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Editorial

Es urgente el cambio de régimen en México

El México de la segunda década del siglo XXI vive todavía bajo el régimen político establecido antes de los años 30 del siglo pasado. O sea, conservar el poder mediante cierta vía monárquica a través de elecciones y el reparto del “pastel” entre caciques y cómplices; todo redondeado por el dominio de las masas utilizando el control corporativo… Aquel autoritarismo paternalista, cerrado hacia el exterior, con cero libertades y la justicia al servicio de los cuates, funcionó sin mayores trastornos hasta que dejó de funcionar, cuando los cambios en el mundo también afectaron a México.

El desgobierno peñista, el actual gobierno fallido inició su gestión con un clúster de cúpulas partidarias buscando imponer un conjunto de reformas que cambiarían el futuro de México. Lo cambiaron hacia un desastre político, económico y social; su actual objetivo es terminar el sexenio manteniendo el poder por la vía “monárquica”, o sea, con un sucesor que sea de la familia o del estado natal, léase Edomex. ¿Qué herencia o qué país ofrece Peña Nieto? En su realidad, México vive inmerso en un mar de sangre, asesinatos y secuestros sin que haya ninguna autoridad que sea capaz de responder… El único orden es la impunidad y la ausencia de responsabilidades.

Con el regreso del PRI al poder, tras el desastre de la derecha democristiana (PAN), se mantiene el régimen de “moches” y “salpicaduras” con la corrupción como sistema, que ahora abarca prácticamente a todo el espectro partidista. Solamente así se explica que perdure el desgobierno, el “gobierno fallido” peñista, con exgobernadores que cometen latrocinios por miles de millones y huyen tranquilamente, bajo el amparo de sus compañeros de partido (PRI-PVEM, PANAL…).

En la 80ª reunión anual de la cúpula de los banqueros con el jefe del Ejecutivo se volcaron en alabanzas a éste y a secundarlo en sus aspavientos contra “las sociedades que opten por salidas fáciles, ilusorias, populistas”, como lo hicieran en el 2006 cuando se opusieron al populismo de López Obrador, y ahora van de nuevo en su contra. (Pero Peña no se opone al populismo de Trump, que fue bien recibido en Los Pinos.) Ni se acuerdan del populismo de Echeverría ni el de López Portillo.

Ante la ya cercana sucesión gubernamental, los objetivos de cambio de régimen político y económico promovidos por el STUNAM desde hace 20 años deben fortalecerse mediante avances cualitativos, como es la promoción de estudios y análisis de la coyuntura política y económica, como lo ha hecho hasta ahora a través de sus órganos de discusión y de difusión, de manera que sus propuestas sean cada vez más avanzadas dentro de las centrales sindicales, campesinas y populares en donde  participa, para formar el bloque histórico que debe acompañar al nuevo régimen político y económico que México necesita con urgencia.