los medios de comunicación se crea, entre otras cosas, el elemento discriminatorio más notable para la competencia electoral contemporánea. El factor económico resalta como punto indispensable, primero para poder competir y después para poder hacerlo en condiciones de equidad.

Pero en el caso mexicano el desarrollo tecnológico no era suficiente. Sería con la venta del paquete estatal de medios —en tiempos de Salinas de Gortari— que legó a generarse una competencia, aunque fuera reducida, entre los diferentes grupos de medios, tanto en radio como en televisión, primordialmente Televisa y TV Azteca.

Otro elemento detonante para el florecimiento del marketing político ha sido la necesaria diferenciación entre partidos, y la pluralización, amplia o reducida, de las ofertas políticas. Anteriormente, al no existir ofertas político electorales diferenciadas y, por tanto, un nivel de competencia mínima, se generaba un tipo de comunicación política que no requería del acercamiento a las masas, sino sólo el acuerdo, la negociación o la cooptación.

Por el contrario, al existir una competencia política más o menos consistente, el uso del marketing político se hace casi indispensable al generarse condiciones de competencia y equidad en los procesos electorales que terminaron por fortalecer a los partidos políticos de oposición.

Por último, conviene observar que entre los países latinoamericanos México es una de las naciones donde existe la reglamentación sobre el uso de los medios de comunicación, pero no propiamente sobre el uso del marketing en los mismos. Además de que mientras en otros países la razón de origen para dicha reglamentación atiende a principios sobre su uso propiamente dicho, en el caso mexicano dicha reglamentación es originada como medida de equidad en la competencia. Esto es, no como una reglamentación del uso sino una regulación sobre el acceso a los medios de comunicación.

Las transformaciones de la
comunicación política:
Mercadotecnia y competencia electoral

La comunicación política ha tenido un cambio significativo en América Latina. Hasta hace poco menos de 20 años continuaba atada a reglas anticuadas de un viejo estilo de propaganda. En los últimos lustros, la comunicación entre los gobernantes y gobernados adquiere, rápidamente, nuevas formas y tratamientos que tienden a reforzar las formas democráticas, aunque también ciertos excesos.

Estos cambios se dan por igual en la tecnología y el estilo. Para ello, las técnicas de investigación aplicada de la ciencia política y social se han utilizado enormemente. Así, la práctica política incorpora recursos especializados como la investigación de opinión pública, los grupos focales, los análisis demográficos, los análisis sofisticados de resultados electorales, los mapas computarizados y otras tecnologías que ahora constituyen los elementos más importantes de la investigación en este terreno.

La incorporación de la comunicación política de corte moderno en México comenzó dentro del proceso de transición política que aún se escenifica en México, todavía inconcluso. Este proceso le permitió al país conocer las posibilidades de la aplicación de elementos científicos sociales sólo a finales de la década de los 80. Entonces se inauguró el protagonismo de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, en la política.

Así, la historia de la comunicación política en México es reciente. Su nacimiento fueron los comicios presidenciales de 1988, en los que por primera vez el PRI no logró la mayoría absoluta en el Congreso y obtuvo la Presidencia bajo serios cuestionamientos respecto de la veracidad de los resultados. El adversario fue el Frente Democrático Nacional que, con Cuauhtémoc Cárdenas como candidato, disputó las primeras elecciones reales al Partido Revolucionario Institucional, lo que a su vez marcó el inicio de la espiral ascendente de la alternancia en México.

Hasta esos momentos no se había aplicado sistemáticamente en México un trabajo de mercadotecnia política, debido sobre todo a:

1. La permanencia de un partido hegemónico durante más de 70 años, a través de una estabilidad política lograda mediante varias claves como el predominio en la Constitución de la figura presidencial, el establecimiento del partido de Estado, conocido como PRI gobierno, el control férreo ejercido sobre las fuerzas armadas y los poderes legislativo y judicial, todos controlados por las facultades constitucionales y metaconstitucionales del presidente de la república.

2. Un proceso de transición a la democracia desde un presidencialismo omnipoderoso, iniciado a partir de la reforma política de 1977. Se trata de un proceso donde las viejas instituciones aún se resisten a morir y las nuevas apenas están naciendo.

3. El marketing comienza a parecer en la lucha política como una herramienta novedosa que se desarrolla entre el menosprecio de muchos politólogos y la euforia de la publicidad política por otros.

4. Unos pocos autollamados especialistas han pasado apenas de una mercadotecnia comercial a una electoral. Y todavía muchos no creen en la herramienta porque desconocen sus posibilidades.

5. La necesidad de diseñar campañas modernas cada vez con mayor imaginación y talento. (Guillermina Baena y Sergio Montero O.)

Hasta esos momentos, habíamos vivido bajo un sistema político prácticamente inamovible, sin una lucha política seria, con un escaso juego electoral de partidos que resultaba siempre en el triunfo del partido dominante. Con un año de anticipación sabíamos quién iba a ser el presidente, desafiando la rapidez aun de las exit polls.

El surgimiento de la mercadotecnia política y la competencia electoral ha hecho que muchas de las reglas implícitas del poder y la política se hayan derrumbado. La proverbial frase de que “quien se mueve no sale en la foto” fue sustituida rápidamente por la mercadotecnia, donde quien no se mueve es quien queda fuera de la foto, o bien aquello de que “en política no hay nada escrito”.

Los estrategas actuales, cada vez con mayor ingenio y talento, tienen que escribir los capítulos de la política a partir de sencillas y hasta elaboradas formas de ingeniería política. La alquimia electoral con modalidades como el tamal, la urna embarazada, el carrusel, el ratón loco, todos ellos nombres y formas pintorescas para hacer magia electoral, está desapareciendo ante las restricciones que ha ido implantando el Instituto Federal Electoral con el fin de garantizar unas elecciones limpias y transparentes.

Las campañas modernas definen con claridad dos grandes ámbitos de acción:

1. La ingeniería política, donde se construye a estrategia a seguir, y el cuartel de campaña donde se ajustan los rumbos de ésta, y

2. La mercadotecnia política, que hace pública y construye la información, la imagen, la identidad de partido y candidatos. Utiliza los medios para darles presencia, incidencia, cobertura y hasta don de la ubicuidad.

Hasta antes de este proceso, el partido de Estado no se había visto en la necesidad de desarrollar una comunicación política porque, sencillamente, la oposición no existía. Antes de 1988, “... los procesos electorales no fueron sino meros ritos protocolarios para el acceso al poder político, donde los mecanismos y políticas autoritarias predominaron sobre los principios de pluralidad, libertad, democracia y res peto al estado de derecho” (Valdez, 2001).

El “partido político” Televisa, la videocracia
y las telecomunicaciones
¿El modelo Berlusconi en México?

En el mundo contemporáneo ya no es
necesario dar un golpe de Estado,
‘deshacerse ‘de los disidentes o acabar
con la libertad de prensa para establecer
un régimen dictatorial; basta controlar
el consenso, monopolizando las medios de
común más difundidos.
Umberto Eco


Como en los viejos tiempos priístas de la “compra de protección” televisiva, nuevamente el PRI renueva su complicidad con las cadenas de televisión dominantes, en especial con el antañoso monopolio disfrazado que es Televisa. Para ello, simplemente se sube al carro de las exorbitantes prebendas que les ha concedido el foxismo, como la abolición del 12 por ciento por pago de impuestos. Asi—telecracia o videocracia—, en estas elecciones habrá un ganador indiscutible fuera de las boletas electorales: el “partido político” Televisa.

Con tal orientación —aunque en estos momentos suspendida en manos del Senado— a principios del mes de diciembre tuvo lugar a aprobación en la Cámara de Diputados, por vía de “fast track”, de una modificación a las leyes de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones. Por esta vía legal se busca entregar al “mejor postor” las concesiones de radio y TV en la transición a las frecuencias digitales, para beneficio directo del duopolio de la televisión mexicana y, de paso, del capital extranjero (léase EEUU) que quiera entrometerse en las conciencias nativas.

A través de la ahora conocida como “Ley Televisa”, México se encuentra al borde de una “berlusconización” rampante, al estilo de la dictadura rnassmediática que rige en estos momentos a Italia. ¿Este preludio de fascistización (el huevo de la serpiente) nos haría prever, allá por 2012, un Presidente de la República con apellido Azcárraga?... Por lo pronto, con nueva ley o sin ella, en las elecciones presidenciales de julio de 2006 los únicos, verdaderos y grandes beneficiarias serán los tiburones de la TV y las grandes cadenas de radio...

El citado proyecto de ley, en palabras del senador del PAN Javier Corral Jurado, constituye un acuerdo entre Televisa y el PRI con miras a las elecciones de 2006, ya que el monopolio televisivo recibirá grandes beneficios a cambio de impulsar en sus pantallas a Roberto Madrazo. No en balde Emilio Chuayffet diseminó entre sus huestes la versión de que había que aprobar la reforma por “órdenes” del candidato presidencial priista. Incluso se empezó a mencionar al diputado Javier Orozco, un oscuro ex empleado de la televisión comercial, como el próximo presidente de la “nueva” Cofetel (Comisión Federal de Telecomunicaciones).

La iniciativa ha sido considerada más bien un plan de negocios, y no de hecho una iniciativa de ley. Mediante este plan, el antiguo monopolio Televisa —ahora duopolio con TV-Azteca— trata de impedir que los empresarios de la radiodifusión puedan quedarse con las frecuencias liberadas por el trayecto a la conversión digital (que el gobierno no entregue concesiones). Pero incluso como plan de negocios resultó deficiente por cuanto trajo consigo el rechazo de los otros grupos de interés, lo que repercutió en quebrantar la aparente unanimidad de San Lázaro.

La reforma legal, un parche a favor del monopolio

Supuestamente, la iniciativa debería fortalecer al órgano regulador, es decir, a la Cofetel, y eliminar la discrecionalidad del Poder Ejecutivo en materia del otorgamiento de las concesiones.

Pero en realidad no es así. Precisamente, la única autonomía que le sería negada a esa comisión sería la del otorgamiento y ratificación de los títulos de concesión. Tal facultad, de aprobarse la iniciativa, será atribución exclusiva de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Es decir, seguiría siendo competencia privilegiada del Poder Ejecutivo. En cambio, la Cofetel apenas tendría facultades de órgano opinador dentro del procedimiento para otorgar los títulos.

Las concesiones de radio y televisión se otorgarían por licitación. La reforma de los diputados no establece criterios para ese concurso. El único atributo que se menciona es el pago de una “contraprestación económica”. Eso significa —casi constante y sonante—, que los beneficiarios de las nuevas concesiones serán quienes tengan más dinero para pagarlas.

Igualmente, se afirma que la iniciativa auspicia la integración gradual de las telecomunicaciones alrededor del importante tema de la convergencia digital. Esto también es falso. El único beneficiado sería el monopolio que hoy en día posee cerca de 70% de las frecuencias televisivas, so pretexto de dicha convergencia digital.

La pregunta está en el aire: ¿Cómo podría llegarse realmente a un mayor acaparamiento del mercado de las telecomunicaciones en nuestro país? ¿Televisa, que controla más de 80% de las operaciones en su sector, podría abarcar más? En cualquier economía capitalista, el acaparamiento de 80% de un mismo sectores un acto monopólico En Estados Unidos, por ejemplo, ninguna empresa puede acaparar más de 33% de la televisión, porque en ese caso sería considerada por los jueces como una actividad ilícita.

Sin embargo, no acaba aquí el asunto: la posición dominante de Televisa y Televisión Azteca, con 394 frecuencias concesionadas (225 la primera y 169 la segunda), podría crecer mediante otros servicios como telefonía, internet, transmisión de datos y otros. Los dos más grandes consorcios televisivos pretenden aprovechar la liberación de canales de televisión gracias a la aplicación de tecnologías digitales, sin que medie una licitación pública en la que nuevos interesados pudieran concursar. Lo cual sería un “regalo” para tales empresas, además de otorgar un poder económico decisivo y gran influencia política a Televisa y a Tele visión Azteca.

Lo vital para el país es aclarar el tema de las frecuencias y la digitalización. Es un proceso que no ha sido suficientemente explicado. A Televisa le interesa que a través de sus televisoras no sólo se ofrezca televisión, sino también diversos servicios derivados de la digitalización como Internet, telefonía, transmisión de datos, juegos interactivos, lo que ampliará el monopolio sobre servicios adicionales como telefonía y la red de voz y datos conocida como “triple play”.

Sin embargo, le hacía falta un marco jurídico. El “Acuerdo por el que se adopta el estándar tecnológico de televisión digital terrestre y la política para la transición a la televisión digital terrestre en México”, autorizado en 2004 por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), le era insuficiente.
La “renovada” Ley Federal de Radio y Televisión hace aparecer en su artículo 28-A el procedimiento para que los concesionarios puedan convertirse en redes públicas de telecomunicaciones para “usar, aprovechar o explotar una banda de frecuencias en el territorio nacional” y estar así en posibilidades de ofrecer los servicios de “triple play” (voz, datos e imagen).

En este escenario también están involucrados los concesionarios de sistemas de televisión restringida por cable, a quienes se les abre un amplio horizonte de negocios gracias a la convergencia tecnológica por medio de sus redes de cableado, Enfrente y con las mismas intenciones se encuentran los operadores de telefonía y de servicios de tele comunicaciones, quienes buscan a su vez obtener permiso para ofrecer servicios de video.

Las modificaciones limitarían al extremo el desarrollo de las estaciones comunitarias beneficiarían sólo a los grandes consorcios en el proceso de digitalización de mediano plazo y dejarían fuera a los competidores de menor capacidad económica. Es decir: un parche ilegítimo y excluyente de las mayorías, una muestra de cómo se sirve al poder, de arreglos por debajo de la mesa.

Berlusconi, Italia: dictadura mediática

Umberto Eco, profesor de la Universidad de Bolonia y autoridad mundial en materia de Semiótica, ha escrito: “… en nuestro tiempo, si dictadura ha de haber, será una dictadura mediática y no política. Hace casi 50 años que se viene diciendo que en el mundo contemporáneo salvo algunos remotos países del Tercer Mundo, para dar un golpe de Estado ha dejado de ser necesario formar los tanques, basta con ocupar las estaciones radiotelevisivas (el último en no haberse enterado es Bush, líder tercermundista que ha llegado por error a gobernar un país con un alto grado de desarrollo».

En Italia, el Primer Ministro Silvio Berlusconi controla la mayoría de la televisión terrestre. Es dueño de tres redes privadas de televisión, y el gobierno, a través del Ministerio de Económia, es dueño de tres redes públicas de televisión.

También el primer ministro es el dueño de Mediaset, una cadena televisiva que forma parte de Fininvest, el superholding mediático de Berlusconi, que detenta el 44% del mercado italiano. Los opositores dicen que su objetivo es, a futuro, privatizar totalmente el espacio televisivo que podría quedar repartido en dos partes: la mayor estaría controlada por Fininvest, y la más pequeña estaría relacionada con la RAI, que ahora tiene una participación del 44.9% en el mercado.

Así, el imperio informativo de Berlusconi abarca casi todo el sector de los medios televisivos, el 45% de la prensa escrita, el 48% del mercado editorial y la mayor empresa de publicidad. Otros imperios mediáticos existen en todo el mundo: Murdoch en Inglaterra, Kirch en Alemania o Vivendi en Francia, pero no por ello son dictaduras.

La “anomalía italiana” consiste en que Berlusconi une a su hegemonía mediática su poder como máximo dirigente político del país, una mayoría parlamentaria sometida a sus designios y haberse embarcado en la construcción de una ingeniería legal y constitucional a la medida de sus intereses.

El paralelismo con México se acentúa. Por ejemplo, un antiguo funcionario gubernamental y ahora investigador de los medios, José Carreño Carlón, plantea: «desde fina les de los 80 a 2000 o 2002, México logró combinar el modelo de colusión de intereses con crecientes márgenes de libertad de los medios, lo cual configuró un esquema más próximo a los modelos de Fourth Estate (cuarto poder o contra poder) y watch-dog(la función de vigilancia sobre el funcionamiento de los poderes) en los términos propuestos para los medios en las democracias con mayor arraigo».

Sin embargo, clarifica que a partir de 2002 el modelo de colusión pasó a quedar supeditado al dominio del poder privado en el control de los medios, a través de un esquema que Raúl Trejo Delarbre enuncia como “subordinación al revés”, porque a diferencia del esquema iniciado desde los años 20 ahora la relación quedaría invertida: la subordinación recae en el poder público y el mundo de la política, a favor de los grandes medios controlados por el poder del capital privado promonopólico. Se trata, lisa y llanamente, de una elevación de los medios al estatus de First Estate, de primer poder (mediocracia o telecracia).

O de “Poder Cero”, como lo ha llamado Alfonso Nieto, fundador de la Facultad de Comunicación Pública de la Universidad de Navarra: «En época no lejana se calificó a la prensa de cuarto poder; actualmente el poder de comunicar es poder cero. En ocasiones, ese poder domina sobre los que dominan, decide sobre los que deciden, juzga a los que juzgan, crea modas y las destruye; de hecho, está en la raíz de los otros poderes».

En tales términos, el gobierno mexicano cedió la rectoría del modelo de colusión en favor del componente empresarial dentro del complejo político de control de los medios. Así, esta rectoría pasó del poder presidencial, que lo monopolizó en otros tiempos, al poder de quienes encabezan las dos grandes empresas de televisión y un puñado de cadenas de radio. Al subordinar el poder público y el espectro político general al poder fortalecido de los medios, se impuso un aplazamiento indefinido al curso de la transición democrática.

Panorama que ahora, mediante la llamada “Ley Televisa”, pretende llegar a un cierre de pinzas con el control de los medios digitales o el nuevo imperio de las Tecnologías de la Información (TI), que en el mundo comienzan a conocerse como “Sociedad de la Información” o la tecnoutopia de la computadora y el Internet.

Lo que está en juego:
¿la tecnoutopía de la información?

Con la irrupción de las Tecnologías de la información, que comprenden técnicas para la difusión y la informatización de datos, aparece en escena la presencia de los “nuevos medios” de comunicación. Denominada telemática (Moragas, 1985), el concepto define un único sistema que agrupa a las comunicaciones telefónicas, a las comunicaciones de masas y a las comunicaciones informáticas de forma que integra la transmisión de datos simultáneamente y el intercambio recíproco entre individuos o entre computadoras, mediante cables, enlaces o satélites. Esto promueve que la comunicación y la información se puedan acelerar y organizar de una manera rotundamente intensiva.

A su vez, Armand Mattelart, especialista en Comunicación, antiguo colaborador del gobierno de Salvador Allende y desmitificador de las industrias culturales estadounidenses, expone que en 1998, después de tres años de negociaciones en el marco de la Organización Mundial del Comercio, marcadas por el sobrepeso de los grandes países industriales, entró en vigor el acuerdo que implantaba la apertura a la competencia de los mercados nacionales de telecomunicaciones. Quedó así abierta la puerta para la formación de grandes grupos multimedia.

Las megafusiones-adquisiciones y las tomas de participación prohijaron el hermanamiento de las industrias de contenidos mediáticos con los operadores de la red. Dichas fusiones revelaron a evidencia de la aceleración de los procesos de concentración a escala planetaria en el sector, así como la creciente importancia de los operativos financieros. Varios países latinoamericanos se habían adelantado a esa negociación de la OMC, como lo hicieron precozmente Argentina, Chile, México y Venezuela.

Apunta Mattelart que en los años 2001 y 2003 participó personalmente en conferencias organizadas por la Comisión iraní de la UNESCO, en Teheran, sobre la sociedad de la información en los países del Asia central y occidental, así como, en 2003, en otra convocada por el Senado de la republica en la ciudad de México, para tratar los “retos de la sociedad de la información”. En cada de estas sedes quedó claro que sólo ciertos sectores se movilizan para discutir dichos temas. En Irán, los sectores reformadores. En México, el Secretario de Comunicaciones hizo mutis a la invitación y tampoco mandó ningún representante. Menos aún aparecieron noticias destacadas en los grandes medios.

A pesar de esos desaires de los poderes instituidos, el enfrentamiento entre posiciones ha contribuido a socavar los discursos tecnoutópicos, ya que ha venido a recordar que la construcción de la llamada sociedad de la información se inscribe forzosamente en un campo de fuerzas políticas de las que es difícil abstraerse y que la construcción de los usos sociales de las tecnologías es igualmente un asunto de los ciudadanos, y no sólo del determinismo del mercado y de la técnica.

En los días actuales, la conectividad técnica se presenta como el pasaporte hacia la nueva sociedad. Esta ideología de la conectividad se combina con el retorno, en las esferas del poder llamado global, de las concepciones neodifusionistas —de arriba abajo— en la producción y distribución del “conocimiento” en las estrategias de construcción de los macro-usos de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.

La retórica de la innovación digital sirve de coartada para remozar visiones neoimperiales y etnocéntricas de la reestructuración del orden mundial. Lo grave es que organismos como la UNESCO aceptan suscribir acuerdos oficiales con Microsoft para yugular la “fractura digital”, en circunstancias en que dicho monopolio intenta abrir juicios por todos lados a los partidarios del software libre.

Por otra parte, el movimiento social ha desafiado los límites de esta oferta de participación y, paralelamente, busca más que nunca dotarse de sus propios lugares de reflexión y formular sus propios programas de acción. Como lo prueba la apertura, en los foros sociales mundiales, de espacios de debate y de propuesta sobre las nuevas formas de hegemonía cultural. Apoyándose en la logística de las nuevas redes de la militancia y los foros sociales mundiales, continentales o nacionales, el movimiento de la altermundialización ha incorporado progresivamente la controversia relativa al rumbo tecno-informacional en el debate sobre las razones estructurales de las disparidades socioeconómicas.

La libertad del consumidor, del usuario, no es algo que caiga del cielo. Se construye a base de contrapoderes y la organización de lugares perennes desde donde se expresa este contrapeso. No se sabe qué forma tomará, pero sin duda ha llegado el momento para pensar la organización de la sociedad civil en este campo de la acción y conciencia ciudadanas.

En una entrevista, Mattelart denuncia que la “tecno—utopía” ha perdido su asidero debido al choque con diversos aspectos de la realidad. Se impone una tendencia hacia el ordenamiento de las redes mundiales desde una visión más pragmática. El sector privado transnacional, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales están enfrentados por la definición de la sociedad de la información.

La pregunta hoy es: ¿qué orden queremos en las redes de redes? ¿Qué nuevo orden mundial de la información estamos dispuestos a acordar entre todos los actores globales? La respuesta no resulta nada clara. Frente al sueño de que todos vamos a poder ingresar en la era del cono cimiento de todo a través de Internet hay una realidad: hay monopolios de poder y de saber.

O desistimientos históricos, como es el caso de México, donde el declive de la política se muestra agudizado por un gobierno inepto y miope, que no ve más allá de las gafas de la inminente derrota electoral de ¿su? partido.

El Semio Capitalismo (SemíoKap):
¿la distopía que viene?

En un documento de febrero de 2000 se alude a la recién perpetrada fusión entre American On Line y Time Warner vista en perspectiva como un pasaje decisivo en la historia de la comunicación social y en la historia de la formación de un sistema omnicomprensivo del poder sobre la mente colectiva.
Establece que la historia del ciclo de la infoproducción en el decenio de los noventa se desarrolló al filo de la alternativa entre dos posibilidades: a) la formación de una Mente Global interconectada por cable según las líneas de poder del SemioCapitalismo (Semiokap), y/o b) la formación de una Inteligencia Colectiva dotada de autonomía y de auto determinación y, sobretodo, capaz de hacer valer prioridades diversas a aquellas de la economía semiocapitalista.

La batalla entre tales dos perspectivas sigue abierta. La rebelión global en Seattle, por ejemplo, fue un momento importante de autonomía de la Red respecto del SemioKap. La red funcionó según un modelo de tipo rizomático, descentrado, paritario y no jerárquico respondiendo a las exigencias de autoorganización del trabajo virtual según un proceso igualitario y difusivo. Al mismo tiempo, en el bando contrario se avanzaba en los proyectos de colonización económica de la red, hecha posible por vía de la simplificación de los procedimientos de búsqueda y de conexión que la web puso en marcha.

Es decir, durante los años noventa tuvo lugar un pro ceso de recíproco entretejido entre la red y las centrales de dominio (semiótico, económico, imaginario). Por un lado, la acción que desempeñan los productores de software para la red tiende fatalmente a desembocar en su colonización parcial. La creación de una interfase facilitadora o el desarrollo de un motor de búsqueda representan, inevitablemente, procesos de colonización parcial, de encauzamiento del flujo comunicativo y de la búsqueda. El poder pasa a través de la facilitación de los recorridos/itinerarios.

En esa vía, el lanzamiento de Windows95 constituyó un intento agresivo de conquistar la red por parte de la empresa Microsoft. Con la incorporación de MSN en el paquete del sistema operativo, Microsoft —que en un primer momento no supo prever el impetuoso desarrollo de Internet— buscaba acortar el camino a la red incorporándola. Tuvo un éxito parcial y conflictivo, solo en mínima parte, y desde ese momento empezaron los problemas para Microsoft.

El proceso de colonización de Internet se ha desencadenado en los últimos años de manera parcial, sin que llegue a darse la alteración decisiva de la función auto-organizativa que desarrolla la red. Un episodio tuvo lugar en otoño de 1999, cuando la red supo funcionar como instrumento de organización del pensamiento internacional contra la World Trade Organization, reuniendo, canalizando con tenidos y poniendo en funcionamiento un proceso de hegemonía de la red sobre el sistema mediático global.

Dejando de lado las incursiones (invasivas, por demás) de la publicidad, el flujo de comunicación de Internet hacia fines de los años noventa era de hecho un flujo autogestionado, autoproducido, funcional a los intereses - sociales, cognoscitivos, imaginarios— de los hombres y las mujeres que la utilizan, la frecuentan y la alimentan. No obstante, al mismo tiempo se desenvuelve otro proceso que agrede la autopoiesis de la red desde un punto de vista que no es el de la creación de interfaces, sino precisamente el de la producción de contenidos desde un foco centralizado (visión panóptica u ómnibus). La televisión es así el instrumento mediante el cual el Semiocapitalismo agrede la autonomía de la red. ¿Cómo?

En la última década ha tenido curso la creación de inmensos conglomerados de la producción televisiva: CNN, Wamer Bross, Time (en México el dueto Televisa-TV Azteca), han producido contenidos que van desde la información al entretenimiento. La Neotelevisión o el sistema de infotainment [infontaiment: neologismo formado por las palabras “information” y “entertainment”} TV toma un carácter de ariete para atacar a la red.

Apenas transcurrida la batalla de Seattle (de hecho, la primera insurrección mediática del nuevo siglo) el coloso de la info-tainment TimeWarner se lanzó a la conquista de Internet, usando como caballo de Troya al mayor proveedor que existía: America OnLine. AO aparece como el vencedor, como la fuerza que absorbe: AOL funciona como instrumento de infiltración del modelo televisivo en el espacio de red.

La convergencia entre proveedor de servido de red y proveedor de contenidos de la televisión revela un proyecto de mutación del modelo comunicativo de Internet. Si este diseño se realiza —y todavía no está todo dicho— el efecto de la fusión del mayor proveedor de red con la mayor empresa de producción de info-tainment en el mundo no será, como se dice, la convergencia entre la red y la televisión. Es, más bien, la colonización de la red por parte de la TV, la invasión de la red por parte del flujo semiótico de la info-tainment homogéneamente replicada.

Según este rejuego de fintas y embestidas, la hiper TV busca a todo tren engullir a la hipo-net. La creación de contenidos (léase programación y barras televisivas) no dependerá más de individuos y grupos que se conectan de manera voluntaria y consciente en la electrosfera. Los contenidos son la réplica del modelo televisivo: señales arrojadas a la mayoría, producidas según los gustos (espectaculares y especulares) de esta mayoría, en beneficio de una pequeñísima minoría. En esta visión (corporativa) los nuevos usuarios tenderán cada vez más a consumir Internet como se consume televisión.

Sin embargo, el escenario pesimista, la distopía, no tiene que suceder a fuerza. En cierto sentido, porque la convergencia entre dos paquidermos puede producir una parálisis. Pero, sobre todo, porque la comunidad de la red puede aprovechar esta ocasión para intensificar sus experiencias de web tv.

Se augura, entonces, que en el próximo período los problemas técnicos que existen atrás de la transmisión de imágenes en movimiento estarán envías de resolución. Esto implica la necesidad de estar preparados para utilizar esa oportunidad tecnológica en la perspectiva de poner en funcionamiento un proceso opuesto al que tal fusión quiere llegar. Es decir, generar un proceso de proliferación de las emisoras de video conectadas en red. Por ende, la fusión entre AOL y TV viene a ser la respuesta del sistema mediático dominante a la rebelión global iniciada de noviembre del 99. Pero la batalla está apenas en sus inicios.

Los costos de la producción televisiva impidieron siempre el acceso a operadores que no dispusieran de grandes capitales para invertir y que no pudieran capturar ingentes cuotas de publicidad. Pero hoy esto cada vez más deja de ser así. Los medios de producción visual se vuelven accesibles: una telecámara digital tiene un costo fácilmente abordable por un colectivo, por un centro social, por un artista o un grupo de artistas independientes. Además, la digitalización de las máquinas de producción visual hace posible una inmediata integración de la producción visual dentro de la red Internet.

Hasta ahora, el videostreaming apenas inicia sus primeros pasos. Hoy, gracias a la disponibilidad creciente de banda ancha tiende a hacerse posible circular por la red Internet grandes cantidades de videostreaming. Pueden crearse bancos de datos visuales, jukebox propiamente dichos, accesibles ya sea por parte de los internautas (que son hasta el momento una minoría ínfima de la población mundial), ya sea por parte de pequeñas emisoras televisivas que podrían transmitir desde la red a la pantalla del electro doméstico televisivo. Se delinea la posibilidad de una integración inédita entre el dispositivo de red y la recombinación de fragmentos de producción visual.

Igualmente se delinea la perspectiva de una destrucción de la televisión. Cuando las comunidades comiencen a usar la telecámara para informar, o jugar con su vida cotidiana, la televisión dejará de ser algo que se ve y comenzará a ser algo que se hace. Esta es la posibilidad implícita de la micro TV.

No se trata de hacer una televisión más justa, una televisión más bella. La única televisión buena que se puede hacer es la que destruye a la televisión, que transforma el equipo de videocámara-transmisor en un teléfono, un video-telélono comunitario. Si esto se vuelve una moda, un modo de ser, un comportamiento de masa, solamente los más tontos mirarán la televisión todavía, porque los otros estarán ocupados haciéndola.

Epilogo

En México, mientras tanto, brillan por su ausencia iniciativas ciudadanas como los Observatorios de Medios (apoyados por organizaciones sociales, ONGs y sindicatos), y todos estamos convertidos en meros consumidores... ( aunque sin capacidad adquisitiva). En tanto, el Senado de la República tienen en sus manos la papa caliente: ¿Mediocracia o democtracia?


FUENTES
• Laura Islas Reyes, “La ley de Televisa”, ETCÉTERA, enero 2006.
• Ricardo Rápale, “No todo es cuento”, ETCETERA, 5 de febrero de 2006.
• Eduardo Martínez Cantero, “Preocupan a Canieti modificaciones ‘parciales’ a la ley de radio y tv, LA JORNADA, Miércoles 1 de febrero de 2006.
• Víctor Cardoso, “Marginan de la toma de decisiones a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes”, LA JORNADA, viernes 13 de enero de 2006.
• Por Leonardo Rosas, “controversia entre PRI, PAN y PRD por aprobación de ley de radio y tv’, LA CRISIS, 11 de enero de 2006.
• “Reserva Senado frecuencias de radio y TV”, Infosel Financiero, 28-12-2005.
• Senador Javier Corral Jurado, “Más concesiones a cambio de apoyo a Madrazo: Corral. REFORMAS A LEY DE RADIO Y TV, ACUERDO PRI-TELEVISA”, 4 de diciembre de 2005.
• Raúl Trejo Delarbre, “En siete minutos”, ETCÉTERA, suplemento especial, diciembre 2005.
• Gabriel Sosa Plata, “Televisa y su ley”, en la sección Finanzas de EL UNIVERSAL, el 6 de diciembre de 2005.
• Umberto Eco, “La transparencia perdida. De la Paleotelevisión a la Neotelevisión” en La estrategia de la llusiói7,1 983; Madrid: Lumen, 1986.
• Jesús González Requena, El discurso televisivo: espectáculo de la posmodernidad Madrid: Cátedra, 1992.
• Imberl, G., “La hipervisibilidad televisiva: Nuevos imaginarios/ nuevos rituales comunicativos”. Textos de las I Jornadas sobre Televisión (diciembre, 1999), Université de Paris-Sorbonne.
• Carmen Lloveres, “Dictadura rnediática en la Italia de Berlusconi”. Agencia de Información Solidaria (AIS). España, febrero del 2004.
• Francisco Ficarra, “El imperio mediático de Silvio Berlusconi en Italia”, revista Chasqui89, 2004.
• Nando Pagnoncelli, “Italia: La estrategia de comunicación política de Berlusconi”.
• Antonio Pasquali, “Reinventando las políticas de comunicación del siglo XXI, Conferencia para el VI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación. ALAIC, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, junio de 2002.
• Adriana M. Cely Alvarez, “Elementos para caracterizar los ‘nuevos’ medios de comunicación”, Universidad del zulia, Centro de Investigaciones de la Comunicación y la Información. Venezuela, acely@luz.ve, acely@telcel.net.ve
• Entrevista a Armand Mattelart. “EJ sociólogo que desnudó al Pato Donald y el modelo estadounidense, EL PROFETA DEL APOCALIPSIS”, por Carlos Morales, suplemento Domingo, La Prensa, La Paz, Bolivia, 28 de noviembre de 2004.
• Franco Berardi ‘Bifo’, “MEDIACTIVISMO (Activismo en los medios) Estrategias y prácticas de la comunicación independiente, Mapa internacional y manual de uso”, Matteo Pasquinelli (curador), Los libros de DeriveApprodi, 1ª. edición septiembre de 2002. wwwrekombinant.org

* NOTA: El primer número de Comunicación y Poder —La mediología política en México— salió en el número 70 de cuadernos de Comunicación sindical, en enero de 2003. Verlo en el sitio oficial del STUNAM: http://www.stunam.org
El autor: César H. Espinosa es editor del semanario Unión y de la revista Foro Universitario, órganos del STUNAM. Autor de libros y ensayos sobre política cultural, comunicación, poesía experimental y arte de vanguardia.


Cuadernos editados

70. Comunicación y política. César H. Espinosa
71. Poemas. Luis Nuño Abaonza
72. catorce escritores y un filósofo. Armando Altamira Gallardo
73. Veinte poemas. Francisco Pulido Aranda
74. Viajando entre zonas de cactáceas y otros ecosistemas mexicanos.
Albertoo Pulido Aranda
75. La conquista del Pico de Orizaba. Armando Altamira Gallardo
76 Estudio de los nombres geográficos de la Delegación lztapalapa.
Ángel Guadalupe Guzmán Camarillo
77. En Guerrero: el aire, el paisaje y la miseria son gratis Testimonio 3
78. La población de La Magdalena Contreras: crecimiento y consecuencias, una
primera aproximación. Luis castillo Oseguera
79. Loco Enamorado. Luis Nuño Abaonza
80. México y la descripción de varios de sus ricos ecosistemas.
AlbeRTdo Pulido Aranda
81. Método para suicidarse en siete lecciones. Armando Altamira Gallardo
82. Exlibris. Sergio Sánchez Santamaría