CUADERNOS DE EDUCACIÓN SINDICAL # 47

TORMENTA EN LA SELVA

 
   


Secretario General: Agustín Rodríguez Fuentes
Secretario de Prensa y Propaganda: Esteban Guerrero Santos
Elaboración de los Cuadernos: Alberto Pulido A., Agustín Castillo L. Armando Altamira G., Esperanza Paredes, Ángel Granados, Antonio Muñoz.
Ángel Alvarado (Tipografía)
Gustavo Godinez (Diseño)
Mecanografía: Amparo Flores Almazán.
Arnulfo Jiménez (Impresión)
Trabajo de Apoyo: Gabriel Caballero y Fidel Reza

Distribución Gratuita
Editados por la Secretaría de Prensa y Propaganda del STUNAM
Septiembre de 1994.

 

   
     

Presentación

Otro marcos

—En Lacandonia siempre todo será grande, y ¡Ay del que intente
vulgarizarla con pequeñeces intrascendentes!
Pablo Montañez

Se presenta, los domingos, temprano, acompañado de sus dos hijos, a limpiar el jardín y a replantar las nuevas flores, arrancar las plagas, las amapolas son bonitas pero necias, como las mujeres, decía. A medio día comíamos en el patio grande, se platicaba hasta la noche, de las flores, de animales, de súcumos, de espantos, de las mariposas, de la vida y también de Dios.

Era viejo, sin edad, sacado de una fotografía de Casasola, sonrisa suave, pelo blanco, grandes bigotes también blancos, las manos siempre cruzadas a la altura de su barriga, pantalones limpios con mil remiendos costurados con tiempo, camisa de manga larga y abotonada hasta el cuello, nunca sudaba compartía su sonrisa con las flores.

Entre semana trabajaba de peón con Don Hernán, con el más rico del pueblo, dueño de la fábrica de trago, de la fruta, de las legumbres, de las casas, de la lechería y de las vacas, de las fincas ganaderas, maiceras, de fríjol, de café, de cacao y de la línea de camiones foráneos.

Le pregunté, usted dónde nació, se rió intentando abrir sus pequeños ojos, aquí en San Cristóbal, en el Barrio de San Ramón, por la salida a San Juan Chamula. Trabajaba en una Quinta, desde niño todo el día y toda mi familia, nos pagaban lo que querían, nunca supimos cuánto. Cuando alguien se embolaba lo colgaban de una red que levantaban con una garrucha, con un lazo de crin de caballo, nos arreaban en el campo. Cuando se enojaba Don Enhoc el administrador, pues no pagaba, ni entregaba maíz ni fríjol. Tiempos difíciles, para nosotros los pobres, los más jodidos eran los indios, ni la Castilla entendían.

Yo participé en la revolución, sin querer ni saberlo. Un día de fiesta, en el parque Central, después de misa, los federales nos tornaron presos, yo era un indizuelo, nos amarraron, primero nos dijeron que estábamos acusados de robo y además éramos haraganes, a las mujeres las mandaron al niñado, a los hombres a Tuxtla, después de una semana llegamos, nos formaron desnudos, bañándonos como al ganado y nos cortaron el pelo corno curique y con ropa de guacho, caminamos a la costa, después en tren, muchos días y gran dilación, llegamos a México.

Preocupado, pues no pude avisarles a mi papá ni a mi mamá, nadie nos dijo a dónde íbamos o a donde nos dirigíamos, nos encerraron en una cárcel grande.

Por la noche, el sargento dijo que sería asignado a Chihuahua para pelear contra los revolucionarios, lo que más me dolía eran los pies, las botas no las aguantaba, siempre fui descalzo, cuando llegamos a Chihuahua nos dijeron que estábamos en libertad, que el Supremo Gobierno no nos necesitaba, quedé en el parque, pero ahora en Chihuahua, no pudieron decirme qué camino coger para San Cristóbal, tampoco conocían el Barrio de San Ramón, no tenía a dónde ir, un día llegaron los revolucionarios, nos preguntaron a los que nos quedamos, si queríamos pelear con Villa, y que no tenía que usar las botas, les dije que si y hasta me pagaron.

Caminé mucho con ellos, participé en la guerra, nunca me pasó nada, le pedía a Dios, a San Ramón y la virgen de la Merced que me cuidaran. Pasaron muchos meses, al fin llegamos a la Capital, lo mismo, nadie sabía que pasaría. Igual como llegué a México la primera vez. Me llamó un oficial, me dijo que podía irme a mi tierra, que la revolución, la patria y el general Villa, agradecían los servicios prestados.

Que gracias a que la revolución estaba triunfando, todos los pobres del país tendríamos tierra, agua, justicia y escuela, que nuestros hijos serían felices.

Tardé mucho tiempo en regresar a San Cristóbal. En Jovel me encontré todo igual, es más, los ricos estaban enojados y no querían darme trabajo, porque era de los alzados.

De eso hace muchos años, tampoco ahora tengo tierra, ni casa, mis hijos no fueron a la escuela; de México llegó la orden de que toda la gente que trabaja con Don Hernán, la metan al Seguro Social, que nos quitaran dinero, pero tendremos derecho a doctor y medicinas. Ahora nos pagan cada sábado, solo cuando Don César está enojado o bolo, nos pagan el lunes, ya no es administrador, ahora le llaman contador, algo ha cambiado, jodidos los indios, que todavía no entienden la Castilla.

Dicen que en México, se está preparando otra revolución, por eso regaño a mis hijos, que no se paren en el parque. Les puede suceder lo mismo, ¡Y ya ven, en balde tantos muertos!

Ya es de noche, el próximo domingo regresamos. El río Amarillo está crecido y todo el barrio de San Ramón está inundado, como antes. En la semana también los geranios, los rosales están bonitos, los claveles se están dando bien, ya mero llegan las mariposas, tenga cuidado con las chinitas y los zanates. Esperamos que la primavera nos traiga sol, esperanza y vida, para contarles a mis nietos cómo era antes, pero las cosas están cambiando. Ya ve, dicen que el gobierno pondrá un radio para que hablen los indios en su lengua, pues siguen sin entender la Castilla, están jodidos.

Adiós Don Marcos, hasta la próxima revolución.

Agustín Castillo López
9 de Septiembre, 1994.


4 de agosto de 1994.
Escasez de víveres, el fantasma de la hambruna recorriendo las calles de San Cristóbal de las Casas, los coletos ricos ametrallando a la población, espías de gobernación llegando hasta ti de manera ladina para sacarte de dónde vienes y cuál es tu idea en este evento de la Convención, ¿vas a votar por la guerra?, la insalubridad a punto de desatar una epidemia, los retenes militares en las carreteras entre Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal bajándote a culatazos para averiguar si llevas armas a los zapatistas, no hay agua, zopilotes internacionales vendedores de armas compitiendo entre sí para conseguir el mejor contrato, virtual estado de sitio pero sobre todo no olvidar que San Cristóbal y todas esas poblaciones del área de la guerra sufren un dramático desabasto y sus obligadas compras de pánico “no responder a provocaciones” dice el reglamento para los convencionistas.

El día que llegamos a San Cristóbal nos encontramos con que éramos unos del montón entre torrentes de turistas que recorren de norte a sur la calle Insurgentes que es la que va de la terminal de autobuses hasta la famosa catedral donde por las tardes oficia misa e obispo Samuel Ruiz. Ni más ni menos como si hubiéramos llegado a Acapulco o a cualesquiera de esos sitios cosmopolitas de México. Llueve fuerte. Sale el sol. Vuelve a llover. Extranjeros europeos, norteamericanos y asiáticos van desapercibidamente por todos lados, tomando fotos, gastando pero menos que los mexicanos, seguidos de sus mujeres rubias de cabello, bellas, y blancas de piel.

San Cristóbal de las Casas probablemente nunca antes ha estado mejor en lo general que ahora. La razón es compleja pero simple de explicar. La presencia hegemónica de un solo partido ha sido tocada y otras fuerzas políticas y sociales han entrado en juego. Además los zapatistas que se encuentran del otro lado de las montañas, hacia el sureste, han despertado un interés genuino, pero también de morbosidad de la gente de otras latitudes del país y del planeta. Los diarios de circulación nacional tenidos por serios y críticos no han podido o no han querido evitar un tono amarillo, y de alguna manera hacen que la gente relacione a la efervescencia tradicional de la sierra de Guerrero con lo de Chiapas. Además con frecuencia se descubren en estos días cuantiosos cargamentos de armas en diferentes países de Centroamérica poniendo de relieve que el responsable es de nacionalidad mexicana. La prensa internacional está encantada de poder conseguirse un viaje hasta este rincón de México y de alguna manera debe justificar sus viáticos. La reacción entonces es que el ejército federal adquiera más y mejor armamento.

Entonces llegan más y más corresponsales extranjeros a San Cristóbal. El turismo que siempre recorre esta ciudad se ha incrementado derramando dinero por todos lados a través de la industria hotelera, casas de huéspedes y el comercio de establecimientos. También en el comercio callejero que es el que corresponde, directamente y en gran medida a la población original que es la mesoamericana llamada indígena de las diversas etnias de esta parte del Estado.

En la mesa 5 se le daría atención al problema de la población indígena. El mismo Marcos gustaba de llamar de otro modo al EZLN y era “Comité Clandestino Revolucionario Indígena”. Habían sido los indígenas de las poblaciones de la selva los que lo habían auxiliado con comida y medicinas en los primeros meses.

Desde luego que hay una situación de beligerancia en alguna parte detrás de esas montañas y un reacomodo ya no tan subterráneo de fuerzas políticas, pero la vida hoy en San Cristóbal es completamente normal. La policía se encuentra en las calles con la mayor discreción y el ejército federal no se ve por ningún lado, salvo en los retenes de las carreteras. Esas condiciones de guerra en la población tan relatada por toda la prensa pertenecen al primer mes de este año pero ahora es otra cosa. Desde luego la gente de la ciudad lo sigue comentando los pobres se expresan con la mejor opinión del EZLN.

En la plaza, frente a la catedral, bajo el quiosco, unas quince niñas tzotziles tienen un letrero escrito en buen castellano y con impecable ortografía que habla de los derechos de las mujeres. Doscientas cámaras de video captan sus caritas despeinadas y sus pies descalzos. Los ojos rasgados de las mujercitas hablan de una lejana procedencia asiática. Su vestimenta, su idioma (son bilingües) y su color cobrizo oscuro informan que pertenecen a la cultura mesoamericana. Pero ahora por algo es evidente que no comprenden que tienen un letrero en las manos con una idea que procede de la cultura occidental, de las mujeres inglesas del siglo pasado.

La muchacha tzotzil o la chamula no se deja retratar así como así. No obstante el fotógrafo descubre el secreto. Hace que alguien la llame y le compre, o parezca que le compra, algo de sus hermosas artesanías, baratas, por cierto, para que no ponga más resistencia ante la cámara. Así le hacen los periodistas de los diarios. Ponen en sus manos el periódico y la retratan desde todos los ángulos. Después les compran algo. Envían esas fotos a sus redacciones y dicen que es el informativo más buscado por aquellas latitudes, aunque no sea del todo cierto. Y así la fantasía se va retroalimentando. Al grado que los poseedores de alguna suspicacia llegan a preguntarse en el caso de las noticias de pánico a quién tratan de asustar o a quién tratan de beneficiar.

La población de San Cristóbal tiene aproximadamente la misma altitud sobre el nivel del mar que la ciudad de México, por lo que hace semejante temperatura que en la capital de la república. Pero aquí las estrellas “salen” y no es raro que al rato se encuentre todo de nuevo bajo un aguacero.

En las calles de las oficinas del periódico El Tiempo hay varios miles de periodistas tratando de obtener su credencial que les dejará el paso libre hacia la selva. Han salido las primeras listas pero no es nada en comparación con los que faltan de ser acreditados. Son miles y sólo 700 lograrán pasar. Los de a prensa internacional de los poderosos diarios europeos y los Estados Unidos no dan crédito a lo que ven. Son los amos de la noticia con ilimitados recursos económicos y donde se paran son recibidos con los brazos abiertos. Aquí tienen que hacer cola junto con periodistas nacionales de periódicos casi desconocidos. No les queda más que esperar. No pueden hacer otra cosa, no pueden mover ninguna in fluencia “vuelvan más tarde” dice una voz desde la pequeña ventana y no se puede hacer nada. Los periodistas nacionales tampoco podemos hacer nada. Nadie puede hacer nada. Todo depende del comité organizador y nadie sabe qué los mueve a extender la credencial a unos y negársela a otros. Salieron publicados unas condiciones para los de la prensa pero aún llenando esas condiciones las credenciales no acaban de salir. Hay indicaciones que se vuelva por la tarde o mañana pero la verdad es que nadie se mueve de ese lugar. El trabajo es absolutamente abrumador para los que tienen que hacer las credenciales. Todos lo comprendemos pero nadie se resigna a que su credencial no haya salido ya.

No podemos dejar de pensar en los miles de participantes a la Convención que mañana llegarán a este lugar, con su linterna al cinto, sus botas black star y su botella de dos litros de agua bajo el brazo “pues no hay agua en San Cristóbal”. El reglamento de seguridad que fue repartido por miles de asambleas efectuadas por todo el país hablaban del caos en San Cristóbal y se le iba el sueño al más indiferente. Es seguro que en todos hay la intención que esto funcione de la mejor manera, pero lo cierto es que las distintas comisiones serán abrumadas por los miles de convencionistas.

5 de agosto
Temprano hemos ido a la plaza de toros La Coleta (enfrente de ella) donde está el lugar en el que deben acreditarse los delegados. Habrá unas cien personas. “Vuelvan más tarde” dice una muchacha del equipo de acreditación. “¿A qué hora?”. “Mas tarde”. Regresamos al centro de la población. Una hora ha bastado para ver la diferencia. De pronto las calles se han llenado de mexicanos de otros lados. Casi se puede decir de qué parte vienen por su tipo y por la indumentaria. Además todos cargan enormes mochilas. Los del Distrito Federal son inconfundibles. Son una mezcla de soñadores, filósofos, gente de partido, intelectual—orador mal llamado grillo y muchas mujeres tienen el aire de libertad de las feministas. No falta en algunos cierto folclor. Hay quien trae el ya clásico sombrero “chile” de copa cómica altísima y ala ancha de petate, que se ve en los estadios de fútbol, boina vasca a lo Che Guevara usadas esas mismas ya en el 68, sombreros nuevos de popelina con una parte aplastada contra la copa al estilo neozelandés.

Regresamos a medio día a La Coleta. “Todavía no nos llega la acreditación. Vuelvan después”. Ya son varios cientos de convencionistas que no saben qué hacer ante tal situación. Pero no queda más que seguir esperando.

La población flotante ha caído en la locura por querer encontrar alojamiento, en donde sea. Hoteles y casas de huéspedes agotan pronto sus capacidades. Se le agrega a los cuartos otra cama y otro colchón en el suelo. Otros se meten de contrabando y duermen sobre la alfombra y en las bolsas que para el caso han llevado.

Durante dos horas llueve como ni siquiera en la selva del Amazonas ha llovido. Después sale el sol y después vuelve a llover. El estilo empieza a gustarnos. En el Valle de México en ocasiones llueve hasta tres días seguidos o en Orizaba hasta diez días seguidos y por fin todos empiezan a estar fastidiados. Aquí parece ser diferente. A las 8 vamos a la Plaza La Coleta y ya hay varios miles de gente esperando ser acreditados. Se hacen filas por estados. Los del Distrito Federal cubren dos cuadras de tres en fondo.

Pasa una hora y nadie se mueve de un mismo lugar. Todos empiezan a perder la paciencia. En las dos horas siguientes por fin hemos avanzado tres metros. No es que ya estén haciendo la acreditación sino que algunos se han ido echando juramentos de carretonero sin saber lo que ocurre y vuelven a su hotel con la idea de regresar más tarde. Otros consideran que para muestra basta un botón y que así va a ser el resto del evento. Pasan al hotel por sus cosas y regresan a México. Se filtra la noticia que varios cientos de acreditaciones de los delegados se perdieron en el camino. Tendrán que volver a retratarse y llenar más formas de acreditación de su grupo que lo respalda.

Hacia las once de la noche por fin empiezan a avanzar las hileras de convencionistas. Llueve un poco. La gente que vive en las proximidades se da cuenta que les da tiempo de preparar algo de comer y venderlo. Al rato ya muchos andan ofreciendo empanadas, atole o café.

A esas alturas de la situación recordamos la pericia y experiencia que tienen las trabajadoras y trabajadores de las Oficinas Sindicales del STUNAM para organizar y sacar adelante los congresos con una mínima cantidad de gente, en comparación con la que aquí hay en la organización de la Convención, ellos atienden a un número grande de delegados y trabajadores universitarios.

A la una de la mañana todos los delegados han logrado transponer la puerta de hierro bajo la manta “Acreditación”. Pero solamente para darse cuenta que otras colas de miles, los mismos miles de la calle, están adentro en el patio haciendo otras colas. Hacia las tres de la mañana salen los últimos. Las calles y callejas oscuras están llenas de agua que corre hacia todas partes, pero ya la ciudad por fin duerme y por un rato se ha olvidado de este extraño frenesí de los convencionistas.

6 de agosto
Empiezan los trabajos en las cinco mesas distribuidas por diferentes rumbos de la ciudad. Muchos siguen batallando en La Coleta porque se les acredite. El tiempo de los oradores es de dos minutos. Un tiempo que jamás se respeta. En unas mesas intervienen 180 oradores, en otras más de 200. Las ponencias por escrito se entregan por miles. Algunas interrumpen sus trabajos hasta la media noche. Se hacían exposiciones del tema y muchos se quedaron ese día sin haber tenido la oportunidad de explicar su trabajo. En uno o tal vez dos días probablemente habrá oportunidad de defender el tema, No obstante, al finalizar la jornada se anuncia a los delegados que al día siguiente habrá que reunirse a las 5 de la mañana en La Coleta para partir hacia la selva.

La mesa 4 está en el área del centro de la población. Cerca se encuentra una plaza y un mercado de merenderos. En medio de los árboles está la estatua de Fray Bartolomé de las Casas, el primer obispo de esta población en el siglo dieciséis. Fue el primer obispo también que se decidió a luchar por los indios, aunque no por la cultura de los indios, a partir del 12 de marzo de 1545. En 500 años la sociedad no entendió su idea y ahora otro obispo en estos días ha reiniciado la lucha por los indios y, sin incurrir en la falta de respeto de Fray Bartolomé de las Casas, este sí se cuida de no atropellar lo que de la cultura mesoamericana queda a las etnias.

Cada uno de estos obispos, en su tiempo, han sido cubiertos con los peores adjetivos no sólo de los explotadores de los indios sino de alguna jerarquía dentro de la misma iglesia católica. Hay sin embargo una diferencia entre los dos obispos, otra diferencia. Bartolomé luchó solo entre la animadversión de los de su pueblo, que eran los conquistadores. Este obispo, Samuel Ruiz, sabe que en la selva está el EZLN luchando por la misma causa, los indios, entre otros objetivos. A 500 años de distancia ya se sabe que la cultura occidental mete a los indios en las reservaciones, de plano los desaparece o, mejor aún, los mete a las minas hasta que revientan para ser substituidos sus cadáveres por indios nuevos. Es hermosa en muchos aspectos y nos sentimos orgullosos de tenerla entre nosotros, pero es excluyente y es necesario aprender a tratarla con mucha precaución. Primero se impone, después se hace indispensable y al último te elimina como cultura aparte y original. En México no lo ha logrado por completo. No ha logrado que los mexicanos veamos en el Cuauhtémoc del siglo dieciséis el villano de la historia, como sí lo ha logrado con sus héroes culturales y mortales de otras latitudes cuando desdeñamos a los indios es que en nosotros mismos los mexicanos está hablando lo que de cultura occidental tenemos.

En El Tiempo sigue la aglomeración de los periodistas hasta en la noche. Ya no han puesto nuevas listas. Son las mismas del principio. La información y acreditación se hace sobre la mar cha. En las mesas había este medio día alterones de credenciales y cuando alguien logra llegar a la pequeña ventanilla, pasando entre las paredes y una prensa enorme e inservible, los del otro lado se dan a la tarea de buscarla. Si no está por ahí, a las primeras, se le dice al interesado que vuelva más tarde. Si no se quita de inmediato los que pugnan por llegar hasta ese Sitio lo hacen a un lado. Si aparece su credencial se le informa que son 120 nuevos pesos. Cien para el transporte y 20 para la credencial. A los delegados les cobrarán 50 pesos y nadie sabe por qué esa diferencia. Si no tiene a la mano tal cantidad absolutamente a nadie le importa y debe hacerse a un lado, de inmediato, porque los otros se aglomeran y empujan para alcanzar la ventanilla.

Ya para este día muchos periodistas y fotógrafos, tal vez centenares, han perdido la esperanza de obtener su credencial roja de prensa y descorazonados regresan a su hotel. Los que alcanzan boletos en los autobuses vuelven a México y de ahí a su lugar de origen en el país o en el extranjero. Otros lo harán al día siguiente. No observaron el reglamento qué decía que se les daría su acreditación sólo si era avalado por algún grupo. Esta medida se tomó seguramente para evitar en lo posible la presencia de los observadores del gobierno, lo que resultó candoroso pues seguramente estos venían respaldados por algún grupo con sigla de las más diversas. No falta quien consiga ser incluido a última hora en la lista de algunas de las organizaciones, pero la mayoría debe volver. Lo hacen llevando en el alma el sabor amargo del escepticismo tratándose de una convención democrática.

Los de la prensa internacional que todavía esperan y hacen cola se jalan de los pelos preguntándose cómo es posible que esto les suceda a ellos. A los mismos grandes diarios nacionales los tienen como una simple prensa marginal y ahora ellos, algunos, muchos, no han podido recibir su credencial en tanto otros, aún de los periódicos semanales o revistas ya les ha sido solucionado su problema. En la noche por fin obtienen su anhelado permiso. También se les dice que hay que estar a las 5 de la mañana en la plaza cerca de la iglesia de San Dieguito de Padua, a una cuadra del local de El Tiempo.

Todavía en esta última noche en San Cristóbal muchos delegados no han sido acreditados y por las calles que conducen a La Coleta van y vienen en grandes grupos. Los que han participado en las mesas no tienen ni la menor información de cómo va a ser lo del transporte. Sólo se les ha dicho que se presenten a las 5 de la mañana en La Coleta. Hay muchos camiones, pero otros tiene que contratarlos a nivel particular. Muchos viajarán en camiones de redilas, 20 o más horas.

7 de agosto
Hacia las 5 de la mañana todavía es de noche en San Cristóbal en este tiempo. No obstante en la plaza de San Dieguito bajo el quiosco ya hay por lo menos 200 periodistas esperando. Es la prensa extranjera que debe tener un encantador sentido de la puntualidad. Los mexicanos van llegando después. Pasan dos horas y a las 7 nadie sabe qué es lo que sucede. Ya hay 700 periodistas y a pesar de la desvelada por acostarse tan tarde y por llegar tan temprano se nota cierto nerviosismo. La gente se pone irritada. Otros han sacado sus “slipings” y duermen tirados en el suelo entre tanto equipo de fotografía.

Los organizadores empiezan a llamar por número de transporte. Este número aparece en el comprobante de pago. “Los del carro número 27 se juntan aquí por favor’. “Los del carro 170 de este lado’. Llegan los autobuses. Algunos son microbuses y otros, autobuses grandes de línea foránea. Estos son los más cómodos pero los más inseguros en los tipos de terreno que deberemos transitar. Los primeros avanza unas cuadras y deben esperar a las otras unidades para avanzar juntos todos los que llevan a los periodistas. A las 10 de la mañana, 5 horas después de haberse reunido, dejamos San Cristóbal. Más de 100 unidades de transporte de delegados han salido desde varias horas antes. Aún faltan otras muchas. En total serán más de 200 unidades.

Como se carece de información geográfica y topográfica en las noticias acerca de este conflicto que publican mapas carentes de escalas, en el Altiplano y ciudades del norte, se tiene la impresión que el EZLN se encuentra apenas pasando las montañas que hacen el valle donde está la ciudad de San Cristóbal. Es una idea errónea y pronto lo íbamos a constatar. El EZLN se halla lejísimos de San Cristóbal después de pasar muchos campos, cañadas y montañas. ¿Cómo pudieron en enero tomar palacio de gobierno de San Cristóbal y retirarse después a la selva, tan lejana, sin ser interceptados por el ejército federal en otras poblaciones como Comitan o bien por la aviación militar que pudo ser movilizada desde la ciudad de México y alcanzarlos en el camino?. Para transportar a 6 mil convencionistas se ha necesitado una gigantesca organización de autobuses. ¿Cómo consiguieron miles de zapatistas alcanzar la selva?. Algunos habitantes de San Cristóbal nos explican: simplemente se quitaron el pasamontañas y ya pasaron como cualquier ciudadano, después se reagruparon como pudieron en la selva. Otros se fueron por las colinas.

El primer retén del ejército federal detiene los vehículos pero apenas se asoman y dicen que podemos continuar. Cada retén está observado de cerca por personal de la Comisión de Derechos Humanos.

Seguimos nuestro camino y en las poblaciones que vamos pasando se ven los templos de las diferentes nominaciones religiosas cristianas protestantes. Algunas de ellas son las llamadas históricas que nacieron cientos de años atrás en Europa y que a partir del siglo pasado fueron revitalizadas en Estados Unidos. Otras pertenecen al antiguo testamento y son de origen netamente estadounidense, aunque igualmente se dicen cristianas, como los mormones y los testigos de Jehová también tienen sus templos. Estos últimos no pero se les ve por las calles con su corbata y su portafolio. Es interesante ver a los indígenas con zapatos, corbata, camisa blanca bien plancha da y portafolios, además de caminar en completa vertical, no encorvados como el resto.

Las gentes nos observan desde los restaurantes al pasar Comitan. Muchos de los convencionistas aprovechan algún alto del autobús para abastecerse de latas. Las tiendas se encuentran bien surtidas. En Las Margaritas hay aglomeraciones de gentes del lugar que se han reunido con la idea de darnos la bienvenida al paso de los autobuses. Algunas mujeres levantan carteles con palabras alusivas al movimiento de la selva. Se nota desde luego que simpatizan con el EZLN, el PRD y con Cuauhtémoc Cárdenas, candidato en esos días a la presidencia de la república.

Empieza el camino de terracería, y algunos grandes autobuses de pasajeros se quedan en Las Margaritas. Son demasiado bajos como para poder ir por caminos de terracería. Sus ocupantes se distribuyen en las otras unidades. El viaje, de 160 kilómetros, desde San Cristóbal hasta Guadalupe Tepeyac y que algunas unidades recorren en 1 5 ó 1 8 horas, el convoy de 30 unidades de los de prensa hace 32 horas.

Si alguien adelante se paraba, el resto de la columna de transporte también debía de hacer lo mismo. Como la gente iba fastidiada de inmediato se bajaban a estirar las piernas o a hacer del baño o a comer lo que encontraran. Cuando ya podía seguir el vehículo, casi todos andaban por allí. Para cuando volvían a reunirse ya había pasado el tiempo. Así todo el trayecto.

Además, cuando esto de detenerse sucedía, que era cada 10 minutos, los de la prensa, sobre todo la extranjera, saltaban con la cámara de video al hombro y ya conectada corrían hacia el frente de la columna de vehículos filmando todo lo que encontraban a su paso. Esperaban hallar la noticia. Otros iban ya con el micrófono cerca de la boca listos para empezar el relato inesperado. Pero no encontraban nada especial, a nuestro juicio, y ellos seguían filmando las colinas y los bordes desnudos y sin chiste del camino. ¿Qué mundo tan ordenado y sintético es del que provienen que el borde terrozo y pedregoso del camino les llama la atención con fuerza?. Es un México para ellos que sigue siendo bárbaro. Es un México natural pero lo ven desde sus arregladas y artificiales ciudades como algo del inicio del cuaternario. Los fotógrafos no se quedan atrás y disparan indiscriminadamente sus cámaras y flashes hacia todos lados, La verdad que no entendemos qué les sucede.

Un periodista mexicano de la unidad 126, con un sentido especial del humor, gritaba cuando esto sucedía: “orale”. Y este “orale” como que se generalizó por la Convención de carro en carro y al rato ya muchos decían “orale”, y los camarógrafos seguían corriendo y filmando por todos lados.

Hacia el atardecer hay mujeres que se han cambiado de ropa. En la mañana vestían de una manera y ahora ya lucen otras modas. También han variado de peinado. Los hombres, algunos, indolentes, llevan el mismo pantalón (lo llevarán en todo el viaje y hasta de regreso a México) y el mismo suéter o chamarra. Las gorras y cachuchas son un pretexto para no peinarse.

8 de agosto
El convoy de autobuses de prensa llega a Guadalupe Tepeyac a medio día, 32 horas después de haberse reunido a las 5 de la mañana del día anterior en la plaza de San Dieguito. Desde hace muchas horas estamos ya en territorio controlado por los del Ejército Zapatista. Guadalupe Tepeyac es una población chica entre la selva. No obstante hay una formidable construcción que fue hecha para servir como clínica. Su interior es, se puede decir, a todo lujo. Se había inaugurado el año anterior. Pero; dice la gente del lugar, que no funciona. Que el día siguiente de la inauguración por el presidente de la República Carlos Salinas, los empleados se apresuraron a quitar cortinas y todo lo que pudieron. Del servicio para lo que fue hecha nunca se dio.

Hay pocos sitios para comer dada la cantidad de gente que ha llegado. Se llenan por todos lados las fondas. Para conseguir unas tortillas y un huevo frito hay que hacer grandes colas. Los refrescos chicos cuestan 3 nuevos pesos. Lo que abunda es la pepsicola. Hay una llave de agua y sobre ella se ha ido la gente. Sus hábitos de higiene de la ciudad la hace sentir incómoda si no se lavan la cara y se cepillan los dientes.

Una gran incógnita era la distancia que sería necesario caminar del poblado de Guadalupe Tepeyac hacia el lugar acondicionado por los zapatistas y bautizado por ellos con el nombre de “Aguascalientes”. ¿Su distancia era de 15 kilómetros, de 8, de 30?. Los coordinadores nunca supieron orientar adecuadamente en este sentido. Con el mejor espíritu de comprensión creímos que se trataba de una cuestión de estrategia protectora para el EZLN. Como si el ejército federal no supiera exactamente qué área ocupan los rebeldes.

Resultó estar, como se dice, a la vuelta de la esquina. 15 minutos caminando despacio y de bajada hubieran sido suficientes para llegar. Sin embargo hicimos casi dos horas. Aquí los zapatistas habían puesto un control de paso a base de alambres de púas. Y hacia adentro, ya propiamente para desembocar en el valle de Aguascalientes, eran una especie de corredores o delimitados por esos alambres a la altura de la cintura. Ni más ni menos como en los campos de concentración que se ven en las películas.

Para entrar a estos corredores hubo que hacer grandes colas que avanzaban con lentitud. Pero para salir de ellas había que revestirse de una infinita paciencia. Resulta que en el otro extremo los zapatistas estaban ahora sí revisando a fondo las mochilas. En todo el trayecto hasta aquí nos habían revisado media docena de veces, pero de manera superficial sobre la ropa. Aquí, sin embargo, tuvimos que vaciar las mochilas y un soldado examinaba minuciosamente las cosas, aparatos de filmación, los víveres y la ropa. Era correcto pues en ello se jugaba mucho de la seguridad. Si no tanto la de ellos, sí la de los convencionistas. Si el gobierno hubiera querido empezar, o reiniciar las hostilidades (en muchos cabía esa zozobra), esta era la ocasión precisa para ello. Tlaltelolco del 68 es un antecedente que dice que pudo haberse dado aunque en Aguascalientes se encontrara mucha gente de partido, intelectuales y periodistas de todo el mundo. Esto en acciones de guerra importa menos de un comino con todo y Derechos Humanos y Cruz Roja Internacional.

En tanto hacemos grandes y lentísimas colas bajo un sol de 40 grados centígrados vemos que por un camino de terracería adyacente, y desde luego también estrechamente vigilado por los zapatistas, pasan confortables camionetas último modelo llenas de gente que debe ser especial de alguna manera. Los de la prensa que han venido desde Italia, Alemania o Moscú están haciendo cola como cualquier hijo de vecino y en cambio aquellos pasan con la mayor comodidad y al parecer sin hacer trámite alguno ni pasar por ninguna revisión.

Aguascalientes está situado en medio de un pequeño valle. El que tuviera experiencia en campamentos se dio cuenta de inmediato que no es un lugar apropiado para acampar. Se puede construir en él casas y todo debidamente planeado podría llegar a ser uno de los lugares más seguros y bellos para vivir, pero no así para acampar con tiendas, al menos no en esta cantidad de tiendas.

Los que llegaron primero, instalaron sus tiendas en el centro, o sea en la parte plana. Los que arribamos después fuimos ocupando las colinas para instalar las tiendas. Efectivamente, como lo declararon con anticipación los del EZLN, acondicionar el lugar les ha de ver llevado mucho tiempo y muchas horas de trabajo cada día, a mucha gente. Marcos diría que 28 días de trabajo con 14 horas diarias y 600 mujeres y hombres en las faenas de desmonte y acondicionamiento. Y ya nada más esto es conmovedor.

El auditorio más rústico del mundo está aquí. Sobre la ladera pusieron las bancas para que los delegados se sentaran a sesionar. Las bancas son árboles tallados por un lado, con la superficie plana hacia arriba. Donde se sentarán los del presidium es una especie de tapanco o balcón amplio y elevado y entre las bancas y el presidium se encuentra una tribuna también hecha de manera rústica, donde Marcos pronunciará su discurso de bienvenida e inauguración del evento.

Hay tres barracas bien construidas con techo y paredes de láminas de cartón enchapopotado. Además letrinas en diferentes partes de las colinas. De alguna parte de la montaña sale una manguera de la que se puede obtener agua.

Nos imaginamos que tal vez algunos no sean ajenos a soñar con un Avándaro en este campamento en la selva chiapaneca. Para desterrar toda tentación en ese sentido unos minutos más tarde, el mayor Tacho diría desde la tribuna de inauguración que no se podía meter trago ni drogas: “Porque eso sí no se puede”.

Colinas arriba unas mujeres indígenas venden comida y tortillas, 3 por mil pesos y no se pueden obtener más de 5 mil. Un carro de la pepsicola ha llegado hasta el lugar. Hay otro carro con la fuente de energía para poder iluminar el sitio. En un extremo del presidium, pero completamente aparte y muy lejos, se construyó un templete para los de la prensa. Está tan lejos que sólo los fotógrafos que dispongan de objetivos zoom poderosos pueden obtener resultados aceptables. Unos alambres que conducen energía eléctrica pasan frente al templete y es necesario hacer malabarismos para que las fotos no parezcan que están cortadas de manera horizontal. El templete sólo admite a 200 periodistas. Los otros 500 de plano pierden la esperanza de poder subirse. Ahí, encaramada sobre una silla, para poder ver sobre el grupo de camarógrafos y todavía no descubierta por nadie, fue donde encontré a Ofelia Medina que acababa de cubrirse la cabeza con un chal a la manera de las mujeres árabes.

A las 7 de la tarde los del sonido empiezan a llamar a los 100 que formaran la presidencia. Uno de ellos es Pablo González Casanova. Dice el sonido que estos fueron seleccionados o escogidos “por consenso”. Se les pide que suban a ocupar su lugar.

Ya con el auditorio completamente lleno hasta casi los árboles de la selva, una enorme gritería en forma de porra se deja oír: “iNi PRI, ni PAN, sólo PRD”, “iNi PRI, ni PAN, sólo PRD Así 50 veces. Al final se hace el silencio. 5 minutos después otro inmenso griterío también se deja escuchar: “ PRI, ni PAN, ni PRD!, “iNi PRI, ni PAN, ni PRD!”. Así 100 veces.

Así pues, ya antes de la inauguración del evento, estaban bosquejadas las condiciones en las que la Convención se iba a desarrollar. Desde luego que los del PRD hacían la muy evidente mayoría y podrían llevar las cosas por donde ellos quisieran a través del voto. Incluso que los del PRD se pronunciaran ahí, abiertamente, por un apoyo emanado de la Convención por el Partido de la Revolución Democrática. Sin embargo se decidió “no pronunciarse por ningún candidato a la presidencia en lo particular y sí “llamar a votar por el candidato que se comprometa con su programa” (del EZLN). Los perredistas podrían haber marchado después de regreso a sus casas con el triunfó de las votaciones en la bolsa. Pero todos sin embargo se habrían llevado también en sus mochilas y en sus corazones el fracaso histórico que siempre ha dividido a los mexicanos y del que el extranjero se ha despachado con la cuchara grande. Eso nos había costado 300 años de esclavitud frente a España y 184 de empobrecimiento por estar pagando tributo en forma de deuda a Estados Unidos. Nuestro amor por la diversidad de ideas nos llevó a saltarnos las trancas de la más elemental unidad y habíamos caído en el vacío. El absurdo pleito entre conservadores y liberales había arrojado a la deslumbran te cultura mesoamericana hasta el muladar de la historia. ¿Sería la continuación de ese absurdo lo que habíamos venido a presenciar unos y a protagonizar otros a este Aguascalientes de la selva?. Las niñas tzoltziles tendrían que seguir arrastrando su miseria vendiendo en desventaja en las calles de San Cristóbal. ¿El espíritu de Joel R. Poinsett, ese gran intrigante norteamericano del siglo pasado que ganó para su nación el 51 por ciento de nuestro territorio, mediante el ingenioso recurso de dividir a los intelectuales mexicanos, seguiría campeando hasta en estos rincones de la selva ya para terminar el siglo veinte? Después de 1847 no hemos podido ver la nuestra en cuanto a unidad. Primero el gran episodio de la Reforma y la Iglesia. Luego un rancio pleito que nos llegó de Europa entre catolicismo y protestantismo y que sin tener vela en el entierro nos vimos empantanados hasta las rodillas por esa causa. Actualmente, cuando se pone en acción un espíritu ecuménico entre Roma y Lutero, entran las diferentes iglesias protestantes en una fuerte virulencia mutua y todo en nombre de la libertad de cultos garantizado por la Constitución. Primero las del antiguo testamento de origen estadounidense como son la mormona y los testigos de Jehová contra las del nuevo testamento entre sí. Y esto en Chiapas se da con una mayor presencia arrojando entre la misma población indígena una enemistad de lo más peligroso para ellas mismas y para el resto del país.

No siempre la virulencia de estas iglesias se manifiesta por la agresividad directa como se estilaba en el primer tercio de este siglo en México, sino que también la agresividad se manifiesta mediante un aislamiento que es propio de los grupos que se creen especiales o superiores. No hay acción comunitaria en general y el resultado son las islas que no quieren saber nada de unidad nacional. En lo que esto pueda significar de lo religioso trasplantado a un terreno social.

Hacia las 8 de la noche hay un gran movimiento de gente detrás del presidium. La tropa se abre paso. Es Marcos que llega al auditorio. Es el momento por el que muchos recorrieron grandes caminos de los lugares más apartados del mundo. Con paso ligero avanza hacia la tribuna llevando la pipa en la boca y por lo menos 500 periodistas tras él. Grandes reflectores instalados enfrente iluminan la escena. La locura se ha desatado entre los de la prensa. Cámaras de video de todos tamaños y de fotos fijas se disparan sin el menor recato. Todos quieren llegar hasta él. Pero los zapatistas lo impiden. La muerte de Colosio, el candidato del PRI para la presidencia de la república, está demasiado cerca como para olvidar la lección. Fue en un tumulto de estos que alguien se acercó tanto a el que a quemarropa le pudo volar la cabeza.

Anuncia que habrá una parada militar. Los del EZLN desfilan frente a los delegados y los de la prensa. Es de lo más emotivo. Detrás del ejército, anuncia Marcos, pasa un desfile de milicianos. Es la gente de apoyo. La mayoría son gente joven, muchachas y muchachos. Bajitos, morenos. Pelo lacio. Mirada tranquila y penetran te. “Sin ellos no hubiera sido posible el EZLN. Ellos nos ayudaban en los primeros tiempos. Ellos nos traían comida. Ellos nos auxiliaban en las enfermedades”.

Alguien grita que salga la comandante Ramona. Marcos dice escuetamente desde la tribuna: “La comandante Ramona está enferma, por eso no está aquí”.

Los de la prensa extranjera están que no entienden nada. No entiende que México es un país sui generis. La guerrilla centroamericana tiene décadas luchando contra sus respectivos gobiernos y no puede asomar la cabeza porque se la cortan. Es hasta los últimos tiempos que ha habido pláticas que buscan la solución. Y aquí, en Aguascalientes, hay hasta un desfile militar, un campamento acondicionado ex profeso para 6 mi convencionistas, que les llevó muchas semanas de trabajo, el paso franco de los retenes del ejército federal y hasta el carro de la pepsicola ha llegado hasta aquí para vender su producto.

Luego habla Marcos, en el discurso de inauguración del evento de la Convención Nacional Democrática. Son las 8:20 de la noche, tiempo suroriental.

Marcos está por encima de los grupos y no pierde de vista ni la unidad ni la cultura mesoamericana. La unidad de los mexicanos fue una idea de Marcos, que adoptó la Convención, no al revés, como después se manejó. Creemos que nada más por esto valió la pena venir hasta Aguascalientes. Es una mezcla de filósofo, político, guerrero, poeta y chistoretero grueso de teatro de revista. Con sus chistes arranca con facilidad la risa del auditorio. La gente por todas partes salta de risa y dice “orale”. En una conferencia de prensa general ante el auditorio, que Marcos daría al día siguiente alguien preguntó cuántas armas habían decomisado los zapatistas cuando revisaban a lo convencionistas. ¿Armas?, ninguna, lo único que decomisamos fueron 6 mil condones nuevos”. Un “orale” general volvería a levantarse.

También es pasional y con facilidad hace brotar las lágrimas por la emoción que imprime a sus palabras. Al día siguiente también Marcos entregaría, en medio de un ambiente emotivo, a Rosario Ibarra de Piedra, la bandera nacional como símbolo de las madres que han perdido a sus hijos. Se hace un silencio general. La misma Rosario no acierta a pronunciar una sola palabra. Algo en la garganta se le ha atorado y permanece muda. Todos permanecen mudos. Para romper tanta carga de emoción, se le ocurre a alguien empezar a cantar el himno nacional y luego todo el auditorio lo sigue.

Después que Marcos habló dejaron de mencionarse por completo las siglas de todos los partidos políticos. Había dicho: “No convertir este espacio en un ajuste de cuentas estéril y castrante”. Pablo González Casanova explicando a Marcos se refirió a “Las antiguas polémicas doctrina les”. El elemento femenino está con el alma en un hilo, pendiente hasta el menor de sus gestos. Mañana alguien le preguntará cuándo se quita el pasamontañas y al contestar que en ese momento, algunas estarían a punto de desmayarse y le pedirán casi llorando en silencio, la mayoría gritando, que no lo haga. Prefieren la leyenda.

Sentimos que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional acaba de hacer un pase de juego a las manos de una parte de la sociedad mexicana por medio de la presidencia de la Convención Nacional Democrática, al declarar que de este día para adelante la CND será la que decida los destinos del EZLN. Aunque Marcos diría ahí mismo: “No nos vamos, sólo nos hacemos a un lado”. El mayor Tacho, que habló un poco antes que Marcos, también había dicho que el EZLN haría en adelante lo que mandará el pueblo: “A nombre del Ejército Zapatista de Liberación Nacional queremos hacer entrega formal de Aguascalientes a la Convención Nacional Democrática’.

Regresamos a las tiendas con la idea que en los días que sigan se entrará de lleno a las exposiciones, a los debates y a las votaciones. La cena se prepara y hay una gran animación en el campamento. Se comentan las palabras del discurso de Marcos. A muchos ha convencido.

Se ve a través de su pasamontaña que le dedica tiempo a leer libros de temas variados, aunque a una pregunta dirá que sólo lee cartas que recibe desde la ciudad. Sus manos, sus ademanes, lo que se ha podido ver de sus gestos, sus palabras, sus escritos, su voz y una necesidad en la gente de hacer mitos, han hecho correr la leyenda que se trata de un hombre de iglesia, de un jesuita. Quien sabe. El mismo ha de reírse a pierna suelta de todas estas ocurrencias. Pero si sirve el asunto para recordar que fue un jesuita llamado Francisco Javier Clavijero quien reveló al mundo la maravilla del horizonte mesoamericano. Marcos no es, por cierto, ajeno a este tema.

Hacia las 10 de la noche una ráfaga de viento azota las tiendas. La niebla brota de pronto y del otro lado de las montañas se ven los relámpagos. Enseguida se oyen truenos por todos lados. El que conoce el estilo de Tlaloc sabe de qué se trata y puede decir que en dos minutos caerá el agua. En efecto, la tormenta llegó y con tanta fuerza como sólo en la montaña, el mar y en la selva puede hacerlo. La semana pasada nos habíamos encontrado en medio de otra tormenta en la vertiente sur de monte Tlaloc, arriba de Río Frío, estado de México, y tenía la misma intensidad. El viento de los 4 mil metros de altitud empujaba con la misma violencia. Solo que allá lo que caía era nieve.

Aquí, en la selva el agua caía con una abundancia desconocida para los habitantes de las ciudades del Altiplano. Tal vez el ejemplo siguiente sirva para dar una idea aproximada de la situación y era que poniendo un recipiente a cielo abierto de una capacidad de 20 litros se llenaba en menos de 5 minutos.

En la primera hora el campamento quedó deshecho. De las colinas bajaban sin cesar las aguas en abundancia. Las casas de campaña, propias para acampar en Acapulco, pronto se verían derribadas unas y otras inundadas. Muchos grupos dormían bajo un enorme plástico (como en Avándaro) y el agua barrió sus cosas. Las enormes mantas del auditorio fueron desgajadas y se vinieron por tierra. Los que primero habían llegado e instalado sus tiendas en el terreno plano de Aguascalientes deben pagar caro su prisa pues ahí las aguas de todas las colinas de aquel pequeño valle convergen inundándolo todo, si bien nunca en concentraciones como para amenazar la vida de alguien, pero si su muelle comodidad. Para muchos debe ser una cosa jamás imaginada y menos que ellos alguna vez tendrían que vivirla. Sin embargo no se trata de una cuenca y el agua se va por algún lado. De otra manera, de haber sido un lugar cerrado, de seguro Aguascalientes se habría recordado como el lugar de una tragedia mayúscula por la cantidad de ahogados. No fue así. Si los zapatistas tuvieron en cuenta esta posibilidad, de manera consciente, entonces hay que reconocerles mucha visión para escoger el lugar.

Centenares de convencionistas no llevaban tiendas de acampar ni plásticos. Se habían instalado con comodidad en el auditorio. Cuando las grandes telas del techo se vinieron abajo salieron corriendo hacia las barracas cayéndose entre el lodo, abundante ya para esos momentos. Las barracas ya estaban ocupadas con gente que de manera ordenada se disponía a dormir. Pero ante la avalancha de los que llegaban tuvieron que resignarse a pasar la noche sentados en cuclillas. De todos modos las tres barracas no pueden abrigar a más de mil personas. El resto debe sortear la tormenta bajo los plásticos viendo pasar el agua entre sus pies. La tienda donde dormimos los del STUNAM es de las pocas que la tormenta no ha podido afectar. El plástico de Antonio Muñoz de 4 por 4 metros nos da seguridad. Abarca duerme con la espalda entre el agua pero a los otros no nos ha molestado para nada.

Por fortuna la temperatura no ha descendido hasta niveles peligrosos y ni siquiera molestos. Hay 20 grados. Como en la Convención hay gente de letras deben estar recordando sus tempranas lecturas de Emilio Salgari. Otra hora duro el agua con aquella intensidad y para la tercera hora fue perdiendo su fuerza hasta quedar en una lluvia persistente. Si estas condiciones atmosféricas se, entablarán por uno o dos días más, los caminos de terracería se pondrían del todo intransitables y nadie podría salir de estos rumbos. Ni siquiera se podría permanecer en la selva. Todos tendríamos que refugiarnos en Guadalupe Tepeyac.

Los zapatistas recorren el campamento buscando cosas que arreglar o a quien ayudar. Con sus pasamontañas y su ropa verde en algunas piezas de su atuendo dan la sensación de ser como unas sombras verdes moviéndose dentro del basto y a la vez cerrado impenetrable marco verde de la selva. Además son silenciosos. Con muy escasas acciones de combate, hasta se podría hablar de horas, la prensa sin embargo los convirtió en una leyenda apenas en unos cuantos meses. Sin embargo se acepta que siempre hay algo o mucho de verdad en las leyendas.

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