CUADERNOS DE EDUCACIÓN SINDICAL # 16

MANUEL BUENDÍA

   

 

Cuadernos de Comunicación Sindical

Secretario General: Evaristo Pérez Arreola
Secretario de prensa y propaganda: Alberto pulido Aranda
Elaboración de los cuadernos: Alberto pulido A., Agustín castillo L., Armando Altamira G. Amador Osorio O., Esperanza Paredes, Ángel Alvarado (Tipografía), Gustavo Godínez (Diseño)
Mecanografía: Graciela Barrón y Dolores Herrera P.
Impresión: Arnulfo Jiménez
Trabajo de apoyo: Gabriel caballero y Vicente Morales

Distribución Gratuita
Editados por la Secretaría de Prensa y Propaganda
del STUNAM

 
   

 

PRESENTACIÓN

A dos años del artero asesinato del periodista Manuel Buendía, nuestro sindicato ha querido brindarle un sentido homenaje con la edición de este trabajo, escrito magistralmente por el ya desaparecido Francisco Martínez de la Vega y publicado por la Fundación Manuel Buendía y la Editorial Océano y que forma parte de una recopilación que se intitula "Los Días de Manuel Buendía".

Todos nos preguntamos ¿Cómo puede ser posible que a dos años del crimen que cegara la vida del ilustre periodista, las autoridades judiciales mexicanas no hayan dado con los autores materiales e intelectuales del artero asesinato? O es que acaso el tratamiento de este terna es un secreto de estado o es una demostración de la incompetencia de los que se han responsabilizado de impartir la justicia en nuestro país. Hasta el momento nada se sabe. Han sido variadas las ocasiones en que diversas personalidades extranjeras y mexicanas, organizaciones civiles, sindicatos y partidos políticos hemos levantado el reclamo para que se exclarezcan los hechos que dieron fin a la vida productiva de un gran mexicano como lo fue Manuel Buendía Téllez Girón. Todo ha sido en vano. El silencio de las autoridades sigue siendo la única explicación que hemos recibido.

Esta falta de respuesta que en particular hemos tenido los que nos dedicamos a la labor de informar y formar opinión, ha sido una velada amenaza en nuestra contra, una advertencia de lo que puede suceder si no nos ponemos la mordaza en la boca. Desde ahora lo decimos: no nos doblegarán, la verdad nunca será callada con amenazas ni con acciones violentas. La labor periodística es un oficio de alto rango que sirve a la sociedad y solamente esta nos podrá reclamar.

Otro panorama se respirará en México, hasta que su pueblo tenga la libertad de opinar sin ninguna taxativa, hasta que sea una realidad el derecho a la información que deseamos y que exigimos todos los mexicanos.

Una vez más y a dos años del artero asesinato, exigimos el esclarecimiento de los hechos violentos que cegaron la vida de Don Manuel Buendía Téllez Girón.

De antemano agradecemos a la Fundación Manuel Buendía la autorización que nos dio para reproducir el material que hoy tenemos en nuestras manos.

ALBERTO PULIDO A.
Mayo de 1986.


UN HOMBRE, UNA HUELLA, UN EJEMPLO

Igualar en las rutinas diarias del oficio, en la conducta cotidiana, en el constante ejercicio de la misión, el pensamiento con el quehacer es algo excepcional en todas las tareas del hombre. Quienes logran esa identificación entre el pensar y la práctica no abundan ni en la actualidad ni en la historia. En la del periodismo mexicano no escasean los mártires, los sacrificados en una larguísima aspiración por hermanar el hacer periodismo con la libertad plena de expresión, oxígeno vital de la misión de un periodista que, además de respetar a sus lectores, se respeta a sí mismo. En nuestro tormentoso XIX, nombres y hechos establecen una cadena que es orgullo y gala de esa noble misión tantas veces desvirtuada, manchada por desviaciones éticas cultivadas por intereses egoístas o por miedo a represalias de los poderosos, ya sea gobernantes dictatoriales o magnates agraviados en sus empresas por argumentos y razones que surgen en el periodista por fidelidad a una misión que se empeña en ennoblecer.

Los enemigos del periodismo independiente no se localizan en nuestros tiempos, solamente, en los círculos gubernamentales de países donde el caciquismo y la vanidad de la autoridad consideran delincuentes a los periodistas claridosos, comprometidos con el interés de su país tal y como lo entienden y lo defienden. Ahora no depende la libertad de expresión sólo de autoridades gubernamentales respetuosas de la ley y de las normas de convivencia en una comunidad decidida a olvidar la caverna y a respetar -y hacer respetar- normas que nos acerquen a niveles más confiables y civilizados donde los derechos individuales y colectivos sean realidad cotidiana y no aspiraciones ideales.

El caso de Manuel Buendía, periodista de gran capacidad y de intachable conducta profesional, cuyo asesinato enluta no sólo al periodismo, sino a la comunidad nacional, nos demuestra cómo la reacción brutal, el asesinato a mansalva surgen ahora contra un periodista de su talla, de su limpia valentía, de su carácter insobornable, no sólo de caciques primitivos que, en su tiempo, lo amenazaron tantas veces, sino de turbios fanatismos e intereses privados.

Hasta el momento de escribir estas líneas, nadie ha indicado que la acción vil del crimen haya sido inspirado por revanchismos gubernamentales. Definir a los sectores que seguramente fueron agraviados por la tarea del inolvidable compañero y fraternal amigo es, inevitablemente, encontrar la justa clasificación moral de tan singular y valioso columnista. Grupos de primitivo fanatismo religioso con mezcla de obsesiones fascistas, como los que se reúnen en torno a la bandera de Los Tecos; los servidores de ese monstruo de inmoralidad internacional que es la CIA y que con sus ya famosas hazañas nos muestra la verdadera cara del imperialismo; los amigos y cómplices de los grandes defraudados de los fondos fiscales que fueron flagelados por esa columna que con su contradictorio nombre de "Red privada", inmortalizó a su autor en la historia del periodismo. Pero, también hasta ahora, el gobierno no ha podido cumplir con uno de sus principales deberes, que consisten no sólo en respetar las leyes, sino en hacerlas respetar. Y si un asesino puede quedar impune después de balacear y matar a un hombre en las calles más céntricas de la Zona Rosa, es que la seguridad de los ciudadanos no ha sido eficazmente cuidada.

Pero la obra de Manuel Buendía no depende, para su reconocimiento, de que se aclare quiénes fueron los autores intelectuales de su martirio ni quiénes ejecutaron profesionalmente la consigna, Manuel Buendía, está ya, por sus propios méritos, en las mejores páginas de la historia de nuestro oficio, Buendía viene a ser la coronación magistral de un género, relativamente novedoso en el quehacer periodístico, La columna surge en nuestros órganos periodísticos en los primeros años treinta, después de larga temporada de aparición sensacionalista en la prensa norteamericana, La columna adquiere, por lo general, un tono más informal y personal que el artículo o la crónica, Es síntesis de juicios, de reportajes y cultiva el peligroso capítulo de las denuncias, El lector se va a acostumbrando a saborear, si es en primera plana mucho mejor, el modo, el estilo, la audacia de una columna noticiera, crítica y denunciadora, Género peligroso que es muy propicio a su mal uso, al abuso interesado al juicio inducido y, en no pocas ocasiones, al "chantaje".

No tuvieron muy buena fama los columnistas más audaces que en nuestra gran prensa aparecieron con poderoso impulso. Ese tipo de columnistas era temido, no respetado. Quizás el más famoso y temido fuera Carlos Denegrt, Muy pocas veces se igualó, en el ánimo de sus lectores, la admiración por su innegable capacidad profesional con la nobleza de sus campañas. Poco a poco, la columna bien inspirada fue afinándose y sus mejores exponentes han logrado publicar en primera plana de un gran diario, tesis y juicios contrarios frontalmente al editorial de! propio diario. Esta es, indudablemente, una conquista del lector, un voto decisivo en favor del periodismo -oficio sobre el periodismo- industria, cuyos requerimientos son, con frecuencia, no sólo distintos en el autor .e la columna que en la empresa editora de la publicación, sino frontalmente adversos.

En nadie podría identificarse ese logro del periodismo como misión y responsabilidad social, cualidades en pugna con los puntos de vista puramente financieros de la gran empresa editora como en la vida, la conducta, el ejemplo de Manuel Buendía.

En este periodista excepcional coincidieron los máximos valores del oficio periodístico. Un estilo fácil, grato de leer, que en la ironía llegaba a cumbres pocas veces alcanzadas en nuestra no muy abundante literatura humorística; un valor en la denuncia que el interés público hacía no sólo útil, sino necesario, un trabajo exhaustivo de documentación. No pocas de las columnas firmadas por Manuel Buendía deben ser indispensables en una justa antología del periodismo mexicano en el México independiente.

Bien podemos decir que si el género de la columna es quizás el que con mayor facilidad puede ser usado en contra de la ética de la profesión, se convierte en la máxima tribuna de honor cuando se le aborda en las condiciones de rigor íntimo en las que Manuel Buendía la abordaba. No hubo quizá sospechoso de fraude a la nación, funcionario que por equívoco o mala fe sirviera mejor a los poderosos intereses extranjeros en nuestro país que a los del nuestro que no recibiera la denuncia, la crítica, la burla de "Red Privada".

Tuvimos oportunidad de conocer, de tratar, de calar como amigo, como compañero, como mexicano a Manuel Buendía. La consecuencia indudable de su cobarde asesinato constituye para ese ser humano la inmortalidad que se le hubiera regateado en otras circunstancias, Murió en pleno y cabal ejercicio de su misión. No recuerdo un atentado o una simple injusticia cometida en contra de un periodista de la capital o de la provincia que no haya tenido el apoyo Y la solidaridad de Manuel Buendía. No le contrariaban -y mucho menos le lastimaban- los triunfos de un periodista. No pocas de sus columnas tuvieron como tema el reconocimiento generoso a un compañero premiado, homenajeado y honrado por algún triunfo profesional. Pero no cayó en la "debilidad del perdón" hacia aquellos amigos o funcionarios que se preocupaban más por los negocios privados que por los públicos. La colección de sus columnas viene a ser, por todo ello, un manual para aprender a cultivar las mejores tradiciones de nuestro oficio y la más noble conducta personal, Manuel Buendía llevó el género de la columna, en el cual se especializó y consagró en la última etapa de su bien cubierta carrera periodística, a su más alta cumbre. Ya su obra lo había clasificado como uno de los periodistas más capaces, congruentes y como uno de los grandes maestros de nuestro oficio. Su martirio lo inmortalizó como ejemplo, guía y exponente de los más nobles requerimientos de ésta nuestra tarea, que sólo siguen siendo misión, apostolado y entrega mientras no desvía su apostolado del servicio permanente de la sociedad de la cual surge para servirse a sí mismo.

En la carrera profesional de Buendía es capacidad y esfuerzo acumulados en el largo desempeño de las múltiples disciplinas del periodismo. Una vez convencido de su inicial preferencia vocacional, que comprobó equívoca, Manuel Buendía recorrió, escala por escala, la profesión periodística en todos sus grados. Reportero acucioso, empezó destacando por el empleo y lo certero de sus búsquedas como reportero de la fuente policíaca. Fue abriéndose paso a base sólo de empeño y capacidad en las posiciones superiores de la mesa de redacción hasta llegar a director de La Prensa. Las inquietudes omnipotentes en nuestras cooperativas periodísticas lo hicieron salir de ese diario y después de batallar, siempre en liga con el oficio, llegó al diario El Día, donde con la firma de Tellezgirón creó y mantuvo una columna bien nutrida de meollo noticiero y crítico. Allí, si mal no recordamos, empezó sus campañas contra las manifestaciones de alguna manera antimexicanas, originadas ya en centros de anacrónico fanatismo, ya en las oscuras actividades de ese brazo inmoral del imperialismo que es la CIA, ya bien en denuncia de conductas deshonestas en el servicio público y otras veces en burla fina sobre actitudes ridículas de solemnes y entreídos personajes. Fue también en El Día donde los domingos publicaba una amenísima sección, a plana entera, con el título de "concierto dominical", sección en donde Buendía empezó a mostrar las excelencias de un bien dominado oficio y una interpretación valiente y noble de su ejercicio.

Con la columna "Red Privada" y secciones dominicales de comentarios políticos, Buendía pasó a El Sol de México y, posteriormente, a El Universal. En ambas empresas tropezó con algunas interferencias que no permitían publicar algunos de sus más audaces y brillantes comentarios o denuncias y pasó al Excélsior, donde mantenía su ya clásica columna en la primera plana, reproducida en varias decenas de diarios de provincia por conducto de la Agencia Mexicana de Información (AMI).

No fue el caso de Buendía el de una improvisación profesional, como tantas se intentan y se frustran en el periodismo. Estaba en el apogeo de su carrera cuando en esa negra tarde de mayo fue abatido en la puerta del edificio donde tenía su oficina. Resulta natural que las características de su asesinato hayan conmovido no sólo al gremio, sino a la nación entera. Se levantó una generalizado clamor a fin de exigir una averiguación exhaustiva de las circunstancias de su asesinato a fin de descubrir sus orígenes, sus propósitos y aplicar las sanciones correspondientes no sólo al autor material, profesional del hampa, del cual no sabemos nada hasta el momento de escribir estas líneas, sino, sobre todo, a los autores intelectuales quienes, en aras de saciar resentimientos u ocultar la publicación de hechos graves contra el interés de la nación, no vacilaron en acallar, a balazos, la clara, limpia y varonil voz de Manuel Buendía.

El hecho aislado de que en el México de hoy pueda asesinarse impunemente a un periodista tan capaz, tan justamente respetado aunque inevitablemente combatido como Manuel Buendía, es un motivo de bochorno para todos los mexicanos de luto intenso para el gremio y un reto que sería terrible no fuera enfrentado y vencido por las mil y una instituciones policíacas de nuestro país. Pero en Manuel Buendía, en su diario batallar en el periodismo de nuestro país, ese bochorno, ese luto y ese reto rebasa el problema digamos policiaco. No son estos los tiempos mejores en el largo y dramático proceso del pueblo mexicano en el curso de su camino histórico. La robusta y dañina colección de crisis que flagela al país y a los mexicanos no sólo nos ha arruinado, sino también desmoralizado. Se reacciona frente a los embates de tantas frustraciones y los tropiezos causan un suicida desaliento. Se piensa que lo mexicano es, en todos casos, corrupto, torpe, ineficaz. En esas condiciones, perder a un periodista que nunca vaciló en cumplir con su deber, en decir su verdad arriesgando --ahora lo sabemos bien- todo lo que arriesga un ejemplar profesional y un hombre comprometido con las mejores causas de su país, es, en verdad, una pérdida nacional que sólo podrimos anhelar a equilibrar, si ello fuera posible, con imitar esa actitud, esa decisión de Manuel Buendía. Para reaccionar con auténtico, formal patriotismo ante las embestidas del infortunio que es, hoy por hoy, compañero inseparable del pueble mexicano. Buendía distinguió bien entre el bien y el mal para México. Supo distinguir y supo actuar.

Vendrán, seguramente, con tiempo mejores nuevas y furiosas tempestades. Los requerimientos del momento harán olvidar transitoriamente a los mexicanos distinguidos que supieron vivir y morir en tarea de superior nobleza y que fueron ejemplo y huella simbolizados en su nombre. Pero siempre habrá, en la historia y en la asociación con el periodismo mexicano, un recuerdo y una distinción para Lizardi, para el doctor Mora, para Francisco Zarco, para Ricardo Flores Magón y tantos valores individuales que desfilaron en la historia de México con luces que no se apagan ni con el tiempo ni con las tempestades. Ejemplos de virilidad bien entendida, de entrega a una vocación misionera al periodismo que hoy apenas puede alentar ante la fortaleza del periodismo como industria, instrumento de poder económico y político. Aquellas estrellas de periodismo-oficio tienen hoy un compañero más: Manuel Buendía, ilustre periodista mexicano muerto en el cumplimiento de su deber profesional.

La vida y la obra de Manuel Buendía ennoblecen a nuestro oficio. Su muerte nos deja un compromiso que no debemos traicionar: servir a nuestra verdad, sin concesiones ni temores, en toda circunstancia. Así se lo propuso Manuel Buendía y así lo cumplió.

No podemos olvidar su nombre, su huella, su ejemplo.

Los días de Manuel Buendía, Ed. Océano, 1984


HOMENAJE A MANUEL BUENDÍA

Cuando un periodista de la postura de Buendía cae villana y cobardemente asesinado, no sólo sus compañeros de oficio y quienes nos identificamos con sus posiciones políticas podemos creer que cumplimos cuando expresamos nuestro dolor por la pérdida irreparable o cuando exigimos a la justicia que castigue a los asesinos. Yo creo que la verdadera solidaridad con Manuel Buendía, muy por encima de las aptitudes oportunistas de exhibicionismo, de morbosidad, que hemos presenciado en el manejo de la información, es un compromiso más que periodistas mexicanos con conciencia nacionalista revolucionaria tenemos, mucho más importante que expresar frases de pena y de dolor que mientras más íntimas y más auténticas son, suelen velarse con la discreción de los que sufrimos verdaderamente su pérdida. Solidarizarse con Manuel Buendía no es sólo, pues, expresar el luto y el dolor por su desaparición trágica y dramática; debe ser la reafirmación de un compromiso permanente para luchar por las causas por las que luchó.

Manuel Buendía, quizás el periodista más destacado de nuestra época, encuentra su cabal definición más que en sus propias capacidades y virtudes éticas en la condición y en la coloratura de sus enemigos políticos. ¿Quiénes fueron los enemigos de Buendía? Las agrupaciones de un fanatismo intolerante con mezcla de fascismo, el clero político, la agencia central de inteligencia y los amigos y cómplices de los grandes defraudadores héroes de la corrupción mexicana hoy convertidos en multimillonarios. Ese reto debe ser para quienes verdaderamente queremos solidarizarnos con el amigo, el compañero y el mexicano desaparecido. Es un compromiso, repito, que debe ser permanente para luchar también por esas causas.

No recuerdo yo en todo lo que tenemos de vida en el oficio una línea tan sincera, tan claridosa, tan sustantiva y consistente como la de Manuel Buendía para asentar y reafirmar cada vez muy por encima de sus simpatías partidistas su condición de mexicano nacionalista enamorado de las mejores causas del pueblo de México y de su historia dramática. No se cegó nunca ni se alucinó con esas hipócritas llamadas para la unidad nacional: la unidad nacional sólo podrá ser una verdadera realidad en nuestro país cuando no tengamos esos abismos de diferencias en el nivel de vida, cuando no tengamos multitudes mendigas y minorías multimillonarias con lujo asiático.

No podrá existir la verdadera unidad nacional sino cuando el clero político abandone sus impaciencias revanchistas por rectificar los mejores logros del pueblo mexicano sobre todo en la Reforma y en la Revolución mexicana. Esa es la solidaridad que recomendamos a los compañeros y amigos de Manuel Buendía.

Por encima del dolor, por encima de la indignación, por la cobardía de su atropello, por encima de relaciones personales, está la lección, el ejemplo y el reto que nos deja Manuel.

No seremos dignos de la amistad ni de la herencia ética de Manuel Buendía si no luchamos por las causas que consideramos absolutamente nacionalistas no como una frase de retórica sino buscando siempre el bien de la nación. A esa causa, Manuel nos obliga aún más tu muerte. Muchas Gracias.

Palabras improvisadas durante la entrega del premio Francisco Martínez de la Vega de la Unión de Periodistas Democráticos, a Manuel Buendía, postmortem.7/V1/84.


CUADERNOS YA EDITADOS:
1. "Muero como viví ¿Cómo decirles Adiós?" Seis Cartas de Vanzetti.
2, "Historia del Primero de Mayo", (Primera Edición)
3. "Carlos Marx. 1883-1983", Recopilación,
4, Alberto Pulido A. "Bertolt Brecht: Intelectual Comprometido",
5. "Agresiones Armadas yanquis contra México", Cronología.
6. Luis González Obregón. "Las Calles de México".
7. Alberto Pulido A, "El Asalto a San Bruno",
8. J, Grigulevich. "Zapata y Villa en la Ciudad de México".
9. "El Rock y su Contenido Social".
10. "Un día Dos de Octubre de 1968". Antología,
11. Raúl Macín. "Rubén Jaramillo. Un Profeta Olvidado".
'12. "De Indios y Vaqueros",
13, "Sandino y Nicaragua".
14. Luis Brito García "Rajatabla",
15. Historia del Primero de Mayo. (Segunda Edición)
16. Francisco Martínez de la Vega. "Manuel Buendía: un hombre, una huella, un ejemplo".