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E D I T O R I A L

No podemos permitir violencia ni impunidad en la institución

Los tiempos han cambiado y no es posible continuar esperando un proyecto que no acaba de cristalizarse. Es urgente desde todos los criterios que las autoridades actúen de manera conjunta en la realización del programa integral de actualización de vigilancia de la UNAM, porque es lamentable que sucesos tan dolorosos como lo son las pérdidas de vidas humanas sean los motores necesarios para que esto se lleve a cabo.

Cuando existen tecnologías como las cámaras de vigilancia, así como la posibilidad de contar con equipos y sistemas avanzados para mantener activa la atención, así como softwares de igual manera, incluso mecanismos inmovilizadores, ni siquiera con ese equipo pueden contar los trabajadores que hacen funciones de vigilantes en la UNAM.

Debe concebirse a un vigilante de la UNAM como el guardia y custodia de la comunidad universitaria, de las instalaciones, de la documentación y acervo y archivo, entre otros valores, pero además del patrimonio cultural y de la humanidad que representa nuestra máxima casa de estudios.

Es necesario un ya basta de manera conjunta, es necesaria una acción estratégica, urge dejar de minimizar o aislar los casos porque son pérdidas humanas, las que nunca sabremos si un cambio en la capacitación, el entrenamiento y el uso de las nuevas tecnologías hubieran podido salvar, o encontrar a los culpables, no sólo de esos crímenes, sino a los de todo tipo que siguen aconteciendo día a día.

Hay grupos organizados dentro de los campus que han menoscabado la tranquilidad de la institución; están en los pasillos, en los salones, en los jardines, en las áreas deportivas, en las zonas alejadas y aisladas, donde curiosamente se internan de uno a uno para desaparecer entre los arbustos.

Pensar en reforzar las acciones e instrumentar nuevas medidas para combatir actos de violencia no puede ser sólo parte de un discurso. ¿Hasta cuando continuará la delincuencia habitando los espacios universitarios, al lado de jóvenes estudiantes, de madres y padres trabajadores, de hombres y mujeres en funciones de servicio en la UNAM, de docentes e investigadores, de niñas y niños que cada día asisten desde su más tierna edad al CENDI y Jardín de Niños, o a realizar actividades deportivas? ¿Hasta cuando se les seguirá permitiendo alterar el orden y seguir perpetrando, dañando en todos los sentidos, seguir amenazando la salud física y mental e inclusive cobrar la vida de personas?

Nuevamente los universitarios estamos lamentando la pérdida de vidas de jóvenes en plenitud de vida, y qué más tendremos que lamentar que cada día se comentan ilícitos, robos, la venta de drogas, el enviciamiento y que, al tiempo, eso conduzca a originar vidas y carreras truncadas, hasta llegar a desaparición y tortura, a amenazas y muerte. ¿Hasta cuándo?...

Los tiempos han cambiado y una de las instituciones que va a la vanguardia de éste no puede, ni debe darse el lujo de no contar con una vigilancia a la altura de las nuevas necesidades y circunstancias. Nuestro sindicato debe alzar la voz y fijar un posicionamiento, porque tampoco se puede permitir que se denigre al vigilante universitario: es responsabilidad de otros lo que sucede y en tanto siga sin hacerse nada puede seguir sucediendo de todo, y es ahí donde ya no debe permitirse.