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E D I T O R I A L
La huelga del 77: conmemoración, reflexión, perspectiva

El término huelga encarna ideas y conceptos que van más allá de una acepción laboral: se refiere a un acuerdo generalizado, a una decisión pensada y sostenida, a la determinación de reclamar un conjunto de derechos legítimos, a la unidad y la lealtad como valores que permitirán alcanzar la victoria; se refiere, pues, a una lucha de tod@s para tod@s.

Han pasado cuatro décadas desde que la dirigencia del recién nacido STUNAM y buena parte de su membresía paralizaron nuestra Máxima Casa de Estudios demandando la firma del instrumento que garantizara condiciones de trabajo adecuadas para los empleados administrativos y los docentes universitarios. La tradición oral en la que descansa parte del bagaje cultural e histórico de nuestra organización nos permite conocer que aquel movimiento, al que se sumaron los sindicatos de otras instituciones educativas, pasó por momentos de incertidumbre, coraje e incluso de dolor, pero que al final logró su cometido.

La coyuntura política, económica y social que se nos presenta actualmente, en la que por un lado celebramos 40 años de existencia y, por otro, estamos a un año de una nueva elección presidencial que se mira como una nueva oportunidad para cambiar el rumbo de nuestro país, nos orilla a la discusión seria, constante y tolerante, a la toma de decisiones mayoritarias e informadas y nos urge, sobre todo, a asumir un papel protagónico en este nuevo proceso electoral para tener la posibilidad de incidir en los cambios que requiere la clase trabajadora.

Así, el XXXVI Congreso General Ordinario del STUNAM representa una oportunidad clave para desarrollar tales discusiones y llegar a los acuerdos que sean más favorables para nuestr@s afiliad@s y para la propia Universidad. Es innegable que ese ejercicio democrático, plural y resolutivo es uno de los legados más importantes que aquell@s compañr@s trabajador@s comenzaron a fraguar en 1977. Nuestro sindicato sigue vivo y nuestros principios más que vigentes, y a finales de agosto esto quedará de manifiesto nuevamente.

Pero hay que reconocer que hasta el momento, por una razón u otra, no hemos logrado concretar la más amplia unidad de proyecto y acción que se requiere para que las demandas y propuestas de la clase obrera sean escuchadas. Del Congreso que está en puerta debemos salir más unid@s que nunca, para que a partir de ahí incidamos en espacios más amplios como la UNT y el FASU, en la idea de alcanzar un consenso de clase que nos permita tener un papel decisivo en 2018. El reto es mayúsculo, pero este es el momento para asumirlo; de otra forma podríamos pasar otro sexenio de desesperanza, precariedad y cinismo.