CUADERNOS DE EDUCACIÓN SINDICAL # 72

LUCIO CABAÑAS
TESTIMONIOS 1

 

 
 

 

Secretario General: Agustín Rodríguez Fuentes
Secretario de Prensa y Propaganda: Alberto Pulido Aranda
Coordinador Editorial: César H. Espinosa
Coordinador de la Secretaría: Tomás Méndez
Coordinador de los Cuadernos: Armando Altamira G.
Diseño: José Luis Contreras
Impresión: Nicolás Arnulfo Jiménez Galindo y Pedro Arnulfo Jiménez Delgadillo
Mayo de 2003

 

   
       

LUCIO SEGUN DAVID

Participación de David Cabañas B. en la mesa redonda organizada por el Frente de Lucha Estudiantil Julio Antonio Mella en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el 11 de noviembre de 2002.

Lucio no ha desaparecido y no va a desaparecer. Tendré yo que decir parte de algunos datos biográficos, como que nace en El Porvenir municipio de Atoyac un pueblito allá en la sierra. El pueblito se llama El Porvenir, pero ahí arribita del pueblo existe, ha de existir todavía la Huerta del Venado, ahí nació Lucio el 15 de diciembre de 1936 de padres campesinos, Gervasio Cabañas y Rafaela Cervantes Barrientos, ahí en uno de los lugares mas fríos de la sierra perteneciente al Municipio de Atoyac. Posteriormente se bajan a vivir a El Cayaco donde cursa hasta el 3er. año de primaria. Con tercer año de primaria, ya se pone a trabajar en el campo. No había para más, el padre es asesinado en 1950 por caciques de la región y algún pariente cómplice. El origen de la idea de lucha es de la herencia del pueblo, en general de los guerrerenses. Veamos: el general Pablo Cabañas era abuelo de Lucio Cabañas y se hizo general durante la Revolución Mexicana en los años veinte. El general Pablo Cabañas estaba allá y en Michoacán, donde se hace zapatista. Con los hermanos Escudero participó nuestro abuelo materno Crecencio Gervacio Castro con las tropas del general Amadeo Vidal que siendo hijo de un comerciante de una situación económica más o menos buena, que había estudiado la secundaria allí en la frontera con Estados Unidos, se dedicó a esa cosa de tener lanchitas y todas esas cosas para transportar en Acapulco. Se puso del lado del pueblo este señor hasta ser general. Ahí participó el abuelo nuestro.

En 1927 Amadeo Vidal con sus tropas ocupan Acapulco y entran por el cerro de El Venadero donde estuvo Morelos cuando puso el sitio a Acapulco y que no lo pudieron tomar. A marchas forzadas, llegaron las tropas norteamericanas para proteger a sus conacionales porque el pueblo se estaba insurreccionando en contra de los gachupines. Se decía entonces que las tropas norteamericanas desembarcaron ahí, marines norteamericanos del barco el Cincinnati desembarcaron en Acapulco para proteger a los gringos que tenían propiedades en Acapulco y fueron las tropas de Amadeo Vidal las que obligaron a las tropas norteamericanas a que otra vez embarcaran. La cosa ahí quedó, hubo sus enfrentamientos, no con los marines norteamericanos sino con la policía y las tropas al servicio del gobierno mexicano del mismo gobierno mexicano.

Estos son antecedentes de la herencia de lucha que viene de la época de la conquista. Ustedes deben saber por ejemplo que nosotros tenemos en nuestra región de Guerrero 550 kilómetros de litoral y en ellos tenemos muchas razas de origen negro o sea que llegaban por alta mar los esclavos y ahí se arraigaban en las costas sobre todo Costa Chica a partir de Acapulco hasta Oaxaca. Por esto hay compañeros hermanos morenitos, así como los cubanos. Guerrero es una región riquísima, tenemos oro, tenemos plata, quien quiera plata ahí está Taxco, quien quiera oro ahí tenemos Arcelia, a donde va la gente a comprar oro para vender aquí.

El oro que se trae a vender aquí lo llevan a Tierra Caliente, tierras fértiles en donde se da lo que siembren, hasta mariguana y amapola, o sea son tierras fértiles y lo contrastante es como, a pesar de las riquezas que tenemos, yo por poquito soy enano, ¿por qué?, pues porque no comimos, cuando digo comer, con 550 kilómetros de litoral, en Acapulco es histórico que tenemos cuatro barcos dos de ellos sirven y dos están descompuestos y los que van a Acapulco que creen que van a comer mariscos sacados del Pacífico, pues se equivocaron, sí son del Pacífico pero de allí de Sinaloa o de cualquier otro rumbo. El marisco que consumimos cuando vamos a Acapulco en los grandes hoteles, los que van a grandes hoteles de las 5 estrellas, a los restaurantes de lujo son de La Viga, el mercado de pescado del Distrito Federal ahora trasladado a la Central de Abastos. De ahí los come la gente desgraciadamente, porque los cuatro barcos que había, nomás quedó el que medio servía, los otros ni servían, o sea que lo contrastante es que tenemos madera, sembramos maíz, sembramos fríjol, cafetales enormes que hoy en los lugares donde el café lo vas a vender a $4.20 el kilo de café oro. El café oro quiere decir limpio, totalmente ya para tostarlo y molerlo, se imaginan, y cuánto cobran cuanto pagan por cortar un kilo de café, un cuartillo un poquito más de un kilo, pues $ 1.00. Se imaginan a dónde va a dar la gente que produce café, o sea, es tan contrastante entre la riqueza que se tiene natural y las condiciones de vida que tenemos aquí, que el ejemplo es su servidor que por poco soy enano.

Esto es lo que aquí da lugar a que tengamos una situación a veces de inconformes y busquemos salidas. Cuando uno vive en las condiciones como las que yo vivía, como las que vivía Lucio, le importa muy poco dejar la casa porque finalmente qué vas a perder, nada absolutamente. Cuando yo dejé la casa familiar pues si me alejé de la familia, lo sentí mucho pero no perdí nada más que eso, no perdí nada más. Así que el que se rebela en esa situación en la que estábamos nosotros o estando como están los campesinos de allá marginados en esa situación, no pierde nada, al contrario, cambia su condición de vida, puede leer, puede escribir. Si yo no me integro a la lucha, si yo estoy ante ustedes aquí se lo debo a la lucha social en México, a los luchadores, se lo debo a Lucio, si no estuviera yo arrumbado en el ranchito a lo mejor ya muerto, no se, dicen que no hay mal que por bien no venga.

Lucio seguramente pensó igual siendo maestro. Un maestro no pasa de ser servidor del pueblo, si quiere servirle pero gana una migaja que apenas alcanza para medio ir comiendo. Cuando Lucio decía ser pueblo decía ser parte de este pueblo en el sentido de conocer cómo viven, vivir como él también, decía comer tortillas con chile, comer frijoles todos los días y a veces también no comer, eso es ser pueblo. Hacer pueblo es organizar ese pueblo, pero para organizarlo cómo, pues no hay más que estar con él ahí para poderlo organizar, si vamos de vez en cuando, pues hasta se olvida cómo somos y una vez organizado, bueno pues estar con él y así estuvo Lucio así fue él. Lucio era un hombre que nunca tenía obstáculos para cumplir las tareas que la gente le encargaba, que le resultaban de su compromiso con el pueblo, su compromiso con la gente.

-Oiga profesor mire que los papeles de mi hijo en México no me los arreglan como quisiera, si usted puede ir. Pues si me da pa’ los pasajes y me ayuda para que yo pueda ir a arreglarlos...- pues le daban para que viniera y se regresara y él se los arreglaba. Contaban de una ocasión: -oye Lucio, ya se nos acabó el dinero. -Pues párate aquí en la esquina y yo me paro aquí a pedir a la gente que nos de para los pasajes-. Y así reuníamos para el pasaje, cuando estudiábamos en la Normal y así más o menos se la arreglaban en parte cuando de plano ya no se podía, pidiendo a la gente como ocurre mucho hoy, hoy es muy común, en aquellos años no era muy común hacer esto. Si ustedes leen una parte de Guerra en el Paraíso de Carlos Montemayor, ahí viene una parte de las expresiones pero mucho viene en las grabaciones que el ejército obtuvo y que tiene el periodista mercenario Luis Su Lo único bueno que tiene su libro es la copia de comunicados y grabaciones, pero tiene un título muy contrario al pensamiento nuestro “Lucio Cabañas: el guerrillero sin esperanza “. Ahí viene como Lucio habla y la palabra es pues pero no decía pues, decía pos, no pos, si pos, ¿por qué?, porque así habla el pueblo y decía pos solamente así nos podemos hacer entender con el pueblo.

Cuando enseñaba las leyes de dialéctica hay una grabación en donde dice: bueno, una de las leyes de la dialéctica nos dice como primero hay un granito de maíz y la dialéctica nos dice que el granito de maíz lo sembramos y al ratito cambia, ¿por qué?, porque se convierte en una matita y después de que se convierte en matita se convierte en muchos granos, entonces diciendo una explicación así bien ordenada que cualquier campesino la entienda explicaba una de las leyes de la dialéctica.

¿Quién de los campesinos no sabe qué es un grano de maíz? y ¿quién no sabe también como va naciendo la matita y se va destruyendo para transformarse y reproducirse? Esas son las cosas sencillas que decía Lucio, la forma de cómo le explicaba a la gente y que la mantenía por decir, con la boca abierta. Quedaba claro que es lo que decía, quedaba claro ante todos y así es como se ganó a la gente.

Desde 1958 siendo él estudiante todavía, porque él empezó a estudiar y tuvo que dejar los estudios para trabajar. Luego siguió estudiando y reinició el estudio de la primaria a los 17 años de edad y empezó la secundaria a los 19 años porque no había podido antes. Así se inscribe con 5° año de primaria en la Normal de Ayotzinapa, hace el 6° año allí y allí continúa con la secundaria, ya en secundaria se convierte en estudiante de la normal y posteriormente es profesor y empieza a recorrer el país, las escuelas normales y en toda su trayectoria a los 19-20 años se integra a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas, participa políticamente y llega a ser dirigente nacional.

Siempre tuvo una proyección consecuente. Teníamos un gobierno, uno de los peores, el de Raúl Caballero Aburto, un general que asesinaba gente por cualquier cosa. Si decían que fulano se robó una gallina pues había que ejecutarlo y lo ejecutaban, la policía lo sacaba de la cárcel municipal de Atoyac o de otros municipios. Por ejemplo, ahí mataron a los hermanos Mata, a los hermanos Arrieta, a Serafín, a la Blanca de Atoyac y a otro señor de Tecpan. Hacían contratos para matar gente las policías municipales y las policías estatales que en ese tiempo era la montada porque les daban uniforme beige y montaban a caballo, aunque la mayor parte no usaba caballo. Pero luego cuando sometían a algún pueblo les decían la policía montada. Esos mataron muchísima gente durante los años 57 a 60. Entonces Lucio fue contratado por la Normal de Ayotzinapa como comisionado para atender la Costa Grande de Guerrero y recorrió la costa. En Atoyac se gana a toda la gente de la sierra, digo de la sierra porque los que viven en Ayotzinapa tienen la familia con tierra en Atoyac. Es una ramificación de parientes y conocidos que hablando en el pueblo esta uno hablando con los parientes y los amigos. En ese tiempo, 57-58, se convierte en líder regional de nosotros y de ahí para adelante pues termina sus estudios como maestro y se va a trabajar a Mezcaltepec en donde luego lucha contra las compañías madereras y los obliga a medio pagar lo que se habían comprometido a pagar por los derechos del ejido. Lucio es cazado por pistoleros a sueldo y la familia, los compañeros le pedimos que ya no siguiera en Mezcaltepec que se bajara a Atoyac, se va a Atoyac pero luego también la gente le decía: Lucio apóyanos acá nosotros. El 18 de mayo de 1961 en un mitin en la plaza de Atoyac contra la dirección corrupta de la Escuela Primaria Juan Álvarez, es sacado por la gente en medio de la balacera. Ahí mueren cinco campesinos entre ellos Manuel Gómez, María Isabel Gómez que estaba ahí. Esto lo obliga al clandestinaje y a organizar la lucha armada.

La vida de Lucio esta comprometida siempre con su pueblo porque él era pueblo y sabía hacer pueblo y quería estar con su pueblo. Los términos de Lucio son estos términos populares que quien sea los entiende al grado tal de que nosotros donde quiera que nos parábamos nos cuidaban y nos daban de comer. Si llegábamos a un pueblo donde no nos conocieran yo decía: compañeros somos de Lucio y eso era suficiente. Todos los pueblos del municipio de Atoyac, de Tecpan, de Coyuca de Benítez eran pueblos nuestros porque la política de Lucio, la forma en que hablaba y convencía, nos ganaba al pueblo.

Había esta labor de convencimiento constante, pero también había la organización política-militar. Nos decía: tú vas en el monte, en el camino, de repente te encuentras con un montón de gente que va armada, con fusiles y uniformes y armados hasta los dientes, cualquiera se asusta, hay que hacer entender al pueblo por qué tomamos las armas.

La gente nos regalaba vacas, nos regalaba puercos, nos hacía fiestas, nos hacía bailes cuando llegábamos. Así era la convivencia con los pueblos. Desde allí Lucio ya daba la idea de las cosas: aquí faltan escuelas vamos a ver el problema de la escuela, que aquí esta el problema de la tierra, que aquí esta el problema de la leña, lo que fuera, el maestro mandaba conseguir un médico también, pero los pueblos eran nuestros ojos, eran nuestros oídos, eran nuestro aparato de información. Los pueblos eran nuestra casa, los habitantes de los pueblos eran nuestra familia, eso fue lo que dio lugar a que el ejército nos lanzara 16 campañas militares disfrazadas de sanidad, de apoyo a las comunidades, de orientación para que produjeran mejor en el campo.

Los militares ocupaban el pueblo y nosotros ahí en un rincón. Ocurrió que no supimos a tiempo porque a veces no nos acercábamos al pueblo a propósito. Nadie decía nada, nadie, o sea teníamos alimentación, teníamos armas, teníamos elementos porque el pueblo era nuestro, el pueblo era ganado por nosotros, tan solo el nombre de Lucio era suficiente. Allá en la Sierra, a los pueblos, a los ranchos les decimos barrios y no había uno a donde no pudiéramos llegar. El pueblo en donde está sepultada mi madre se llama San Martín de las Flores, no se llama rancho se llama barrio y el pueblo es Atoyac, por ejemplo para irnos entendiendo.

Ser pueblo es venir a aprender para hablarles en sus términos, pero más bien llegar a ellos. Lucio va a los pueblos, eso ya lo hacía desde el 58, ya visitaba las comunidades. Desde entonces él tenía conocidos aparte de los parientes y tenía mucha gente conocida que lo consultaba, que lo buscaba, que iban con él a buscarlo donde estuviera para plantearle el problema que fuera y él siempre les encontraba solución a los problemas. Esto da lugar a que crezcan raíces muy profundas que hasta hoy existen. Hoy que estamos organizando los actos de su inhumación, acabamos de tener dos reuniones, una como de 30 personas, pero la otra de más de 100 personas, todos se compro metieron en comisiones ya en conseguir alimentos, arroz, leña, café, pan, etc. como las camionetas que nos ofrecieron para apoyarnos en los actos.

Nuestra situación económica es bastante mejor con respecto al principio. Si alguien que tiene una camioneta que tiene una situación económica muy buena con respecto a nosotros, la pone a nuestra disposición. No estamos hablando nomás de participantes de allá muy abajo económicamente, sino también de la gente de un nivel económico más alto. Estamos hablando de varios niveles económicos y varios status económicos de personas que tienen recursos y los ponen al servicio de quien los ha convencido de luchar por la libertad y la justicia del lado del pueblo. A Lucio muchas veces compañeros que venían de la ciudad lo buscaban porque alguien les había dicho: por favor llévele este reloj al profesor. Lucio se lo ponía un ratito, decía está bonito ¿verdad? y luego se lo regalaba a algún compañero. Lucio nunca trajo un reloj más de tres días, siempre lo regaló a un compañero, buscaba la forma siempre de ver como utilizaba las cosas en beneficio de todos o se lo daba a un compañero de premio. Me acuerdo cuando los vietnamitas nos mandaron medallitas y anillos que eran de un material que quitaban los vietnamitas a los helicópteros gringos que derribaban en Vietnam. Lucio repartía entre los compañeros y no se quedaba con nada.

Así fue Lucio siempre desprendido, fue el hombre dispuesto a dar siempre sin condiciones, sin limitaciones, para servirle a la gente, el hombre que traía la mochila m pesada, el hombre que comía al último, el hombre que si llegaban las cosas para darnos, para repartirnos, el no se quedaba con las cosas. A veces nos llevaban ropa, cobijas, botas, claro las botas siempre eran menos problema porque no puede uno traer dos pares de botas en las piernas, tampoco puede uno traer la toalla ahí si ya no se usan, sino luego nos pasa lo que le pasó al Ché en Sierra Maestra con un grupo de estudiantes que llegaron con bata y pantuflas. Lucio no se quedaba con cosas inútiles. Traía un pantalón y una camisa nada mis. Siempre daba a los compañeros, daba su tiempo, daba todo lo que iba llegando para él. Siempre lo repartía porque para él no era importante lo material, era el hombre que si había riesgo, si había peligro, él siempre decía yo voy, yo propongo que vayamos fulano, zutano y yo. Váyanse hacia la costa yo y dos de mis compañeros en sentido contrario, para distraer al enemigo,- decidió Lucio cuando el cerco militar se cerraba para rescatar a Rubén Figueroa. El senador y futuro candidato a la gubernatura de Guerrero, no había podido garantizar una zona de tolerancia y lo que iba a ser una entrevista se convirtió en secuestro a cambio de una recompensa. Ni Figueroa pudo cumplir esta promesa ni la de convencer a Lucio de incorporar al Partido de los Pobres a la legalidad. Y hasta el final, Lucio optó por encabezar al grupo con mayor riesgo. No debió ser así pero fue. Cayó combatiendo. Nos dejó su ejemplo de ser pueblo, hacer pueblo, estar con el pueblo. La lucha sigue.

JUEVES FATIDICO

Entrevista escrita por Pablo Cabañas. Introducción y epilogo por el mismo.

El descontento era general, la escuela caminaba a través de caprichos. Los padres de familia protestaron por todas aquellas anomalías.

El pivote, el foco de los desórdenes era la directora del plantel. Se le sorprendió en varias ocasiones en escenas no gratas dentro del templo del saber. Los alumnos comentaban,

cuchicheaban, por lo que también “enseñaba la jefa” de la escuela. Por todo aquello los padres de familia, principalmente las madres, bastante enojados reclamaron por el ejemplo dado a sus hijas e hijos. Por lo antes dicho la mayor parte del personal docente también reclamó en varias ocasiones, pero entre las contingencias hubo muchas fricciones. El personal tampoco aguantó el mal trato que se daba a la docencia, a los trabajadores, a los padres de familia, a los alumnos que recibían una serie de castigos.

La directora demostraba complejos de superioridad, era reacia, intransigente, arbitraria. Se sentía protegida por ser amante de un jefe de la policía municipal. Los padres y la docencia en el clímax del problema se unieron para alzar su protesta ante las autoridades competentes, tanto civiles como educativas pero ninguna de ellas hizo caso de sus protestas. El problema se hizo más candente, más delicado y dio como resultado la huelga por parte de los padres de familia y la docencia; tomaron el plantel. Ya no se permitió la entrada a la directora con sus adeptos.

Atoyac encendió la chispa que años anteriores había quedado apagada por la masacre en el cuartel de Madera, Chihuahua. La chispa de un suceso que movería al mundo con sus acciones. Así corría el tiempo entre vericuetos, baches y configuraciones, tal parecía que se presentía algo, como si el propio cronos estuviera lleno de premoniciones.

El ambiente se emplumaba con díceres, con rumores, con noticias no muy loables: se decía que a Lucio lo iban a quitar de en medio.

Había controversias, había críticas; se sabía que Lucio estaba vigilado, lo seguían desde muchos meses atrás y se rumoraba la existencia de la orden de aprehensión.

Regresándonos un poco. En el año escolar 1965-1966, la directora de la escuela primaria “Modesto Alarcón” había sido destituida de su cargo por los malos manejos, por sus malas disposiciones en la conducción del progreso educativo en el plantel que dirigía. La planta de profesores en unión de los padres de familia hicieron el reclamo por todo lo que sucedía ante la autoridad y la directora no tuvo otra solución que presentar su renuncia. En la escuela “Juan N. Álvarez” sucedía algo similar. Para esta otra directora la educación se había convertido en un negocio. Las aseveraciones de los padres de familia y de la mayoría de los profesores eran alarmantes. Ya no se podía trabajar; los padres ya no querían mandar a sus hijos, porque existía el maltrato. Los padres y profesores impidieron la entrada de la directora al plantel; unos días antes del 18 a Flaviano, las señoras Carmen Mesmo y Antonia, lo mismo que la mujer de Rosalino Sotelo, no los dejaron entrar. A Julia, la directora, las mujeres que estaban de guardia, la tiraron al suelo y en el forcejeo le desgarraron la ropa. A raíz del incidente, la directora, Juan García, Flaviano Sánchez, Rosalino Sotelo y un tal Divino el cual tenía el cargo de jefe de tránsito pagaron a la judicial para que desalojara al contingente de padres y maestros que estaban en la escuela. También para que disolvieran cualquier mitin o manifestación.

Como el anterior caso que antecede la masacre; también se le miró a Lucio conversar con Manuel García Cabañas, su primo segundo, en una charla no muy amistosa, tan fue así que si fue un reclamo nadie osó acercarse. Pero se dice que a Manuel -Presidente municipal en función- se le vio llorar ante la pasividad de Lucio.

En el tiempo de los acontecimientos, Lucio vivía en la casa que fue de su abuela materna, Enedina Barrientos. Allí vivían el tío Toño Onofre Barrientos con su esposa Florentina Gudiño y sus hijas e hijos. A este domicilio llegaron los docentes de la escuela “Juan N. Álvarez”: Alberto, Hilda, Guillermina y Senelia. Le fueron a pedir ayuda a Lucio para que los asesorara. Platicaron como una hora. Lucio no era de los que dejan a un compañero sin auxilio. Se pusieron de acuerdo. Mientras el tío Toño miraba todo aquello con desconfianza; parecía que el ambiente se iba cargando de algo extraño. Se presentía algo premonitorio. El tío Toño le dijo a Lucio como aseverando un consejo: ya no te habías de meter en ese problema, no es asunto tuyo, no pertenece a tu escuela. Mejor déjalo. Pero Lucio era un luchador nato. Ya el camino recorrido le había demostrado que la mejor lucha es la que se hace.

Un día antes, el 17 de mayo empezó a llegar la policía judicial y otras fuerzas policíacas. Aunque se suponía que en días anteriores ya había llegado algún dispositivo. Porque la escuela “Modesto Alarcón” donde trabajaba Lucio ya estaba vigilada, había guardias alrededor. Se asomaban a la escuela queriendo enterarse de lo que había en el interior. Lucio decía a las personas que le recomendaban que se cuidara:
¡No pasa nada!
¡No se atreverán a disparar contra el pueblo!

El día 18 se sabía que Manuel García Cabañas tenía acuartelados en el Ayuntamiento a los judiciales que habían llegado de la capital del estado. Lucio salió como lo hacía diario a la escuela. Ese jueves se sentía pesado, había un silencio misterioso. La tensión de la familia no era loable ni recomendable.
Lucio llegó a la escuela como era su costumbre, él era responsable en el horario. Pidió permiso para abandonar el plantel. El director le dijo que no saliera de la escuela. Que no tenía permiso para salir. Sin embargo, por esta vez Lucio no atendió indicaciones. Faltaban 15 minutos para las 10 horas a.m. de aquel fatídico jueves, cuando abandonó la escuela, atendiendo el acuerdo con el personal docente de la “Juan N. Álvarez.

La persona que da este testimonio fue protagonista de lo que sucedió el 18 de mayo. Este es el relato:
Cuando se fue Lucio, mi papá me dijo: ¡Ve a buscarlo! ¡Busca a Lucio!.
Me fui corriendo, derecho a la escuela Modesto Alarcón. Pregunté por él. Pero me dijeron algunos profesores: ¡ya se fue al zócalo! Regresé casi corriendo a la casa para informar a mi papi: le dije: Lucio ya se fue al zócalo

Mi papá me dijo: ¡Ve a ver y si es posible tráetelo ¡No le vaya a pasar algo! ¡Los judiciales ya están allí!

Me dirigí al zócalo, llegué jadeando. Rápido me fui a donde estaba el aparato de sonido. Pero Lucio no estaba. Me quedé mirando hacia todos lados del zócalo, pero por más que lo busqué con la mirada no lo vi. A los varios minutos llegó por el lado derecho del Ayuntamiento venía con algunos padres de familia. Se dirigió al aparato de sonido; tomó el micrófono y empezó a hablar. Allí al pie del tamarindo.

El zócalo estaba automáticamente lleno o rodeado de judiciales. Yo me paré al pie del árbol. Y con el miedo que me cargaba le dije: ¡Lucio: vámonos ¡Mira todos esos! Los judiciales. ¡No te vayan a hacer algo! ¡Vámonos de aquí!

Le arrebaté el micrófono y lo puse en el aparato. Él de inmediato volvió a tomar el micrófono y habló:
¡No hacen nada esos señores con cabeza de color de mierda! ¡No hables por el micrófono! ¡Mira ya viene uno! ¡Andale, ¡vamonos!

Cuando el judicial se acercó, yo jalé del brazo izquierdo a Lucio, varias veces.

Trae usted orden de hacer el mitin? Le dijo el judicial. Lucio se metió la mano a la bolsa de la camisa y sacó un papel entregándoselo. El policía se fue pero ya no regresó. Sólo se llevó la orden. Yo estaba llenó de miedo porque allá arriba en la casa de Juan García, en el Ayuntamiento y en las casas de alrededor había hombres armados. Mi miedo se volvía coraje por lo que le pudiera pasar a Lucio.

Un comandante regresó a los pocos minutos y se fue derecho a Lucio. Y sin palabra alguna lo agarró del cuello de la camisa y lo empezó a sacudir. Lucio no trató de defenderse. La gente se arremolinó al pie del tamarindo. El comandante sacó la pistola y se la puso en el pecho a Lucio. Al ver aquello le brinqué y me le colgué de los cabellos, pero se me resbaló varias veces por la grasa que traía y además tenía el pelo muy chiquito.

Al mirar la pistola en el pecho de Lucio, mi miedo se volvía rabia y sin medir consecuencias le tiré un manotazo a la pistola y el balazo pegó en el piso.

Y como si el balazo fuera una señal empezó la balacera. Llovían balas de todos lados. Con mi desesperación y coraje, lo que yo quería es que no le pasara nada a Lucio. De reojo miré que la gente caía al suelo. También miré como otro judicial apuntaba a Lucio a punto de dispararle, como a dos metros de distancia. Yo salté y de un golpe le bajé el arma larga y la bala también se clavó en el suelo. En ese momento yo quería tener un arma para darle a los que querían matarlo. Otro judicial le dio un balazo al esposo de Doña Isabel Gómez. Cuando él siente el balazo se tira al suelo. Doña Isabel pensó que habían matado a su marido, entonces agarró un picahielo y se lo clavó al judicial. Al ver aquello otro judicial mató a la señora Isabel que tenía un embarazo de cinco meses. De arriba caían balas y entre la balacera varias mujeres jalaron a Lucio, lo cubrieron y se lo llevaron con rumbo de la iglesia. Cuando se llevaron a Lucio me quedó sola, en medio de las gentes que estaban tiradas en el suelo. Miré tirado al papa del profeso Alberto, el señor Arcadio Martínez, compadre de mi mamí En medio de la lluvia de balas me quedé en el jardín. Aunque de inmediato corrí hacia donde el doctor Becerra. Cuando llegué a la puerta, Simón el empleado me jaló para adentro y me dijo: ¡Métete, no te vaya a dar una bala perdida! El jamás se imaginó que yo acababa de salir de en medio de las balas. Por una rendija de la puerta observé para afuera y miré que había muchas personas tiradas en el suelo. También miré cómo los judiciales tiraron a un policía muerto arriba de un jeep. Entre ellos alcancé a ver cuatro heridos.

Me pregunté: ¡Cómo se hirieron? Los del pueblo no llevábamos armas. Era la orden que Lucio había dado. Para que no hubiera motivos de algún percance.

Cuando miraba por la rendija de la puerta no se me quitaba el miedo. Aquel miedo desapareció para defender a Lucio. No me importó que me dieran un balazo. Lo único que me importaba era él. Me salí de la casa en que me escondí. Miré para todos lados. Atravesé por una acera y me dirigí a la casa.

En la calle encontré a la mayoría de los maestros y alumnos de la “Modesto Alarcón”, que por lo acontecido iban bañados en llanto porque la noticia era: ¡Mataron al profesor Lucio y a su hermana! Su hermana era yo. Cuando me encontraron les dije casi a gritos:
- vive, está vivo! Pero ya no está allí. Lo sacaron. Se lo llevaron gentes del pueblo.
- Lucio lo sacaron unas mujeres, lo cubrieron con sus rebozos y se lo llevaron! ¡No se pá donde!

Lo que ya no supe cuando empecé a correr fue qué pasó con las mujeres que discutían y forcejeaban con judiciales. Seguí corriendo hacia mi casa y encontré a mi mamá que iba llorando porque lo que más se decía era: que nos habían matado a Lucio y a mí. Le dije a mi mamá que Lucio había salido ileso.

La gente no cesaba de preguntarme, al igual que los profesores:
- cierto que mataron al profesor Lucio?
- está vivo! Les repetía yo.

A mi papá le confirmé: A Lucio lo sacaron fuera del pueblo.

Las horas pasaron lentamente, pesadas. Así la tarde empezó a caer. En la casa aparte de la gente que llegaba a preguntar por la suerte de Lucio. Hubo momentos en que sólo se escuchaba un silencio atosigador.

Cuando iban a dar casi las cuatro de la tarde mi papá me dijo:

-!Vamos a ver que pasó después. Lucio debe estar con don Juanito Mata!

Llegamos a aquella casa, pero nos informaron que sólo había pasado por allí. Y que lo habían llevado a otro lugar. Afuera de la casa había un señor conocido de mi papá, del cual no recuerdo su nombre. Le dijo a mi papá que él nos llevaría a donde estaba Lucio.

Agarramos camino. Caminamos por varias calles. Nos dirigimos como quién va al Chico. Con rumbo a Mexcaltepec o al Rincón de las Parotas. Atravesamos el río por allí, arriba de El Paredón. De allí del río todavía caminamos un buen rato, hasta que llegamos a una casita en las afueras del Ticuí.

Lucio estaba con otras personas que se levantaron a saludarnos. En cuanto me vio me dijo:
-jMira donde vienes, chamaca! ¡Te la rifaste!
Yo me quedé mirándolo y le respondí:
- tú, tú también! ¡Y estás tan tranquilo! ¡Tu ni te acongojas!

Mi papá lo saludó. Pero movió la cabeza en forma negativa.

Esta fue la última vez que miré a mi primo hermano. La última vez que estuvimos juntos y la última vez que me dijo una broma de cariño.

Yo pienso mucho en él, aunque al decirlo me dé tristeza. Porque lo conocí muy bien. El siempre me habló con cariño. Y eso, no era nomás conmigo, lo hacía con todos.

Hoy estoy segura, sin equivocarme:
-Lucio no tenía miedo.
-Lucio era valiente
-Nos enseño a defendernos.
-Nos enseño a que no nos debe humillar nadie.
-Porque nadie es más que otro.

A 35 años de aquella masacre. A 28 años de su muerte. Parece que lo estoy viendo: risueño, platicón, cariñoso y con la hamaca enredada en su mano izquierda, parado y recostado en ella.

Mis recuerdos de Lucio son vivos.
¡Como si apenas lo hubiera visto ayer!

Esta es la historia que me (contó) la persona que estuvo muy cerca de Lucio. Es decir, actuó con él en el mismo escenario. Pero Lucio, a pesar del tiempo, podemos aseverar. ¡Lucio vive!

¡Lucio está en todo el pueblo de México!
Principalmente en todo el individuo que está bajo el yugo del poderoso. En el pecho de cada luchador social.

En cada profesor que le guste mirar pa ‘abajo.
Todos ellos pensaran lo mismo que yo.
Que Lucio está en el pueblo que tanto amó, en el pueblo por el que dio la vida.
Este es el principio del final que jamás va a terminar.
Es el principio de la meta, que trazo un hombre singular, aun en contra de un destino aciago, no para él, sino para el pueblo que lo amó Este es el recuerdo del comandante.

LUCIO CABAÑAS BARRIENTOS

Porque su nombre convoca permanentemente a la Unión de los pueblos del mundo, a la justicia para todos los hermanos en desgracia.

“Lucio: para unos cuantos, tú estás muerto, más tu pueblo te recuerda, en el corazón de los pobres seguirás viviendo

Pablo Cabañas Barrientos

17-10-2002.