Se irá o se quedará el viejo presidencialismo mexicano

Instantes Políticos

Alberto Pulido A.

A propósito de una magnifica conferencia que Pedo Salazar le otorgó al CEAIM del STUNAM, sobre la Constitución y el presidencialismo que ella se ha incubado, me salen a la mente los siguientes comentarios.

El año pasado se cumplió el centenario de nuestra carta magna, nuestra ley suprema que nació como un ejemplo de ideas liberales y que hoy ya ha perdido parte de sus esencias, pues ha recibido 650 reformas. Esta y la de los EUA, nacieron y más en la nuestra, dándole potestades extremas al presidente de la República, a diferencia de las constituciones europeas que otorgaron a los parlamentos preponderancias y hasta posibilidades de nombrar vicepresidentes.

En el caso mexicano, con el paso del tiempo, por las reformas que ha recibido y la creación de organismos que ya no dependen directamente del presidente, la Constitución ha acotado la figura presidencial, ya que de los años 70 hacia atrás, el presidente llegó a emitir moneda, a controlar los medios de comunicación, a señalar a su sucesor, a nombrar al regente de la Ciudad de México, organizar las elecciones, controlar el congreso a través de la creación de mayorías absolutas y ser el comandante supremo de las fuerzas armadas.

Mientras que el político que será elegido presidente para cubrir el sexenio 2018-2024, debido a las reformas que ha tenido la Carta Magna, ya no tendrá ese control absoluto, ya que actualmente la creación de instancias que en teoría poseen una independencia, como el INE, CNDH, INEGI, INAI, COFESE, IFETEL, CONEVAL, han acotado su figura y le han restado control directo al ejecutivo; hoy solo de manera directa posee la responsabilidad de  formular presupuestos, crear  planes nacionales de desarrollo, al margen de instancias civiles ser el jefe supremo de las fuerzas armadas y deberá hacer uso de la política, del convencimiento y del trato con los poderes legislativos y judicial, con los gobernantes de la CDMX y del resto de los estados de la federación que hoy ya no dependen del ejecutivo.

Tenemos pues un panorama donde el autoritarismo tendrá que abrir  paso a las artes políticas de la negociación y del convencimiento.

Aparte de este panorama, el sucesor de EPN se enfrentará a un país extremadamente descontrolado y con graves enfermedades económicas, políticas y sociales, las que van desde la existencia de una violencia extrema que ya ha cobrado más 230 mil muertos miles de desaparecidos, de una pobreza que alcanza a 50 millones de mexicanos, con tasas de crecimiento económico que no rebasan en promedio el 2 por ciento, con la creación de empleos precarios e informales con salarios miserables, catalogados como los más bajos del mundo; todo esto ha creado una desigualdad insultante donde una cuantas familias se apropian más del 70% de la riqueza nacional.

El presidente electo vaya que si se ha sacado la rifa del tigre.