CUADERNOS DE EDUCACIÓN SINDICAL # 55

LA BALADA DE LOS IRLANDESES

Armando Altamira Gallardo

 
     

 

SECRETARIO GENERAL: Agustín Rodríguez Fuentes

SECRETARIA DE PRENSA y PROPAGANDA: Guadalupe Gamboa Ortiz

ELABORACIÓN DE LOS CUADERNOS: Alberto Pulido Aranda, Agustín Castillo López, Armando Altamira Gallardo. Ángel Granados Velasco v Amparo Almazán

.DISENO. FORMACION y CAPTURA: Gabriela Esther de Dios López

IMPRESIÓN: Nicolás Arnulfo Jiménez Galindo y Pedro Arnulfo Jiménez Delgadillo

TRABAJO DE APOYO: Gabriel caballero y Fidel Reza

Distribución gratuita

EDITADOS POR LA SECRETARIA DE PRENSA Y PROPAGANDA DELSTUNAM
Agosto de 1998

   
       
         

 

LA TORTUGA

Los gringos jóvenes se hacen viejos aquí
en sombreros de paja con cintas de seda
como se usan en los yates a miles
de millas de cualquier parte, comiendo mariscos
bajo el viento suave de la terraza
del restaurante de La Tortuga
tomando pepsi al son de los mariachis
con sus gringuitas al lado
en toda su risa güera

Los mexicanos jóvenes se hacen viejos
en la azotea al otro lado del callejón
con los pechos desnudos al rayo del sol
subiendo por la rampa
carretillas con cargas de concreto
vaciándolo en la rejilla de acero
y extendiéndolo después
con la 2 x 4 grises. Se dice
que cada uno de ellos nos debe billones
de dólares americanos recién impresos.

John Oliver Simon

(Más de Dos Siglos de Poesía Norteamericana. tomo II)

La explotación del trabajador manual, científico e intelectual, es la meta.

La labor de división entre protestantes, católicos y racionalistas de todos los matices, ha dado magníficos resultados hasta la presente para alcanzar aquel objetivo. Entre menos se unan, mejor.

Esta acción de división contra el pueblo comenzó hace varios siglos y, quién lo creyera, se dio en los niveles de la religión y la filosofía europeas. En la actualidad a la acción de individualizar, o dividir, se le conoce con varios nombres. Entre otros: neoliberalismo y modernidad. Parecen cuestiones aburridas de los intelectuales pero que afectan directamente al bolsillo del proletario. El "me importo sólo yo y qué, impide la fraternidad" escribió Marcos ( el de Chiapas) en su larga epístola "Máscaras y Silencios" de mediados de julio de 1998. Otro siglo pero el mismo contexto.

Esto a la larga dividió la lucha de los partidos políticos y vemos que ha repercutido en la cancelación de contratos colectivos, desembocando a su vez en la contratación individual por horas y destruyendo la seguridad en el trabajo, y también sus prestaciones sociales, que el pueblo posiblemente no volverá a encontrar ni aun en la etapa de las pensiones y jubilaciones. Desgraciada labor que ahora los sindicatos tienen  que ir reconstruyendo con grandes esfuerzos.

¿Por qué traer a colación el asunto tan incómodo de los cristianismos ortodoxo y liberal? Porque precisamente eso fue lo que estuvo en el tapete de las acciones en la historia que aquí relatamos. Pero se manejo como un fin cuando apenas era una mampara que tenía el objetivo de velar el verdadero motivo que es la explotación de los pueblos.

La salvaje lucha entre católicos y protestantes irlandeses, ¡a lo largo de cientos de años!, es el ejemplo más objetivo de la labor de división: mientras ellos se combaten en nombre del cielo, hasta el exterminio, los mandos ingleses explotan a los obreros ingleses e irlandeses.

El presente trabajo habla concretamente de un episodio histórico entre México y Estados Unidos. Pero dice, ¡quién lo sospechara!, sobre todo de una guerra que se echo a andar precisamente para alcanzar, con el tiempo, la explotación del trabajador estadounidense y del mexicano, según el modelo inglés -irlandés.

Benito Pimachin

Este trabajo lo lleve a cabo gracias a las lecturas de los libros que me prestaron Agustín Castillo López, Gerardo Peláez Ramos, Enrique Láscares Bravo, Victoriano Ramírez Caudillo, Enrique Pérez Cruz, Fernando Contreras y Francisco Arzate Núñez.

No quiero decir que ellos sean los responsables de lo que aquí se escribe. Pero sí tienen el mérito de ir haciendo en este país un pueblo cada vez menos desinformado a través de la sana práctica de prestar sus libros sin la prevención que ya no se les devolverán, creo.

Otros títulos del mismo tema los encontré en el club de lectura las Aureolas, de Coyoacan, D.F. otros en los Libroclubs, de reciente formación. Otros más los fui consiguiendo en la calle de los libros usados.

Los irlandeses a los que aquí nos referimos eran parte del ejercito de invasión de los Estados Unidos en el siglo pasado. En algún momento de la campaña por razones religiosas y sociales análogas a las de los mexicanos, y sociales históricas entre Irlanda e Inglaterra, se pasaron al bando del ejercito mexicano. Con la experiencia nacional centenaria que ellos tenían en Irlanda sabían que México no solamente iba a ser cercenado en su territorio sino con el tiempo, igual que ellos,  iban a quedar sus habitantes convertidos en mano de obra barata y por lo mismo en presión muy ad hoc para el movimiento obrero estadounidense, como los irlandeses. lo eran. De manera involuntaria, para los trabajadores ingleses (ver de Robert Coles: Irlanda: Dos Realidades. Revista Contextos. México.  Año 2. Número 10. 12-18 de marzo de1981).

Hicieron la campaña con valentía  a lo largo de todos los combates hasta el momento de la última batalla en Churubusco en que al mando de Anaya, se perdió la guerra y junto con los mexicanos. Fueron hechos prisioneros. Semanas más tarde, después de haber sido torturados  y vejados. Los irlandeses empezaron a ser ahorcados a manos de los soldados estadounidenses en diferentes poblaciones del sur oeste del valle de México. En recuerdo suyo, la plaza del ex convento de Churubusco lleva su nombre: "Plaza de los irlandeses", así como una calle que converge al mismo lugar. A unos metros a la derecha de la puerta de la entrada principal al ex convento cerca también a uno de los cañones utilizados en esta guerra, se encuentra una placa metálica que dice: "Plaza Batallón de San Patricio" y más abajo: "En memoria de los mártires irlandeses de la guerra de intervención de 1847". Esta placa fue puesta el 13 de septiembre de 1981 por el entonces presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, José López Portillo. Y una calle que converge directamente a esta plaza lleva el nombre de: "Capitán John O' Reilly, comandante del Batallón de San Patricio". Según la tradición, este capitán fue el primero que decidió pasarse al bando de los mexicanos y después lo fueron siguiendo otros irlandeses.

Para entonces, en la independencia, los católicos de pronto se habían encontrado en desventaja por su asociación forzada de trescientos años con el poder virreinal español. Pero por su experiencia milenaria, en otras partes del mundo, sabían los católicos que el cristianismo heterodoxo individualista, pecuniario y depredador (no demasiado diferente del pensamiento nietzscheano en el fondo) manejaba con destreza a la distancia cartas de la filosofía racionalista sin que apenas se sospechara su autoría y desde entonces, para escapar al golpe de la doctrina Monroe, brazo secular armado del teológico destino manifiesto de Polo, buscaron apoyo en Europa.

Por su parte los agnósticos mexicanos estaban absortos tratando de descifrar lo del liberalismo, que les hablaba de la libertad de espíritu, en tanto los agrimensores angloamericanos trazaban con todo espíritu previsor, exactamente en 1811, cuando todavía ni sIquiera Hidalgo era apresado en Acatita de Baján, el Camino Nacional ( también conocido como Camino Cumberland y Old Pike), que partiendo de Cumberland, en Pensilvania, en el este, llegaba hasta Vandalia, en Illinois, cerca del Misisipi (ver revista National Geographic, en español, vol. 2. número 1. marzo de 1998) con lo que se facilitaban en gran manera el acercamiento de sus tropas al norte mexicano, que para ellos sería desde entonces el oeste. Este Camino Nacional fue terminado en 1838, dos años después que se declarara independiente a Texas y diez antes de la anexión de los territorios mexicanos del norte.

Y en tanto los centralistas y los federalistas mexicanos se destruían entre sí, los soldados profesionales de West Point forjaban a ritmo acelerado el acero de sus espadas y el de sus cañones. Estaban decididos a conquistar a México y al continente y a mover su capital de Washington a Panamá y se prepararon con todo cuidado para lograrlo. Ya Texas había caído desde 1836 y era el momento de movilizar a su ejército para arrebatar los paralelos norteños mexicanos del 42 al 32. Entonces Polk,  el presidente de Estados Unidos, le dio el toque supremo a tal empresa: dijo que lo hacía por mandato de Díos. Eso empujaría a sus soldados a realizar esfuerzos más allá de lo humanamente posible.

Gentes de la cultura de la categoría de Ralf Waldo Emerson y un número importante de legisladores se opusieron y criticaron semejante proyecto manifestando que el pueblo hermano mexicano no merecía eso, pero Polk siguió adelante.

Ya para estas fechas tempranas en la historia del México independiente, Estados Unidos disponía de una arma más temible aun que la de su ejército. La información de la tierra en la que habían puesto su atención. Ya conocía para entonces la debilidad de la naciente sociedad mexicana a la que, por cierto, su primer embajador, Poinsett, había contribuido mucho. Pero sobretodo ya sabía de los trabajos como los de Humboldt y los de los gambusinos que PoIk había enviado con toda antelación, y que eran en realidad geólogos, no gambusinos: en California, Texas y otros estados había casi infinitos yacimientos de oro y petróleo, amen de otros recursos no renovables y de los renovables (ver Humboldt, Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España y el otro que es Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente, así como una biografía sobre "Alejandro von Humboldt" escrita por Hanno Beck, publicada por el Fondo de Cultura Económica, México, 1971).

Esto fue lo que hizo cambiar de bandera a los irlandeses pues entendían que el encuentro entre protestantismo angloamericano y el catolicismo romano de México eran como en su país, una cortina de humo religioso para ocultar las verdaderas causas de la invasión. Durante setecientos años Irlanda había sufrido para entonces la dominación de Inglaterra y a esa explotación despiadada del obrero y el campesino irlandés se le había hecho aparecer ( y en los medios de información de cada día podemos constatar que aun hoy se le sigue haciendo aparecer como una guerra de antagonismos religiosos entre protestantes ingleses e irlandeses del norte contra irlandeses católicos del sur.

De esta manera habían obtenido por cientos de años mano de obra barata en Irlanda. Además eran utilizados para presionar al propio obrero inglés. Cuando éste pedía incrementos salariales y prestaciones sociales llevaban a obreros irlandeses que debido al subdesarrollo impuesto debían conformarse con percepciones muy por debajo de las exigidas por los obreros ingleses. Con el tiempo los obreros de ambos países hubieran llegado a ponerse de acuerdo de alguna manera. Pero el argumento de protestantismo contra catolicismo romano y viceversa era algo sobre el que nadie iba a ponerse de acuerdo y la prueba está en que para este 1998, en que escribimos el presente trabajo, aun no se ponen de acuerdo a pesar de los grandes esfuerzos ecuménicos que ambas iglesias han hecho desde hace mucho. A través de esos medios de comunicación al mundo se le hace creer que es una cuestión de credos religiosos cuando en el fondo se trata de explotación de obreros, y cuando ya están poniéndose de acuerdo después de muchos esfuerzos, basta conque otro protestante u otro católico aparezca muerto para que de nuevo se vicie el ambiente y todo vuelve a retroceder. Fueron clarividentes: nuestros "braceros" y "mojados" mexicanos serian la equivalente mano de obra barata frente al movimiento obrero norteamericano. Moore dice que apenas medio siglo más tarde, "Para el año 1900 ya se había definido al trabajador mexicano, en los medios rurales y urbanos de Texas, como un ser inferior, miembro de una raza distinta, sin derecho a igualdad social, educativa ni política" (ver Los mexicanos de los Estados Unidos y el Movimiento Chicano, de Joan Moore, editado por el Fondo de Cultura Económica. México, 1972).

¿Polk hablando en nombre de la divinidad? Fue un visionario. Las guerras famosas que conoce la humanidad son a las que se les ha dado el carácter de religiosas, o bien que se han hecho en nombre de la divinidad. En todas partes los oráculos han hablado al pueblo de parte del cielo. James Knox Polk sabía bien que si hablaba en nombre de Dios su pueblo enmarcaría sus palabras en una conocida tradición religiosa más que laica. Esto de que el enemigo se ocupe de profundizar en las ideas filosóficas racionalistas en tanto el que habla en nombre de Dios se ocupa en preparar sus barcos de guerra, es una estratagema que casi nunca queda al descubierto por los pueblos y en muchas ocasiones ni siquiera por los dirigentes políticos de esas naciones ni por su inteligencia. Se lanza al aire el reto cultural entretanto el pistolero más rápido del oeste desenfunda su arma. Se pierde el tiempo, se distrae a medio mundo y las consecuencias son fatales. No sucedió así en la segunda guerra mundial. Adolfo Hitler también habló como todo un visionario en nombre de la Providencia y de la Cultura pero habló a pueblos experimentados que ya habían utilizado ese ardid a través de la historia y el resultado fue que en ese momento los racionalistas de la revolución bolchevique. y todos sus aliados, se pusieron a fabricar cañones en la medida, o más, que el nazismo los fabricaba. En el México al que nos estamos refiriendo se estudiaba a Rousseau mientras Polo juntaba todo el azufre que pudo encontrar para fabricar su pólvora. Estudiar a Rousseau no fue el error, sino olvidarse de la pólvora.

Sí, en todas partes se habla en nombre de la divinidad. Si al menos el pueblo del mundo supiera cuántas veces lo han esclavizado en nombre del cielo de seguro se asustaría. La película rápida de esta cuestión serían las nueve destrucciones de Troya, o al menos la de Héctor cantada por Hornero, Moisés y su destino manifiesto judío, Saladino lanzándose contra los europeos en Jerusalén, llevando por delante el destino manifiesto musulmán, las Cruzadas penetrando la península arábiga con su destino manifiesto cristiano, Carlomagno defendiendo a la iglesia de occidente y al reino de occidente por la fe el desarrapado grupo chichimeca llamado "mexica" con su destino manifiesto de Huitzilopochtli, Hernán Cortés mostrando la espada y la cruz en México y su destino manifiesto español, Polk presidente de los Estados Unidos y su destino manifiesto anglo para civilizar a los pueblos del continente, Hitler en este siglo actuando también bajo su destino manifiesto germano histórico y geográfico dictado por la
Providencia en tanto permanecía preso en la cárcel de Landsberg am Lech, para civilizar a los pueblos al este de Europa.

También ha habido grandes penetraciones de pueblos en nombre del pensamiento racionalista como el griego de la antigüedad con su guía Alejandro esparciendo este pensamiento por las regiones del Cercano Oriente, Carlomagno defendiendo la iglesia pero ahora alfabetizando al pueblo franco, las guerras napoleónicas procedentes de la revolución francesa, la propia revolución nazi y su mensaje de la Cultura alemana con su interpretación heterodoxa cristiana y sus filósofos de la modernidad y el neoliberalismo
parcializante (la posición del individualismo depredador), la revolución soviética en este siglo, la
revolución mexicana, si es que a ésta en realidad le podemos conferir algún tipo de filosofía propia que no se hubiera ya considerado por el pensamiento federalista mexicano desde el siglo anterior y la de Washington llevada a cabo en México en 1926 (ver La Cristiada. de Jean Mayer, tres tomos. Editorial Siglo XXI. 1978. México).

En México en el siglo pasado no había una ideología superior de guerra frente al extranjero que desde hacía mucho tiempo ya se veía agresivo, Había de todo, pero poquito y en desorden. Al socaire de nuestra actual posición y composición democrática y de hermandad con todos los pueblos. México tiene una antigua actitud filosófica del hombre fuerte en el poder y por lo tanto ha conocido épocas en que también ha sido expansionista.

Teotihuacan, Tollan. México- Tenochtitlan, Mayapan y en realidad todas las civilizaciones mesoamericanas fueron expansionistas durante miles de años y México sabe entonces, por experiencia propia, que en la guerra el triunfo y la derrota corresponden no a intenciones de buena voluntad de logia, o de iglesia o de partido político frente al enemigo sino a ecuaciones castrenses muy precisas, y que frente a los cañones del ejercito invasor cualquier situación que no hable el mismo lenguaje con la misma o con mayor intensidad es preludio de esclavitud, y que por lo tanto el invasor ante una actitud titubeante se mete hasta la cocina de la casa. Así lo hizo el estaunidense en el siglo pasado y llegó hasta el mismo Zócalo de la capital de la república y bajó la bandera del águila solar e izó la bandera de las barras y las estrellas y también hizo firmar a los mexicanos cuantos tratados se le antojó. Y si ya estaban tan occidentalizados al menos hubieran escuchado a Bakunin, el cual a la sazón ya tendría unos 30 años de edad cuando dice sin miramiento alguno: "Por su propia naturaleza el estado moderno es un estado militarista: y todo estado militarista debe necesariamente convertirse en un estado conquistador e invasor: para sobrevivir.,debe conquistar o ser conquistado" o si ya estaban en plena hermandad con las naciones del orbe, pues al menos levantar un ejercito defensivo a toda prueba (ver El Pensamiento de Miguel Bakunin. de B. Cano Ruiz. publicado por Editores Mexicanos Unidos. S. A. México. 1979), porque el concepto de hermandad en la cultura occidental es de guerra, no de amor. Sino ver en el antiguo testamento bíblico los episodios donde hermanos asesinan o venden a hermanos. Y si se cree que esto es un recurso literario forzado de parte nuestra, entonces hay que recordar cómo nuestros nuevos hermanos españoles, portugueses, ingleses y holandeses asesinaron y vendieron por millones a habitantes originales americanos entre los siglos dieciséis y el diecinueve.

Porque Washington veía ya entonces todo esto con mucha claridad pues sabía que en la guerra no gana el que canta victoria sino el que logra recuperarse con más celeridad en la posguerra (véanse los casos de Alemania y Japón corno parte de las potencias perdedoras del Eje en la segunda guerra mundial y el de México como miembro de los aliados vencedores). La imposición de los tratados corresponde a esta idea de impedir al enemigo esa recuperación. A esto corresponde también, en parte, la existencia eterna de nuestra deuda externa que viene ya desde los tiempos de Miguel Hidalgo, como ayuda en dinero y armas para los insurgentes, y después por el mismo concepto para todas las revoluciones que ha habido en este país desde entonces, y por supuesto, la incluida contra el extranjero europeo como seria la francesa (ver El
Endeudamiento de México, de Carlos Bosch García, tres tomos, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1984, y lo que el inglés Meter Calvert dice en su libro, La Revolución Mexicana 1910-1914,ediciones El Caballito, S.A. México,1985, respecto de un misterioso y no menos bondadoso Edificio Hibbs, en la oficina de Hopkíns, en Washington).

Para los mexicanos, en cambio, eran tiempos en que se buscaba afanosamente inventar una nación (ver El Liberalismo Mexicano, de Jesús Reyes Heroles, tres tomos, editado por Fondo de Cultura Económica, México, 1974), lo cual empezaría a tomar forma con la constitución de 1824. j Demasiado tarde! El anglo tenía otros planes. Y faltó poco, como veremos más adelante, para que los mexicanos se quedaran con la pura Constitución pero sin territorio dónde aplicarla. En los diarios de la época los estadounidenses que ocuparon México hablaban de la gran corrupción de los gobiernos del país merced a la cual los mexicanos estaban en peligro de ver a su país en una completa disolución como la que llevó a cabo Hernán Cortes. Era propaganda de guerra pero a la que no se le puede tachar de fantasiosa.

De nuevo es necesario reconocerle a Polk que tuvo una idea clara del momento histórico por el que pasaba México después de su reciente guerra con España por su independencia y que, dados los recursos naturales que posee, al decir de Humboldt, Alamán y otros, contaba desde entonces para proyectarse como una primera potencia no sólo en el continente sino en el mundo, Jesús Reyes Heroles (op cit Pág XVIII. T. II) dice: “La guerra con Estados Unidos ocurre en el peor momento de nuestra historia: cuando la lucha política interna tiene gran intensidad, cuando la sociedad colonial está agonizante y la nueva aun no se levanta: cuando ya no éramos lo que habíamos sido ni éramos aún lo que íbamos a ser, México fue el botín de todo el que quiso meter mano en él, Francia, Gran Bretaña y España estuvieron cediendo o vendiendo por dinero o por miedo territorio mexicano a Washington desde 1803, 1818 y 1819, respectivamente.

Jamás pudieron los políticos mexicanos de ese siglo descifrar que el programa de acción de los
estadounidcnses  se encuentra completo en el héroe legendario Robin Hood de las baladas populares inglesas, que quiere desterrar al rey y  a la iglesia pero sólo para poner en su lugar otro rey y otra iglesia. Esta practica en América era desconocida sobre todo  en el estatismo de los tres siglos de la colonia al servicio de España, pero en Europa era una técnica política ya muy vieja, Un ejemplo, la revolución francesa de 1789 eliminó a la monarquía pero solamente para poner en su lugar a la burguesía. Desde luego, dice Bakunin (op. cit.): "El pueblo ya no es llamado siervo. Ahora han sido proclamados hombres libres, legalmente con los derechos de ciudadanos que han nacido libres; pero de hecho, siguen siendo siervos en la pobreza". Bakunin, que vivió en estos tiempos, pudo constatar que en 1848, cuando la comuna de Paris, el pueblo francés seguía tan pobre como dentro de la monarquía de Luis XVI. Los cuadros dirigentes ya habían cambiado, pero el hambre del pueblo popular era la misma.

Con dificultad y sin éxito se podría sostener el criterio que los mexicanos contaron en algún momento del siglo pasado con ejercito moderno, oficial, real o federal, a la altura de los tiempos para defender sus fronteras. Cuantas veces quisieron los estadounidenses meterse a México en plan de guerra lo hicieron (ver Las Invasiones Norteamericanas en México, de Gastón García Cantú, editado por la Secretaría de Educación Pública, número 57 de la serie Lecturas Mexicanas, 1986),y el mismo ejercito francés en el siglo pasado, aun con el disgusto de los norteamericanos, llegó hasta el Bajío y allá permaneció durante mucho tiempo.

Su ejercito sirvió para emprenderla, y eso a duras penas, contra los campesinos de Jalisco, Michoacán y Colima (ver a Jean Meyer, op.cit.) o contra los indios mayos, tarahumaras, huicholes, otomis, mayas, etc (ver La Frontera Nómada, de Héctor Aguilar Camín, editado por Siglo XX 1, México, 1977). En la misma guerra de independencia jamás pudo ganarle al ejercito realista, con Calleja al frente, una batalla decisiva y su acción debía quedar circunscrita a la actividad de guerrillas. Ha habido, eso sí, militares profesionales brillantes como Mondragón y Ángeles o más allá Leandro Valle por parte de los federalistas y Miguel Miramón del bando centralista, ambos egresados del Colegio Militar, para citar algunos ejemplos.

Pero lo que campea son caudillos muy valientes con grados impresionantes hasta de "generalísimo" que ellos mismos se han dado, ningún instituto tradicional, y otros grados que ellos han repartido que corresponden a acciones valiosísimas o valientísimas, pero por demás empíricas. Francisco Villa, carnicero de oficio, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, profesores de enseñanza media, Miguel hidalgo, sacerdote. A esto hay que agregar que el cuerpo de la tropa a actuado por lo general sin ideología, mal pertrechado, peor pagado que sólo espera el botín y que con frecuencia ha sido agarrado de leva por lo que sólo atisba la primera oportunidad para desertar, cuando no, organizarse por su cuenta y actuar de forajidos no contra el soldado extranjero bien armado, con alimentos suficientes y con buena y puntual paga, sino en contra de sus mismos pacíficos y pobres connacionales. José María Luis Mora dice de los ejércitos seguidores de Miguel Hidalgo que no eran otra cosa que un "paisanaje". Lucas Alamán dice lo mismo en su monumental historia de la guerra de independencia pero por ser conservador nadie le creyó. y como estamos muy hechos a la versión oficialista de nuestra historia lo primero que hicimos fue maldecir a estos dos historiadores, aunque el primero sea liberal.

Huberto Batis, en su artículo de marzo de 1998, publicado en el diario capitalino Uno más Uno, escribe que tanto la policía como el ejercito del siglo diecinueve se formaron enganchando salteadores: "El Ejercito Mexicano mismo, en el periodo de Porfirio Díaz, se había ido formando con el contingente de criminales que periódicamente entregaban los estados de la República". Este juicio duro en contra nuestro instituto armado de entonces, sin embargo, es respaldado por la novelística histórica del general Luis L. Urquizo cuando escribe de la revolución mexicana (ver Tropa Vieja, del general Francisco L. Urquizo, editado por La Prensa, México, 1974). Y cuando el enemigo extranjero poderoso se acerca demasiado y ya no hay a la vista ni políticos ni generales ni financieros ni policías ni forajidos asesinos y rateros, cuando ya todo eso ha desaparecido, entonces queda el pueblo civil y pacifico, sin preparación para la guerra, que sale a ofrecer su desprotegido e inexperto pecho a las bayonetas invasoras. Y los asesinatos se dan con una bestialidad sin nombre contra hombres, mujeres y niños, pero tan conmovedora es la escena de inocente y suicida valentía por parte de los mexicanos, que en esta misma guerra hay episodios en que el enemigo gringo antes de atravesarles el pecho mejor les ofrece víveres, o se hacía el desentendido como si las semillas se les fueran saliendo de los costales rotos mientras sus carros transportan víveres a través de la ciudad. Francisco Zarco decía de este pueblo en 1853: " ...es el que conserva muchas veces el orden, el que en la capital abandonada por el ejercito y el gobierno, inerme y sin jefes, luchaba con las huestes invasoras".

Enfrentar esta clase de ejercito a los soldados de West Point era arriesgar todo sin la menor esperanza de nada. No porque ellos fueran invencibles sino porque lo que malamente se puede llamar ejercito mexicano de esa época se encontraba en una completa falta de cohesión y modernización. El general Mier y Terán así lo entiende y se suicida antes de asistir a tan grotesco espectáculo. No se suicida ante la fuerza del enemigo sino ante el sainete grotesco que protagonizan los Montescos y los Capuletos del que él mismo es parte en la capital de la república cuando deberían estar organizando un ejercito a la altura de las necesidades.

No existe ejército que obedezca al brillante Colegio militar, o lo que podría llamarse su antecedente. Ni siquiera un mal ejercito. Nada que se le parezca. Lo que hay aquí es una fantasía de los historiadores. O si lo dicen de buena fe es que no entienden lo que es un ejército de guerra y lo están confundiendo con un  ejército casero. El mismo invasor así lo va a reconocer cuando ya se ha apoderado del país en el que permanece nueve meses, de septiembre de 1847 al 30 de mayo de 1848. Le hubiera convenido decir que acababa de derrotar a un gran ejercito para aumentar el brillo de su triunfo, pero lejos de eso dice: " Es verdad que no se ven aquí ejércitos ni aparato militar" (publicado en el Daily American Star, periódico oficial del ejercito norteamericano de ocupación en la ciudad de México y en exhibición en una de las salas del Museo de las Intervenciones del ex convento de Churubusco). La propia exhortación de José Joaquín d Herreras (este pensamiento se encuentra en el mismo museo) ilustra en este sentido de la improvisación: "Todo mexicano está obligado a hacer la guerra al enemigo con todas las armas que estuvieran a su disposición. como fusiles, carabinas, pistolas y espadas, pudiendo servirse de piedras que arrojarán desde las azoteas, franqueándoseles las casas con ese objeto. Esto mismo había hecho el pueblo azteca contra los soldados tlaxcaltecas y españoles de Hernán Cortés tres siglos antes. Como contraste, véase en el museo un daguerrotipo que muestra los enormes y modernos buques de guerra del ejército invasor bombardeando el puerto de Veracruz en esa misma ocasión. Si alguien hasta entonces hubiera dudado de su empuje expansionista ahí estaba la muestra de sus bocas vomitando fuego contra unas casuchas desamparadas, que entonces era el Puerto de Veracruz y haciéndose realidad las palabras de Alfred Thayer Mahan que había dicho cuando soñaba con una “nación del mar": 'No teniendo por lo tanto establecimientos extranjeros, sean colonial o militar, los barcos de los Estados Unidos en tiempo de guerra serán como pájaros de tierra, incapaces de volar lejos de sus playas. Proveer sitios de descanso para ellos, será una de las primeras tareas de la nación del mar” (ver Los Intelectuales del Imperialismo Norteamericano en la Década de 1890, de Daniel Rodríguez. editado por la Coordinación de Humanidades, del Centro de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Letras. De la UNAM. Cuadernos de Cultura Latinoamericana. Número 91).

En la descripción que Guillermo Prieto hace de la batalla del Castillo de Chapultepec (esa batalla que el cine mexicano nos ha presentado como una epopeya), describe qué cuadros conformaban el ejercito  mexicano de esos días: "El tío Salcedo estaba a un lado tan fuertote con su pelo crespo, sus ojos negros y sus labios gruesos. ..Del otro lado don Simón Alemán,  el sastrecillo que parece que se va a quebrar de la cintura, y Díaz, que más parece escribano de Palacio que zapatero, con su nariz afilada, su calvita muy' limpia y sus políticas y su hablar como quien canta" y más adelante: " En los Arcos y en medio de una confusión espantosísima, aparece ordenado, valiente,  no valiente,  heroico el batallón Hidalgo, compuesto como se sabe de empleados de las oficinas y de la flor y nata de las familias de México, lo mismo que el batallón Victoria (ver de María del Carmen Ruiz Castañeda: La Guerra del 47 Vista por Guillermo Prieto, editado por el Sindicato de Trabajadores del : INFONA VIT, colección: Luchas del Pueblo, número 1, México, D. F. junio de 1976).

Este es el ejercito mexicano oficial, a veces federal y  a veces centralista, pero sin que su tropa tuviera la menor idea de qué se tratará siempre,  que se va a enfrentar al ejercito profesional de los estadounidenses formado con toda responsabilidad y  antelación en West Point. Y el ejercito mexicano que va a ir caminando hasta Texas es la peor pues se compone de gente desnutrida del campo y si algo resiste es precisamente porque es del campo, descalza y sin uniformes, sin servicios médicos y la mitad de ella morirá de hambre y de infecciones en el estómago antes de poder disparar el primer balazo. Jean Meyer (op.cit), hablando de la disposición de los campesinos para la guerra, dice lo siguiente:"Cabalgar y disparar forman parte de la vida de los campesinos, en ciertas regiones; es algo que quizá prepara para la guerra y suministra buenos reclutas, pero no enseña la organización de una campaña ni la dirección de una batalla".

En 1792 el ejercito realista (este sí tenia alguna formación europea) al servicio de España en México fue organizado ante las muestras de descontento generalizado ( durante mucho tiempo, quizá cientos de años, simplemente no existió ejercito dentro del periodo de la colonia, más allá de algunos cuerpos de policía rural) que iban surgiendo por todas partes. El ejercito insurgente de Hidalgo es el que se le va a enfrentar al inicio del siglo diecinueve dándose el choque en el que esas hordas sin disciplina comandadas por frailes y sacerdotes muy valientes pero carentes de conocimientos de la ciencia militar van a obtener increíbles victoria donde parecía imposible ganar y también increíbles derrotas donde parecía increíble perder contra el sanguinario Calleja. Por supuesto, el ejercito insurgente va a sucumbir y hasta desaparecer. Si bien su mérito fue el destruir la idea de invencible del ejército realista al que se le puede seguir haciendo daño por medio de las guerrillas. También destruye la idea de intocabilidad de la clase explotadora española. Esta crisis de confianza fue el principal logro de los insurgentes mexicanos. Fue precisamente este nerviosismo que se apoderó de las clases dominantes españolas el que produjo ese ejercito simbiótico conocido más tarde como ejercito Trigarante" pero que no va a seguir siendo otra cosa en realidad que esa mezcla de masas improvisadas mitad asesinos sin Dios y sin patria y mitad gente sencilla y bella pero paupérrima agarrada de leva. Del ejercito insurgente, fue el Ejercito del Sur, el del padre Maria Morelos y Pavón, el único que casi llegó a merecer este nombre (ver José Maria Morelos, de Baltasar Dromundo, editado por Tezontle, México, 1970.

Pero el exitoso ejercito trigarante pronto va a perderse a su vez entre las numerosas asonadas y cambios alternativos de poder que se van a producir, entre centralistas y federalistas, en esa salvaje contienda que se dio entre ellos después de conseguida la independencia, en una carrera por la obtención del poder: j setenta presidentes en sesenta años y hasta hubo una vez en que por palacio nacional desfilaran siete presidentes en un año y más acá, Portes Gil, duraría 29 minutos de presidente! ¿Qué comentario se puede hacer ante esto que no parezca ocioso?.¿O que no haya sido dicho ya? Un corrido del siglo pasado relata este ambiente:"...estábamos en la lucha de sucesión, la danza de las monedas así apuró a los dioses de la guerra y la corrupción”.

En semejante caos todo era improvisación, desde cuadros políticos hasta cuadros militares. Casi todos eran "generales". Unos generales inclinándose por apoyar a este bando y otros generales al bando contrario y otros generales más ¡ya a que tenían en las manos la fuerza de las armas!, saltándole al poder que consiguen para ellos sólo para ser barridos tres semanas más tarde por otro general, o por otro político. Ante este desastre de ambiciones desatadas y en buena parte alentadas por los estadounidenses, Patricia Cox exclama: "acaso estaban locos? (ver El Batallón de San Patricio, editado por La Prensa, México, 1963).

Cuando Rómulo Gallegos pronuncia su discurso en el Palacio de las Bellas Artes de la ciudad de México, con motivo de la clausura del Congreso por la Libertad de la Cultura, el gran escritor John Dos Pasos le dice que ellos, los estadounidenses. "no tenemos la culpa de sus males, los dictadores son creados por ustedes los latinoamericanos", Gallegos contesta: "cierto!, pero ustedes son los que los amamantan" (ver Rómulo Gallegos, La Libertad y la Cultura, Cuadernos de Cultura Latinoamericana, número 26, editado por la UNAM, México, 1978).

Eran los tiempos en que las jerarquías (los historiadores dicen siempre que el pueblo) mexicanas creían que la solución de los problemas del país estaban en el exterior. Los españoles y los criollos trajeron la masonería del rito escocés y andando el tiempo con ellos llegaron los escuadrones franceses de Napoleón III. Poinsett, el estadounidense extraordinariamente hábil para convencer con su oratoria y con su oro, trajo la masonería del rito yorkino para los federalistas y tras de Poinsett llegó el ejercito estadounidense para llevarse el 51 por ciento del territorio mexicano. Pero mientras Europa y Estados Unidos chocan en México para ver quién implanta su soberanía en el continente, el pleito entre centralistas y federalistas mexicanos se vuelve vulgar: "La polémica de los grupos masones escoceses y los yorkinos cae muy bajo, tanto en el tipo y naturaleza de los ataques, como en su estilo. La diatriba y el insulto dominan; escasamente aparece el ingenio" (Jesús Reyes Heroles, op. cit. Vol. II ) Y los masones de ambos ritos ensucian tanto la atmósfera política que el Congreso Veracruzano envía al Soberano Congreso General el 7 de enero de 1828 una iniciativa de ley para que cese en la república toda clase de reunión secreta masónica sea cual fuere su rito, denominación y origen".

La actual literatura de Michel Ende, por ejemplo en "Momo", es retrato fiel de lo que pasaba entonces con nuestros pensadores: la secta de los hombres de gris quiere eliminar a la secta de los soñadores seguidores de la niña Momo, pero ésta se las ingenia de tal manera que logra eliminar a los hombres de gris. Así los centralistas y los federalistas tenían en el siglo pasado cada bando por su cuenta un hermoso edificio intelectual pero cuyo punto número uno comprendía, igual que en el pensamiento de Momo o de Miguel Bakunin. la eliminación total del de diferente modo de pensar, toda vez que eran mundos que jamás conocieron la síntesis de los opuestos para poder aspirar el nivel dialéctico. Nivel que mal que bien. La sociedad estadounidense ya había alcanzado para entonces bajo las palabras de Raf Waldo Emerson:
“¿Por qué los opuestos tienen que destruirse siempre?" La solución dialéctica, es decir, el haber alcanzado esta meta intelectual, fue lo que les abrió las puertas para la superación política, económica y militar. Y a la vez, conocedores de la importancia de este aspecto, fue lo que les hizo enviar a México a Poinsett que cumplió con creces su misión neoliberal,                  como ahora se dice, que no es otra cosa que parcializadora con miras a la desintegración en la sociedad de mando y decisión del México de ese siglo. No bastaba que ellos hubieran alcanzado la cima de la montaña, ahora era urgente estorbar todo lo posible que los otros la alcanzaran.

Esto del absurdo de la eliminación de los opuestos lo entenderán muy bien los trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, pues en tanto su estructura sindical no comprendió proporcionalidad, según el resultado de las votaciones, sus comités ejecutivos jugaron al todo o nada y como consecuencia no existía el principio democrático con su libre circulación de cuanta idea pudiera ocurrírsele a los compañeros. Esto mismo sucedía con los federalista y los centralistas.

Siempre se ha creído en México que lo que sirve para enfrentar de manera casera la asonada sirve lo mismo para enfrentar al extranjero. O que los guerrilleros triunfantes frente al gobierno nacional también pueden pelear contra los de fuera. Francisco Villa decía: "sí vienen los gringos a invadir México nos los chingamos'" Esto hace que las fronteras sigan tan endebles como en los días del general Mier y Terán. No es que el ejército de los estadounidenses fuera el mejor ejercito. O que estuviera compuesto por Robocops, Supermanes, Rambos y Batmanes, con relación a otros ejércitos del mundo de ese tiempo y hasta pudo tratarse de un ejercito mediocre. Pero bastaba que fuera un ejército formal, cohesionado y científico para que se situara muy por encima del paisanaje heroico pero improvisado y por lo mismo altamente vulnerable de los mexicanos.

Es cierto que Benito Juárez establecerá más tarde el H. Colegio Militar, pero en las revoluciones, como en el caso de la independencia, o en las múltiples revueltas a finales del siglo pasado, el pueblo se subleva, sus caudillos son apoyados desde el exterior (“por los duros caminos clandestinos debemos encontrar otros padrinos" dice Eugenia León en una de sus canciones), se prepara de manera autónoma y se arma lo mejor que puede, con los eternos traficantes de armas a través de la frontera norte, y aniquila al ejercito federal, al que ya no se apoya desde el exterior, que una vez más ha demostrado su debilidad y entonces ya no había quién siguiera manteniendo la tradición académica castrense, si alguna vez la hubo. Más que tradición académica hay tradición de asonadas. Nada más en este siglo veinte el tenebroso ejército profesional bajo el mando de Victoriano Huerta, ese ejercito que quiso recuperar los territorios del norte para México, fue sistemáticamente vencido, desecho y transformado en las llanuras del norte por Francisco Villa.

A los otros dos grupos de la sociedad, asimismo, les faltó empuje. Los comerciantes (para no llamarles empresarios ni capitalistas) trataban de llenar los lugares vacíos que iban dejando los españoles y no vieron al gran potencial financiero del norte angloamericano que venia por ellos. En su conferencia del mes de junio de 1998. Fernando Carmona, investigador emérito del instituto de investigaciones Económicas de la UNAM. dijo que .. El capitalismo mexicano nunca fue y no tiene cualidades de independencia económica, sino al contrario: se ha caracterizado por su dependencia, la cual no sólo la reproduce, sino también la ramifica" (ver Gaceta UNAM. 4 de junio de 1998). Bajo este programa de expansionismo de los angloamericanos, los gobiernos mexicanos de entonces con frecuencia tuvieron que ceder terreno bajo la presión que Estados Unidos les solicitaba con el argumento de una especie de democracia religiosa Raúl Olmedo escribe que "Las iglesias que tienen sus matrices en Estados Unidos podrán tener activos patrimoniales que les permitan avanzar en su competencia con la iglesia católica. Para aumentar su competitividad y su influencia, las diversas iglesias solicitan al gobierno mexicano tener acceso- e incluso la propiedad- a los medios de comunicación masivos"(ver El Vaticano y la Transformación del Mundo". de la revista ANALlSIS VEINTIUNO, marzo de 1998. México, año 2, número 0).

Los intelectuales mexicanos también reaccionaron demasiado lentos y a última hora. Estaban a la sazón enfrascados en una labor meramente académica estudiando el latín, a los griegos clásicos y a los pensadores de la revolución francesa. Pero no encontraron tiempo de producir filósofos de avanzada y sólo iban apareciendo en la literatura los pensadores de repetición de ecos europeos, Entretanto Whitman. el gran poeta, encabezó a los intelectuales de Estados
Unidos que sí creyeron en el destino manifiesto de Polk (ver Walt Whitman, de Mauricio González de la Garza. editado por Málaga. S. A. México, 1971 .desde luego no desconocían el gran papel que ellos tendrían en estos programas expansionistas. "Expansionismo" era una palabra en boga que se decía con fruición entonces. Durante mucho tiempo se habló del norte de México como el Lejano Oeste y después de 1848 se empezó a hablar del Lejano Oriente y más adelante pensaron en Asia y finalmente en las estrellas. Era una nación que nacía vigorosa en tanto los mexicanos nos regodeábamos en nuestro odio al tlaxcalteca y al español. En aquel país angloamericano procuraban tener el mismo peso los temas de política, industria, finanzas, religión, cultura, ejército y ciencias y tecnología aplicadas. Es decir que tenía todo para nacer moderno. En México la política era la que dominaba el horizonte, día tras día y si podía hacerlo en sacrificio de las otras disciplinas, tanto mejor. La producción de un país agrícola a quién le importaba. Los de la escolástica y en rigor los de la patriótica, querían que todos fueran teólogos y los positivistas que nadie más creyera de manera diferente a la de ellos. Mientras tanto de dónde iba a salir dinero para el gasto público? ¿Cobrando impuestos por puertas y ventanas a un pueblo demasiado empobrecido que se apresuraba a cerrarlas y a brincarse en lo sucesivo por el corral?

Bueno, ahí estaba Washington para pedirle prestado. Con excesiva frecuencia, en los diferentes gobiernos, huyeron días en que no había dinero ni para solventar los gastos indispensables inherentes a los del aparato político y el diplomático de palacio nacional, o Castillo de Chapultepec. ¿La necesidad material y cultural y científica del pueblo?, a quién le importaba.

En esta euforia de expansionismo fue cuando políticos e intelectuales estadounidenses tuvieron una conciencia más exacta de que en México había, después de todo, en el nivel intelectual, algo que se podía rodear y hasta brincar pero no desarraigar. Entonces hicieron planes, en consecuencia, a mediano y largo plazo. Toda gran potencia que empieza necesita una iglesia suya que le conquiste conciencias y vaya desplazando a las iglesias que ahí y en otras partes existen. La historia abunda en ejemplos. Si se cotejan las fechas en que las diversas iglesias empezaron en Estados Unidos se verá que coinciden en la época. Algunas decididamente se apoyaron en el antiguo testamento pero igual dijeron que eran cristianas. Se empezó a hablar de extender el cristianismo por el mundo como si el cristianismo no tuviera a la sazón más de dieciocho siglos y estuviera ya esparcido por todo el mundo. Las iglesias cristianas heterodoxas históricas traídas de Europa por los padres, en el Mayflower, tampoco fueron ajenas al nuevo impulso que tomaba la nación y actuaron precedidos por sus iglesias cristianas heterodoxas. Bakunin, que rechazaba por igual al Papa que a Marx, y que a los científicos (no a la ciencia), tampoco Lutero era santo de su devoción, dice:" Sabido es que la propaganda protestante, la de Inglaterra y de América sobre todo, va estrechamente Unida a la propaganda de los intereses materiales, comerciales, de ambas naciones; y sabido es también que esta última propaganda no tiene por objeto el enriquecimiento y la prosperidad material de los países en que penetra en compañía de la palabra de Dios, sino la explotación de dichos países en pro del enriquecimiento de ciertas clases, que, en su propia comarca no viven de otra cosa que de la explotación y el pillaje" ( Miguel Bakunin, op.cit.).

En esto también fueron visionarios. En tanto en México se hacían esfuerzos por laicizar todo, los estadounidenses persiguiendo sin descanso su sueño del gran imperio prestaron mucha atención en fortalecer los argumentos espirituales, aunque, como dice Bakunin, fueran para su utilidad práctica en apuntalar a sus iglesias, en insistir una y otra vez que ellos eran los favoritos del cielo, en privilegiar el pensamiento epistemológico pero también defendiendo a sotavento a ultranza, un pensamiento sino estrictamente escolástico si al menos algo muy cercano al panteísmo. Josiah Strong, uno de los ideólogos del expansionismo encargado de llevar Adelante lo que se llamó la "frontera misionera", decía en la década de 1890:"EI mundo tienen que ser cristianizado y civilizado. Hay cerca de 1, 000, 000, 000 de la población mundial que no gozan de una civilización cristiana. Doscientos millones de éstos hay que sacarlos del salvajismo" ( ver a Daniel Rodríguez, op. cit.).Esta última palabra se parecía a las escritas por Domingo Faustino Sarmiento, el pensador argentino, cuando se refería a los pueblos de origen indígena del continente: "En América iba a verse lo que produciría una mezcla de españoles puros, de elementos europeos, con una fuerte porción de raza negra, diluido el todo en una enorme masa de indígenas, hombres prehistóricos de corta inteligencia" (ver Leopoldo Zea, "Negritud e indigenismo" de la serie Latinoamérica número 89 editado por la UNAM, México. 1979 , Y en el número 27 de esa misma serie:"Conflicto y Armonía de las Razas en América, del propio Domingo Faustino Sarmiento dice que la colonización española "absorbió en su sangre una raza prehistórica servil".

De todas maneras hay que ir a hacer frente al insolente y bien preparado ejercito de los estadounidenses y alguien tiene que hacerlo pero nadie se mueve para hacerlo. Todos hablan exponiendo su utopía de cómo debería ser el México perfecto. Se habla entonces, de racionalismo y de metafísica, o de federalismo y centralismo, cuando deberían estar hablando de guerra. Pero nadie da dos pasos hacia el frente del norte. Para que esta situación pueda entenderse mejor citaremos un ejemplo más cercano a nosotros y es el de la guerra de España de 1936 donde habiendo ganado un país las izquierdas, mediante el voto popular, perdían días y más días entre ellas tratando en los auditorios de que prevaleciera su particular punto de vista grupal, en tanto Franco había Iniciado ya su marcha incontenible. Así eran los Montescos y Capuletos mexicanos de entonces frente a Estados Unidos.

La iconografía sincrética de ese siglo no puede ser más ilustrativa del feroz pleito que entonces se estaba dando. Los centralistas quitaron el águila solar y sobre el nopal pusieron a la Virgen de la Santísima Concepción. Los federalistas dejaron intacto al conjunto simbólico del descubrimiento que serviría para fundar México -Tenochtitlan, pero en cambio sobre la cabeza del águila pusieron el gorro frigio de la revolución francesa que todavía se puede ver en las bancas metálicas de los parques de recreo de todo el país.

Entonces Santa Anna, la figura más venerada y más maldecida de nuestra historia (once veces mandatario de la nación unas como presidente y otras como dictador y casi siempre solicitado por tirios y troyanos para que les hiciera el favor de conducir al país (ver Santa Anna de Rafael F. Muñoz, editado por el Fondo de Cultura Económica, México, 1984 ). se pone a la cabeza de varios miles de hombres y marcha a enfrentarse a los invasores y también a enfrentarse con su extraña inmortalidad. En esta guerra los Estados Unidos atacan primero por el norte y más tarde, ya el ejercito a las ordenes de Wilfield Scott. desde el oeste, es decir entrando por el puerto de Veracruz (ver Los Orígenes de la Guerra con México. de Glenn W. Príce, editado por Fondo de Cultura Económica, México, 1974).

No hay carreteras ni vías de ferrocarril ni barcos de guerra. Sólo los viejos caminos reales por los que los españoles sacaban el oro o bien a través de los milenarios senderos indígenas. Literalmente hay que caminar. Seiscientos kilómetros al paralelo de la capital de Zacatecas y casi otros dos tantos más a través de la llanura desértica y de las dunas de arena.

Este  ejercito no cuenta en la realidad con vías  de aprovisionamiento ni con servicios sanitarios ni con tropas de repuesto ni con tropas de reserva ni con guerrillas que le protejan  los flancos y acosen al enemigo en una maniobra de desgaste ni cuenta tampoco con tesorería. No es una guerra a profundidad la que han emprendido sino un "raid" de una multitud de paisanaje valiente y bien intencionado y casi sin armamento que no sea otro y  escaso que conservan  de la guerra de independencia. Descalzo, mal vestido y pésimamente alimentado. Dos mil kilómetros de marcha a pie en la llanura desértica sin agua, donde las temperaturas normales del día son de 48 grados centígrados y algunos grados bajo cero por las noches. Junto a esto el famoso cruce de Napoleón por los Alpes europeos viene siendo como un paseo de comadres en día de mercado. Cuando el ejército mexicano llega al lugar donde debe presentar su primera batalla, la mitad de ese, ejercito ya ha muerto por enfermedades intestinales, por hambre, por deshidratación y otros han desertado.

Los estadounidenses los esperan en sus mismos lugares, frescos, descansados, bien avituallados, cerca de sus vías de aprovisionamiento y se puede decir,  con toda una nación unida por la propaganda de guerra bien llevada por el presidente Polk. Lista e impaciente y ambiciosa, espera para apoyar a su ejercito hasta las últimas consecuencias contra los bárbaros mexicanos, indios de piel cobriza, asesinos de mujeres, ancianos y caníbales comedores de niños. Para los estadounidenses Polk debe ser uno de los tres hombres más grandes de su historia. Su propaganda de guerra ha unido para entonces a toda una nación y al mismo tiempo su diplomacia, su intriga y su oro ha dividido en su mismo seno a México. Sus ejércitos de tierra y de mar y sus guerrillas están listas desde hace ya varios años no sólo para esperar al ejército mexicano sino para derrotarlo y penetrar hasta el mismo Zócalo de la ciudad de México.

La batalla de Buenavista es el tercer enfrentamiento con las fuerzas invasoras del general Zachary Taylor. Los mexicanos comandados por Santa Anna se batieron valerosamente obteniendo tres triunfos en el que no dejan sobreviviente alguno de los soldados estadounidenses. Hasta los oficiales y el general responsable en cada sitio es pasado por las armas. Para salvarse algunos se hincan y juran que también ellos son católicos. De todos modos mueren. Pero esos triunfos no son la victoria final.

En realidad eso fue todo. El parque se ha agotado. las provisiones ya no existen, las tropas de repuesto no llegan. La historia dirá que los conservadores y los liberales se peleaban y que por esto el ejército de Santa Anna no recibió refuerzos. En parte es cierto pero era un grupo reducido el que se peleaba y que en el fondo carecía de base de sustentación consciente en el pueblo. Todos van a hablar en nombre de él pero la verdad serán puros discursos. Los historiadores oficialistas han magnificado este pleito ideológico entre centralistas y federalistas pero resulta una de las sublimaciones más grandes de nuestra historia. Historiadores serios extranjeros han seguido inocentemente esta versión y luego otros historiadores mexicanos han seguido a los historiadores extranjeros y así el error se va repitiendo y con el tiempo agarra visos de verdad. En el fondo es una cortina de humo que quiere ocultar el gran asesinato masivo que los gobiernos del siglo pasado cometieron en contra de poblaciones indígenas, principalmente de los mayos, tarahumaras, huícholes y demás. La cortina intelectual también ocultará la indolencia respecto que cuantas veces quisieron los estadounidenses entrar a México en plan de guerra lo hicieron (ver Gastón García Cantú, op. cit.).El mencionado pleito entre centralismo y federalismo servia  para todo. Como en la actualidad el argumento del narcotráfico.

Los historiadores propios y externos, desde los empíricos hasta los de Harvard nos han hecho creer que la mitad de la población mexicana de entonces era centralista y la otra mitad federalista. Es un error de enfoque inocente o deliberado. Cuando en el Estadio Azteca juega el Guadalajara contra el América 50 mil aficionados son americanistas  los otros 50 mil son "chívas". Sí, pero nada más juegan 22, no juegan los 100 mil. Y aun aquí, en este ejemplo nos encontramos que esos 100 mil saben lo que está sucediendo allá abajo en la cancha, entienden, critican, toman partido. El 90 por ciento de las crías ni siquiera entendían el idioma español menos acceso tenían a las ideas de centralismo y federalismo que se ventilaban sólo en círculos demasiado reducidos. Las palabras de uno de los libros de Desmond Morris parece que hayan sido escritas para nuestro propósito:" Entre estos dos extremos, todavía hay millones de personas que desarrollan las sencillas vidas de los primitivos agricultores, labrando la tierra en forma muy semejante a la de nuestros antepasados. En unas cuantas zonas sobreviven primitivos cazadores". Así es México al finalizar el siglo veinte, por lo que era un absurdo, como dicen los historiadores, que el vulgo (pues el vulgo era la carne de cañón que moría en las revoluciones) al mediar el siglo diecinueve supiera de las ideas de la revolución francesa o de los principios del absolutismo europeo o como dice Jesús Reyes Heroles (op.cit.. Vol l. Pág. 30), que "Las ideas de la Constitución de Apatzingan vinieron de la revolución francesa y muy secundariamente de la Constitución de Cádiz de 1812 etc.

Fue un grupo demasiado pequeño en el poder que asesinaba a poblaciones enteras y borraba pueblos completos trasladándolos desde el norte hasta Yucatán para quedarse con sus tierras. Las etnias jamás conocieron enemigo más despiadado que los mexicanos mestizos en el poder y casi llegaron a exterminarlos (ver para este efecto los trabajos citados de Héctor Aguilar Camin y de Jean Meyer). Los mexicanos aztecas conquistaban pero dejaban Intacta su estructura política, religiosa y cívica. Pero los mexicanos mestizos hacían todos los esfuerzos para borrarlos para siempre de ese lugar jNo eran por cierto las mulas daltónicas de Faulkner! Si hay escepticismo al respecto estúdiese la historia de los mayos, huicholes, tarahumaras y 52 etnias más a partir de la independencia. En las mesas redondas sobre "Nuestro Racismo" que tuvieron lugar en los meses de marzo y abril de 1998 en El Hijo del Cuervo, Coyoacan, de la capital de la república. Juan villoro ofreció el dato que al principio de este siglo (veinte) la población indígena era del 70 por ciento, y es de presumir, creemos nosotros que en el tiempo al que nos estamos refiriendo, seria del 90 por ciento. Para este 1998 se acepta que ya sólo el 10 por ciento de la población mexicana es netamente indígena. Algún día el peso de la interpretación de la historia en este país se trasladará de centralistas contra federalistas al del racismo de mestizos mexicanos contra mexicanos étnicos. El humo de esa cortina no puede durar para siempre. Algún día el viento se la llevará. En este país las diferencias ideológicas pueden entrar en diálogo por medio de la cultura, cuando cada mexicano lea por lo menos 15 libros por cabeza cada año, no el medio libro que se lee en el presente, y para que las diferencias racistas entre mexicanos sean superadas, se necesitarán por lo menos unos 30 libros. y esto porque la carencia ideológica surge de una mala planeación en la enseñanza laica oficial, pero la idea del racismo se encuentra apuntalada día tras día por poderosos intereses. Véase sino el intríngulis, verdadero nudo gordiano, del actual conflicto en el estado de Chiapas.

Algunos de estos mestizos occidentalizados en el poder, del siglo pasado, sabían quién era Shakespeare (porque tampoco, y no obstante la presencia de la universidad desde el siglo dieciséis, podemos generalizar que fueran cultos) pero ignoraban quién había sido Nezahualcoyotl, con excepción de nombres como Carlos de Sigüenza y Góngora, Francisco Javier Clavijero y el no menos culto general Vicente Riva Palacios. Nuestros poetas de la época le cantan a la Luna como si fuera de sexo femenino, Tanit, y a Tlahuizcalpantecutli como a Venus. Fue necesario esperar hasta el primer tercio del siglo veinte en que van dándose los estudios del México original de manera sistemática, con los brotes de la ciencia antropológica, para que aparezca el Individuo que conociera las dos grandes culturas mesoamericanas y la occidental y que por fin el mexicano pudiera hablar de ovidio y d los teocuicanis.

Así pues, los que se peleaban el poder era un grupo demasiado reducido de mexicanos mestizos occidentalizados, pero eso sí muy desindianizados. Y tal vez todavía algunos criollos. en relación al resto del pueblo popular campesino e indígena  que dado su analfabetismo era ajeno, como dijimos a las cuestiones estas de la cultura occidental de federalismo y centralismo. Menos sabía que tales ideas circulaban en las logias secretas, ya que todavía en el país se carecía de partidos políticos de acción abierta. Campesinos e indios eran, eso sí, la carne de cañón que movían los generales, pero los indígenas eran por completo ajenos, como autores a los intereses que se movían y con frecuencia resultaban las víctimas de sus mismas inconscientes acciones. El ejemplo de los indígenas de los que se componía el ejército realista peleando contra el ejército insurgente, compuesto también por indígenas, no puede ser más ilustrativo. En la guerra de los franceses del siglo pasado los europeos eran apoyados por indígenas y por indígenas también eran apoyados los del ejercito liberal. En nuestros días los indígenas que componen .El ejercito federal tienen que vérselas contra los indígenas del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional Y así es como los Indígenas van desapareciendo envueltos en las llamas de su mítica guerra florida en tanto los ladinos se van quedando con sus tierras y sus pertenencias. Y también con su cultura ancestral antigua mesoamericana, de la que, irónicamente se sienten profundamente orgullosos...

Cuando se le acaban las balas a Santa  Anna es la hora, el día preciso, en que los Estados Unidos van a empezar a crecer en la medida que México se hunde. Su cuidadosa visión de años apenas empieza a echarse a andar para dominar al resto del continente más allá de México y después extender su influencia militar, económica y cultural por todo el mundo. El conde de Aranda, español con elevado cargo en el gobierno de España, ya había advertido con respecto a Estados Unidos con toda antelación en el memorial de 1783 :"! Vendrá un día que será gigante, un coloso temible en esas comarcas", pero ni españoles ni mexicanos le hicieron caso.

Atacan los estadounidenses por tres rumbos de manera simultánea que comprenden varios puntos de la frontera norte, por el Pacífico en sus enormes y modernos barcos de guerra y por el puerto de Veracruz en el Golfo. Nada puede pararlos. Los pueblos del continente guardan un precavido silencio con excepción de Honduras que protesta por la invasión a México. Los países hegemónicos de Europa protestan pero no por la suerte de los mexicanos sino porque ven que una nueva potencia acaba de saltar a la palestra y es ahora un potencial enemigo que puede ir arrebatándoles colonias como efectivamente,  pronto lo hará con España en todo el continente americano al tiempo que advierte mediante la doctrina Monroe, que nadie meta las manos en estos países y todos aquellos que de alguna manera permanecen hasta ese momento irán siendo sacados gradualmente (ver La Guerra Secreta en México. de Friedrich Katz. dos tomos. editado por ERA. 1983).

Ante la endeblez de los ejércitos mexicanos la población civil heroica del puerto de Veracruz (ver La Ciudad de Veracruz, de Leonardo Pasquel, editado por Citlaltepetl México. 1960), la de la ciudad de México, de Monterrey y la de Matamoros, les hacen frente con escobas, arrojándoles piedras desde las azoteas. Hombres, mujeres y niños, tenderos, sastres, albañiles, campesinos defienden su patria y tratan de revertir lo que los políticos, los economistas y los militares no pudieron hacer (ver La Guerra del 4 7 y la Opinión Pública, de Jesús Velasco Márquez, editado por SepSetentas. México. 1975).

Los irlandeses combatieron hasta el fin. Estuvieron peleando con afán y "testarudez irlandesa" y como solamente los hijos de la bella Irlanda sureña saben hacerlo aun a través de los siglos cuando de causas justas se trata. Lucharon entre los bosques de Padierna,  en el lado norte de los contrafuertes de la montaña Ajusco, arriba de Tlalpan. Los mexicanos de Influencia y mando siguieron exclamado entre ellos y después ya no supieron qué hacer y se perdió la guerra. El pueblo 'bajo". empero continuo peleando como pudo. O tal vez sería correcto decir que se siguió suicidando conservando la esperanza que podía modificar el resultado de esta guerra. Desde las azoteas con ladrillos o en las bocacalles intercambiando palos contra bayonetas. En las calles del actual Correo Mayor, atrás de Palacio Nacional las turbas del pueblo civil lograban aislar a soldados estadounidenses y prácticamente los desmembraban. Pero luego el ejercito de ocupación hacia fusilamientos de escarmiento.

Los mexicanos se replegaron al ex convento de Churubusco, con sus valientes generales Pedro María Anaya y Manuel Rincón a la cabeza, donde se hizo una defensa con actos de mucho valor. Aquí Juan B. Argüelles fue comandante de artillería. Había sólo siete piezas de artillería (algunas se conservan en el lugar), pocas municiones que tuvieron que repartirse entre 800 defensores para enfrentar a 8 mil invasores. Estaban participando en la resistencia los batallones Independencia, Bravos y Tlapa, las compañías de San Patricio y fracciones de tropas en retirada que se habían ido agrupando en aquel lugar pertenecientes a los batallones de Chilpancingo y Galeana. Fue la tercera vez en la historia de este país, después del sitio de México- Tenochtitlan en 1521,y el de los 83 días del sitio de Cuautla en 1812, que un grupo reducido de mexicanos vendía cara su libertad frente a un mundo todopoderoso que los sitiaba para esclavizarlos.

Pelearon aun después que se les terminaron las municiones, a bayoneta calada, con la verdadera furia que da la impotencia, pero el enemigo era abrumador y el 20 de agosto de 1847 Anaya rindió la plaza para evitar que se siguiera con aquella carnicería inútil. Se perdió la guerra, se perdió el país. Pero más grave que perder los territorios fue la pérdida de la fe de que  alguna vez las cosas pudieran hacerse como tendrían qué hacerse en el bien material del pueblo y en la conservación de su cultura, incluidos los aspectos espirituales. A este escepticismo en la actualidad se le ha llamado posmodernidad. Esto es el origen de la expresión que todos hemos oído que ojala México pasara a ser otra estrella de Estados Unidos, cuya magnitud no debe ser achacada tanto a los que la pronuncian como a quienes la provocaron.

Sino Llevaron a cabo los estadounidenses la anexión total en esa ocasión fue debido a condiciones políticas internas entre ellos que no es el lugar aquí para analizar. Pero sí hubo la advertencia que si se negaban a firmar los mexicanos un tratado de paz jamás se les permitiría a los cuerpos Legislativos reunirse en parte alguna,  por lo que de hecho la advertencia de disolución total estaba  en la puerta. Entonces firmaron el documento Guadalupe-Hidalgo.

Patricia Cox nos da una postrer visión de los "colorados", como se les decía a los irlandeses, debido al color rojo de su cabello, cuando los norteamericanos hacen prisioneros a los que ahí se encontraban. A los irlandeses los condenan a muerte:" Tiraron lo caballos de los carros y los cuerpos de treinta y dos hombres se balancearon sin apoyo bajo sus pies en horribles contorsiones". También nos describe a ese pueblo por el que ellos habían dado su vida, Era como siempre en esta lucha, gente casera y menuda: '.EI pueblo presenciaba la última escena de aquel drama, su propio drama. En carne extranjera. No podía hacer nada, impotente y desarmado. Algunas mujeres que acompañaban a fray Román y a los carmelitas de San Ángel rezaban con lagrimas en los ojos, mientras los pies descalzos de los frailes se afirmaban sobre la tierra desnuda".

Fue el último episodio de esa guerra. El documento en el que se plasma el desmembramiento de los territorios del norte se conoce como Tratado de Guadalupe -Hidalgo y fue firmado eI 2 de febrero de 1848.

En el Diccionario Enciclopédico de México, de Humberto Musacchio. 2 tomos. Editado por Andrés León, México. 1990. encontré el siguiente postrer dato y es que de los 260 irlandeses que se habían unido a las fuerzas mexicanas para cuando se da la batalla de Churubusco, ya sólo quedaban con vida 72: "Quedaron 72 que fueron condenados a muerte por los invasores con excepción de su capitán (John 0' ReilIy) Y otros soldados que.,se dice. Lograron escapar  y en los combates fueron muriendo en tanto el Frente de batalla retrocedía hacia el sur. En el Museo de las Intervenciones hay una placa, de unos dos metros de alto por uno y medio, que contiene 71 nombres de estos irlandeses con el capitán John O Relly al principio y el de Lewis Preifer al final y dice:"En memoria de los soldados irlandeses del heroico Batallón de San Patricio, mártires que dieron su vida por la causa de México, durante la injusta invasión norteamericana de 1848".

De los prisioneros fueron torturados y ejecutados 16 en San Ángel 16 en Mixcoac y los demás en Tacubaya. Cerca de la plaza de San Jacinto en San Ángel, se encuentra una lápida que señala el sitio donde fue ejecutado un grupo de ellos".

Esto apenas es una balada que canta el valor de los irlandeses en tierras mexicanas. pero, estamos seguros, algún día alguien escribirá otra historia épica o mucho mejor, una novela, de estos "colorados" que se sume al bello trabajo de Patricia Cox y ambos sean leídos de hijos a nietos, en las generaciones que están por venir, en México y en Irlanda. Estas jóvenes y valientes vidas y el dolor de las madres de estos irlandeses que jamás regresaron al país de San Patricio. se lo merecen.

LA SUERTE DE LOS IRLANDESES

(Lennon-Ono)

Si tuvieras la suerte de los irlandeses
Te lamentarías y desearías estar muerto
Deberías tener la suerte de los irlandeses
y en su lugar desearías ser inglés

Un millar de años de tortura y hambre
Ahuyentaron a la gente fuera de su tierra
Una tierra llena  de belleza y mararavillas
Fue violada por los bandidos británicos ¡malditos! ¡malditos!

Si se pudiera guardar voces como flores
Habría un trébol sobre todo el mundo
Si se pudiera beber sueños como arroyos irlandeses
El mundo seria  alto como la montaña de la alborada

En Liverpool nos  contaron la historia
De cómo los ingreses dividieron la tierra
Del dolor, la muerte y la gloria
y los poetas de la vieja Irlanda

Si se pudiera hacer cadenas con el rocío de la mañana
El mundo sería como la Bahía Galway
Caminemos como arco iris como duendes
El mundo seria una gran piedra de Blarney

¿Por qué diablos están ahí los ingleses?
Mientras matan con Díos de su lado
Culpan a los chavales y al IRA
Mientras los bastardos cometen genocidio ¡Sí! ¡Sí! Genocidio!

Del disco "Some Time in New York City
(1972).